Yerry Mina: el futbolista colombiano del año por sus goles en Rusia

Yerry Mina: el futbolista colombiano del año por sus goles en Rusia

Fue el mejor de la Selección en la Copa del Mundo. Ahora se abre campo en Inglaterra, con Everton.

Yerry Mina

Yerry Mina anotó el gol de Colombia contra Inglaterra.

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AFP

Por: Pablo Romero
30 de diciembre 2018 , 03:57 p.m.

El país tembló, las lágrimas corrieron, la piel se puso de gallina, las cosquillas nacieron desde el estómago; los abrazos sin fin, los gritos afónicos –¿cuáles gritos?–, los aullidos, la catarsis, el estruendo de las palmas, el festejo de un gol cargado de marimbas, tambores y maracas. Y en el pasto, desatado en pleno baile, Yerry Mina, el autor de esa alegría, después de anotarle gol a Inglaterra en el último minuto de la adición, en octavos de final del Mundial de Rusia. Colombia quedó eliminada en los penaltis, pero esa fue la euforia del año, el año de Mina.

El 2018 catapultó a Yerry Mina, el mejor futbolista colombiano del año para la redacción de EL TIEMPO, por lo que hizo, por las alegrías que desató, por la importancia de sus goles en el Mundial y por todo lo que le pasó en su carrera. A comienzo de año llegó al Barcelona, y jugó en el Barcelona, y se marchó muy rápido del Barcelona, pero allí estuvo, en una fantasía. Le dio la mano a Messi y jugó con Messi. Caminó descalzo en el Camp Nou y luego jugó en el Camp Nou. Después fue al Mundial de Rusia con la Selección Colombia, y no fue de paseo ni como espectador de lujo, no: fue a jugar, a apoyar la defensa y, de paso, el ataque. Su misión era evitar goles, pero en cambio hizo tres, en los tres partidos que jugó. Ya es el segundo máximo goleador de Colombia en un mundial. Si en Brasil 2014 James Rodríguez brilló con seis goles y se fue al Real Madrid, Rusia 2018 fue el Mundial de Mina, y se fue del Barcelona...

Presentación de Yerry Mina

El presidente del Barcelona, Josep María Bartomeu, le entrega a Yerry Mina la camiseta del Barcelona

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Sus goles en la Selección fueron martillazos. Goles que él anticipa porque domina las alturas, porque por arriba no le gana nadie y porque cabecea con precisión, abajo, para que la pelota pique y se haga inatajable. Le hizo un gol a Polonia, otro a Senegal y el último a Inglaterra, el que desató los infartos y la histeria colectiva, la ilusión, el que prolongó la estadía de Colombia en Rusia por 30 minutos más de pasión y una ruleta insoportable de los penaltis, en los que se perdió. Mina hizo lo suyo, no desaprovechó su estancia en Rusia.


“Yo sabía que el Mundial era mi oportunidad para demostrar lo que puedo hacer. Sobre todo para hacer lo que a mí me gusta hacer y amo, que es jugar fútbol”, dijo Mina en una entrevista al diario inglés The Telegraph, y lo dijo con la misma sencillez que se le conoce desde que debutó en el Pasto, desde que triunfo en Santa Fe, brilló en Palmeiras e, incluso, cuando llegó a España, cuando con la mirada brillante y la cabeza gacha saludó a sus nuevos compañeros –“sí, señor”, le respondió a Jordi Alba–. Mina no ha cambiado.

El baile no para

Su cuerpo convulsiona en la cancha. Sacude los brazos, agita la cintura, dobla las rodillas, los ojos se le ven enormes, saltantes, la boca dibuja un gol que no termina. Los demás jugadores llegan, lo abrazan y se contagian, y todos bailan a su ritmo, y bailan las tribunas y se mueve toda Colombia cuando Yerry Mina hace un gol como los que anotó en el Mundial, incluso como cuando hizo uno de penalti con el Barcelona, su único gol allí, en la disputa de la copa catalana, y con su movimiento corporal empezó a desatar la curiosidad en España y en Europa.

Con esa excentricidad que solo revela en el éxtasis del gol, el mundo volteó a mirar a este defensor colombiano que camina la cancha descalzo, hace goles en el aire y los baila con euforia en el pasto, que antes o después del grito de gol señala al cielo para indicar que esa obra no le pertenece, que quizá de allí arriba le llegó la asistencia, el pase perfecto, la iluminación. El mundo también habló de su humildad, de su sencillez, de sus orígenes en Guachené, donde nació hace 24 años; de su trayectoria, de su carisma, de su talento y hasta de sus silencios.

Mina no solo hizo tres goles en el Mundial, además fue uno de los cinco futbolistas destacados por la Fifa como los que más sorprendieron en Rusia 2018. “Sus formidables actuaciones tanto en defensa como en ataque han dado un vuelco a su situación. Gracias a sus tres goles en tres partidos consecutivos –incluido el empate contra Inglaterra en los últimos minutos del encuentro–, la corpulenta figura de Yerry Mina se ha quedado grabada en la memoria de muchos”, destacó la Fifa al final del Mundial. Esta vez no se habló de James, ni de Falcao ni de Ospina, se habló de Mina.

Yerry Mina

Yerry Mina celebra su gol.

Foto:

AFP


Tras el Mundial, diferentes equipos empezaron a pelearse al defensor en el mercado de pases europeo, y, cómo no, si cualquiera quiere tener un zaguero espigado que da garantías atrás y además hace goles. Sonó para el Manchester United inglés, para el Lyon francés y para muchos otros equipos, y en el Barcelona sacaron pecho con su minita de oro, la que adquirieron al Palmeiras por 11,8 millones de euros. Sin embargo, no lo dejaron quedarse, ni con toda la popularidad que se ganó en Rusia: lo vendieron al Everton inglés y le sacaron unos cuantos euros. La mina dio los réditos. Se fue por 30,2 millones.

Se derrumbó la fantasía. Se marchó del Barcelona con solo 6 partidos oficiales, un título de Liga y otro de Copa del Rey, y quién dice que no ganó. Pero también se fue con un sabor espeso.

Me voy con un sabor agridulce porque quería demostrar lo que tengo y llevo dentro de mí, pero así es el fútbol, y ahora tendré que hacerlo en este maravilloso club que es el Everton

Ahí vino una nueva recaída para Yerry Mina. Dejar el Barcelona, llegar lesionado a Inglaterra, demorarse en su recuperación, esperar, tener paciencia, al fin debutar, al fin figurar, recuperar el nivel, los tiempos en la cancha y todo lo que necesitan los defensas; adaptarse al fútbol inglés, a su velocidad y su fortaleza, hasta que llegó lo que esos hinchas esperaban, que los pusiera a bailar. El miércoles pasado, el defensor revivió las recientes alegrías, conquistó una vez más las nubes y metió otro de sus cabezazos de oro. Fue su primer gol con el Everton, el primero en Inglaterra.

El año ha sido para Yerry Mina de picos altos y bajos. Pero en muy poco tiempo hizo lo que muchos futbolistas se la pasan soñando: jugó un mundial, hizo tres goles en ese mundial, jugó en el Barcelona y ahora está en la Liga inglesa. También sufrió lesiones y amarguras, pero apenas tiene 24 años. Y por delante, mucho fútbol, muchas metas y mucho baile.

Pablo Romero
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET

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