Galindrez, el colombiano que camina de ‘la mano de Dios’

Galindrez, el colombiano que camina de ‘la mano de Dios’

El vallecaucano de 24 años juega en Dorados de Sinaloa, el equipo al que llegó como DT Maradona.

Juan Galindrez

Juan Galindrez con Diego Maradona.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Por: PABLO ROMERO
29 de septiembre 2018 , 07:01 p.m.

¿Cómo estás, negrito? –le pregunta el mismísimo Diego Armando Maradona a Juan Galindrez, al que casi no le salen las palabras.

–… Contento, profe Diego, motivado con su llegada –al fin responde Juan, que es mucho más alto que Maradona, pero se siente pequeñito a su lado.

–Qué bueno. Hay que meterla –le dice Diego y le da un abrazo al joven delantero colombiano al que recién está conociendo y ya le pide goles.

–Claro. Con su llegada, profe Diego, me volvió la magia… –ja ja ja. Qué bueno, negrito, qué bueno. A trabajar.

Es el campo de entrenamiento del club Dorados de Sinaloa de la ciudad de Culiacán, en el noroeste de México. Maradona está recién llegado como entrenador. La ciudad, que normalmente es beisbolera, está en conmoción con su llegada. La hinchada está enardecida. Los medios de comunicación abordan al equipo como si se tratara del campeón mexicano, pero es Dorados, que juega en la segunda división. Juan Galindrez –nacido en Guacarí, Valle del Cauca, 24 años, 1,82 de estatura- no bromeaba con su nuevo DT. Piensa que Diego llegó para contagiarlo con su mística, con su energía y con su magia. Ahora siente renovadas fuerzas, renovados talentos.

Galindrez nunca imaginó, ni pensó ni soñó que Maradona fuera a ser su entrenador. Ni siquiera lo creyó cuando la noticia empezó a rondar el club. Tampoco se convenció cuando en un partido reciente contra Veracruz, que él no jugó y lo vio desde la tribuna, la gente se le acercó y le preguntó con curiosidad si era verdad que Diego iba a ser el nuevo técnico. Hasta el final pensó que era una broma o rumores de prensa. Pocos días después lo vio en persona, a Diego Maradona, en el campo de entrenamiento de Dorados, tomándose un café. Fue como un espejismo, aunque la noticia ya era una bomba en México y en todo el mundo.

Juan Galindrez

Juan Galindrez, con Diego Maradona.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Su reacción fue la de cualquier persona cuando lo ve. Actuó por instinto. Lo abordó, lo saludó, sin pensar en cómo le respondería. Diego le devolvió un saludo cordial y, como lo vio sin camiseta, le dio un golpecito en el abdomen. “Ah, ¡pero si sos un tanque!”, dice Juan que le dijo Maradona, y Juan pone ese acento argentino que tropieza con el valluno, pero que ambienta su anécdota. Entonces Juan se animó, aclaró su garganta y le pidió una selfi, como si ese fuera el único momento que tendría para hacerlo. Unas semanas después ya tiene fotos, videos, abrazos y anécdotas con él. Pero ese día era especial, era el primero. Diego sonrió y permitió la foto. Luego cada uno siguió en lo suyo. Ya no eran desconocidos.

“A Diego lo veía como un gran exponente del fútbol. Era bonito verlo en videos de YouTube: sus calentamientos, sus jugadas. Fue un histórico y un grande para los que amamos el fútbol. Ahora que lo tengo al lado es imposible no quererlo, con esa energía que nos da, con las ganas que tiene y, sobre todo, la humildad”, dice Juan, un joven de voz suave y apacible que comienza a hablar con timidez y se va soltando. Como si se cogiera confianza en la cancha.

Es delantero. Jugó en el equipo sub-23 de Santa Fe, y se fue a México en el 2016 por recomendación de su tío, el exfutbolista Didio Mosquera, y de Adolfo el ‘Tren’ Valencia. Llegó al Real Cuautitlán, de tercera división, donde jugó cuatro partidos.

Luego pasó al Tijuana Premier, también de tercera, y ahí se destapó: hizo 21 goles en 34 juegos y fue goleador del torneo clausura y del año. En este 2018, mucho antes de que la llegada de Maradona fuera, si acaso, un rumor, se unió a Dorados de Sinaloa. Está en la segunda división y aún no es titular, pero no le importa porque cree que puede aprender mucho de la mano de Maradona, o de ‘la mano de Dios’, como se le conoce al famoso gol que les hizo a los ingleses en el Mundial México 86, y que en tierras aztecas recuerdan como si fuera propio.

La revolución Maradona

Una cumbia retumba en el camerino. Un ritmo contagioso que a Juan lo hace vibrar. Empieza a bailar, con el sabor y la alegría colombiana. De repente escucha un grito, se gira, y se da cuenta de que es de Diego Maradona, que va hacia él, cadencioso. También se pone a bailar y los demás jugadores ríen y aplauden. “¡Bien, negrito, bien!”, le dice Maradona a Juan, y se abrazan. Mientras el colombiano se gana su confianza en la cancha, en el camerino ya juega de titular.

