Eléider, el campeón del mundo que quería ser cantante vallenato

Eléider, el campeón del mundo que quería ser cantante vallenato

La historia de vida del pugilista antioqueño que cumplió el sueño de ganar un cinturón mundial.

Eléider Álvarez

Eléider Álvarez, boxeador colombiano.

Foto:

AFP

Por: ESTÉWIL QUESADA 
30 de noviembre 2018 , 02:27 p.m.

Y, otra vez, por la mente de Eléider Álvarez pasaron, en fracción de segundos, las imágenes de Aída Baytar, su fallecida madre, la persona que lo metió en el boxeo...

Pero en esta ocasión fue diferente a todas las pasadas, como aquella que más recuerda, el 25 de abril de 2008, en Ciudad de Guatemala, sede del último selectivo preolímpico de boxeo de América cuando se le esfumaba la posibilidad de ir a los Juegos Olímpicos de Pekín por una pelea que perdía 8-5 frente al cubano Julio la Cruz.

En esa oportunidad, como en todas las otras, antes y después, siempre eran las imágenes de ella, callada y seria, con su pelo negro y liso, que veía en los momentos más difíciles y le daba el suficiente aliento para salir adelante, como en ese triunfo final y angustioso tras dos empates con el cubano La Cruz, hoy campeón mundial y olímpico, y el pasado jueves, en Barranquilla, oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Esta vez vio las mismas imágenes, pero no en los momentos difíciles, sino antes del júbilo, el sábado pasado en el Mark G. Etess Arena del Hard Rock Hotel & Casino, en Atlantic City (Estados Unidos), ante 5.642 personas que pagaron sus boletos y ciento de miles de aficionados en el mundo entero que seguían por televisión su pelea titular contra el campeón semipesado de la Organización Mundial de Boxeo (OMB), el ruso Sergey Kovalev.

Luego de dos caídas del ruso en el séptimo asalto, cuando el árbitro David Fields se negó a detener el desigual combate, intentando favorecer el campeón, Eléider salió decidido a tumbarlo para configurar el nocaut técnico. Entonces conectó el gancho de derecha y, enseguida, combinó con upper de izquierda. De inmediato, soltó otro gancho de derecha que no llegó pleno al rostro de Kovalev, porque el coloso ruso comenzaba a derrumbarse...

“En ese momento justo, cuando vi que se caía, en fracciones de segundos que estaba frente a él, en esas fracciones de segundos que uno puede ver muchas cosas, se me aparecieron las imágenes de mi madre. Aída Baytar estaba allí, presente, callada y seria, con su pelo negro y liso, como siempre la he visto en los momentos de dificultad”, confesó Eléider Álvarez la mañana del domingo pasado a este periodista de EL TIEMPO, en sus primeras hora como campeón.

“Solo que este era el momento de la felicidad particular de ella, que me metió en el boxeo, y el mío, que le cumplía a ella”, siguió. “Y por eso giré y me fui a la esquina neutral; sabía que todo había terminado y grité a todo pulmón, no sé cuántas veces, ‘and new! (¡y nuevo!)’, sin esperar que el anunciador oficial dijera: ‘Y el nuevo campeón semipesado de la OMB es Eléider Álvarez’ ”.

El comienzo de la historia

Vamos a resumir la primera parte de esta historia contada hace 10 años, el 4 de mayo de 2008, en estas mismas páginas de EL TIEMPO, en un perfil titulado ‘El boxeador de mamá’. En 1994, con Eléider de 10 años (nació el 8 de abril de 1984), la familia Álvarez Baytar –conformada por el padre, Jorge; Aída, Eléider y dos hermanas, Vilma y Deysi– salió de Puerto Girón, corregimiento de Apartadó, Antioquia, a Turbo, a orillas del mar, también en Antioquia.

Se instalaron en una casa frente a la de Oswaldo Ricard, entrenador de boxeo. El poco apego del muchacho por el estudio (“tres veces hice el curso once”, dijo el domingo entre risas) y esa vecindad llevó a Aída a obligarlo a ser boxeador. A Eléider no le gustaba. No peleaba en la calle, aunque allí realizó un combate, el único que su madre vio, previa autorización de ella con tan solo una mirada.

Él quería ser cantante vallenato. Y con sus amigos del barrio San Martín conformaron un conjunto llamado Infancia Vallenata, que después cambió de nombre por Binomio de Oro de Turbo. Se presentaban los fines de semanas a cambio de algunas monedas, con Eléider cantando o tocando la guacharaca. Pero una vez, en 1997, en el Festival Vallenato de Turbo, se le olvidó la segunda estrofa del tema 'Duerme conmigo esta noche’ y decidió dejar la música. Entonces, en 1998, se decidió por lo que deseaba su madre: practicar boxeo.

