Emiliano Sala: un año después de la tragedia, sigue el misterio

Emiliano Sala: un año después de la tragedia, sigue el misterio

Fue un futbolista anónimo, que se hizo conocido por el accidente que le quitó la vida. Crónica.

Emiliano Sala

Imagen de Emiliano Sala.

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AFP

Por: PABLO ROMERO
21 de enero 2020 , 04:20 p.m.

En un lugar del canal de la Mancha, del cual el fútbol no quisiera acordarse, murió Emiliano Sala. Fue un 21 de enero cuando el futbolista nacido para brillar con los pies en la tierra, en una cancha, encontró la desgracia en el aire, en un avión. Su mirada se apagó en ese océano embravecido. Con él se ahogaron sus sueños y naufragaron sus goles. Lo que sobrevive hoy, un año después de la tragedia, es el recuerdo de un jugador que era anónimo para casi todo el mundo, hasta que se le atravesó la muerte en medio del mar.

“No sé si van a mandar a alguien a buscarme, porque no me van a encontrar...”, dijo Emiliano dentro de una avioneta que fue de hojalata ante la tempestad. Su voz de acento argentino sonaba trémula detrás de los motores. Era la noche del 21 de enero del año pasado cuando el vuelo fantasma que lo llevaba de Francia al Reino Unido, para unirse a su nuevo club, el Cardiff, desapareció de los radares. “Estoy acá arriba del avión que parece que está por romperse a pedazos”, advertía Emiliano, a sus 28 años, en sus últimos mensajes, mientras la aeronave se precipitaba. Después vinieron el aterrador silencio y el drama de su búsqueda.

El cuerpo de Emiliano fue buscado durante tres días, y como no lo encontraron, tal como lo presentía el propio Sala, las autoridades suspendieron las operaciones. El empeño de la familia, el llamado de algunos futbolistas como Messi y la recolección de suficientes aportes permitieron que se reanudara la búsqueda de manera particular. Fue así como el 7 de febrero encontraron el fuselaje, a 67 metros de profundidad, y adentro, el cuerpo sin vida de Sala.

Emiliano Sala

Emiliano Sala.

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AFP

El goleador silencioso

Emiliano Sala era uno de los miles de futbolistas argentinos regados por el mundo. No jugaba en cualquier liga, estaba en la primera división de Francia, en el Nantes. En todo caso, no era conocido, ni siquiera en Argentina. Pero donde nunca le perdieron el rastro, donde lo siguieron con devoción, y donde hoy lo recuerdan con mucha nostalgia, es en Progreso, la tierra donde cultivó su juego.

Progreso es una localidad de Las Colonias, provincia de Santa Fe, en Argentina. Tierra agrícola, ganadera y futbolera. Es un pueblo pequeño, de no más de 3.000 habitantes. Uno de ellos es Diego Solís, entrenador de fútbol al que hace un año le cambió la vida. Diego fue uno de los primeros entrenadores de Emiliano, hasta los 15 años, en el club San Martín, y lo conoció desde muy niño.

Esa mañana de martes, un día después de la tragedia, Diego dormía plácidamente.
Eran las 6:30 a. m., cuando fue despertado por la algarabía de su madre. “Diego, Diego, desapareció el avión de Emiliano”, le escribió en un mensaje. Él no entendía, apenas salía de su sopor cuando recibió otro mensaje, de un amigo: “Che, Diego, ¿viste que desapareció el avión de Emi?”. Entonces, supo que algo grave pasaba. Puso las noticias que le confirmaron lo que hasta ese instante le parecía un sueño.

“En ese momento no nos cabía la idea de que no lo iban a encontrar, para nosotros él estaba con vida, por ahí, en una isla... Aún no creemos que ya no está. Nos cuesta entender que le haya pasado esto justo a él. Después llegó esa triste noticia, que había fallecido y habían rescatado el cuerpo, eso nos dio algo de tranquilidad por encontrarlo”, dice Diego a EL TIEMPO y la voz se le quiebra.

Diego conserva en su celular, como un tesoro, un video que Emiliano les envió a él y a sus dos hijas agradeciéndoles porque se acordaron de su cumpleaños, el 31 de octubre. De vez en cuando mira el video, y lo recuerda como siempre, como ese muchacho humilde y callado que se fue a triunfar a Europa. “Él era un chico común de pueblo, calladito, como lo fue después en la élite. Cuando venía uno lo miraba como a un extraterrestre, y él se reía”, cuenta el entrenador.


Relata que Emiliano era un jugador normal, muy dedicado a su entrenamiento. Que hacía goles, que tenía buen tiro libre y que todo eso lo fue perfeccionado cuando se fue a una filial del Burdeos, de Francia, y de ahí, al estrellato. Diego y la gente del pueblo no lo creían, pero desde entonces lo siguieron con devoción, como un hijo estrella, como si sus triunfos fueran los de esos orgullosos habitantes.

“A él nadie lo conocía porque no hacía nada excéntrico, era de perfil bajo, no llamaba la atención. Hasta lo que pasó nadie sabía quién era él, lamentablemente se dio a conocer con esta tragedia”, dice Diego.

Progreso también se hizo conocida. Ahora el estadio del San Martín se llama Emiliano Sala, y en la sede deportiva hay un mural gigante en el que aparece él con un grito de gol y la mano en el pecho. Es un lugar donde los foráneos se toman fotos y donde los lugareños lo miran para recordarlo por siempre.

