Hinchas virtuales y de cartón, así se conserva la pasión del fútbol

Hinchas virtuales y de cartón, así se conserva la pasión del fútbol

Con estadios sin público, los clubes y los aficionados cambiaron sus rituales.

AGF

Aficionados del AGF.

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EFE

Por: PABLO ROMERO
06 de junio 2020 , 09:58 a. m.

Ahí están los hinchas. No se han ido. Hacen presencia como si fueran fantasmas. Basta con que el jugador lance una mirada desprevenida a la tribuna y los sorprenderá: ahí está el joven con la bufanda amarrada al cuello, la mujer que sonríe y aprieta el escudo, el hombre de gafas que analiza los amagues con aire intelectual, el que tiene el gorrito verde, la cara pintada y la boca que dibuja un grito de esos que no acaban; ahí está el que tiene la mano en el corazón, el que aprieta los puños para disimular su miedo, el que se agarra la cabeza para contener su angustia. Ahí están todos, muy quietos, muy organizados, cumpliendo la cita con su equipo. No se mueven, no respiran, son hinchas de cartón.

Los fanáticos cuentan los días para volver a los estadios: 15, 14, 13… un mes, dos meses, tres meses... Extrañan el fútbol y el fútbol los extraña a ellos. Algunos incluso protestaron con violencia en Alemania con la reanudación de la Bundesliga, unos porque no quieren fútbol sin público y otros porque no quieren fútbol en plena pandemia. Pero mientras las puertas se abren para recibir su ruidosa y tumultuosa presencia, los rituales se reinventan. Fanáticos y clubes se las arreglan para que sus futbolistas no corran solos, para que algún eco de masa los acompañe en la cancha y para que los hinchas a la distancia sientan que siguen siendo importantes, que siguen siendo hinchas.

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Los fanáticos de cartón tienen tamaño real, son a color, algunos están muy serios y otros están muy emocionados. Cada quien elige como quiere comportarse en un estadio. Estos hinchas de reemplazo nacieron en Alemania y fueron ideados por el Borussia Mönchengladbach, ese equipo de nombre impronunciable que decoró sus tribunas con fotografías de sus fieles seguidores.

Una idea inspiradora en tiempos de fútbol a puerta cerrada. Gracias a la iniciativa, estos neoaficionados pudieron estar presentes de manera simbólica en la reanudación de la Bundesliga. Y no fueron pocos, casi 13.000 pusieron el pecho y la cara para el primer juego de local de su equipo, y sin riesgo de contagio, sin distanciamiento obligatorio, sin tener que usar un tapabocas, aunque uno que otro.

Bundesliga

Los hinchas de cartón en el partido entre Borussia Moenchengladbach v Bayer 04 Leverkusen.

Foto:

AFP

El único requisito fue proporcionar una foto que valiera la pena, con un buen gesto de gol, o de angustia, que en fútbol es igual de válido, y pagar 19 euros. El club se aseguró el colorido en la cancha, que sus futbolistas tuvieran compañía, y de paso reunir un dinero extra destinado para fines solidarios en medio de la pandemia.

Nada asegura que esta presencia artificial ayudará al equipo a ganar. El Mönchengladbach perdió su primer partido en casa 1-3, pero el mismo riesgo se corre con los hinchas de verdad. El caso es que la idea ha sido tan exitosa que ya otros equipos la han copiado.

El más reciente es la Lazio de Italia, que para la reanudación del Calcio también convocó a sus aficionados de cartón. La figura y la elección de un asiento privilegiado en las gradas del estadio Olímpico de Roma les cuesta un poco más que a los alemanes: 39,90 euros, de los cuales una buena parte llegará a la Cruz Roja italiana. Vale la pena la inversión para aquellos que ansían la cancha, que ansían la tribuna, y que están guardando los gritos para cuando haya una próxima vez.

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También se animó el Elche de España, que no tuvo problema para animar a más de 200 de sus socios, que sin pagar ni un euro, y como compensación por los partidos que pagaron y no verán en el estadio, tendrán retrato a medio cuerpo.