Ella murió el 9 de enero de 1999 a causa de un derrame cerebral. Él quiso honrar su memoria siendo alguien en el boxeo, porque además en el pueblo se decía que sin la presencia de ella, con seguridad, tomaría el camino del vicio. Desde entonces soñó en convertirse en campeón mundial, como Miguel ‘Happy’ Lora.

Rápido, ese 1999, llegó a la selección Antioquia siendo pulido por Abelardo Parra, el mismo entrenador del medallista olímpico Yuberjen Martínez. Con Parra discutía todos los días. “Era flojo y no se tenía confianza”, le dijo una vez a este diario su compañero de selección, mejor amigo y compadre, José ‘Diablito’ Mosquera, quien lo noqueó en dos asaltos en Carepa.

Sin embargo, desde el 2005 se metió de lleno y con seriedad al boxeo. Ganó el oro de los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, en el 2007, noqueando al cubano Yusiel Nápoles, con la mano derecha mal operada, según siempre ha sostenido, lo que solo le permite pegar con dos nudillos. Pero quedó en deuda con su madre al ser eliminado de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.

Nueva vida en Canadá

Decidió irse al profesionalismo, como sus compañeros Darley Pérez y ‘Momo’ Romero, ambos más adelante campeones mundiales. Y la mejor oferta vino de Canadá, a donde fue en compañía de otro integrante del equipo de Pekín, el superpesado valluno Óscar Rivas. Y fijó su residencia en Montreal, bajo la dirección técnica de Marc Ramsey; su apoderado, Stéphane Lépine; y el promotor Yvon Michel.

Allá realizó sus tres primeras peleas profesionales, en el 2009. Pero le tocó regresar a Colombia a finales de ese año por problema de visado. Se quedó en Turbo, donde nació su única hija, Aída Elisa (nombre para honrar a su madre), hoy de 9 años. El 2010 fue perdido: ni una sola pelea. Hubo desespero, pero las imágenes de su madre, siempre en los momentos difíciles, lo calmaron. Solo solucionó el problema en el 2011, y regresó a Montreal y volvió a subir al cuadrilátero.

Desde finales de 2015 es el primer retador al título semipesado del Consejo Mundial de Boxeo, y desde entonces Adonis Stevenson, el campeón del CMB, lo esquiva. En el camino deja a excampeones mundiales. El rumano-canadiense Lucian Bute pronostica que será el cuarto colombiano víctima, tras Alejandro Berrío, Édinson Miranda y Fulgencio Zúñiga. “Yo lo maté”, dice Eléider, que lo noqueó en el combate previo al titular. Hasta cuando surge, este año, la confrontación con el más sólido y reputado de los campeones de los semipesados, el ruso Sergey Kovalev.

Entonces decide realizar parte de la preparación en Bogotá, en el gimnasio de El Salitre, con la colaboración del exboxeador Alexánder Brand. El Mundial de Fútbol Rusia 2018 está en su apogeo. Él pasa desapercibido, como casi siempre es así con quienes no son futbolistas. Comparte con muchachos de la selección Colombia de Boxeo que se preparan para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla. “Fueron tres semanas de exigente preparación en la altura. Y sirvió”, dice ahora.

“Ese es un ‘animal’. Se tenía confianza. Me dijo que iba hacer historia como el campeón mundial de más peso en Colombia, y lo cumplió con ese triunfo del sábado”, aseguró ayer en entrevista con este diario el subcampeón olímpico de Río de Janeiro, Yuberjen Martínez, su amigo, con quien compartió durante las salidas de descanso en esas tres semanas en Bogotá.

El sábado subió al cuadrilátero de Atlantic City con la invicta marca de 23-0, con 11 nocauts, y 190 libras de peso (15 por encima del máximo de la categoría en el pesaje oficial), tras cenar pastas cinco horas antes del primer campanazo. Y en el séptimo asalto, cuando Kovalev comenzaba a caerse por tercera y última ocasión, él, Eléder, que tiene tatuado en la espalda el nombre de Aída Elisa, veía en su mente, en esas fracciones de segundos del inicio del júbilo, las imágenes de la responsable e inspiración de su histórico titulo: Aída Baytar.


ESTÉWIL QUESADA 
EDITOR ADN BARRANQUILLA @EstewilQ

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