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Mariana Pajón, la reina del triplete olímpico
Mariana Pajón

Mariana Pajón.

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Mariana Pajón, la reina del triplete olímpico

Mariana Pajón.

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Una vez más ganó en los Juegos Olímpicos, ahora en Tokio.

La pista de bicicrós estaba lista. Las competencias del BMX abrían para Colombia su participación en los Juegos Panamericanos del 2007. En el seleccionado nacional había una joven de 16 años que era la sensación y que llegaba en busca de un metal dorado, el primero de los que se podía conseguir.

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La frustración se apoderó de la delegación, porque luego del congresillo técnico, se le impidió a Mariana Pajón Londoño tomar parte en dicha carrera. Su corta edad fue el gran inconveniente. En el box colombiano quedó el uniforme colgado. Su bicicleta no la usó ni para entrenar y le tocó subirse a la tribuna a ‘disfrutar’ de las competencias.

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La deportista lloró. Le parecía increíble que hubiese tomado un avión para Brasil y se quedara con las ganas de ganar, con el deseo de subir al podio y demostrar que en ese momento el país pulía un diamante en bruto.

Tuvieron que pasar nueve años para que ella volviera a Río de Janeiro. Ahora, mucho más madura, con las mismas ganas de llevarse la victoria, con el deseo de subirse al podio y con la misma calidad humana que siempre ha demostrado para no solo ser la reina en la pista, sino en el corazón de los colombianos.

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“Eh, no me acordaba de eso. Sí, no fue un momento agradable”, dijo la hija de Miguel Pajón y Claudia Londoño, la hermana de Miguel y Daniel, cuando caía la noche y salía cansada de uno de los días más felices de su vida. Durante la jornada había conseguido el segundo oro de su carrera deportiva en los Juegos Olímpicos, el tercero para Colombia, en una actuación histórica.

Mariana Pajón

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Nació en Medellín el 9 de octubre de 1991, en un hogar donde el deporte era una religión. Su papá era kartista y practicaba el bicicrós; su mamá en algunas oportunidades fue equitadora.

Su hermano mayor, Miguel, también estuvo en el BMX. Mariana miró primero a la gimnasia, deporte que practicó por un tiempo, pero pronto le gustó la bicicleta, porque viajaba con su familia a las carreras nacionales. A los seis años tomó una decisión importante en su vida: la bicicleta le ganó la pelea a la viga y a las barras asimétricas de la gimnasia.

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Hoy, todos viven orgullosos de ella, gracias a las tres medallas olímpicas: dos oros, uno en Londres 2012 y otro en Río de Janeiro 2016, y la plata en Tokio 2021.

Uno de los mayores sustos de su vida ocurrió cuando, con su familia, iba a competir a Melgar (Tolima). En San Luis (Antioquia), la guerrilla hizo un retén, paró el bus en el que viajaban deportistas y familiares y Mariana vio cómo la gente se bajaba de sus carros y emprendía camino hacia el monte guiados por los guerrilleros.

“Eso nos pasó en la época de las ‘pescas milagrosas’. Eso impidió que varias veces fuéramos a competir”, recordó Miguel.

La medallista olímpica terminó la primaria en el colegio La Enseñanza. Cuando acabó el quinto año, viajó a Estados Unidos en busca de aprender inglés y allí perteneció al equipo Dans Competition.

Cumplida su meta, seis meses después regresó al país y terminó el bachillerato en el Colegio Monte Mayor Sagrado Corazón. Ya el BMX era su vida.

Muchos han sido los sacrificios que ha tenido que hacer por ser deportista de alto rendimiento. No es amiga de las fiestas, tanto así que sus 15 años fue una reunión privada en un sitio el estilo oeste en Medellín.

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La dura lucha en los ciclos olímpicos no ha sido fácil. Por su categoría, por ser la mejor de Suramérica y una de las mejores del mundo, Mariana ha pasado tragos amargos en las carreras.

En sus primeros Juegos Bolivarianos, en el Eje Cafetero en el 2005, solo compitió en una prueba y la ganó. Le pudo dar más victorias a la delegación, pero en esa pelea de oros entre Colombia y Venezuela, el delegado de ese país se opuso para que lo hiciera porque era muy pequeña.

Ese carácter fuerte, el no tenerle miedo a nada, el afrontar de frente los retos y salir adelante lo aprendió desde niña, cuando le tocaba correr con los hombres porque no había suficientes mujeres para abrir la rama femenina.

