Carlos Queiroz lleva 100 días de luna de miel con la Selección

Carlos Queiroz lleva 100 días de luna de miel con la Selección

Detalles de la forma de trabajo y de la personalidad del DT de Colombia.

Carlos Queiroz

Alegre, de buen humor y conversador, así es Carlos Queiroz.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Por: PABLO ROMERO Y GABRIEL MELUK
07 de junio 2019 , 05:19 p.m.

Hace 103 días, Carlos Queiroz llegó a Bogotá. Ese día, el 6 de febrero, sonrió, levantó las manos, recibió un ramo de flores, dijo unas breves palabras en un ‘portuñol’ enredado, manifestó su alegría por la misión encomendada, se fue a descansar y al otro día empezó a trabajar. Desde entonces, el técnico de la Selección Colombia se la ha pasado planificando su primer gran reto, la Copa América de Brasil que arranca el 14 de junio. Por ahora, sin disgustos, Queiroz vive una luna de miel.

Desde febrero, Queiroz se pasea a diario por los rincones, pasillos, salones, canchas y oficinas de la sede deportiva de la Federación Colombiana de Fútbol en Bogotá, lo hace con su infaltable sudadera azul de la Selección y con su sonrisa espontánea de siempre. Cuando vivía en un hotel –desde la semana pasada vive en la sede deportiva con su cuerpo técnico en pleno–, llegaba a primera ahora, a las 7 u 8 a. m., y ahí permanecía todo el día, encerrado con sus colaboradores en oficinas, estudiando y recogiendo datos del fútbol colombiano y sus futbolistas, de domingo a domingo, sin importar si era festivo, sin excusarse ni siquiera en la Semana Santa, cuando solo dio libre el viernes.

Antes se marchaba para el hotel hacia las 9 o 10 de la noche, y nadie de su cuerpo técnico se iba antes que él. Ahora que viven allí, y que están en la recta final para la Copa América, la situación no ha cambiado: él es el primero en la oficina, el primero que llega al desayuno, al almuerzo o a una reunión, porque

Carlos Queiroz

El día que llegó a Bogotá.

Foto:

AFP / Diana Sánchez

Su modesto cuartel

Queiroz no permanece en un búnker bajo tierra ni en una oficina ultrasecreta. Su oficina, en el segundo piso de la sede deportiva de la Federación, es modesta, sin ventanas, un espacio de unos cinco metros por siete metros, sin lujos ni excentricidades. Lo más llamativo, y lo primero en lo que se fija quien entra por primera vez, es el tapiz de papeles en las paredes, de diferentes tamaños, llenos de datos, estadísticas, calendarios, cronogramas, fechas importantes, frases motivacionales y de planeación estratégica. Puede ser un tapiz de 50, 70 o 100 hojas pegadas con cinta. De resto, lo básico: un escritorio, papeles, esferos, computador, televisor, tablero y una mesita pequeña donde de vez en cuando Queiroz hace reuniones con dos o tres personas.

Los encuentros más formales los hace en una de las salas que están al lado, la cual no es muy grande, con dos televisores que siempre transmiten partidos de fútbol de diferentes ligas, y donde caben unas ocho personas. Allí, Queiroz y su equipo técnico toman las decisiones más importantes. Además, hay una minisala de juntas; una pequeña oficina para los analistas de video, donde se consume fútbol todo el día, y otra para el encargado del rendimiento deportivo. En esos salones, el cuerpo técnico trabaja y vive. Desde allí se empapan de toda la información posible de los futbolistas seleccionables de Colombia, de los que, dice Queiroz, hay 1.074 en ligas de primera A de todo el mundo. Miran partidos internacionales, locales y hasta del torneo de ascenso colombiano: él mismo ha dicho que se ven cerca de 70 partidos a la semana.
Queiroz lo quiere saber todo. Si algún día decide convocar a un jugador nuevo, la información física, médica y estadística ya la tiene.

A los jugadores que compiten en Europa les hace un seguimiento casi que personalizado, el cual coordina desde su cuartel. Habla con ellos de manera periódica, y, además, tiene un asistente recorriendo Italia, Alemania, España, Inglaterra... Se trata de Micael Moreira, de 26 años. Este fisioterapeuta ha estado cerca de futbolistas como James, Yerry Mina o Cuadrado, durante sus respectivas lesiones. El DT no deja nada al azar.

Carlos Queiroz

Queiroz junto a algunos integrantes de su cuerpo técnico. A su lado, Oceano Cruz, su mano derecha. 

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

El hombre, el técnico

Queiroz tiene 66 años, los cumplió el pasado primero de marzo. A su edad, es un hombre activo, que se mantiene en forma, que visita a diario el gimnasio, ya sea el del hotel donde ha vivido en estos meses o el de la sede de la Federación. Hace rutinas de cardio en bicicleta, aunque su otra gran afición es la natación. Desayuna puntualmente a las 9 de la mañana, sus horarios son sagrados, y cuida su alimentación. Le encanta comer pescado, pescado y, si puede, más pescado, pero solo blanco. “El salmón no es pescado”, cuentan que dice bromeando. Tampoco come harinas. Si lo hace, son poquísimas. Su alimentación la cuida con el rigor de una convocatoria nacional.

Es un conversador voraz que siempre tiene un chiste, una ironía o una broma. Sobre todo cuando se siente en confianza. Quienes han hablado con él dicen que tiene miles de anécdotas e historias de fútbol, de vivencias que usa para ejemplificar, para hacerse entender. Pero también es abierto a escuchar otras ideas, es amistoso, carismático, siempre saluda, siempre se despide. Hay quienes dicen que sencillamente es “un tipo adorado”, que tiene un “pensamiento muy europeo”, sencillo pero muy estructurado, y que entró en sintonía inmediata con los jugadores, con los que ya compartió una convocatoria, en marzo pasado.

