El motociclista del brazo de metal que acelera a fondo por sus sueños

El motociclista del brazo de metal que acelera a fondo por sus sueños

Cristian Cristancho ha tomado su discapacidad como ventaja para desarrollar su amor por las motos. 

CRISTANCHO

Cristian Cristancho Rodríguez ha representado al país en diferentes pruebas en el mundo, llevando a Colombia a lo más alto.

Foto:

Archivo El Tiempo

Por: Felipe Villamizar
28 de octubre 2018 , 02:26 p.m.

De paseo por la ciclovía de Bogotá, en uno de esos domingos calurosos en los que solo quería un rato de diversión con sus amigos de infancia, Cristian Cristancho Rodríguez se detuvo en un semáforo. Ahí, varias cosas de su vida cambiaron y se modificaron: se aceptó, se reconoció, pero nunca se dio por vencido.

“Salí con mi grupo de amigos a dar la vuelta que siempre hacíamos. Empezábamos en el sur de la capital, llegábamos a la calle 26, pasábamos por la carrera 7.ª y bajábamos al 20 de Julio. En una de las paradas en un semáforo, una niña pequeña me miró y les dijo a sus padres: ‘Ay, pobrecito, monta bicicleta con una sola mano’. Ellos la reprendieron por ser imprudente, y cada grupo siguió su camino.

Fueron esas palabras las que me confirmaron que había algo que no era normal en mí y que yo no había reconocido”, recordó Rodríguez en medio de una gran tranquilidad, pues ese suceso vivido hace 15 años le cambió la vida para bien, y ya ha llevado los colores del país a varias de las míticas pistas de motociclismo en Europa.

Cristian es un joven emprendedor que nació sin un antebrazo ni la mano derecha, una condición que no le ha impedido conquistar algunos de sus sueños ni poder interactuar ni moverse dentro de la sociedad. “Fue el destino el que decidió mandarme así a la vida, pero, simplemente, es una condición que debes afrontar, vivir con ella y sentir orgullo”.

La sorpresa

Cristian supo que en Europa había campeonatos de motociclismo para personas en condición de discapacidad. También vio videos en YouTube, y de ahí tomó los nombres de los organizadores, a los cuales buscó en Facebook.

Para él no existen los límites, así que escribió unos cuantos párrafos con una presentación y expresando su deseo de participar, los pasó por el traductor de Google y envió el mensaje. De inmediato fue aceptado e invitado a participar.

Sin embargo, para poder tomar parte en las competencias debía cambiar su moto por una más poderosa. Además, vio que sus posibles rivales usaban prótesis y decidió conseguirlo todo de una sola vez. Era su hora. No obstante, la deuda fue enorme con respecto a los recursos con los cuales contaba.

Comenzó a trabajar en ventas puerta a puerta de seguros funerarios, después vendió ropa en la calle en San Victorino, y también como domiciliario en un restaurante de San Andresito.

Después tuvo la oportunidad de entrar al Sena y estudiar Tecnología en Dirección Comercial. Entró a trabajar en una empresa de metalurgia y obtuvo un puesto de programador láser para cortar piezas metálicas. Con todo eso sacó un préstamo de 25 millones de pesos, y así compró su motocicleta.

Al mismo tiempo tocó las puertas de su EPS en busca de una prótesis. Sorpresivamente, accedieron a dársela. Fue un brazo metálico que duró cuatro meses en llegar desde Alemania. Su sistema es muy “básico”, como lo llama él. Tiene una guaya que va pegada a la mano o gancho y un arnés que se pasa por detrás de los hombros, que cada vez que mueve se va tensando hasta abrir la mano.

Ya con su prótesis, comenzó las capacitaciones. “Uno no está acostumbrado a usar una parte del cuerpo que no existía. Al principio sí fue difícil. Me enseñaron a manejar las cosas de cierta manera, porque uno le va pegando a todo. Fue algo muy psicológico. Ya quería usar mi prótesis en mi moto, quería llevar el motociclismo paralímpico a otro nivel”.

Con su moto de alto cilindraje y su prótesis, la vida le abrió las puertas de Europa. Su corazón volvía a rugir al compás del motor de su nuevo ‘juguete’. Iba a ser el primer colombiano y único suramericano en estar en un mundial para personas con discapacidad.

Su mejor amiga

Para Cristian, este brazo, aunque sea muy básico, representa todo en su vida. Le habla, le agradece y sabe que todo lo que ha conseguido ha sido gracias a él. Convirtió su desventaja en una gran ventaja para afrontar la vida.

“Mi brazo biónico es una de mis herramientas fundamentales para poder pilotar mi moto. Sin ella, ergonómicamente no me sentiría bien. Hay personas en Europa que corren sin la prótesis, pero eso es como lo siente cada uno.

He podido viajar cuatro veces fuera del país a representar a Colombia. Convertí mi mayor desventaja en mi mayor ventaja. Es muy gratificante conseguir tantas cosas gracias a mi mano; así sea una mano básica me ha podido ayudar en todo”, afirmó.

Un proceso

“La verdad, las razones no las sé. Fue el destino de la vida el que decidió enviarme sin antebrazo ni mano derecha. Esa es la discapacidad que he tenido que afrontar durante mi vida con una sola mano. Todo lo he hecho con mi mano izquierda”, relató Cristian.

