Entre la poesía y el ridículo (opinión)

Entre la poesía y el ridículo (opinión)

Con un fútbol de poesía y rock and roll, Liverpool escribió más que un partidazo.

08 de mayo 2019 , 11:27 a.m.

Todo fue mágico y sorprendente. Todo fue fútbol en su estado más puro, en esa bendición hecha batalla de pelota y pasto.

“En Anfield, todo puede pasar”, dijo como en una premonición apenas 48 horas antes del delirio el técnico Jurgen Klopp, ese alemán loco, irónico, genial y bacán que dirige el Liverpool, que entró a la leyenda una vez más.

Y fue en Anfield y todo pasó: épica y tragedia, maravilla y desilusión. El destino parecía estar escrito en piedra. Barcelona, el mega-Barcelona de los dioses del pase, la gambeta y la belleza, no tenía pierde con su poderosa alineación encabezada por super-Messi, el mejor futbolista del momento y aún aspirante a ser el de todos los tiempos, y… ¡por el 3-0 grande de ventaja con el que había derrotado a los ingleses en el primer partido de esta semifinal de la Champions!

Liverpool, en cambio, parecía enfrentarse, además, a una maldición: a pesar de haber jugado mejor que el Barcelona en el Camp Nou, salió goleado; luego perdió a Salah, su mejor hombre por un golpe en la cabeza, y no pudo recuperar a Firmino.

Y, entonces, con un fútbol de poesía y rock and roll, Liverpool escribió más que un partidazo, más que una remontada espectacular y memorable: dio una bella y emotiva lección de vida –no solo de fútbol–, de cómo enfrentar la adversidad, de cómo superar la desventura, de cómo persistir para lograr: atacó y atacó, presionó al Barcelona en su campo, provocó el error y asumió riesgos.

Tuvo velocidad en las bandas, fuerza en cada disputa, fuego en el corazón y cabeza fría. Y, claro está, la genialidad de Trent Alexander-Arnold para el cuarto gol, el del impensado 4-0 de la clasificación y la gloria. Una viveza de barrio, una improvisación de potrero: cobró por sorpresa un córner aprovechando que el Barcelona estaba confiado y con la guardia abajo.

Justo entonces, con esa jugada y con esa goleada se imprimió la contracara de un día inolvidable: el ridículo y la humillación de un Barcelona que pisó suelo inglés como gigante y terminó aplastado como hormiga. Recibió un gol de equipo de torneo de marcas, de partido de solteros contra casados; no de la Champions, no del más alto nivel. Insólito.

El Barça del gran Messi volvió a fracasar como lo hizo el año pasado, cuando también permitió una remontada de tres goles de diferencia del Roma italiano. ¿Dónde quedó su jerarquía? Messi seguro la está buscando. Barcelona sufre, quizá, su mayor vergüenza, su más terrible humillación. Noche inolvidable entre la poesía y el ridículo en Anfield, donde todo pasó.

Gabriel Meluk
Editor de Deportes
​@MelukLeCuenta

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