Diego Amaya, el colombiano que ganó en los Olímpicos de invierno

Diego Amaya, el colombiano que ganó en los Olímpicos de invierno

Nació en Bogotá hace 16 años y vive en Estados Unidos. Subió al podio de la prueba Mass Start.

Diego Amaya

Diego Amaya

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Prensa Fedepatinaje

Por: LISANDRO RENGIFO
16 de enero 2020 , 10:33 p.m.

Cuando Diego Amaya tenía solo tres años de edad, caminaba por Ciudadela Colsubsidio, un sector del noroccidente bogotano con su familia. Iba tranquilo hasta cuando se encontró cara a cara con la pista de patinaje y fue, literalmente, un amor a primera vista. Pero el primero que comenzó a practicar ese deporte no fue él, sino su hermano Camilo, quien por esos mismos días le tomó entusiasmo.

Al poco tiempo, Diego les dijo a sus padres que también quería ponerse los patines, pero quizás pensaron que todavía era muy pequeño. El entusiasmo de Diego los llevó a preguntarle al profesor que si era factible que el niño entrenara patinaje a esa edad, y más se demoró el DT en dar una respuesta que Diego vestir el atuendo y calzar sus patines.

Ahí comenzó el duro camino que llevó a este bogotano, nacido el 8 de junio de 2003 a buscar la gloria, esa gloria que conoció este jueves, al obtener la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Invierno de Lausana (Suiza), en la competencia del Mass Start, una carrera de fondo -en grupo- sobre 5.000 metros.

Diego Amaya

Diego Amaya y la medalla de plata.

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Foto Fedepatin

Los podios recibieron inicialmente a Diego en el patinaje de carreras, pero gracias a la transmisión de televisión de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi en el 2014, al deportista se le despertó la ilusión de ser integrante del programa del patinaje en hielo.

Viaje al futuro

Dos años más tarde, en octubre del 2016, le dijo a su familia que quería ir a entrenar en el hielo y se fue a Estados Unidos. Su mamá, Betty, y su hermano mayor, Camilo, se ‘subieron al bus’ y los tres alzaron vuelo.

Llegaron primero al estado de Virginia, allí vivieron un año y después se trasladaron a Salt Lake City, territorio del patinaje en el hielo, el cual muchos de los campeones mundiales y olímpicos escogen como sede de concentración y entrenamiento.

“Nos dio duro irnos del país. Dejar la familia, los amigos, los gustos, las ruedas, la comida, pero lo sacrificamos por cumplir mi sueño de ir a patinar en el hielo”, le cuenta Diego a EL TIEMPO, antes de subirse al podio para recibir la medalla de plata, la primera en la historia del país en unos Olímpicos de Invierno.

Ya terminó el sexto grado y en estos momentos el high school en Estados Unidos. Pero, por ahora, el patinaje les gana de lejos la competencia a las aulas y los libros.
Mientras él estudia en la mañana y entrena en la tarde, Betty vela por que las condiciones de su hijo sean las mejores.

Trabaja fuerte

Camilo, su hermano, vive en la misma ciudad, pero ya hizo ‘rancho aparte’. Estudió mecánica de autos y de aviación y se casó, pero no deja de estar pendiente de Diego y de su mamá.

Aunque Diego Amaya vive para el patinaje en hielo, sabe que la vida en el deporte es corta, por eso piensa estudiar. Cree que la geografía puede ser una de las carreras a las que se puede dedicar, a la par con el patinaje, pero eso no lo ha decidido todavía.

Estar lejos del país no es fácil, dice, por eso tiene en mente regresar a Colombia, visitar a sus amigos y al resto de la familia en junio próximo.

Diego Amaya

Diego Amaya exhibiendo la bandera de Colombia tras su conquista en suiza.

Foto:

Prensa COC

Esta medalla de plata en Lausana ha sido lo más importante que ha conseguido Diego. Tras ella hay un mensaje claro: puede llegar más lejos.

Ver los Juegos Olímpicos grandes por televisión le despierta admiración y considera que puede ir a competir cuando tenga la edad y la clasificación. Alguna vez se puso como meta ir a los Olímpicos juveniles, entrenó, se sacrificó y lo consiguió. Hoy dice que la meta es ir a los Olímpicos de los mayores.

“La medalla me dice que puedo ir, llegar allá. Es un gran logro personal lo que hice en Lausana y estoy contento de haberlo conseguido. Me siento orgulloso”, señala.