En sus palabras, la niñez que vivió fue tranquila. Quería estar jugando y compartiendo con sus seres queridos. Vivió siempre con su mamá, la persona fundamental en su existencia, pues a su papá no lo ve hace muchos años. Nunca se le pasó por la cabeza preguntar por esa diferencia que tenía su cuerpo.

“De cierta manera he tenido una vida normal. Cuando se es muy niño, uno no se da cuenta de esas cosas o no les da importancia, pero cuando fui adolescente, pensé diferente y me di cuenta de nuevas cosas. Como esa vez en la ciclovía que me dieron un trato especial”, comentó.

A los 12 años de vida, y cuando fue obligado a entender una realidad latente a la que posiblemente no quería hacerle frente, el giro fue total. No solo decidió cambiar su forma de vestir, sino también el trato con las personas. Todo fue un proceso, una pelea constante con su propio yo.

Era hundirse en una profunda depresión y dejar que el destino fuera solo una lotería, o salir adelante y ser el escritor de su destino.

“Fue un proceso que tiene todo el mundo, así nazca con el brazo o por cosas de la vida lo pierda. Entré en el rechazo, luego en la aceptación, después fue el ‘así estamos, y vamos a afrontar la vida como se venga’. Cambié ciertos aspectos: yo me ponía camisetas, pero comencé a comprar buzos para que no me vieran. Cambié mi forma de vestir y actuar. Pero cuando fui creciendo me di cuenta de que no hay por qué esconderse, sino que hay que vivir la vida como cualquier otro ser humano”, aseguró.

Cuando fui creciendo me di cuenta de que no hay por qué esconderse, sino que hay que vivir la vida como cualquier otro ser humano

De esta manera reorganizó su vida y se acomodó a una sociedad que no está moldeada ni tiene alternativas para personas en condición de discapacidad. Sin embargo, la felicidad con la cual vivía la irradiaba a las demás personas.

Fueron sus mismos amigos quienes lo empujaban a sentirse como alguien normal, y así Cristian empezó a actuar. Sabía de su problema, pero no quería darles percances a sus seres cercanos. Tomó de buena forma todo y hasta se reía de lo que vivía.

“Me ponían apodos los amigos de infancia y del colegio, pero nunca les dije que no me llamaran así, porque eso es como que les digas ‘díganme más’. Al rato se les pasaba. Hay unos amigos de mi infancia que siempre estuvieron conmigo y me dicen Mocho (risas); suena feo y todo, pero así somos los colombianos, y me acostumbré”, contó.

Los motores llegan a su vida

Con el paso de los años, sus amigos fueron comprando motos por gusto y por movilidad. A él le gustaron desde pequeño estos vehículos. Sin embargo, la cara que hacía al verlos montar no era la mejor. Para Cristian era nula la idea de manejar una moto. En su cabeza, la posibilidad era mínima, pero fue su círculo más cercano el que intentó cambiarle la mentalidad.

Me gustaban mucho las ciclas, andaba por todo lado en la mía cuando era pequeño. Además, todo lo que tenga que ver con motores me generaba un feeling bien marcado. Yo decía: ‘Cómo me voy a subir a una moto con una mano, no voy a poder manejar, yo no puedo’. Cuando decido que es lo que quiero, voy y me compro una moto scooter para movilizarme.

Me subo y quedo enamorado”, recuerda Cristian con mucha emoción, como si el motor aún le acelerara el corazón a 370 kilómetros por hora.

Esta moto era diferente. Sus amigos le modificaron los mandos y los ubicaron de tal forma que él pudiera controlarlos con la mano izquierda. No tenía cambios, así que solo tenía que acelerar y frenar. Después de su primera vuelta, no quería tenerla parqueada. Quería disfrutar siempre sobre esta y sentir cómo la brisa golpeaba su rostro para hacerlo sentir vivo, pues una discapacidad no es motivo para resignar las intenciones de vivir al límite.

Christian Cristancho

Su brazo de metal no cuenta con mucha tecnología, pero le ha servido para trabajar.

Foto:

Archivo El Tiempo

Cristian comenzó a conducir su scooter de 150 centímetros cúbicos a 60 kilómetros por hora, por respeto a la velocidad máxima; sin embargo, de a poco fue aumentando la velocidad. Nunca le tuvo miedo a sentir un fuerte vértigo.

Fue esa pasión por la velocidad la que lo llevó a buscar nuevos horizontes y caminos por recorrer. La mentalidad era tener una motocicleta con mayor cilindraje y de cambios. Su sueño era costoso y temerario para su condición, pero nunca le dijo no a cumplir sus sueños, así que decidió seguir adelante.

Finalmente, la ilusión de este joven soñador es poder crear una categoría para personas con discapacidad y animar a todos aquellos que sientan que pueden darle un vuelco a su vida y que la discapacidad no los detenga.

“Tengo un grupo de personas de 16, más o menos, en condición de discapacidad que están montando ya en moto, pero necesitamos más personas, empresas que quieran apoyar el deporte, que crean en este proyecto de inclusión social, que va a pasos agigantados en otros países.

Quiero crear una categoría. Parte del objetivo es preparar muchachos para que empiecen a ir conmigo a competir a nivel internacional. Es una innovación, porque no existe en América Latina.

La idea es que podamos ayudar a muchísimas personas que están en una discapacidad y quieren montarse en una moto. Crear una federación y un campeonato”, concluyó.




FELIPE VILLAMIZAR
Redactor de DEPORTES
En twitter: @FelipeVilla4

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