Acabó el sueño: Colombia despertó afuera de la Copa

Acabó el sueño: Colombia despertó afuera de la Copa

La Selección empató 0-0 contra Chile y en la definición por penaltis quedó eliminada (4-5).

Seleccion Colombia vs Chile

La Selección Colombia quedó eliminada en los cuartos de final de la Copa América.

Foto:

EFE

Por: Pablo Romero
28 de junio 2019 , 11:14 p.m.

No se querían mover, ahí se quedaron un buen rato, en la mitad del campo, congelados en el tiempo, paralizados, incrédulos, mirando al cielo, a las tribunas, al piso, sin saber qué decir ni qué pensar, no había rabia, era solo tristeza, el sueño en la Copa América terminaba así, de manera abrupta, dolorosa, como todas las derrotas. Fueron los fatídicos penaltis la desgracia para la Selección Colombia, por esa vía se despidieron del torneo en el que tan ilusionados estaban.

William Tesillo fue la víctima. Cuando pateó el penalti y la pelota se fue por afuera, no sabía si huir, quizá prefería que la tierra lo tragara. Fue el elegido para fallar. Dicen que no hay nada más angustiante para un futbolista que caminar hacia el punto blanco desde la mitad, aguantando las rechiflas que se mezclan con los aplausos.

Pero para Tesillo fue a la inversa, tener que regresar, desandar sus pasos mientras los chilenos gritaban y los colombianos enmudecían. Tener que ponerse la camiseta en la boca para tapar su falta de sonrisa, tener que arrastrar los pasos como si el alma se negara a obedecerlo, tener que ir ante sus compañeros a poner la cara. Yerry Mina fue a su encuentro de inmediato, lo recibió con un abrazo.

Faltaba el remate chileno, así que cualquier cosa, milagro, podía pasar. Cuadrado lo aplaudió para que no se derrumbara, Barrios le estrechó la mano, los demás miraban y empezaban a rezar. Pero Tesillo parecía una momia, blanco, tieso.

Entonces pateó Alexis Sánchez, con la serenidad de los que han hecho esa tarea cientos de veces. Y la pelota sonó como una ráfaga en la red. Fue el gol que sentenció la eliminación colombiana de la Copa. Y, mientras los chilenos gritaban, se abrazaban y se despojaban de sus camisetas, eufóricos por el paso a la semifinal, Tesillo luchaba por tragar saliva, por capturar el aire. Ahí quedaron los jugadores de Colombia, sin alientos ni para mirarse entre ellos.

La Selección hizo una primera fase deslumbrante, ganó sus tres partidos, no recibió goles, venció a la Argentina de Messi, a la aguerrida Catar y superó con sus suplentes a Paraguay, estaba en un punto anímico elevado, mostrando buen fútbol, todo dado para seguir soñando. Pero el sueño paró ahí, en cuartos de final, de la manera más cruel, en esos penaltis en los que siempre juegan la mente, la suerte y las emociones.

Cuando terminaron los 90 minutos con el marcador 0-0, un breve silencio recorrió el estadio Arena Corinthians. Un mal presentimiento. Los jugadores de ambos equipos cruzaron sus miradas agotadas, conscientes de que el futuro ya no dependía de la táctica sino de la puntería, ya no dependía del esfuerzo sino de la precisión, ya no dependía de la genialidad sino de una dosis de suerte.

Ir a los penaltis era ir a la horca, sin saber quién era el verdugo y quién, la víctima. Lo hecho, hecho estaba, y lo no hecho, también hecho estaba. Ahora había que escoger cinco pateadores para que pusieran el pecho por el país, para que se hicieran ciegos ante esa presión, para que encararan la recta final hacia la fatalidad o la gloria.