Diego suelta una risita con la que intenta amordazar la nostalgia. Entonces dice, muy pausado: “Seguro que hoy Emiliano hubiese sacado al Cardiff del descenso, hubiese estado haciendo goles, rompiendo redes y festejando su buen pasar futbolístico…”.

Homenaje Emiliano Sala

Homenaje Emiliano Sala

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Reuters

‘Conocido por la tragedia’

El canal de la Mancha no es un lugar de ficción. Así se le llama a este territorio en el océano Atlántico, de 560 kilómetros de longitud, que conecta a Francia con el Reino Unido. Fue el trayecto que hacía la aeronave privada que llevaba a Emiliano Sala desde Nantes hasta Cardiff, donde se uniría a su nuevo club.

Para entonces, nadie hablaba de Sala. Era un anónimo que ni siquiera debutó en la liga argentina. Había jugado en Orléans, Niort, Burdeos, Caen y Nantes, todos franceses de diferentes categorías. Cuando el Cardiff se fijó en él –y pagó 17 millones de euros–, Sala llevaba 12 goles en 19 partidos, más que Neymar. Fue cuando un periodista en Argentina decidió buscarlo, lo ubicó, charló con él, publicó una entrevista en el diario La Nación, en la que Sala agradeció que lo llamaran: “Tal vez ahora me conozcan un poco más”, dijo.

El periodista se llama Andrés Fernández, quien un año después aún se levanta con el estómago revuelto cada que se le cruza por la cabeza –y le pasa seguido– que esa entrevista fue la última que dio Sala, porque unos días después sucedió la tragedia. “Me chocó un poco lo que pasó, porque esa mañana yo estaba trabajando, desde muy temprano, y vi en el noticiero la información de último momento; me quedé helado, se me cruzó todo lo que había charlado con él. Me dio mucha pena todo. Me marcó porque fue enseguida que lo entrevisté. No pienso en eso a toda hora, pero lo pienso”, relata Andrés a EL TIEMPO.

Andrés no llegó a conocer bien a Sala, pero esa charla le generó un vínculo eterno con él. “A Emiliano se lo recuerda mucho en Argentina por como fue su fallecimiento. Fue un antes y después, porque si uno no es futbolero, no sabía quién era. Emiliano fue más conocido por lo que le pasó que por lo que era antes. Me quedo con la idea de que fue un tipo laburante, que quería crecer. Como persona, de mucha humildad y perfil bajo”, cuenta.

Emiliano Sala

Aficionados del Nantes se reúnen a pedir por Emiliano Sala, tras el accidente.

Foto:

EFE

Sin respuestas

“Papá, qué miedo que tengo…”. La frase de Sala, antes de la colisión, estremece. Fue la manifestación del pánico. Aunque nadie podrá contar qué sentían Sala ni el piloto, David Ibbotson, su acompañante y cuyo cuerpo no fue encontrado.

Su padre, Horacio Sala, no descansó hasta no ver recuperado el cuerpo, que fue llevado a Argentina para ser velado. Entonces fue a su encuentro: Horacio murió el pasado abril.

El drama le quedó al resto de la familia Sala, a su madre, a sus dos hermanos y a sus amigos, que hoy conmemoran un año de su prematura partida. Son ellos los que no acaban de entender. “Que pase esto en el primer mundo no se puede creer, y que hasta hoy no se sepa cuál fue la causa de todo, con un jugador de muchos millones, cuesta entender. Uno quiere saber qué pasó. No hay un responsable”, dice el entrenador Diego.

La nave fue una Piper Malibu de registro N264DB. La misma cuyo fuselaje fue encontrado en las profundidades de la Mancha. Las investigaciones posteriores señalaron que la aeronave descendió más de 1.000 metros en 112 segundos, que el piloto habría intentado maniobrar en vano y luego vino la colisión directo contra el mar.

Sala pudo haber muerto por el impacto, eso señalaron las autoridades en un principio, pero a mediados del 2019 la División de Investigación de Accidentes Aéreos británica reveló que Sala estuvo expuesto a altos niveles de monóxido de carbono, es decir que eso lo pudo haber matado antes del impacto.

Hoy nadie entiende por qué Emiliano viajó en una avioneta y no en un vuelo comercial. Pero el caso está lleno de hipótesis y misterio, como que el piloto original no haya asumido el mando a última hora, luego fue arrestado por homicidio culposo y dejado en libertad; se dijo que el encargado de pilotear no tenía la experiencia, versión desmentida por su familia; también se afirmó que el avión fue contratado por Mark McKay, uno de los representantes del jugador, y no por los clubes, que la nave no tendría licencia y que Sala no quería viajar en esa avioneta, según un amigo cercano.

Los clubes, Nantes y Cardiff, entraron en una disputa legal por el contrato: los franceses reclaman el cobro del anticipo
, los británicos reclamando al jugador ausente. La Fifa ordenó al Cardiff pagar 6 millones de euros, y el caso fue al Tribunal de Arbitraje Deportivo, donde aún no hay resolución. Las audiencias comenzarán en abril y no se resolverá antes de junio.

Mientras tanto, su familia, sus amigos y todos los argentinos que no sabían quién era y dónde hacía sus goles Emiliano Sala, lo recuerdan como si nunca hubiera sido un futbolista anónimo.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET

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