Carapaz, de ordeñar vacas a campeón del Giro de Italia

Carapaz, de ordeñar vacas a campeón del Giro de Italia

Nació hace 26 años en El Carchi (Ecuador). Fue inquieto, pero buen estudiante. 

Ríchard Carapaz

Ríchard Carapaz, líder del Giro de Italia.

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Prensa Movistar

Por: DEPORTES
02 de junio 2019 , 10:12 a.m.

El arranque del 2013 para Richard Carapaz fue muy triste. Su familia lo vio llorando por muchos días. La tristeza lo invadió. No podía creer que Juan Carlos Rosero, quien lo hizo ciclista, hubiera muerto, pero la realidad era otra; tuvo que vivir ese lamentable episodio que hoy vuelve a su mente.

Carapaz subirá al podio del Giro de Italia en Verona, tras la crono individual de 17 km, a recibir la camiseta de campeón de la competencia. Otra vez, las lágrimas volverán, pero en esta ocasión se confundirán porque será de alegría por el mítico título que logrará y por la ausencia de su mentor.

Aunque nadie lo tenía en la quiniela de posibles campeones del Giro, el ciclista ecuatoriano de 26 años se convertirá hoy en leyenda en Verona, pues será el primer pedalista de su país en obtener la victoria en una de las tres grandes carreras por etapas.

Carapaz recoge lo que sembraron alguna vez pioneros en triunfos del ciclismo de ese país como Rosero y Pedro Rodríguez, pero todo tiene una historia, un comienzo.

Cuando Rosero fue al Colegio Nacional El Playón, en El Carmelo –Cantón Tulcán, provincia del Carchi–, a decirles a los alumnos que entrenaran ciclismo, Carapaz tenía 13 años y se le acercó. Le dijo que él quería ser ciclista, y Rosero lo acogió, dándole los primeros consejos.

El pequeño se levantaba temprano, iba a estudiar y en la tarde entrenaba. Regresaba a casa y les ayudaba a Antonio Carapaz y a Anita Montengero, sus padres, en los quehaceres de la finca: ordeñar las vacas, corretear al ganado, llevarlo a pastar, ver de las gallinas, darle de comer a los marranos y los perros.

Terminó el bachillerato y escogió el ciclismo. Antonio, su papá, cuenta que era un buen estudiante, pero poco le gustaban los libros. “Izó bandera en algunas ocasiones”, contó su papá, orgulloso de que su hijo se convertirá en el campeón del Giro.

En la finca se levantó con sus dos hermanas: Cristina, que estudia administración pública y vive en la casa paterna, y Marcela, casada, con dos hijos y de profesión contadora.

Cristian recuerda que nunca les faltó nada en la casa en la que viven humildemente y que su hermano les ayuda en varias ocasiones.


“Es un buen hermano. Siempre nos colabora y cuando decidió irse para Colombia a probar suerte, siempre se le apoyó”, recordó Cristina.

Richard Antonio era inquieto. Varias veces les tocó ir a sus padres al colegio porque se la montaba a los compañeros, por eso hoy en día en un ciclista alegre.

Fue en el colegio donde conoció a Tania Rosero, su actual esposa, con quien tiene dos hijos: Santiago, de cinco años, y Sofía, de dos. Viven en Julia Andrade, a 10 kilómetros de la casa en donde creció Richard.

“No es ninguna sorpresa lo que pasa. Él siempre me dijo que iba al Giro a ganarlo, y lo ha cumplido”, precisó Tania.

Fue tanta la afición por la bicicleta que en alguna ocasión, Richard montó a Cristian en el manillar y a Marcela atrás. Cogieron ruta abajo, pero los frenos no sirvieron cuando los necesitaron. Marcela trató de frenar la máquina poniendo los pies en la carretera, pero fue un error, la bicicleta se volcó, dio vueltas y los tres salieron disparados, sin consecuencias graves. “Fue un accidente más”, contó alguna vez Richard.

En el 2013, el virtual campeón del Giro salió a entrenar. En una esquina frenó con cuidado, pero la señora que venía en el carro se comió el pare y lo embistió. Richard Antonio quedó privado en la carretera, sufrió fuertes golpes y cortes en sus piernas, los que le impidieron ir a correr el Campeonato Panamericano de Ciclismo en México.

Sabía que tenía condiciones para la escalada, pero, en Ecuador, las opciones de demostrarlas son muy pocas. Por eso vino a Colombia. Lo trajo Édgar Gutiérrez. Firmó con el equipo Canapro y luego pasó al Strongman-Forseman, con Luis Cely, con el que ganó la Vuelta de la Juventud del 2015. “Ese muchacho va a ser figura. Tiene unas enormes condiciones”, le dijo a EL TIEMPO Cely en esa ocasión.

Saltó a Europa. Fue al Lizarte, algo así como el filial del Movistar. Allí lo recibieron Juanjo Oroz e Iosune Murillo, su esposa, quienes lo tuvieron por mucho tiempo y le trazaron su plan de trabajo, sus entrenamientos. Aún hoy, Carapaz trabaja con esos planes, los que Murillo le traza desde que llegó al Viejo Continente.

Para ella, no fue fácil. Richard era un buen corredor, pero le faltaba trabajar la contrarreloj. Subía bien, en el llano iba, era extrovertido y nunca se le vio triste por haberse alejado de su casa.

En el 2016 pasó al Movistar, y a Murillo se le metió en la cabeza que con el ecuatoriano se podían hacer cosas grandes. Le trabajaron la mentalidad, la posición en la bicicleta de crono. Lo pusieron a subir con ella cuestas para mejorar, y lo hizo. Esa labor aumentó desde el año pasado, cuando Carapaz terminó de cuarto en el Giro de Italia. “Es que se lo puede ganar”, le dijo Murillo. Y así fue.

La estrella del ciclismo en el Ecuador no es callado; al contrario, en su equipo habla, y tal vez por eso se ha ganado el respeto de sus compañeros al asumir su rol de líder sin tapujos.

“Ha demostrado que tiene gran capacidad. Verso como líder del Giro no es una sorpresa. El año pasado fue cuarto y este año es su confirmación”, señaló el colombiano y compañero de Carapaz en el Movistar, Wínner Anacona.

“Correr con él es un privilegio. Tiene una juventud enorme y le destaco su tranquilidad, su serenidad. Es un buen líder y deseamos que se gane la carrera. Estamos acá para eso”, precisó el costarricense, Andrey Amador, su coequipero en carretera.

Este domingo, el corredor de 26 años completaría su octava victoria en su hoja de vida, la primera clasificación general de una grande, de un Giro de Italia, la carrera que más le gusta porque se corre con frío, con premios de montaña altos y en los que no pasa trabajos, porque si algo le enseñó Rosero fue a superar los sufrimientos.

DEPORTES

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