Pochettino, una superestrella de bajo perfil que va por la Champions

Pochettino, una superestrella de bajo perfil que va por la Champions

Argentino, 47 años, exfutbolista y uno de los técnicos del momento, al frente del Tottenham.

Mauricio Pochettino

Mauricio Pochettino, entrenador

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AFP

Por: CHRISTIAN GROSSO
30 de mayo 2019 , 09:15 p.m.

Desde su casa en Barnet, al norte de Londres, a una hora de Piccadilly Circus, compra la yerba por internet. Como el dulce de leche, aunque, a sus 47 años, Mauricio Pochettino trata de racionalizarlo porque los kilos... Tampoco faltan los asados, aunque espaciados porque el clima londinense juega en contra. Lee los diarios argentinos cada dos o tres días, y ve fútbol argentino de manera aislada porque nadie lo pasa en directo en Inglaterra.

El contacto sí se vuelve más natural cuando viaja a España y se aloja en su casa de Barcelona. Ese hombre que se escapa del ruido tiembla, llora ahora, cuando Europa lo enfoca; lo primero que se le ocurre es depositar todos los méritos en sus jugadores. Ellos son los superhéroes de Tottenham Hotspur, jura y se estremece. Pero el entrenador argentino del momento se escapa de los modelos y abre otra dimensión.

Primero estudió; después de despedir al futbolista, hizo un máster en gestión de empresas. Él se lo confió a La Nación: “Cuando los futbolistas estamos en la burbuja pensamos que sabemos todo. Esa soberbia nos hace ignorantes, y lo digo con respeto porque yo me sentía así. Cuando jugás crees que podés ser mejor entrenador que tu entrenador, no tiene límites tu soberbia. Pero después llega la cruda realidad. Yo cuando terminé de jugar tuve la curiosidad de ver el mundo real y decidí meterme en una escuela de negocios y comportarme como un chico becado más, como los que venían de Brasil, de México o eran de Cataluña. Viví un año maravilloso yendo a clases, preparando trabajos y estudiando con gente normal. La relación con gente diferente a la que yo había conocido en los últimos 20 años me ayudó a comprender mejor la sociedad”. A descubrirla, también.

Cuando volvió al fútbol comenzó entrenando a los equipos femeninos del Español. Empezó sin prejuicios ni pretensiones. Hasta que llegó la oportunidad: lo presentaron un martes de enero de 2009 como entrenador de la primera del Español y debutó al día siguiente, contra el Barcelona de Lionel Messi, Andrés Iniesta, Xavi, Eto’o... Empató 0-0. ¿Cuánto cambió desde entonces? “Mucho. Y espero seguir cambiando. El día que no evolucione tendré que dejar esta profesión. El entrenador debe estar abierto y atento a todo para no estancarse. Si creés que sabés todo, que llegaste, tenés que ir a comentar fútbol a la televisión”.

Mauricio Pochettino

Mauricio Pochettino, entrenador del Tottenham.

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Pochettino tiene una sensibilidad especial. Descree de la fama, se cuida de la exposición. “Eres una persona pública y la gente demanda cosas de ti, lo sé. Pero me siento cómodo dando lo mínimo, que es lo que naturalmente siento que debo dar. Yo sé que puedo venderme mejor, ir a miles de lugares, abrir un Twitter, subir las fotitos, pero me parece algo muy frívolo y superficial; ahora, respeto que otro lo haga. No necesito vender nada ni que la gente me muestre cariño para sentirme bien. No necesito miles de seguidores en Twitter para ser feliz. No, no, no necesito de ese alimento. Prefiero el reconocimiento profesional antes que el populismo y ser el simpático que vende algo...”, advierte, y muestra sus credenciales.

Que evite las entrevistas no lo retrata desconfiado ni evasivo. No está contaminado, entonces las respuestas llevan la riqueza de la autenticidad. Asume la mecánica pregunta/respuesta con la naturalidad del que no necesita estafar a nadie. Está convencido de que primero debe atrapar a las personas antes de convencer a los futbolistas.

