Colombia logró el pleno de victorias: derrotó 1-0 a Paraguay

Colombia logró el pleno de victorias: derrotó 1-0 a Paraguay

El equipo dirigido por Carlos Queiroz se impuso con un gol de Gustavo Cuéllar.

AUTOPLAY
Análisis del triunfo de Colombia a Paraguay en Copa AméricaLos editores Gabriel Meluk y Jenny Gámez analizan el triunfo de Colombia a Paraguay en Copa América.
Selección Colombia

Carlos Ortega /CEET

Por: PABLO ROMERO
23 de junio 2019 , 06:00 p.m.

No es normal jugar sin presión, no es normal jugar sin angustia, no es normal jugar sin comprometer el corazón. Colombia tenía este domingo un juego así, sin sobresaltos, porque contra Paraguay no se jugaba la vida, ni el resultado ni nada; al contrario, se jugaba el descanso, recuperar las fuerzas para lo que viene, para cuartos de final. Y sin embargo, Colombia no frenó, con muchos suplentes corrió, presionó, copó toda la cancha, jugó como si de veras comprometiera el corazón, jugó serio, y ganó 1-0, tercera victoria en fila en la Copa América.

Este fue un partido para descansar hasta la vista. Un juego sin nervios, sin tembladera, no se necesitaban rezos, ni plegarias ni milagros, todos ellos viajan en primera clase para Sao Paulo, sede del próximo partido, el viernes. Este juego contra Paraguay se podía perder, pero no se perdió. Se podía empatar, pero no se empató. No era necesario ganar, y se ganó. De manera clara y contundente, por 1-0 aunque debieron ser más. Los que ahí estaban en la cancha, los elegidos, cumplieron sin discusión: Falcao y Cuadrado, como comandantes para guiar a los otros, a Lucumí, un novato impecable; a Borja, lleno de proyección al ataque; a Cuéllar y Lerma, la caballería en el medio campo; a Díaz, inquietante, tremendo problema para cualquier defensa, y al arquero Montero, al quien le patearon una vez al arco y atajó. Todo el equipo funcionó sin sobresaltos.

Paraguay era el de la necesidad, el que tenía que salir a devorar el mundo, el que tenía que poner toda su artillería, el que se jugaba la clasificación, pero Paraguay no quiso o no pudo. Vamos a decir que sencillamente Colombia no lo dejó. En todo caso, no creó problemas, se la pasó tocando la pelota como si su fútbol fuera tocar la pelota, ¿y qué pasó con los centros, el juego aéreo, la furia y la batalla guaraní? El problema no era de Colombia, que jugaba porque le tocaba, porque bien pudo quedarse entrenando para el partido de cuartos, o descansando. Y en cambio, jugó un partido a tope.

En el banco esperaba, sin estrés, sin tener que pararse a dar indicaciones, sin desesperar, James Rodríguez, porque James no era necesario para este partido, mejor era dejar que recargara sus baterías de mago, para que aliste su fantasía para el viernes. Así que su función la tuvo Cardona, y Cardona propuso el juego, toque por allí, toque por allá, un pelotazo, un cambio de frente. En ese primer tiempo, el que rompió la quietud fue Falcao, con una chilena maravillosa, suspendido en el aire como si los tigres volaran. La pelota afuera, cerquita.

El gol lo provocó justamente Falcao, que estaba al acecho. Él fue a hacer una tarea que no es la suya, recuperó la pelota con furia, se la pasó a Arias, Arias a Gustavo Cuéllar y Cuéllar hizo una tarea que tampoco es la suya, un amague y un derechazo, se invirtieron los roles, y gol, gol, gol de Colombia, minuto 31, como para que la fiesta no pare, como para que el equipo siga creciendo, como para que la afición se mantenga motivada, emocionada y expectante.

En el segundo tiempo, Paraguay jugó como si fuera el clasificado y no necesitara anotar, y Colombia jugó como si estuviera quedando afuera y necesitara más goles. Es más, Carlos Queiroz movió sus fichas, y metió a James, que seguro estaba que se jugaba; y con James en la cancha, Cardona tuvo ayuda, o mejor, James entró y ya tenía su ayuda, y Cardona puso ese remate de gol que atajó el portero cuando el estadio ya lo cantaba.

Queiroz no se guardó nada, ¿cuáles amarillas?, eso no le interesaba, iba por más, y ya con James y Cardona haciendo estragos, mandó a la cancha a Duván Zapata por Falcao y el público se paró a aplaudir al que salía y al que entraba. “El Tigree Falcaaao”, gritaban unos; “Duván, Duván”, gritaban otros.

James entró a ponerle sabor al juego, a hacer vibrar las tribunas del Arena Fonte Nova semidesierto y a crearle problemas, enormes problemas, al rival. Con su zurda de celofán metió ese pase de borde externo que ya es lapidario, y la pelota fue a dar a los pies de Díaz, perfecta, y Díaz estaba solo, muy solo, si fallaba era de tanta soledad, pero no, remató y definió, gol, gol, gol, pero no gol, mientras todos abrazaban a James como si el gol hubiera sido suyo, el árbitro dudó. Fue al cubículo de VAR, que bien parece un confesionario, para descargar todas sus dudas y vio en la repetición mano, y lo anuló.

Pero Colombia no bajó la intensidad. Se mantuvo en campo rival con un ataque frenético, con James, Díaz y Duván, con Cardona tirando pases filtrados, con la defensa sólida, por si las dudas. Paraguay, en cambio, no atacó más, no reaccionó, pareció fundido desde el gol de Colombia.

Parecía más bien anhelar el final del partido, y Colombia parecía que quería seguir jugando. Ya al término del juego, Díaz metió otro carreronón de los suyos y ya ningún paraguayo quería corretearlo más, no podían, optaron por derribarlo, penalti, penalti, o no penalti. El árbitro otra vez al confesionario y, claro, Díaz se tiró, entonces el juez dijo que no había nada.

Hasta que al fin llegó el minuto 90, ya no había tiempo para más desgaste ni para más visitas al VAR. Ahora sí, para Colombia era tiempo de descansar, aunque daba la sensación de que esos jugadores querían seguir jugando, seguir corriendo, seguir tocando, toda la tarde, toda la noche.

PABLO ROMERO
Enviado especial de EL TIEMPO
Salvador, de Bahía
En Twitter: @PabloRomeroET

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