Casi no viste de corbata; si acaso, cuando visitó el palacio presidencial y en algunas de las apariciones públicas que ha tenido en compromisos de la Federación. Cuando no lleva la ropa de la Selección, usa camisa desabotonada en la parte superior, dejando al descubierto una cadena de oro que brilla en su cuello. De ella cuelgan, de vez en cuando, sus gafas, las que usa solo para sus lecturas. Pocas veces las tiene puestas en público.

Carlos Queiroz

Carlos Queiroz en El Campín.

Foto:

Dimayor

Alegre y riguroso

Colombia tienen un ritual: el nuevo que llega, baila y canta. No importa que sea el nuevo jefe y sus asistentes. Queiroz no fue la excepción. Él no se escondió, pasó al frente y sonrió. Llamó a su cuerpo técnico y todos los integrantes corrieron, obedecieron. Les dio indicaciones como si se tratara de un partido definitivo, y sacó un papel bajo la manga con una letra de unión y motivación que cantó al ritmo de un bolero. Hizo que sus colaboradores lo siguieran y que los jugadores respondieran. Todos cantaron y bailaron, todos hicieron la ‘penitencia’ que era para el nuevo entrenador.

Los jugadores ya compartieron con él una concentración, un viaje, los primeros diálogos, las primeras risas. Supieron que se trata de un técnico alegre y astuto, y quizá se sorprendieron con sus primeras decisiones, como cuando se negó a hacer el reconocimiento del estadio en Japón porque, cuentan, dijo que sus futbolistas juegan en estadios más importantes y eso no era necesario. Pero de esas primeras anécdotas, los jugadores también supieron que se trata de un DT estricto y riguroso.

Con él todo funciona como un reloj suizo. Cuando llega a la cancha todo está dispuesto: balones, conos, bandas... Los jugadores hacen su calentamiento, descansan y se hidratan durante el tiempo planificado; si Queiroz, o un ayudante, dice que son dos minutos, serán dos minutos. Si dice que el ejercicio es de 10 series, será de 10 series. Si alguno quiere hacer 12, la respuesta será la misma para todos: “No, son 10”.
Pero aunque todo pase por sus decisiones, respeta el trabajo de cada integrante de su cuerpo técnico –18 personas, desde su asistente hasta el cocinero–, entre ellos otros cinco portugueses y un argentino, que ya conocen su ritmo, siendo Oceano Cruz su mano derecha. El jefe médico hace lo suyo, al igual que el kinesiólogo y el analista de video. Pero todos comparten conceptos. No se esconden nada.

Cada práctica es grabada por completo, y en las noches sigue el trabajo con una revisión exhaustiva de los videos, en los que los entrenadores cotejan lo que ven en la cancha con los datos completos que arroja el sistema de GPS, que mide el rendimiento completo de los futbolistas. Esto, para conocer cada detalle del desempeño del jugador.

En sus charlas técnicas apela al tablero, a las fichas magnéticas, a su discurso y a los videos, que no son muy largos: de 5 o 6 minutos. En ellos proyecta lo que hace el rival, sus falencias. En esas charlas, al menos en las pocas que han tenido, los jugadores no se desconcentran, no pueden, porque su español aún no es del todo claro. Tienen que mirarle los labios para comprender. Jugador que se distrae, se pierde, no entiende o entiende mal.

Selección Colombia

Primera foto oficial de Carlos Queiroz como entrenador de la Selección Colombia.

Foto:

Tomado de @FCFSeleccionCol

Sus decisiones de convocatoria son estrictamente analizadas. Mira videos, se entrevista con el jugador, también con el entrenador, analiza la liga en la que juega, a qué tipo de jugadores enfrenta, si jugó contra Messi o contra Ronaldo. No convoca por corazón, lo hace porque el jugador encaja en su idea. Si le preguntan por alguno de ellos, le contestará con la mira puesta en Argentina, el primer rival de la Copa América que empieza el próximo mes en Brasil: “Ha enfrentado a Argentina 8 veces, y a Messi 7. Dos veces lo hizo por la derecha. Fue expulsado una vez...”, y así con todos.

En eso, lo privado, es un técnico riguroso. Pero no le gusta que todo esté detrás de un velo. Por el contrario, es descomplicado en otros aspectos, le gusta que su trabajo se vea. Detesta viajar de incógnito. Cuando salía para los juegos amistosos en marzo pasado, en el aeropuerto fue llevado por una entrada secreta, lejos del público y la prensa: “No soy un criminal, no tengo nada que esconder”, cuentan que dijo. Él prefiere caminar tranquilo, saludar a los periodistas sin dar declaraciones. Su experiencia en selecciones le indica que esa relación debe ser fluida. Por eso es que prefiere hablar seguido, dejarse ver, explicar, contar lo que pasa para evitar las especulaciones.

Queiroz seguirá coordinando ‘a todo vapor’ desde su oficina el trabajo que aumentará con la llegada de los jugadores. Hay quienes dicen que el ritmo quizás parará “de pronto, después de la Copa”: todos se adaptan para lo que viene.

Así es Queiroz, un técnico sencillo, carismático, alegre, espontáneo y, además, riguroso y profesional, que ya completó 100 días de luna de miel en la Selección Colombia.


GABRIEL MELUK
Editor de Deportes
@Meluklecuenta

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO@PabloRomeroET

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