Por Colombia anotaron James, Cardona, Cuadrado y Mina. Todo marchaba bien, las tribunas vibraban, los colombianos se hacían sentir más que los chilenos, se ilusionaban, pero una tanda de penaltis no respeta sentimientos. Los rivales estaban claritos en sus cobros, lo demostraron durante el partido cuando hicieron dos goles que les anuló el VAR.

No se puede reparar la historia en el papel. La derrota quedó ahí, enterrada en el Arena Corinthians, dolorosa y dramática. A Colombia le faltó la inspiración de James, una genialidad de las suyas, un truco que resolviera el partido antes. También le faltó la furia de Falcao, que finalmente fue titular, no pudo anotar y se marcha de la Copa sin gol. Le faltó la embestida de Duván Zapata, que cuando entró no pudo ser el héroe. Le faltó un remate de Cardona... Y no es que Colombia haya jugado mal, es que careció de esos pequeños detalles que marcan la diferencia en partidos tan bravos.

Chile hizo un poquito más. Dos veces celebró, y sus hinchas se golpeaban el pecho y se rasgaban sus camisetas, y se abrazaban con histeria en las tribunas, pero dos veces el VAR, el justo VAR, les ahogó su delirio. Dos veces también Colombia levantó la cabeza, recuperó el alma que se escurría, evadió el pánico que se ceñía sobre esos cuerpos. Dos veces hubo la oportunidad de no perder. El primero gol-no gol chileno fue por un fuera de lugar, por un pie, un dedo o lo que sea, fuera de lugar; el segundo fue por una mano que casi pasa en el anonimato. Con el VAR uno ya no sabe si llorar o celebrar, hay que esperar a que la justicia opere. A Colombia, el VAR le restituyó la esperanza.

El partido en general fue muy parejo. Más que un partido fue una batalla de dos caballerizas, con lanzas, escudo, caras pintadas y sangre hirviendo. Cada disputa de la pelota era la conquista de un tesoro. El oro pasaba de bando en bando, porque la pelota no tenía dueño. Sí llegó mejor Chile, sí exigió más a Ospina, que en el comienzo del partido se lanzó a la pelota como quien quiere abrazar el arco entero, y evitó que su arco cayera. Eso daba para pensar que si se van a los penaltis, Ospina estaba inspirado, como siempre.

Colombia tuvo buenos momentos, sobre todo en los comienzos de cada periodo. En esos instantes se acordaba de que era Colombia, la del buen juego, la que venía despertando elogios, y entonces atacaba. Basó sus intenciones en una presión constante, en los amagues de Cuadrado, que jugó con tres pulmones, en las carreras de Mateus Uribe, en la furia de Barrios y en las pizcas de talento de James. Pero cada tanto Chile le pegaba un susto de mil demonios.

A Colombia se le fue consumiendo el tiempo sin encontrar luces. Ni con los cambios pudo agredir realmente a Chile. Haber tenido presión, furia y combatividad no eran suficientes para este tipo de partidos, faltaba la genialidad de alguien. Por eso, cuando el árbitro decretó el final de los 90 minutos hubo un breve silencio colombiano, un mal presagio, un terror a los penaltis.

Por ahora, Colombia se despidió de la Copa América con lágrimas en la voz, con lágrimas en la escucha, con lágrimas en los latidos, con lágrimas en la sangre, con lágrimas en su silencio, con lágrimas que no salían pero que se anunciaban, porque la era de Queiroz recién comienza, pero perder siempre duele.

PABLO ROMERO
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO – SAO PAULO
@PabloRomeroET

Descarga la app El Tiempo. Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias. Conócela acá

Empodera tu conocimiento

Logo Boletin

Estás a un clic de recibir a diario la mejor información en tu correo. ¡Inscríbete!

*Inscripción exitosa.

*Este no es un correo electrónico válido.

*Debe aceptar los Términos y condiciones.

Logo Boletines

¡Felicidades! Tu inscripción ha sido exitosa.

Ya puedes ver los últimos contenidos de EL TIEMPO en tu bandeja de entrada

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.