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El Tourmalet, un ascenso con historia colombiana
José Patrocinio Jiménez

José Patrocinio Jiménez, con la camiseta de líder de la montaña del Tour.

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Archivo / EL TIEMPO

El Tourmalet, un ascenso con historia colombiana

Este sábado la etapa termina en esa mítica subida.

Tourmalet es sinónimo de Tour de Francia. Tourmalet es sinónimo de montaña. Tourmalet es sinónimo de escaladores y ahí es donde entran a jugar los ciclistas colombianos, que han sido protagonistas de ese duro ascenso.

Este sábado la etapa 14 terminará en ese alto. La jornada saldrá de Tarbes y terminará en ese premio de montaña de fuera de categoría luego de 117 kilómetros, con subidas: uno de cuarta, otro de primera y el último de fuera de categoría en la meta.

Un colombiano ha sido uno de los ganadores en ese alto. José Patrocinio Jiménez pasó de primero en el Tour de 1983, en la primera aventura de un equipo nacional en la carrera.

Esa vez, Jiménez ganó los puntos, fue primero, venció en el cruce a Robert Millar, quien, a la postre, ganó la etapa.

“Ese día Millar fue a rueda todo el tiempo en la subida. Peleábamos la camiseta de líder de los premios de montaña. Yo puse paso todo el tiempo y logré pasar de primero, pero la etapa no terminaba allí”, señaló Jiménez.

Y agregó: “Luego, pues fue normal que en la bajada Millar sacara diferencias. Al final, ganó él la etapa, segundo fue Pedro Delgado y llegué en el cuarto puesto a 1 minuto 30 segundos de Millar”.

Tourmalet

Tourmalet, meta de la etapa 14 del Tour de Francia 2019.

Foto:

AFP


Es el puerto de todos los puertos, el que más veces ha subido el pelotón del Tour de Francia, 82, dicen que el más duro y selectivo. Pero solo en dos ocasiones la meta se ha situado en la cumbre de sus infernales 19 kilómetros al 7,4 por ciento de desnivel medio, con un agotador muro final.Por tercera vez albergará la llegada de una parcial.

Como en 1974, cuando se impuso el francés Jean-Pierre Danguillaume. Como en 2010, cuando el luxemburgués Andy Schleck superó en el embalaje final al español Alberto Contador, que se conformó con conservar la camiseta amarilla.  

El Tourmalet es el traje de gala del Tour, el de las grandes ocasiones, según su director, Christian Prudhomme. No vale para cualquier día porque llevar la meta a su cumbre es un desafío logístico de envergadura.

Hace 9 años lo vistieron de llegada para festejar el centenario del primer paso de la carrera por los Pirineos. En esta ocasión como homenaje al amarillo, que también cumple un siglo distinguiendo al líder de la general. En su primera edición como meta, el ascenso al Tourmalet no cambió la carrera.

Andy Schleck

Andy Schleck gana la etapa del Tour del 2010 en el Tourmalet.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO


El belga Eddy Merckx mantuvo el control de la general y llevó el jersey de líder hasta los Campos Elíseos de París. En 2010 el Tour lo situó a tres días del final, como si de esa forma quisiera darle el mayor protagonismo, la responsabilidad de dictar la sentencia definitiva.

Tampoco tuvo el efecto previsto. En esta ocasión, el Tourmalet llega en la segunda semana, como principal aliciente pirenaico, destinado hacer un diagnóstico crítico. No será ni la primera etapa de alta montaña ni el primer final en alto. Pero, sin duda, será el termómetro de las fuerzas.

Nadie puede ocultarse tras sus curvas, nadie puede disimular frente a sus rampas. El Tourmalet abrirá la puerta de los cielos de una edición que los organizadores han querido que se gane en lo más alto, por encima de los 2.000 metros, donde transitará buena parte de una carrera, los momentos más decisivos, ahí donde el oxígeno es artículo de lujo y donde los pulmones jadean cada bocanada de un aire pobre y enrarecido.

Sus 2.115 metros no serán el techo de la edición, honor reservado para Iseran y sus 2.770. Tampoco la meta más alta, que estará en Val Thorens, la víspera del paseo triunfal en los Campos Elíseos, a 2.365.

Pero el Tourmalet será la antesala de todos ellos, de un total de siete cimas por encima de los 2.000 metros, el test para los pulmones, para los organismos que se habitúan a la apnea.

Los colombianos vienen ya acostumbrados de serie, porque su hábitat natural está por encima de esas latitudes. Para los otros es una inmersión en la altura, que la práctica totalidad trata de paliar con temporadas de entrenamiento en altitud para poner en hora los organismos.

Los expertos están convencidos de que el cuerpo se habitúa y que sus reacciones, tras haber entrenado en altitud, son más naturales cuando compiten. El Tourmalet podrá a prueba esos mecanismos. Será la culminación de una etapa nerviosa, "un latigazo", como lo define el director deportivo de la carrera, Thierry Gouvenou.

Apenas 117 kilómetros le separan del inicio de la etapa en Tarbes, la misma longitud que en su primera edición como meta. Pero en esta ocasión han colocado como antesala el Soulor, de primera categoría, 11,9 kilómetros al 7,8  por ciento de desnivel, de trampolín hacia el mítico Tourmalet, lanzadera de aventuras.

A diferencia de 2010, cuando se subió por su falda más liviana, en esta ocasión lo harán por la más dura, por Luz-Saint-Sauveur.

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