El diablo es el alma del América de Cali

El diablo es el alma del América de Cali

Hincha pasional rehace la historia del equipo para entender la esencia de ser americano.

Escudo del América

Escudo del América

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Archivo

Por: Umberto Valverde 
15 de enero 2019 , 07:26 p.m.

América es uno, indivisible, el legendario de 1927, que nació en las bancas del Barrio Obrero, fecha certificada por su primer historiador, Marco Tulio Villalobos, quien fue su arquero; avalada por Alfonso Bonilla Aragón, quien “hablaba de febrero o noviembre” como meses fundacionales, y Hernán Zamorano, su primer presidente, quien me envió un casete desde la clínica donde moría como un testimonio único que todavía conservo. Bonilla, periodista de estirpe caleña, era americano pasional porque su hermano, Ramón, fue el primer arquero de este equipo que debutó en segunda división.

El América del 27 no tiene nada que ver con un América del cual daba fe don Pablo Manrique, su primer entrenador, que sustentaba el 21 de noviembre de 1918, bajo la presidencia de Alfonso Cuevas. Por esa razón, la copa de campeón de 1919 entregada al club América creó una duda para el presidente Pepino Sangiovanni, quien preparaba la celebración de los sesenta años de la divisa roja en 1987, por lo tanto, delegó en la Revista del América, bajo mi dirección, establecer y precisar la fecha auténtica de fundación. Para comprobar los datos fue necesario un estudio de esas décadas, donde nacieron varios América y varios Cali, que hoy en día se adjudica una fecha de fundación que no es cierta. Ese primer Cali desapareció, como el América, y no hay continuidad en los otros equipos que surgieron en los años veinte.

Obligado por las circunstancias, América es el primer equipo que hace una gira nacional en 1931 y desde entonces conforma una hinchada nacional. Expulsado de la liga local emprende, bajo la iniciativa de su presidente, Luis Carlos Cárdenas, una gira que fue una hazaña. Villalobos, de su propia voz, me refirió: “Un 5 de mayo de 1931 salimos 18 jugadores cantando ‘adiós muchachos, compañeros de mi vida’. Un periodista de Bogotá, al ver a este equipo, tituló: ‘Juegan como diablos rojos’. Ahora, el origen del uniforme rojo es el siguiente: cuando estábamos en Barranquilla, fuimos invitados a ver un partido de basquetbol. Un equipo vestía de rojo, totalmente, no como nosotros, que éramos rojo y blanco, y el equipo se llamaba Diablos Rojos”. Algunos sostienen que se estrenó en Medellín, mientras que Villalobos asegura que fue en Cali.

Como consecuencia de este proceso, sobre 1940, América instituyó el diablo en su escudo. El denominativo de diablos rojos llevó a esta decisión, que nació de su propia sangre, porque como bien lo expresó Alfonso Bonilla Aragón, “América es uno, el de ayer, el de hoy, o el de mañana. Porque el nuestro no es un equipo de fútbol solamente. Es una explosión humana, una pasión aberrante, una arbitrariedad del corazón”. América es un pueblo uniformado de rojo, con el diablo como emblema.

Ese fue el América que se metió en mi alma desde niño. Primero, vivimos al lado de la casa de los Abadía, Faustino y Harold. Faustino fue titular del América de Adolfo Pedernera, tenía como compañero a Arcángel Brittos, un argentino negro, extraño para la época, un crac. En la casa de los Abadía conocí a ese memorable equipo. Más adelante, vivía Dimas Gómez, un pionero de los años 30 y 40, un veloz puntero derecho, del cual hablaba maravillas el doctor Gabriel Ochoa. Rodolfo Gómez, hijo de Dimas, era de mi grupo de amigos adolescentes que jugábamos en El Loncha, donde veíamos las habilidades de Tito Cortés, el gran cantante tumaqueño. El padre de Álex Escobar vivía cerca del parque. Más abajo, por la carrera 11 quedaba la casa de ‘Shinola’ Aragón, un puntero izquierdo rápido, uno de los pocos que pueden recordar el partido con el Real Madrid, cuando América se fue ganando 2-1 en el primer tiempo, para luego perder 5-2, porque el maestro Di Stéfano, con Gento y Puskas, se pusieron molestos.

El Barrio Obrero es música y fútbol, esas calles se inundaron con las trompetas de la Sonora Matancera y de Pérez Prado. El que no conozca esta historia, no entiende qué significa América.

América es uno, el de ayer, el de hoy, o el de mañana. Porque el nuestro no es un equipo de fútbol solamente.

