Épica etapa de Chris Froome en el Giro de Italia

Épica etapa de Chris Froome en el Giro de Italia

Atacó a 80 km, ganó la etapa, es líder y silenció a sus detractores. Este sábado serán 214 km.

Chris Froome

Chris Froome, pedalista británico.

Foto:

Tomado de @GirodItalia

25 de mayo 2018 , 08:55 p.m.

Era una etapa para saber de qué estaban hechos los primeros hombres de la general, y solo uno, el británico, Chris Froome, se encargó de demostrar que no estaba muerto, que las críticas por su resultado adverso en la Vuelta a España poco le importan, además de dejar claro que él es de otro planeta y los demás son seres humanos, ciclistas que se hundieron con los fuertes pedalazos del ganador de la jornada reina del Giro y el nuevo líder de la carrera.

Parecía imposible que eso pasara en un ciclismo moderno que carece de pedalistas suicidas, de los que se lanzan en busca de sus objetivos sin importar el kilometraje que falte y si sus fuerzas van a responder, poniendo en riesgo su nombre y palmarés, porque se podía morir en el intento.

La cita de la batalla planteada desde el jueves pasado —la jornada entre Venaria Reale y Bardonecchia, con cuatro pasos montañosos, la cima Coppi de por medio— sirvió para despejar las dudas en un Giro en el que Froome dejó a sus rivales y detractores anestesiados, sorprendidos y molestos.

Encima de su bicicleta, el británico fue el protagonista de una épica jornada, de esas que no se presentaban en el ciclismo desde hace 50 años,
solo destinadas para superdotados como él, para bestias como el cuatro veces ganador del Tour.

Froome, a pesar de las críticas, de los carteles que lo señalan como infractor de reglas, como dopado, se echó la carrera al hombro; dejó que su equipo trabajara duro en los primeros kilómetros y, faltando 80 para la meta, cuando el entonces líder Simon Yates se hundía en las posiciones de atrás, saltó del grupo, dejó rezagados a sus rivales, vueltos añicos, y con sus pedalazos los hizo arrastrarse a sus pies.

En la subida a la cima Coppi, unos aficionados disfrazados de médicos, con tapabocas y un enorme inhalador de ventolín en sus espaldas –la sustancia que lo tiene enredado en un caso sospechoso de dopaje que aún no se resuelve–, lo quisieron poner en ridículo, pero ese gesto grotesco le dio alas, mucha más energía, porque apretó el acelerador y dejó cambiada la clasificación general, que hace dos días parecía sentenciada.

Pero faltaba él; nadie contaba con que el mejor ciclista del mundo hiciera realidad una idea de seres humanos cuerdos, de irse en busca de descontar 2 minutos 56 segundos ,la diferencia que le llevaba Tom Dumoulin, para voltear la torta a su favor tras una demostración de sufrimiento, fuerza, tesón y poderío mental del líder del Sky.

Froome, criticado, señalado por sus enemigos de tramposo, se levantó de las cenizas, se paró en los pedales y solo, sin ayuda de nadie, con sus largas palancas comenzó a sacar diferencia, la que se fue incrementando en cada kilómetro y cada vez que un aficionado lo escupía o lo insultaba.

El colombiano Miguel López, Dumoulin, Richard Carapaz y Thibaut Pinot fueron los sobrevivientes de un ataque feroz del Sky, de un ritmo descomunal de Froome, de una táctica agresiva que pagaron no solo sus rivales por el título en el Giro, sino los detractores de un Froome inmenso que calló bocas con sus pedalazos.



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