Juan Galindrez

Juan Galindrez, con Diego Maradona.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Juan pensaba que Maradona era diferente, incluso, prepotente. Esa fue la imagen que se hizo por la prensa. Pero en un par de semanas que lleva compartiendo con él, ya tiene otra idea. “Al verlo en el día a día, con esa alegría, con esa pasión, entiendo porqué la gente en Argentina lo adora. Lo que más me llama la atención es la energía que tiene, la motivación y el amor que le pone a cada entrenamiento. Me cambió la imagen que tenía de él totalmente”, cuenta Juan, quien, gracias a la llegada de Diego, ha salido del anonimato. Aunque no tiene familia en México, ahora lo llaman y lo buscan de todas partes. Amigos y no tan amigos que lo ven como un puente hacia Maradona. “Tengo una cantidad de gente por complacer, que quieren fotos, videos o un autógrafo, je-je”, dice.

La revolución Maradona ha sido total en el club. La prensa asedia. Las cámaras siguen sus movimientos en directo en los partidos. Los hinchas enloquecen por una foto con él. Y los jugadores disfrutan de cada entrenamiento como si fueran diferentes. Y están convencidos de que lo son. En ellos, Diego grita, corrige y da charlas técnicas, como cualquier entrenador, solo que Maradona lo hace a su manera: con pasión y con esa mística que carga a su espalda. “Él habla como técnico, como jugador y como hincha al mismo tiempo. Presiona, pero para que lo hagas mejor, y siempre te motiva”, cuenta Juan, quien ya recibió sus primeras instrucciones.
Maradona le dijo que potencie la velocidad de arranque, el regate, que siga intentando la jugada que no le sale, “que agache un poco el cuerpo y haga la gambeta, para que al defensa se le dificulte más”. Y cómo no le va a creer Juan, si se lo dice el hombre que hizo las gambetas más inverosímiles. Diego enseña con el ejemplo.

El último tramo de la práctica es para los atacantes, sobre todo en definición. Después, ronda de penaltis. Juan cuenta que Diego se pone serio si sus jugadores fallan en una tanda de tres cobros; él mismo cobra, y todos los balones van adentro, y los jugadores observan, en palabras de Juan, “la magia intacta”. Maradona es su pasado todo el tiempo.

Diego MaradonaDiego Maradona y Juan Galindrez.
Juan Galindrez

Pero quizá lo que más marca la diferencia en Maradona son sus anécdotas, que las cuenta en la cancha, en el bus o mientras cenan. Habla mucho de su etapa en el Nápoles, les reveló que él fortalecía la pierna derecha, la inhábil, para llegar fuerte y acomodado al remate de zurda, y hasta cuenta relatos graciosos. Juan aún se ríe con uno de ellos: “Nos contó que una vez se enfrentó con un boxeador, sí, con un boxeador. Que se puso los guantes y subió al cuadrilátero. Pero antes de la pelea le dijo que le iba a pegar con lo que encontrara, que algo se llevaba. Pero dizque miraba pa todo lado y no veía nada, ni un palo, y el man sacó y ¡pum!, le metió el primer golpe. Hasta que Diego sacó y, ¡pam!, le pegó una patada. ‘Le advertí que le iba a pegar como fuera’, le dijo, y rieron, ja ja ja. Es un hombre muy alegre”, contó.

La magia contagia

“… y de la mano, de Maradona, todos la vuelta vamos a dar…”. El estribillo atraviesa el estadio, por las tribunas; baja por las escaleras y se filtra en el camerino, sale por el túnel hacia la cancha, se reproduce con su poderoso eco en la gramilla, pasa por el banquillo, por la defensa, por el ataque. Viaja de ciudad en ciudad. No importa dónde esté parado Maradona, el cántico no se calla, como un grito de guerra que los hinchas y jugadores de Dorados ya han adoptado como propio. “... y de la mano, de Maradona...”

El primer partido con Maradona lo ganaron 4-1, a Cafetaleros, y la alegría fue desbordada. Diego llevó a sus jugadores a un costado de la cancha y cantaron al compás de los hinchas, con los brazos en alto, como una coreografía de bienvenida. Dorados ya se mueve al ritmo de Maradona. Luego perdieron contra Alebrijes, 1-0, pero en el camerino volvieron a cantar. Diego no quiere que el entusiasmo se caiga.

El pasado miércoles Dorados volvió a perder, contra Querétaro, en la Copa MX, pero, pese a esa eliminación, Juan alimentó su confianza. Diego lo puso a jugar sus primeros 12 minutos. El asistente técnico, Luis Islas, le dijo que entrara a aprovechar su oportunidad, a mostrarse. Y Juan así lo hizo. “¡Bien, negrito, bien! Te felicito”, le dijo al final Diego, como en el camerino cuando los unió la cumbia, solo que ahora se lo dijo en la cancha, allí donde la magia contagia: allí donde Juan camina de la mano de Maradona.


PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @PabloRomeroET

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