Duván Zapata, la nueva furia del gol de la Selección Colombia

Duván Zapata, la nueva furia del gol de la Selección Colombia

28 goles en la temporada con Atalanta, ya lleva dos con Colombia en la Copa América. 

Duván Zapata

Duván Zapata, goleador colombiano.

Foto:

Carlos Ortega /CEET

Por: PABLO ROMERO
23 de junio 2019 , 08:58 a.m.

Es un tanque, una mole de concreto, una torre de ajedrez, con el cuerpo que parece de hierro, la cara como si estuviera tallada en piedra, la fuerza de un toro bravo, con remate de bazuca, cabezazo de martillo y sus trenzas que no se despeinan, también deben ser de hierro. Duván Zapata no acaricia la pelota, lo suyo no es la seda, lo suyo es agredir el balón, golpearlo, intimidarlo para que obedezca, y le obedece. Es el goleador del momento, se dio el lujo de hacer 28 goles en la temporada en Europa y de banquear a Falcao García contra Catar en la Copa América, y ya lleva dos goles en el torneo. Es una máquina, una máquina de hacer goles

Zapata se abre campo entre los defensas, los espanta, nadie se quiere atravesar en su camino. Corre como si tuviera pesadas ruedas con piñones, unas que sostienen sus 80 kilos de peso, y apunta, todo el tiempo apunta, tiene el arco en la mira. No recibe órdenes, dispara por instinto, con una precisión de cañón, con una potencia descomunal, no importa con qué pierna, no importa si es con la cabeza, que parece su arma más letal, como quedó demostrado en el gol que le hizo a Catar, y no importa si es en los últimos minutos, como acostumbra, también como a Catar, a cuatro minutos del final, porque cuando otros se resignan, Zapata insiste. Sus remates no son serpentinas, sus remates dejan grietas.

Antes de que empezara el partido contra Catar, el pasado miércoles en Sao Paulo, Zapata movía muy rápido sus piernas, como un ejercicio de calentamiento, pero más parecía un toro –así lo apodan algunos– cuando se prepara para ir a la corrida, como si sacara tierra a sus espaldas y humo por la nariz, y tocó Catar y Duván salió enfurecido hacia los rivales, hacia la pelota, con una presión sin cuartel que mantuvo durante los 90 minutos. Y siempre insistió, nunca desfalleció, a ningún jugador de Colombia le entraba la pelota, ni a él, pero él esperaba su oportunidad, el pase genial, el de su compañero James, que tiró la pelota para encontrar a Zapata o a Falcao, y encontró primero a Zapata y fue gol, y fue victoria, sufrida victoria, tres puntos y clasificación a cuartos de final. Colombia le debe esa alegría, en gran parte, al momento de Duván Zapata.

“Estoy muy contento, pero vamos paso a paso, no hemos conseguido nada aún, pero en lo personal, esto es muy importante”, dijo Zapata respecto a sus actuaciones y sus goles en la Copa América. Por ahora vive un idilio, pero en realidad no es de ahora, porque toda su temporada ha sido espectacular. El premio a una carrera de insistencia y lucha.

Temporada a puro gol

“Es un saque de banda, llevo la pelota, avanzo, paso a dos rivales, a tres rivales, se la doy a Roger, Roger la lleva, pasa por su espalda Lerma, llega a la raya final, Lerma lanza la asistencia, le entro al balón, estiro la pierna y goool”. La narración es del mismísimo Duván Zapata, que al término del partido contra Argentina, en la zona mixta del estadio Fonte Nova en Salvador de Bahía, complació a un periodista y le relató cómo fue su gol. No lo hizo con tono de narrador, claro está, pero sí con la memoria lúcida, fresca, tenía en la cabeza la jugada exacta, cómo nació y cómo la pelota llegó a sus pies para anotar su primer gol en la Copa América. Un gol que no va a olvidar, un gol que va a relatar así sea en silencio por toda su carrera: fue su primer gol oficial con la Selección Colombia de mayores. Y fue el que le abrió el camino para cornear la titular.

Por esos goles, por esa furia en la cancha, es que Duván Zapata está hoy en la Selección. Es su revancha, su momento de desquite, de gritar con furia que está ahí, vestido de amarillo, azul y rojo, y haciendo los mismos goles que hizo por toneladas en el Atalanta de Italia. Allí donde en esta temporada se llevó todos los récords y todos los elogios. 23 goles en el Calcio, segundo mejor goleador en Italia, dos goles más que la estrella Cristiano Ronaldo, hizo dos dobletes, hizo una tripleta, hizo un póker –cuatro goles–, anotó goles en la Liga de Europa, en la Copa, hizo un total de 28 tantos. En la Seria A, además, hizo 7 asistencias, porque también es solidario, es una máquina de hacer goles y pasegoles, y muchos de sus tantos son de cabeza, su especialidad, como él mismo reconoce. Y no contento con todo eso que ha logrado, lideró a su modesto equipo a desafiar a los grandes, a ser subcampeón de la Copa de Italia, a terminar tercero del Calcio detrás de Juventus y Nápoles, y a clasificar de manera histórica a la Liga de Campeones.

