Iban 82 minutos cuando Caicedo, el feroz atacante del Medellín, impactó la pelota en el vertical derecho. El sonido del balón en el poste sonó fuerte en medio de ese silenció tenebroso que se hizo en el estadio de Techo. La afición y los jugadores de Santa Fe tardaron unos instantes en tomar aliento, en reaccionar, en darse cuenta de que, increíblemente, no había sido gol. El 1-1 ya estaba escrito.
Tal como se dio el partido, resultó siendo un buen empate para Santa Fe, que jugó con su nómina alterna, cometió un penalti, empezó perdiendo y se quedó con un jugador menos. Además, no jugó bien y el vertical milagroso vestido de rojo le dio una mano enorme.
El partido en el primer tiempo ya tuvo que haber dejado una mala sensación en los cardenales. Fueron 45 minutos sin emociones, sin oportunidades reales de gol. Tampoco brilló Medellín, así que fue un primer tiempo aburrido. Se fueron 0-0 al descanso.
En ese panorama, un penalti era la forma más probable del gol. Fue por esa vía, justamente, que el Medellín acabó con ese prolongado empate y, de paso, puso a sufrir a Santa Fe.
La falta fue ingenua. Balanta sujetó a Hechalar de un brazo cuando este entraba al área. Penalti. Para colmo, el jugador cardenal se fue expulsado por doble tarjeta amarilla. Se le vino el techo encima a Santa Fe.
Marrugo cobró con la efectividad de siempre. Duro, a un ángulo. 0-1. Iban solo cuatro minutos de la pare final y el partido ya era otro: Santa Fe ya perdía, ya tenía un hombre menos. Ya tenía que reaccionar.
Efectivamente, reaccionó. Se lanzó al ataque en busca de un botín que hasta ese entonces veía tan improbable, el del gol. Si en todo el partido solo había tenido un remate de Plata cuando intentó un centro que se le fue al arco, no se le veía cómo le iba a hacer daño al DIM. Pero lo hizo.
Al minuto 13 de esa parte final, por fin los cardenales se juntaron y entraron al área rival. Pico hizo el pase profundo para Kevin Salazar, y Salazar hizo el pase atrás para Falcón. Falcón acababa de fallar una opción de gol frente al portero González, no había tenido fortuna. Pero en ese instante la pelota le quedó tan limpia, y él estaba tan solo, que no podía fallar.
En todo caso no pateó bien, conectó la pelota, incómodo, de pierna derecha, y esta entró suave, como impulsada por el aliento de esa escasa afición que asistió a Techo. Fue un gol sufrido para los cardenales, pero gol, el del empate, 1-1.
El partido, necesariamente, ya fue otro, a otro ritmo. Medellín tenía superioridad y tenía armas. Santa Fe, voluntad, mucha.
Cuando quedaban ocho minutos para el final, fue cuando Anchico perdió, insólito, un balón que casi les cuesta la derrota. Valencia lo recuperó, avanzó y le cruzó el pase a Caicedo, y fue ahí cuando el feroz atacante se encontró con ese vertical vestido de rojo.
Ahí se acabó el partido aunque no se había acabado. El 1-1 ya estaba escrito. Santa Fe salvó un punto, pero dejó escapar dos.
PABLO ROMERO
Redactor EL TIEMPO