Las claves de la supremacía del Barcelona... (Opinión)

Las claves de la supremacía del Barcelona... (Opinión)

De los últimos 18 compromisos en el estadio Santiago Bernabéu, 11 ha ganado el Barça.

04 de marzo 2019 , 07:22 a.m.

Fue un gesto casi inadvertido: el miércoles, en el minuto 73 del Real Madrid 0, Barcelona 3, se produjo un cambio en el equipo catalán: entró Arturo Vidal por Luis Suárez. Al salir el uruguayo, Ernesto Valverde intentó darle la clásica palmadita que se traduce en “bien, bien, Luis…”, pero el Pistolero lo obligó a más, buscó darle un abrazo al entrenador que acababa de sacarlo.

La efusividad tiene dos lecturas: 1) el agradecimiento por el respaldo que le dio durante su extensísimo bajón futbolístico y goleador; 2) refleja la notable relación que los futbolistas blaugranas mantienen con el ubicadísimo DT. Que jamás se complica. Es un Sergio Busquets con buzo, todo simple y al pie, nunca un lío con el vestuario, ningún problema con la prensa, la dirigencia o el público.

Va por la vida ligero de equipaje. Y en un grupo de estrellas la armonía en la convivencia es posiblemente el bien más preciado.

El pasado 9 de febrero Valverde cumplió 55 años, todos los jugadores le prodigaron una cariñosa manteada en el centro del campo; y fueron ellos quienes, en buena medida, forzaron a la directiva para que le renovaran un año más. Lo quieren y ya sabemos lo que significa en el fútbol cuando la tropa aprecia a su comandante: se juega por él.

Es buen síntoma para lo que le espera al Barcelona, que navega firme, pero aún le falta mucho mar para llegar a puerto.

El domingo, al minuto 61, Solari dispuso una sustitución en el Real Madrid 0, Barcelona 1: entró Asensio, salió Bale. 16 minutos después, mientras el clásico se podía empatar o hasta ganar, una cámara de El Chiringuito, de la TV española, sorprendió a Gareth Bale yéndose del estadio (se supone que sin bañarse) con su auto. Clara muestra de lo que le importan su club, su técnico y sus compañeros; ni hablar de los hinchas.

Bale es como un iceberg en medio del océano, frío, no se conecta con nadie. Dicen que aún no aprendió a decir “buenos días” en español y se pasa el tiempo mirando golf en su tablet.

Dos gestos que explican, en gran parte, las dos victorias en 72 horas del Barcelona sobre el Real Madrid. No son las únicas razones, claro.

Mientras el Barça era un colectivo solidario, que luchaba compacto, todos sus jugadores sabiendo qué hacer y ayudándose, la TV mostró a Sergio Ramos gritando a sus compañeros “¡Vamos, que nos hacen seis…!” El zaguero madridista sabe, tiene el lomo curtido por tantos latigazos azulgranas en todos estos años.

Son muchas derrotas, demasiadas goleadas y bailes. De los últimos 18 duelos en el Bernabéu, 11 los ganó el Barça, 4 el Madrid y 3 fueron empates. Abrumadora supremacía visitante.

Después de casi 88 años, el Barcelona vuelve a estar arriba en el historial total del clásico: 96 victorias suyas por 95 del Madrid.

¿Y Messi?

Parece mentira, siempre ha habido tanta superioridad blanca… Producto de la era Messi, sin la menor duda. Cuando Leo empezó, el Barça estaba muy atrás en victorias, era mucho más sumiso.

Messi ya es el jugador que más veces le ha ganado y más goles le ha marcado al Real Madrid en toda la historia. Jugó tocado los dos clásicos, leo, producto de un golpe en la ingle. Es posible que le den kinesiología y descanso por varios días.

El 0-3 del miércoles en Copa del Rey fue estimulante porque el Barcelona llegaba con muchas dudas de juego. La Copa del Rey es muy atractiva, tiene enorme tradición y es bonito conquistarla, aunque muchos digan que es una copucha (siempre la desmerecen los que no la ganan).

El Barça buscará la quinta consecutiva, lo que sería un récord absoluto en sus 114 ediciones. Le gusta ese trofeo y hace bien en luchar por él. Todos los títulos importan.
Además, un plantel que cobra 562 millones de euros anuales en salarios no puede tirar Copa y Liga con el argumento de que busca la Champions, debe intentarlo todo. Intentarlo, ganar es otra cosa, no siempre se puede.

Ese 0-3 marcó el retorno de Suárez, gran noticia para las huestes culés. Hasta su primer gol seguía sin jugar bien, sin estar fino con la pelota; apareció en un momento oportunísimo, porque ese primer arponazo rescató al Barça del hundimiento (debía convertir sí o sí al menos una vez) y alteró al Madrid.

Puede que sea el punto de partida de su levantada definitiva, el fútbol recuperaría un crack. El oriental es un azote para el Madrid, 11 goles le lleva hechos.

Ya cuando fichó por el Barcelona, en julio de 2014, se sabía que nacía un problema para los Pepe, los Sergio Ramos, los Casemiro. Con él no sirve jugar a la brava ni de boquilla, no funciona; hay que contemporizar, hablar de cosas mundanas, del tiempo, el colegio de los chicos, lo caro que están los tomates... pero de malevo no va, saca el tigre de adentro y se transforma en un tanque de guerra que te pasa con las orugas por encima.

No es el mismo Barcelona de los tiempos de Ronaldinho, de Guardiola, de Xavi, Iniesta y Messi. Da menos festivales, es un tiempo de sobriedad. Como destacó Mourinho en esta etapa de comentarista: “Ellos no están jugando de manera fenomenal. Están sólidos, probablemente más que en otras temporadas. Saben cómo defender, son compactos. Seguramente su juego no sea tan bonito como el que la gente está acostumbrada, pero están ganando partidos. Y cuando tú vas a las eliminatorias de la Liga de Campeones y te enfrentas a grandes equipos en los cuartos, en semifinales, es una gran manera de afrontarlo. Piqué y Lenglet están fantásticos por delante de Ter Stegen, que cada temporada es mejor”.

El Madrid sintió de nuevo, en ambos clásicos, cómo el gol le viene racionado. Cada vez que queda en cero todos sienten añoranza por Cristiano Ronaldo.

Está Vinicius, un chico con muchos más recursos que Cristiano para el mano a mano, pero no tiene el arco entre ceja y ceja. Lo tiene entre ceja y oreja. Siempre desvía el remate, se le va alto, se resbala, le sale débil… Igual es la gran esperanza madridista, por habilidad, velocidad, potencia y atrevimiento. De momento, necesita de un goleador al lado. Como no se le da el gol los barcelonistas, crueles, lo rebautizaron: Ficticius.

El Madrid suma 43 goles en 26 fechas de Liga. El Barça, 66. Por ahí pasa otro motivo de esta nueva ración, doble, del clásico planetario.

Último tango...

JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO
En Twitter: @JorgeBarrazaOk

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