Eso de decorar las tribunas hace eco. El Colonia de Alemania motivó a sus hinchas para que aportaran sus distintivos más preciados, es decir, sus camisetas. Con ellas tapizaron las gradas y le dieron color a una de las tribunas.

Claro, siempre hay imitaciones menos elegantes, y fue la del Seúl coreano que en vez de hinchas de cartón o de bonitas camisetas, ubicó en las gradas muñecas inflables con las insignias del equipo. La indelicadeza les costó una multa de 100 millones de wons (unos 74.000 euros) y el rechazo general. Si va a ser para polémicas, los hinchas prefieren la ausencia. Y siempre hay mejores formas de ser creativos, o que lo digan los daneses, los nuevos genios de las tribunas virtuales.

Hinchas por Zoom
AGF

Aficionados del AGF.

Foto:

EFE

El hombre salta, grita, hace la ola y agita su banderita como siempre, con su cerveza fría en una mano y en la otra, un plato que bien podría ser, digamos, de quesos daneses. Está sentado en un cómodo sillón o de pronto de pie o quizá de rodillas, le pedirá otra cerveza a su esposa porque no hay restricción de bebidas. Ella puede que le diga que vaya él, que está ocupada, y él responderá que no puede porque su equipo ataca, minuto 30 y van 0-0, y es cuando empezará a entonar el coro con el que siempre apoya al Aarhus cuando se aproxima al arco rival.

Y si resulta que la jugada termina en gol, no será raro ver al hombre pegar un brinco hasta el techo y es posible que corra descalzo alrededor del sofá. Ella, seguramente, le dirá que si el confinamiento lo trastornó, que qué hace cantándole al TV. Lo que no imaginará es que el hombre alienta a su equipo en vivo con otros 10.000 fervorosos que están en esa misma tribuna de grandes pantallas, descalzos y con sus cervezas, mirando el partido alrededor de la cancha, en primera fila, desde donde los futbolistas los pueden ver y los puedan oír.

La tribunas virtual es otra de las ideas que tiene el fútbol para combatir el tedio del juego sin público. Surgió en la liga danesa a través de la plataforma de moda, Zoom. En la primera experiencia no hubo la algarabía esperada, pero de a poco los hinchas van perdiendo el pudor ante esta nueva forma de liberar sus pasiones futbolísticas. “Fue divertido. Olvidé que no estaba en el estadio y empecé a animar”, admitió uno de los eufóricos confinados. Tampoco es una garantía de victoria. El Aarhus empató su partido 1-1.

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Se le puede llamar el fútbol del futuro porque la idea es más ambiciosa, lo que quieren las empresas especializadas, que ahora están en auge, es que los hinchas puedan vivir el fútbol como en el estadio sin ir al estadio. Ser escuchados cuando cantan el himno o cuando celebran los goles o cuando piden una cerveza, como si estuvieran a unos metros y no a kilómetros. Lo que ya no pueden hacer tan libremente es insultar, porque en este nuevo fútbol hay restricciones eficaces: un solo clic para despachar al iracundo virtual.

También podrán vivir la simulación del estadio desde la sala, que es lo que planea la liga española, es decir, con público y sonido virtuales para darle mayor importancia a esa “grada de la casa”, como la llamo el presidente de esa Liga, Javier Tebas. Sería como ver fútbol en realidad virtual.

Inglaterra no se queda atrás. La Premier League evalúa que su regreso a la competencia, a mediados de junio, sea con algunos partidos en campos neutrales y con tribunas virtuales, pese a la indignación de los fanáticos más radicales que no quieren a su equipo lejos de casa ni partidos a puerta cerrada. Quizá veremos el nacimiento de los hooligans digitales.