“No ha sido nada fácil para mí. Llegué a un equipo en el que hice historia, muchos goles, clasificamos a la Champions. Este club ha sido un cambio positivo en mi carrera, me dio la oportunidad de venir a la Selección, y lo que viví en Atalanta quiero transmitirlo con Colombia”, dice Zapata, que es un jugador alegre, aunque no parezca, aunque sus rasgos intimiden.

A Zapata todo le ha salido bien en esta temporada, los principales portales deportivos de Italia y de Europa han llenado páginas hablando de este atacante demoledor, quien, además, no suele dar muchas entrevistas porque dice – manda decir– que está concentrado en sus objetivos, en entrenar y jugar. Adicionalmente, ha despertado el interés de diferentes equipos en el fútbol europeo, como el Inter y el Nápoles, que quiere tener a James y juntarlo con este tanque goleador, como para que hagan estragos, lo mismo que contra Catar; pero también lo buscan desde Inglaterra. El Atalanta hace esfuerzos para retenerlo, para seducirlo y que se quiera quedar, ya le trajo a Luis Fernando Muriel para que tenga pareja colombiana. Se especula que ya está tasado en 50 millones de euros y de hecho el presidente del club, Antonio Percassi, ya anticipó que por menos de eso no lo deja ir. En Italia ya es un artillero reconocido, a tal punto que el presidente del club Sassuolo llegó a afirmar: “Es un verdadero fenómeno, solo le llevó un tiempo mostrar lo fuerte que es. A Zapata cada vez que lo veo me pongo nervioso”.

Y quién no quiere tener a un goleador de semejante estirpe, de semejante raza, que, incluso, hace recordar lo que hizo Faustino Asprilla en el Parma; y él mismo recuerda que no es el primero en triunfar allí, que otros antes que él labraron ese camino, triunfaron, que él solo sigue ese legado. “Ha habido otros colombianos triunfando, y bien, en Italia; viene de hace tiempo. El colombiano en Italia es bien visto, y más por el trabajo que vengo realizando; la idea es continuar por este camino”, dice.

Zapata es más que un ídolo en Atalanta. Ya podrían hacerle una escultura. De hecho, aparece en un enorme mural que hicieron los hinchas en la ciudad de Bérgamo. Es un jugador adorado, y solo lleva una temporada allí. La esposa de Zapata, Diana Montaño, contó que en la entrada de la casa llegan montones de paquetes con camisetas de aficionados para que él las firme. Y Zapata se toma el trabajo de firmarlas todas. Es lo que hace un futbolista que a sus 28 años conserva su humildad.

Revancha en la Selección

Zapata viene de sufrir un duro golpe. No en sus piernas, no en su cuerpo, fue un golpe anímico y mucho peor, que ya parece haber superado: fue su exclusión de la lista para disputar la Copa del Mundo en Rusia. Estaba en los planes, acaba de ser artífice, actor intelectual del empate contra Perú que le dio la clasificación a Colombia, esa sociedad con Falcao y James que derivó en un gol muy recordado. Pero Zapata no quedó en la lista de José Pékerman. Se resignó a seguir trabajando, con paciencia. Por ese entonces jugaba en la Sampdoria, donde terminó una temporada italiana de 11 goles, la mitad de los que hizo ahora.

Su frustración la descargó después del Mundial, cuando quebró el silencio como si lo cogiera a balonazos y manifestó: “Me sorprendió el no haber estado en el Mundial, estaba bien físicamente; antes de la última convocatoria había tenido un problema físico, pero me pude recuperar. Al final son decisiones técnicas que uno las respeta, ahora solo queda hacer las cosas bien para tener otra oportunidad”, dijo en una entrevista en Caracol Radio.

Por eso, esta Copa América es su gran desquite, aunque él no lo llame así. Ahora está Carlos Queiroz, y Queiroz no podía dejar de lado a un delantero con semejantes números. Es que hizo más que Falcao García (15 con Mónaco en la Liga francesa), más que Luis Fernando Muriel (6 con Fiorentina en Italia), más que Roger Martínez (10 con América en México). Aun delantero en ese momento, a ese nivel, cualquier entrenador quiere tenerlo. Y lo tiene, lo llevó a la Copa América y ya lo puso de titular, en remplazo nada más y nada menos que de Falcao García. Zapata no defraudó. Si bien la Selección se le resistía y no lograba anotar vestido de amarillo, pues, se desquitó contra Argentina, con ese gol que relató en la zona mixta y que lleva en la mejoría.

Y no contento con eso, le anotó a Catar un gol de oro, esta vez no le pidieron que lo recordara, pero bien podría haber dicho: ‘La lleva Falcao, la lucha Falcao; pase para James, James que mira; yo en el área, yo esperando, James inventa, me lanza el pase perfecto y yo, de cabeza, con ese martillazo imposible, al fin vencí a ese arquero catarí que nos sacó de todo…’. No lo dijo, claro que no, pero así le habría sonado. Lo que sí dijo fue: “Estoy contento, pero vamos paso a paso; no hemos conseguido nada, pero en lo personal es muy importante”.

PABLO ROMERO
Enviado especial de EL TIEMPO
Salvador, de Bahía
En Twitter: @PabloRomeroET

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