Ese equipo con el escudo del diablo fue el mismo de los años cincuenta, el de los comienzos de los sesenta, cuando llega Pedernera, acompañado por Benito Cejas, Finito Ruiz, el loco Juan Vairo, a quien yo le cargaba el maletín. Es el mismo América de las 22 fechas invicto de don Julio Tocker, el filósofo, un señor digno que me enseñó tanto y luego visité en Santiago de Chile cuando iba con la Revista del América. Es el mismo América de Perucca, con un fabuloso ‘Barby’ Ortiz. El mismo América con el que don Pepino Sangiovanni sedujo a Gabriel Ochoa Uribe para regresar al fútbol y que nos dio la primera estrella del 1979, con Alberto Beltrán sonando con su bolero Aquel 19 por todo Cali, por las esquinas de los barrios y por todas las discotecas.

Cuando América alcanzó muchas estrellas se permitió la licencia de sacar el diablo del escudo. En realidad, el doctor Ochoa, por su fe religiosa, no era muy afecto al diablito. Así como no le caía bien el Duende, un hincha enano, folclórico, al que protegían los dirigentes del club. Una vez llegando al desierto de Atacama, llegando al pueblo donde enfrentaríamos al Cobreloa, vimos una bandera roja.

–Quién es ese, preguntó el médico Ochoa.

–El Duende, le respondí.

–¡Ay, no puede ser, llegó antes que nosotros!

El Duende atravesó Ecuador y Perú en bus para llegar a ver a su equipo del alma.

Julio César Falcioni, para quien el doctor Ochoa era “Falcioni y diez más”, se atrevió a sacar el diablo colocando el nombre de sus hijos. También lo hizo el ‘Pitufo’ de Ávila, después de abandonar sus épocas turbulentas de bravero y rumbero, cuando se dedicó a Dios, le puso un esparadrapo al diablito. Los dirigentes se quedaron callados, pero la Revista del América no publicaba fotos donde se distinguiera esa desfachatez. Se ordenaban fotos especiales para no hacerles eco a esas decisiones personales.

Una vez, la Revista del América reunió a 10 presidentes de la institución, reportaje que está consignado en mi libro América, el regreso de un grande, donde ellos, americanos de verdad, como Gonzalo Zambrano, Alberto Anzola, Ricardo León Ocampo, Manuel Correa Valencia, Pedro Sellarés, entre otros, nunca pusieron en duda el diablo del club. Estaban agradecidos porque se les invitó a un ejercicio de memoria que fue consignado en esas ediciones ejemplares de una revista que alcanzó un nombre continental.

El respeto a la memoria institucional, que no se puede vulnerar por un mal resultado, producto de una administración equivocada. El diablo es lo que hace diferente al América, son los diablos rojos, esos que sorprendieron a los comentaristas en Bogotá en la década del treinta, un equipo de negros que estrenaron zapatos para ir de gira.

América es una pasión porque ha sufrido mucho, porque fue humillado sometiéndolo a la Lista Clinton, decisión que se llevó a dos grandes seres humanos, Pedro Chang y Carlos Puente, verdaderos americanos, que afrontaron esa persecución moral. La hinchada se hizo fuerte en el dolor, en un oscuro negocio de querer mantener al América en la B, y ahora, de ascender en manos de un presidente que nunca ha conocido la historia del club América, porque seguramente no ha leído mi libro. Por eso, cuando América se encuentre en manos confiables devolveré a la institución parte del archivo de la Revista del América, los únicos que rescatamos la verdadera historia, que la exaltamos y la hicimos literatura.

El canto de la hinchada es lo que justifica la memoria:

“Señores, soy americano, lo llevo en el alma / la banda de todo momento siempre te acompaña / ser hincha de la mecha es un sentimiento / te sigo no importa donde vayas / yo siempre te aliento / recuerdo que juntos pasamos muy duros momentos / las cuatro finales la muerte del negro misterio /a los jugadores les pido que dejen la vida / vamos escarlata dame una alegría / se viene la banda del diablo/ se viene la banda del diablo / se viene la banda del diablo”.

La hinchada fiel se ha manifestado por redes sociales y por medios. Los actuales directivos han sacado tres comunicados. Afirman que la nueva camiseta con esa A lánguida es para el primer semestre. Dicen que en la página del club aparece el diablo. En fin, es el desconocimiento de esta historia y muchas más que pudiera contar en detalle, porque en nombre de la Revista del América fui yo quien precisé la fecha de fundación y ordené la historia del club que no existía, arropado por la vieja guardia, liderados por Édgar Mallarino, que me llevaba a todos estos señores para contar su historia, así como me la contó Marco Tulio Villalobos, el pintor primitivista.

América, cuánto me haces falta. En tu presente oscuro no te sigo, no sé de ti.


UMBERTO VALVERDE
Para EL TIEMPO
@ELTIEMPO

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