Crónica de la muerte no anunciada de Millonarios en la Liga

Crónica de la muerte no anunciada de Millonarios en la Liga 

Desde 2007, los rojos no ganaban en El Campín. El equipo de Pinto necesitaba ganar y no lo hizo.

Millonarios vs. América

César Carrillo (izq.) y Fabián González Lasso lamentan su eliminación.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

Por: PABLO ROMERO
05 de junio 2019 , 11:31 p.m.

Todo lo bueno, todos los elogios, toda la solidez, todo el favoritismo, toda la consistencia, solvencia y contundencia de Millonarios, todo lo que había hecho en la Liga quedó refundido en el pasto del estadio El Campín. Ahí quedaron esos cuerpos destrozados, los cuales no sabían si llorar o maldecir o mirar al cielo o a las tribunas, o a ninguna parte. El técnico Jorge Luis Pinto huyó hacia el primer refugio, para que nadie viera su melancolía, su rabia, su impotencia por la inesperada eliminación.

Las tribunas de El Campín fueron un río que se quedó sin corriente, un mar inmenso, muy azul, que perdió las olas en 90 minutos. Los hinchas pasaron de la alegría a la desgracia, y ahí quedaron, con las manos en la cabeza, en la cara, en la boca, con lágrimas, con aplausos tímidos, con los rostros de la incredulidad. Al final, lo que hubo fue silencio, un sonoro silencio.

¿Cómo explicar que Millonarios, que tenía todo para llegar a la final, no llegara por perder con América?, y eso que comenzó ganando, que anotó cuando iban solo 9 minutos, con gol de César Carrillo. El estadio vibraba, el sol golpeaba, el aire era fresco y la alegría, azul. Qué les importaba a esos hinchas, a esos jugadores y a ese técnico que Pasto ya le fuera ganando 1-0 a Magdalena. Nadie quería saber de Pasto. ¿Cuál Pasto?

América comenzó como si no quisiera jugar. En la primera media hora ni se enteró siquiera de que Wuilker Faríñez no estaba en el arco de Millos, que quien estaba era Ramiro Sánchez. Todo parecía bajo control, de trámite, el premio a la gran campaña. Pero el reloj no ayudaba, no avanzaba. Y una extraña presión comenzó a descender por la cancha; Millonarios se fue nublando, y América sacó de algún lado el fútbol que le hizo falta para aspirar a más, y, como no tenía ya nada que perder, empezó a jugar, a tocar, a avanzar, no con timidez, no como si ya fuera un eliminado; por el contrario, lo hizo como si de este partido dependiera mucho más que el honor.

Sin embargo, se acabó el primer tiempo, se pasó el corto descanso y arrancó la parte final. Los hinchas preparaban la fiesta, y alguien gritó que Pasto había hecho otro gol, pero de nuevo a nadie le importó, solo importaba Millos en la cancha, su victoria parcial, el tiempo que no corría. Fue cuando América cobró un tiro libre, en 7 minutos, pelota de Yesus Cabrera directo a la cabeza de Jeison Medina, que era el jugador más incómodo para la defensa, y cabeceó con mucha facilidad, como si le anotara a un equipo eliminado y no al Millonarios de Pinto. La pelota picó y Ramiro, pobre Ramiro, no la pudo atajar.

El 1-1 era peligroso, pero aún no tan dramático. Faltaba mucho tiempo para que Millonarios reaccionara, recuperara la esencia y pusiera orden en el partido, como si dijera ‘somos Millonarios y vamos por la final’. Eso era lo que esperaban los hinchas, seguro, pero nada de eso pasó. Muy al contrario, el equipo no se repuso del gol, no se levantó, quedó preso de un nerviosismo inusual, por más que Pinto gritó y gritó desde la raya técnica. Por más que hizo los cambios, con Ovelar y Montoya, que entraron para hacer parte del desastre, no para evitarlo.

Había más, porque América estrelló un remate en el travesaño, el balón contra la madera, ¡clan!, hizo eco en medio del silencio de pánico que hubo en las tribunas. Empezaron los rezos y las oraciones cuando América volvió a llegar, y Sánchez salvó el arco, una, dos veces más.

Fue cuando América perdió a Juan Nieva por expulsión: estaba en el piso y desde ahí golpeó a un rival; tarjeta roja. Entonces, en las tribunas hubo una reacción, un canto poderoso y optimista; quedaban 20 minutos y superioridad numérica para hacer un gol y firmar que todo el drama era un susto, pero no.

Alguien gritó que hubo otro gol de Pasto, y ese nombre ahora sí sonó a tormento. Pasto ya ganaba 3-0, partido liquidado en Ipiales. Así que todo se definía en El Campín. Hasta que hubo un tiro libre de fatalidad, una jugada de laboratorio, un toque, un amague que se comieron todos en Millonarios, y el disparo de Carlos Sierra fue con toda su furia, a un ángulo al que no iba a llegar ni siquiera Faríñez, si hubiera estado. Fue el 1-2, un resultado impensado para Millonarios. “Estamos golpeados y tristes. Sentimos la presión del partido en algunos jugadores”, reconoció Pinto al final, tras haberse refugiado y haber desahogado su rabia en el camerino, en privado. Y, mientras Pinto intentaba explicar lo inexplicable, en las tribunas nadie se movía, nadie hablaba, el estadio seguía lleno pero vacío.

Millonarios 1, América 2

Millonarios: Ramiro Sánchez (7); Andrés Román (5), Bréiner Paz (5), Álex Rambal (5) y Felipe Banguero (5); Jhon Fredy Duque (5), César Carrillo (6), Mackálister Silva (5), Christian Marrugo (3), Juan David Pérez (3), y Fabián González Lasso (4). DT: Jorge Luis Pinto. 

América:
Arled Cadavid (6); Daniel Quiñones (6), Marlon Torres (7), Juan Pablo Segovia (6) y Andrés Felipe Álvarez (6); Luis Alejandro Paz (6), Carlos Sierra (7), Misael Riascos (5), Yesus Cabrera (8), Jhonier Viveros (5), y Jeison Medina (7). DT: Jersson González.

Partido: intenso.

Cambios en Millonarios: Roberto Ovelar (3) por González Lasso (13 ST), Santiago Montoya (3) por Marrugo (15 ST) y Juan Guillermo Domínguez por Carrillo (32 ST). 

Cambios en América:
Juan Diego Nieva por Viveros (11 ST), Luis Enrique Jiménez por Álvarez (24 ST) y Pedro Franco por Medina (32 ST). 

Gol de Millonarios: Carrillo (9 PT). Goles de América: Medina (7 ST) y Sierra (28 ST). 

Amonestados:
Román, Rambal, Paz (Millonarios), Medina (América). Expulsado: Nieva (26 ST). 

Figura:
Yesus Cabrera (8).

Estadio: El Campín. Asistencia: 27.945 espectadores. Taquilla: no fue suministrada. Árbitro: Mario Herrera (7). 

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET

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