El infierno de Estambul, la temible nueva casa de Falcao García

El infierno de Estambul, la temible nueva casa de Falcao García

Cientos de bengalas y un ruido ensordecedor, características de la afición del Galatasaray.

Turk Telekom Stadium

Así luce el Infierno de Estambul.

Foto:

Anadolu Agency / AFP

Por: PABLO ROMERO
07 de septiembre 2019 , 10:17 p.m.

Las tribunas están bañadas en llamas ardientes, cientos de bengalas iluminan de rojo y amarillo intenso unas gradas que no parecen sólidas sino móviles, como si quisieran saltar sobre los rivales y aplastarlos, y la humareda burbujea como ácido, como azufre hacia el firmamento, lo nubla todo mientras el intenso ruido aumenta, ruido que aturde, que ensordece, palmas que se rompen unas contra otras, zapateos del demonio, dientes que crujen, temibles alaridos, estruendos de petardos, y en la cancha de fuego, los afortunados jugadores del Galatasaray que avanzan cual cómodos guerreros, y los visitantes, pobres almas en pena, luchan sobre un pasto que amenaza con agrietarse para devorarlos con arcos y todo. El Türk Telekom de Estambul no es un estadio de fútbol: es un infierno.

Así lo llaman, el infierno de Estambul. No solo por los colores del tradicional equipo, el más importante de Turquía y al que llegó Falcao García, sino por su tremenda atmósfera de hostilidad y ruido. Allí, en el moderno estadio cinco estrellas levantado en 2011, a solo 7 km del antiguo estadio Ali Sami Yen, se dibujan imponentes ‘tifos’, se extienden banderas enormes capaces de cubrir todo el escenario, como un cielo rojiamarillo, y bajo ellas es que suenan los tambores y los coros de apoyo: “¡¡¡Re re re ra ra ra / Galatasaray / Galatasaray / Cimbom bom!!!”, y luego las bengalas se encienden y perduran, una tras de otra, cientos, miles que nadie sabe cómo las entran, porque están prohibidas, pero las entran. Y todo opera bajo una organizada coreografía que no solo da espectáculo sino que intimida. Jugar en Estambul, en ese escenario infernal, amedrenta por sus guerreros de las gradas, y por su esplendor; pero en todo caso, jugar allí atrae, apasiona.

“¡¡¡Re re re ra ra ra / Galatasaray / Galatasaray / Cimbom bom!!!”, repiten hasta desgarrarse las gargantas, como en un coro de guerra lanzado por 52.650 personas. ‘Cimbom’, así es como apodan al equipo más ganador de Turquía –con 22 títulos de Liga, una copa Uefa y una supercopa europea– al que también le dicen los Leones: son una jauría que adoptó un tigre, a Falcao, que no es ningún cachorro, que llega para ser jefe de manada. “¡¡¡Re re re ra ra ra / Galatasaray / Galatasaray / Cimbom bom!!!”.

La historia del infierno se remonta a un partido contra Manchester United, en 1993, en fase previa de la Liga de Campeones. Galatasaray avanzó y dicen los turcos que la atmósfera fue tan imponente que sorprendió a sus rivalesm a jugadores y técnico,  y a toda Europa. Así lo relata Karem Canbulat, periodista turco de 'A Sport TV': “

La afición de Galatasaray

La afición de Galatasaray y toda su presión y colorido.

Foto:

Twitter oficial de Galatasaray

'Ambiente caliente'

El Bombasí es un famoso escenario futbolero del mundo ficcional del escritor argentino Roberto Fontanarrosa. Un estadio hostil donde el aire escasea, el calor agobia y los futbolistas tiemblan de temor con el rugir de los aficionados. Cuando llega el gol visitante, el estadio se quiebra, emanan chorros de vapor y de lava, desaparecen los arcos y las tribunas. El Bombasí quedaba ubicado sobre el cráter de un volcán... El infierno de Estambul se puede pensar como un escenario así, irreal: una cancha a la que nadie quiere ir a jugar de visitante, donde los ecos reverberan aún con las tribunas desocupadas, como si miles de fantasmas arengaran las 24 horas, y todos con bengalas, que son sus armas, sus tridentes. A esta afición se la conoce como la más suramericana de Europa. Saltan y cantan sin cansancio, y exhiben su parafernalia ruidosa y luminaria, y en ese calor es como si el partido sucediera dentro de un volcán, debajo del mismísimo Bombasí de Fontanarrosa, entre chispas, fogonazos y chorros de lava.