El BMX no es un deporte fácil, exige mucha concentración, preparación y técnica y en el que las caídas son normales. Por eso es que Mariana Pajón ha tenido un sinnúmero de accidentes. Y aunque no igualan la cantidad de trofeos y títulos que ha ganado, las heridas en su cuerpo le hacen recordar que muchas veces se ha ido al suelo.

Se ha fracturado la clavícula, el omoplato, el tobillo derecho, el cúbito, el radio en varias ocasiones. En una de sus manos tiene 9 tornillos y dos platinas; también tiene fisuras en las dos rótulas. En los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, cuando logró el oro, compitió con un hematoma en uno de sus riñones, luego de una dura caída.

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En 2018 tuvo una lesión que puso en riesgo su carrera, al romperse el ligamento cruzado anterior. Además, sufrió la ruptura parcial del colateral medial de su rodilla izquierda.

La hoja de vida de Pajón es larga, pero en ella se destacan los ocho títulos mundiales de la Unión Ciclista Internacional

Mariana Pajón y Chris Froome. 

Foto:

Jaiver Nieto Álvarez / CEET

Dice ser una mujer normal, que a pesar de practicar un deporte rudo como el BMX tiene tiempo para maquillarse. Colecciona pulseras y nunca falta el perfume en su cuerpo antes de salir a los entrenamientos.

“Soy una persona normal en la calle, pero en la competencia soy una fiera”, afirmó alguna vez.

Es inquieta: la líder de la Selección Colombia, la persona que le pone ambiente al grupo, pero al mismo tiempo es la más consagrada, la más disciplinada y la más exigente.

Le gusta innovar y tiene sus ‘cábalas’. Cuando ganó el oro en Londres se pintó las uñas de las manos de color dorado y se mandó a tatuar los cinco anillos olímpicos en la parte interior de su muñeca derecha. Ese día corrió con una media de color negro y otro violeta y utilizó un guante negro en la mano izquierda y uno blanco en la derecha.

El casco que utilizó en Río de Janeiro fue especial, porque ella tuvo la iniciativa de decirles a los compañeros de la selección que se lo ayudaran a diseñar. Varios fueron quienes participaron. Luego, en una votación, el grupo decidió cuál utilizaría en Brasil.

Siempre lleva el número 100, porque ese es el porcentaje de su rendimiento, el que siempre quiere dar. En el Mundial del 2013, en Holanda, Sarah Walker la bautizó como la ‘Hormiga Atómica’, porque es pequeña, veloz y fuerte.

Tiene un carisma increíble, ama los animales, lucha porque los niños no pasen necesidades. Cuando regresó de Inglaterra con la medalla de oro, creó la fundación Pedaleando por un Sueño, en la que apoya a los niños que quieren imitarla, que ven en Mariana a uno de los íconos del deporte nacional.

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Mariana Pajón y la ayuda a los que más lo necesitan.

Foto:

Inatagram de Mariana Pajón

Todo comenzó con una campaña para regalar bicicletas de BMX a familias de bajos recursos en diciembre del 2012, meses después de haber logrado su primer título olímpico. “No puedo dejar de pensar que un niño no tenga una bicicleta, por eso creamos la fundación”, señaló.

Nunca niega una foto y siempre está dispuesta firmar un autógrafo. Así sus condiciones físicas no sean las mejores, Mariana Pajón hace el esfuerzo porque su imagen siempre sea la de un deportista ejemplar.

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Casada con el también bicicrosista Vincent Pelluard, la colombiana no ha dado su brazo a torcer a pesar de las difucultades. En el 2018 tuvo una dura caída en Holanda. Se rompió el ligamento cruzado anterior y estuvo por fuera de las pistas nueve meses. 

Se subió 10 kilos, perdió masa muscular y hasta pensó en irse del deporte, pero su familia y su marido la apoyaron. Hoy a ellos les debe mucho.

Mariana Pajón y su esposo, Vincvent Pelluard.

Foto:

Instagram de Mariana Pajón

En cifras, Mariana es la deportista colombiana más importante en la historia de los Juegos Olímpicos.

Así ella no lo considere así, esa es la realidad, y eso que en 2007, en Río de Janeiro, le cortaron las alas, las mismas que se tatuó en la parte izquierda de su tronco y que mostró con orgullo cuando se colgó la medalla de oro: “Es que me gusta volar alto”, dijo.

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