Futbolistas y política, una relación de los pies a la cabeza

Futbolistas y política, una relación de los pies a la cabeza

En dictaduras y democracias, jugadores han tomado posición. El más reciente caso, el de Chile.

Fidel y los personajes del mundo

El exfutbolista Diego Armado Maradona entrevistó a Castro para su programa en el 2005.

Foto:

AFP

Por: Pablo Romero
17 de noviembre 2019 , 09:10 p.m.

Las calles arden. El pueblo está de pie. Lucha. La protesta es amplia, social, política, económica. Protestan los jóvenes y los viejos. Protestan los artistas y los intelectuales. Protestan los estudiantes y los trabajadores y las amas de casa. Protestan, también, ¿y por qué no?, los futbolistas. Ellos, los vehículos de tantas pasiones, no son indiferentes. Son los jugadores de la selección de Chile, los que esta semana decidieron que no era momento para jugar sino para parar.

Arturo Vidal, Charles Aranguiz y Gary Medel son los que más duro hablan en la selección chilena, y así, con el carácter inquebrantable, manifestaron el apoyo del seleccionado a la protesta social en ese país. Por eso no jugaron el amistoso contra Perú. El pueblo los aplaudió. No esperaban menos de sus jugadores.

Leonardo ‘Pollo’ Véliz es chileno, exfutbolista, vivió en carne propia la dictadura de Augusto Pinochet. Se resistió. Expresó su oposición. Temió por su vida. Eran otras épocas; hoy resalta el compromiso de los jugadores chilenos.


“Estoy de acuerdo con que los futbolistas adquieran consciencia social porque siempre, en todas partes, se los ve como una especie distinta, que no deben opinar de política. Y los futbolistas deben tener posición, porque no siempre andan en guayos, andan con zapatos, son ciudadanos y deben tener preferencias por una ideología o manifestación social como la que vivimos en Chile”, dijo Véliz a EL TIEMPO.

Desde siempre, el fútbol, ese poderoso fenómeno cultural, ha sido utilizado por los gobiernos para controlar o distraer a las masas, para desenfocarlas de los reclamos sociales. Así fue en los totalitarismos europeos, como forma de propaganda. Así fue en las dictaduras latinoamericanas, donde se aprovecharon del fútbol para esconder las atrocidades. Sin embargo, como fiel reflejo de la sociedad, también han existido en el fútbol esas voces reivindicativas. Las de aquellos que se levantan con sus guayos desamarrados y las medias caídas para manifestar un descontento, o, como los chilenos, para adherirse al clamor popular.

“El fútbol se ha utilizado como elemento distractor en cualquier gobierno, dictatorial o democrático –agrega Véliz–. Es circo para el pueblo. Carlos Caszely (exfutbolista chileno) y yo mantuvimos una postura contraria a la dictadura de Pinochet, y la represión no era con balines, era con balas: la muerte rondaba. En ese tiempo no te sacaban un ojo, sino la vida. Yo digo que los jugadores en la historia deben tener posición política. Y lo que veo hoy con los futbolistas chilenos es que se han dado cuenta de que hay un sistema neoliberal, capitalista, con desigualdad: han hecho causa común con el pueblo”.

De la cancha a la protesta

Hay futbolistas que trascienden la cancha, porque tienen ideas que no quieren ocultar debajo de la pelota. Véliz lo hizo en la dictadura. Pero hay muchos otros ejemplos, en otros tiempos, en otras latitudes.

Sócrates

Sócrates falleció a los 57 años el 4 de diciembre de 2011. 'El Flaco', fue capitán de la Selección Brasileña de 1982 y compartió equipo junto a Zico y otra gran generación de futbolistas.

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Jorge Durán / AFP


Sócrates es un ícono de lucha social: brasileño, activista, socialista, filósofo como el filósofo, estudioso, combativo. “Ganar o perder, pero con democracia”, era su frase de batalla, en plena dictadura del general Baptista. Era un pensador en la cancha y un crac fuera de ella. Llegó a promover lo que se conoció como la ‘Democracia Corinthiana’, un modelo socialista aplicado a un equipo de fútbol. Los jugadores decidían todo, entre todos. Esto decía Sócrates:

La gente no tiene el poder de decir las cosas, entonces yo las digo por ellos

Otros jugadores han manifestado sus posturas políticas, ya sea en defensa de unos principios o ideología. Diego Maradona es un confeso seguidor de la revolución cubana, fue amigo cercano de Fidel Castro, partidario de Hugo Chávez. Mientras sus aficionados en el mundo se siguen tatuando la cara del ‘10’, él lleva en el brazo al ‘Che’ Guevara.

Dídier Drogba, africano, potente delantero que brilló en equipos como el Chelsea, pasó a la historia como el futbolista que detuvo una guerra civil, en Costa de Marfil, ¡una guerra! Fue en el 2005 cuando el futbolista aprovechó la efervescencia por la clasificación de su país al mundial del 2006, y lanzó un mensaje de unidad, en vivo, por TV, y les pidió a los dos bandos en disputa que bajaran las armas, que no hubiera más sangre, cuando ya iban más de 4.000 muertos. “Os pedimos de rodillas que os perdonéis los unos a los otros. Perdonad. Perdonad”, dijo y fue escuchado.

Didier Drogba

Didier Drogba.

Foto:

EFE


Un ícono actual de las luchas políticas es el entrenador Pep Guardiola, del Manchester City, un activista en ferviente lucha por la independencia de Cataluña. En su discurso, Pep habla de derechos humanos, del derecho de reunión y de manifestación, de libertad de expresión. Ha usado cintas amarillas en solidaridad con los líderes catalanes condenados. Ha sido multado. Y no le importa. No se calla. No es el único.

En una entrevista le preguntaron al defensor Gerard Piqué por el VAR, y su respuesta fue: 

Si las televisiones le dedicaran el mismo tiempo al juicio injusto que se está haciendo contra los presos políticos las cosas irían mejor

Son de izquierda, comunistas, anarquistas, punks, refugiados, antifascistas. Son los fanáticos del club St Pauli de la segunda división alemana, quizá el club más político del mundo. Hay otro, el Livorno de Italia: equipo obrero, foco del partido comunista.

Aunque su mayor símbolo es de carne y hueso, Cristiano Lucarelli, exfutbolista, goleador y de izquierda. Promulgó abiertamente su ideología. No era un futbolista militante, era un militante futbolista. Celebraba sus goles con el brazo en alto y el puño cerrado.

Y mientras tanto, en la otra acera, Paolo Di Canio levantaba el brazo derecho con la mano extendida, con su mirada de odio y su saludo nazi hacia las tribunas, donde lo ovacionaban los hinchas de Lazio. Aún luce sus tatuajes alusivos al dictador italiano Benito Mussolini.

Los casos siguen, incontables, de aquellos que expresan sus posturas y que, como dice Véliz, no solo andan en guayos sino en zapatos, que votan, eligen y participan. ¿Quién iba a pensar que un jugador de fútbol podría llegar a ser presidente de un país? Lo hay, es George Weah, el único balón de oro negro (1995), una estrella que llegó a conducir los destinos de Libia.

Hoy, son los futbolistas chilenos los que se expresan y se solidarizan con su pueblo. “Esto es un mensaje para los futbolistas de todo el mundo, que tienen libertad de expresión. Algunos son millonarios, pero recuerdo a Mané, del Liverpool, que dijo que no le interesa tener Ferraris sino aportar a su pueblo con educación y hospitales, esos son los mensajes positivos para muchos futbolistas”, dice Véliz.

Pablo Romero
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET

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