Ozkanal Volkan es periodista turco de 'Weeplay Media'. Ha escrito decenas de artículos sobre Galatasaray. Opina como si las palabras también quemaran. “El ambiente allí es caliente, como lo es en América del Sur con Boca Juniors. Hay canciones, pancartas, a veces para lanzar espadas a los oponentes o para apoyar al equipo. El ruido es intenso y los coros nunca se detienen. Lo que es impresionante para las personas que no están acostumbradas a entornos tan calientes. A nivel de rituales, digo que el ruido que allí se vive se hace para interrumpir al oponente y presionarlo, o a los árbitros”, relata Volkan.

En Estambul hay tres equipos famosos: Besiktas, Galatasaray y Fenerbahçe. Además, están otros clubes menos conocidos, como Basaksehir y Kasimpasa, lo que convierte a esta ciudad, la más poblada e importante de Turquía, en una capital futbolera del mundo. Sin embargo, asistir al duelo Galatasaray-Fenerbahçe, bajo aquel infierno, es bajar a la quinta paila del diablo. Hay mucha rivalidad. Galatasaray es el equipo de la clase obrera, su rival es de la clase pudiente. El primero representa la parte europea de Estambul; el segundo, la zona asiática. En esa ciudad, todo parece fríamente demarcado.

"En Turquía el fútbol esta en la mente de todos. Cuando llega un derbi (Galatasaray-Fenerbahçe), una semana antes todos se preparan psicológicamente y están ansiosos por estar a la altura. Durante el partido, sale toda la pasión y al final, si un equipo pierde, la semana será muy mala. Existe una especie de monopolización del juego, las apuestas y el resultado, y toda la sociedad descansa en el fútbol para olvidar sus problemas", agrega Volkan. 

Radamel Falcao García

Presentación de Radamel Falcao García en el Galatasaray.

Foto:

Reuters / Murad Sezer

Récord de ruido

No todos los estadios suenan igual. Al menos no en el mismo tono y con la misma intensidad. El del Galatasaray abruma. Tiene el Récord Guinnes del partido con más ruido: no podía ser otro que un Galatasaray-Fenerbahçe, en 2011. Fueron 131 decibeles de ruido, sobrepasando el umbral, que es de 120. Un informe de 'El Economista' de España dice que ese nivel sobrepasó el sonido de un motor de avión en marcha (120 db), y que a ese nivel las personas sufren sordera temporal.

En 2017 el futbolista alemán Timo Werner, del Leipzig, vivió una pesadilla en esa caldera. Al minuto 32, víctima del ruido que retumbaba en su cabeza, tuvo que irse del partido. No soportó más escándalo. Su técnico dijo que el jugador tuvo problemas circulatorios y respiratorios debido al ruido y que tuvo que ver a un especialista. Es por eso que allí algunos futbolistas usan tapones para los oídos. Aunque nada es suficiente.

Radamel Falcao García

Hinchas del Galatasaray en el recibimiento de Radamel Falcao García.

Foto:

Reuters

Ruido y furia se mezclan. El club ha recibido millonarias multas de la Uefa porque los hinchas lanzan sus antorchas a la cancha, en su estadio o afuera, como en 2014, en la casa del Arsenal inglés. Son temerarios. En 2006, el portero colombiano David González atajaba para el Rizespor, y cuando le tocó contra Galatasaray, el partido cambió de escenario y se jugó a puerta cerrada. El infierno estaba suspendido. Un alivio para González, que en todo caso recibió 4 goles.

“Claramente, Turquia vive y respira por el futbol. La atmósfera puede ser extraordinaria si todo sale bien. Pero si no, es un desastre. Se quieren resultados de inmediato y la presión es enorme. Falcao, si anota y Galatasaray hace una buena campaña, será el rey y más”, dice Volkan.

Esos hinchas son apasionados, lo demostraron mientras esperaban por Falcao. Miles de ellos lo recibieron en el aeropuerto de Estambul y el pasado miércoles le dieron la bienvenida en el estadio, y le hicieron sentir que lo del infierno no es un cuento, que ese estadio caluroso parece un incendio, y que solo se apaga con el sudor de los leones, y ahora, con el de un tigre.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO@PabloRomeroET

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