Así que nada detiene a los clubes y a los hinchas si de lo que se trata es de recuperar la esencia de las tribunas y el calor del juego. Y no hay límites. En Japón ya inventaron un sistema de megafonía para recrear el sonido ambiente del estadio. Por ahora está a prueba, pero ya tiene acogida. Consiste en que los fanáticos gritan desde su casa a través de un sistema llamado Remote Cheer, es decir, hinchas remotos, y sus voces retumban en las tribunas a través de los altavoces. El aficionado escoge el sonido que quiere emitir, un grito de gol, un alarido de autogol, o incluso un abucheo. Allí no hay restricciones. En cuestiones de fútbol, los japoneses no quieren imitaciones.

Colonia

El alma de los hinchas.

Foto:

EFE

Euforia sin límite

Que nadie diga que los hinchas se extinguieron, que como ya no pueden ir al estadio se olvidaron de sus funciones o que ya no les interesan. Que nadie insinúe que por el coronavirus ya no alientan, que ya no sufren, que ya no rezan. Que nadie piense que se aburrieron de la distancia y de la espera, o que desde lejos ya no gritan ni lloran ni sienten. Que nadie crea que los clubes juegan mejor sin ellos o que los olvidaron, o que los estadios prefieren su ausencia. Que no se equivoquen. Los hinchas siguen ahí, no están, pero se sienten, se escuchan y se ven.

Los hinchas en el mundo esperan su retorno triunfal a los estadios, pero cómo, cuándo, 11, 10, 9 días; cuatro, cinco, seis meses. El tiempo es un misterio en cada liga, sobre todo en las que aún no hay un panorama alentador. La espera puede ser muy larga y tortuosa para algunos y no se garantiza que todos aguanten pacientemente. En Siria un centenar de aficionados del Al-Ittihad, de la ciudad de Aleppo, se reunieron en una azotea con vista a la cancha para espiar desde allí el partido al que no podían asistir por la pandemia. Así son los creyentes empedernidos, los que cuentan los días, los que preguntan que cómo, que cuándo podrán volver a la cancha.

Los hinchas en el mundo esperan su retorno triunfal a los estadios, pero cómo, cuándo, 11, 10, 9 días; cuatro, cinco, seis meses. El tiempo es un misterio en cada liga


Algunos ya tuvieron el placer. La liga de Hungría autorizó el ingreso de sus fanáticos, aunque por protocolo deben sentarse cada cuatro sillas y sin nada de abrazos. Rusia prepara la reanudación de su campeonato con ingreso gradual de aficionados. Lo mismo que la Liga de Bulgaria y la de Serbia, entre otras.

¿Que si el espectáculo del fútbol es menos espectáculo sin los fanáticos en las gradas? Puede ser. Muchos han coincidido en que jugar sin público deja una sensación como de fútbol sin goles.

“El fútbol sin hinchas es más triste que bailar con tu propia hermana”, dijo el técnico español Luis Enrique. “Es como tener sexo con ropa”, dio el escritor británico John Carlin. “Es como jugar en el patio del colegio”, diría Emilio Butragueño. “Es como bailar sin música”, escribiría Eduardo Galeano.

El periodista español Santiago Segurola, en una reciente columna en El País de España, planteó el debate sobre la verdadera importancia que les dan los clubes, en este caso los alemanes, a los hinchas, quienes según Segurola son extrañados por su carácter de consumidores aunque también por su inagotable aporte en la grada.

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“Al entusiasmado hincha de bufanda y bocadillo se le cataloga de esencial, y lo es, pero por motivos atmosféricos y coreográficos. Se necesita su ruido y su colorido. Fuera de eso, se le cuida poco, se le exige mucho y se le añora cuando los campos están vacíos. Si algo transmite el regreso de la Bundesliga es que el hincha manda cada vez menos, pero hace paisaje. Un paisaje indispensable, por lo que parece”, dijo.
 
No es fácil reemplazar ese paisaje. Quien haya asistido a un estadio sabrá que los hinchas no van de paseo ni de ociosos, que su atmósfera no se imita, que su creatividad no se puede copiar con fidelidad, que el vocerío, los saltos y el movimiento incesante de los brazos son los que inciden, los que ejercen presión, los que hacen que un estadio cobre vida, que pueda latir, que pueda temblar.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO@PabloRomeroET

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