“Hoy, el líder humano es el líder que triunfa”, le repite a La Nación. “El objetivo es ganar títulos. Pero, ¿de qué manera? El éxito radica en no usar a los futbolistas como un sofá o un televisor”, acaba de responderle al diario El País de España.

Hoy, Pochettino no sabe muy bien si es de aquí, de allá. Bromea. Se le escabullen varios giros bien españoles, pero nunca le falta el mate. “...Bueno, creo que no soy de ningún lado ahora. Tengo pasaporte español, pero para los españoles soy argentino... Ellos dicen el Tottenham del argentino Pochettino, no dicen del español Pochettino. Y en Argentina dicen el Tottenham de Lamela, no de Pochettino. Bueno..., tampoco me interesa. No es algo que no me deje dormir”.

Se marchó de su país hace 25 años. Se fue a España en 1994. Su señora tenía dos meses de embarazo. Hablaban por teléfono cada 10 días desde una cabina. “A 13.000 kilómetros de distancia fue difícil, pero a la vez nos hizo madurar y entender que esta, nosotros cuatro, era nuestra real familia”, cuenta. Padres, hermanos, sobrinos, primos, tíos de Mauricio viven en Murphy. Karina es su compañera de siempre. Misionera..., aunque nació en Zárate. Cuando Mauricio dice que son cuatro, se refiere a sus hijos. Dos varones, catalanes ellos. “Me ayudan mucho a evolucionar y a entender”, celebra. Sebastiano, de 24 años, es preparador físico y está trabajando en Tottenham. Maurizio (sí, con Z), de 18, delantero. “No me salió defensa, mejor, así disfruta del fútbol”, bromea el padre.

En la Navidad de 2012 estuvo por última vez en Murphy. Desde entonces no volvió a su pueblo santafecino. Sí, fugazmente a la Argentina, en noviembre de 2016, cuando brindó una charla en Lago Escondido para entrenadores de la zona y lugareños. El millonario inglés Joe Lewis, el empresario dueño de Lago Escondido, es accionario del Tottenham y lo invitó a pasar unos días en el Sur.

Hincha de Racing por herencia paterna, luego se encariñó con Newell’s Old Boys. Si de padres se trata, tiene dos: “Marcelo es como un padre, mi segundo padre. Porque mi relación con él comenzó cuando yo tenía 12 años. Todas mis palabras van a ser positivas para él”.

Mauricio Pochettino

Mauricio Pochettino habla con Hugo Lloris.

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La leyenda cuenta que un día, el entrenador argentino Marcelo Bielsa le dijo a Pochettino que era “una mierda como defensor”. Lo estaba aguijoneando, lo desafiaba a seguir creciendo. Vaya si lo valoraría el entrenador que lo llevó a la primera de Newell’s con 20 años, compartieron un título en el Parque, en 1992, y diez años después sufrieron juntos el Mundial en Japón.

Cuando Pochettino llegó a Inglaterra en enero de 2013, a Southampton, no sabía una palabra en inglés. “El día antes de viajar, mi señora y mis hijos me hicieron una lista: cómo se dice portería, árbitros, pelota, pase, y con eso me largué. Un inconsciente absoluto. Después me di cuenta de las estupideces que decía. Todavía me cuesta y tengo que seguir mejorando”.

Superarse es su desafío, y en el intento está a un paso de la cima de Europa cuando su equipo dispute este sábado la final de la Liga de campeones contra el Liverpool. “To dare is to do”, está pintado en la futurista ciudad deportiva de Tottemham Hotspur, en el municipio londinense de Enfield. “Atreverte es lograrlo”, reza. ¿Casualidad? La frase no puede resumir mejor el espíritu de Mauricio Pochettino.

CHRISTIAN GROSSO
La Nación de Argentina
GDA

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