Cada día va a entrenar con el objetivo de patinar mejor y es consciente de que el aprendizaje es continuo. “Sigo aprendiendo a patinar en el hielo. Cuando comencé en esto creí que en dos o tres semanas podía dominar el tema, pero no. Llevo todo este tiempo tratando de crecer deportivamente. Claro que lo he hecho, pero no como lo esperaba. Sigo aprendiendo”, apunta Amaya.

Patinaje

Diego Amaya, patinador colombiano, y sus allegados en Lausana, suiza.

Foto:

Tomada de Twitter

A su lado en Lausana estaba Betty, su hincha número uno. Siempre lo acompaña y, por supuesto en esta, su consagración, ocupaba la primera fila.

Fue su mamá quien le acolitó la idea de pasarse de las ruedas al hielo, de abandonar el país e irse a apostarle a la aventura de Estados Unidos.

“Sé que ella estaba cerca. Claro, para uno en la carrera es difícil identificar a las personas, pero sabía en qué sitio estaba. Ella lo es todo para mí y por mi mamá estoy donde estoy”, señala el joven de 16 años.

Experiencia en ruedas

Amaya fue medalla de plata. Leyó bien la carrera y, a dos vueltas del final, se lanzó con todo en busca del oro que al final le fue esquivo.

No pudo superar al japonés Matoraga Arito, quien ocupó el primer lugar, pero sí logró entrar a la meta por delante del ruso Paven Taran.

Se sacó la espina, pues había ocupado el cuarto puesto en dos competencias anteriores. La primera fue en los 1.500 metros, en la que el podio se le escapó por 13 centésimas.

Y el domingo pasado, el representante de Colombia perdió la opción de obtener la medalla de bronce por 42 centésimas en la competencia de los 500 metros.

Pocos fueron los colombianos que lo acompañaron. Unos cuantos dirigentes, su mamá y algunos compatriotas, pero cerca estuvo Sebastián Uprimny, un deportista colombiano que participó en los Olímpicos de Invierno de Pyeongchang en el 2018, y que viajó a Suiza en el mismo avión de Diego. “Estaba muy triste después de los cuartos puestos que había conseguido, pero para él no hay imposibles. Supe de él en Salt Lake City, pues vivo ahí”, le dice Uprimny a EL TIEMPO.

Diego Amaya

Diego Amaya en competencia.

Foto:

Prensa Fedepatinaje


Diego Amaya y su técnico hablaron, aún había posibilidades de figurar, de quitarse de encima esa ‘mala suerte’ de haber quedado fuera del podio por poco, aunque la prueba que venía no era la que más le convenía a sus características.

“La actitud de Diego es la de un ganador. Hay que frenarlo, no arrearlo. Es su categoría, pues teníamos mucha fe en los resultados y los logró”,
asegura Uprimny. En el equipo le tenían confianza. La distancia era de 5.000 metros, pero esa no es su especialidad.
Y sin embargo, le creyeron, porque había estado cerca de una medalla. Sí, no era candidato, sus pruebas habían pasado, pues Amaya se destaca en las competencias cortas y las largas le cuestan trabajo.

Su gran condición fue clave, su astucia y malicia indígena lo han llevado lejos y esta vez no lo podían abandonar. La experiencia de haber competido en grupo en los campeonatos de los patines de ruedas fue importante a la hora de analizar los movimientos de sus rivales.

“La idea era mantenerse en el grupo, lo hizo y el final no era fácil, pero para él le servía, le convenía, porque ya había corrido carreras grupales y tiene un fuerte remate”, acota Uprimny.

En el escenario, la medalla de plata ganada por el colombiano causó curiosidad.
Los periodistas le preguntaban cómo había sido posible que obtuviera ese logro, si el país que lo vio nacer pertenece al trópico y no tiene estaciones, y la nieve es algo muy poco común. Lo miraban como bicho raro y al mismo tiempo con gran admiración.
Amaya fue claro: “Tuve que hacer muchos sacrificios y gracias al apoyo de la Fedepatín y del Comité Olímpico Colombiano (COC) lo hice posible”, dijo.

Sí, nadie en ese momento sabía que comenzó en los patines de ruedas, que vio los Olímpicos de Invierno por televisión y que emprendió la idea loca de irse a vivir a EE. UU. para hacer su propia historia en el patinaje sobre hielo.

Por ahora, todo es dicha, pero Diego quiere más. Su meta es más grande y con su entrenador, Adam Callister, quiere conseguir una casilla para los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín en el 2022.

LISANDRO RENGIFO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @LisandroAbel

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