Joyas del archivo: así jugaba la Italia campeona de 1982

Joyas del archivo: así jugaba la Italia campeona de 1982

Juvenal, una de las grandes firmas de El Gráfico, la describió así para EL TIEMPO en 1994.

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España 1982: Italia se proclamó campeón del mundo por tercera vez en su historia. El equipo venció 3-1 a Alemania en un partido que se jugó en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid.

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Archivo EL TIEMPO

Por: Julio César Pasquato (Juvenal)
10 de julio 2020 , 10:40 p.m.

La selección italiana conducida por Enzo Bearzot había jugado un excelente torneo en Argentina 1978 aunque sólo consiguió el cuarto puesto, eliminada de la final primero por Holanda y batida en el encuentro por la tercera ubicación ante los brasileños, a raíz de dos cañonazos de larga distancia que encontraron sin reacción a su veterano portero Dino Zoff.

Fueron dos verdaderos misiles aquellos que dispararon Arie Haan para dejarlo parado y Nelinho con un disparo que cruzó ante sus asombrados ojos y dobló para incrustarse contra el palo más lejano.

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Cuatro años más tarde llegaría para Dino Zoff la más dulce de las revanchas. Como arquero y capitán de Italia en el Mundial de 1982 levantó en Madrid la ansiada copa de oro, flanqueado en el palco oficial por el Rey de España y el Presidente de la República Italiana, Sandro Pertini.

En ese crepúsculo madrileño bañado por los focos del estadio Santiago Bernabeu, Zoff tenía el honor de ser el ganador de más edad que registraba el trofeo mundial: 42 años cumplidos.

El técnico Enzo Bearzot seguía estando en la conducción de la escuadra azzurra. Y el héroe de la competencia, con sus apariciones fantasmales en los pasajes decisivos, había debutado como un bisoño delantero, tan astuto como desequilibrante, durante el Mundial de 1978: Paolo Rossi.

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Sus seis impactos de 1982 determinaron tres triunfos vitales de Italia -contra Brasil, cuando metió los tres goles; Polonia, cuando hizo los dos, y la final con Alemania, cuando convirtió el primero- y además, lo consagraron goleador de la Copa.

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¿Cómo jugó Italia en el Mundial español? Como lo había hecho en Argentina-78 y lo venía haciendo desde hacía varias décadas. Fiel a lo que llamaban el módulo, esquema táctico que partía de la idea básica del catenaccio (candado) con un defensor excedente ubicado a espaldas de todos sus compañeros y barriendo el fondo de la defensa.

Era el batidore libero, papel que en 1978 y 1982 cumplió uno de los grandes especialistas del fútbol itálico: Gaetano Scirea, cuyo oficio y experiencia fueron fundamentales para el esquema de Bearzot.

Delante de su último baluarte se movían los stoppers, tenaces e implacables en la marca como si fueran tres bulldogs: Claudio Gentile, encargado de misiones especiales para borrar del juego a talentos como Maradona, el brasileño Zico o el polaco Boniek; Antonio Cabrini, con más técnica y similar aplicación táctica, o Collovatti, igualmente mordedor.

En el medio juego, los italianos se mantenían fieles a una especialización que estaba metida en la idiosincrasia de sus volantes. Dos mediocampistas para la recuperación de balones: Oriali y el infatigable Marco Tardelli, quien fue creciendo de un modo notable a medida que avanzaba la competencia, hasta transformarse en el motor del conjunto. Tan vital en su despliegue que marcó el primer tanto del triunfo italiano sobre Argentina y el segundo en la final contra Alemania.

Un armador o director de orquesta, lo que en Italia se denominaba regista: Giancarlo Antognoni, hombre de fino manejo y muy buena pegada, ideal para lanzar ataques de contragolpe.

El cuarto hombre de esa media cancha italiana debía cumplir una misión fundamental. Bajar a buscarla e iniciar juego como un mediocampista, progresar, seguir y llegar como un temible atacante. En el idioma táctico de la península era el ala tornante y de su rendimiento dependía en gran medida la eficacia que podía alcanzar su equipo a la hora de ir al frente. Bruno Conti fue el hombre ideal para la función. Al igual que Tardelli, su crecimiento a partir de la segunda fase de la Copa resultó fantástico y decisivo para la suerte de su equipo.

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En la cresta de los avances, dos puntas de lanza con características marcadamente diferentes pero igualmente dotados para la réplica por sorpresa, directa y profunda. Graziani era el hombre de potencia, de choque, el típico rompe-defensas. Pablito Rossi, en cambio, era sutil, astuto, escurridizo, oportunista y reveló un olfato goleador muy difícil de controlar.

Italia, que había tenido una mediocre actuación en la ronda inicial del torneo, jugó en gran forma a partir de la victoria clave que obtuvo sobre Argentina en el estadio Sarriá de Barcelona y terminó consagrándose campeón luego de superar a tres mundialistas -Argentina, vencedor de 1978; Brasil, tres veces (1958, 62 y 70), y Alemania, dos (1954 y 74)- y un tercero de 1974 (Polonia), trayectoria realmente espléndida, digna de su estirpe y su añeja historia.

Juvenal
Para EL TIEMPO

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