Viaje por las tierras que hicieron de Egan el nuevo ídolo nacional

Viaje por las tierras que hicieron de Egan el nuevo ídolo nacional

Bernal creció en las montañas de Zipaquirá, en las que aprendió a pedalear. Hoy es campeón del Tour.

AUTOPLAY
Zipaquirá, orgullosa de EganHabitantes del municipio cundinamarqués se sienten orgullosos de su campeón.
La infancia y los comienzos de Egan Bernal

Cortesía familia Bernal / AFP - Marco Bertorello

Por: Valeria Cuevas González
29 de julio 2019 , 08:01 a.m.

Su primera bicicleta fue prestada. Tenía cinco años cuando tomó el vehículo pesado de color amarillo que todos en su familia compartían y usaban por igual, ya no se sabía quién era el dueño. Tímido, y de pocas palabras, el pequeño se divertía al balancearse de lado a lado al mover sus piernas, una tras otra, y avanzaba por las montañas mientras el frío viento zipaquereño le congelaba la nariz y las orejas. No necesitó rueditas en las llantas, el pedal lo sabía manejar hasta con los ojos cerrados.

Egan Arley Bernal Gómez estaba destinado a ser uno de los mejores ciclistas del mundo. Comenzó a correr por las trochas de Los Cámbulos, el primer barrio en el que vivió junto con sus padres, ubicado en una ladera de la zona rural del municipio de Zipaquirá, en Cundinamarca. No había ninguna calle pavimentada, ningún camino fácil, todos estaban llenos de piedras, lodo, pendientes y desniveles.

Fue bendecido por haber crecido en tierras cundinamarquesas que, al igual que las tierras boyacenses, le han dado a Colombia pedalistas de oro. La topografía de la región y la altura sobre el nivel del mar han hecho de los pulmones de Egan una máquina imparable, que ha permitido que el ciclista vea las amenazas como ventajas al lado de los pedalistas europeos a quienes, por ejemplo, la altura les dificulta la respiración.

A diez minutos de la Terminal de Transporte de Zipaquirá está la humilde vivienda de ladrillo y pocos colores, que era de su abuelo y en la que actualmente vive un tío. Egan, Flor y Germán permanecieron allí durante los primeros años de vida del niño, luego se trasladaron a su casa propia en El Porvenir, un barrio cercano. 

Egan Bernal fue fruto del amor entre Flor Gómez, quien trabajaba en los cultivos de flores de la empresa Agrícola Guacarí, y su padre Germán Bernal, quien era guarda de seguridad. Nació en un hospital de Bogotá el 13 de enero de 1997, luego de que su madre no fuera atendida en el centro de salud al que fue llevada de urgencia en Zipaquirá.

El ciclismo nos buscó y se quedó en la familia y mira a dónde estamos ahorita

Aun así, Bernal es un cundinamarqués de corazón, toda su vida ha estado en Zipaquirá, lugar en el que está su familia, sus amigos, sus vecinos y los caminos que le son familiares y que lo han formado como un gran ciclista. Allí se le ve a menudo montando en su bicicleta, ya sea recorriendo el famoso camino de la sal o pasando por pueblos aledaños como Pacho, Ubate o La Calera.

Los vecinos sonríen cuando escuchan el nombre de Egan y llevan presente la imagen del pequeño con su bicicleta atravesando las montañas nubladas por las bajas temperaturas del municipio. Ahora, ese mismo niño vuela con su bicicleta por la cadena montañosa de Los Alpes, en Europa.

Lazos familiares en una bicicleta

Para Omar Humberto Pachón Bernal, primo de Egan Bernal, las anécdotas de su infancia son innumerables. Tuvo que cuidarlo desde que era muy pequeño, lo arrullaba y acompañaba cada día mientras su tía Flor -como le dice de cariño a la mamá de Egan- y su tío Germán iban a buscar el sustento desde las cinco de la mañana, como cualquier persona común y corriente en su municipio.

El tiempo fue pasando y, con él, Egan creciendo. Se divertían jugando en los camarotes de metal en los que dormían, imaginaban que eran buses y debían conducirlos. No hubo fútbol ni otros juegos, pero siempre estuvieron presentes las bicicletas. Omar soñaba en convertirse en ciclista, así como también lo deseó Germán, el padre de Egan, quien no llegó a las filas profesionales por cuestión de tiempo y de patrocinios. No obstante, Omar siguió montando bicicleta pero no de forma profesional. Vivió junto a Egan hasta los siete años, cuando su primo se mudó de casa.

La familia Bernal es una familia de ciclistas, llevan el deporte en las venas, no hay uno al que no le guste, así como no hay ningún día sin que pedaleen. En medio de la rutina de sus tíos y primos, del día a día sin novedades que los acompañaban, Egan lo quiso intentar. A través de otros fue que se unió al ciclismo. “El ciclismo nos buscó y se quedó en la familia y mira a dónde estamos ahorita”, cuenta Omar con orgullo.

Los primeros pedalazos de EganFamiliares y entrenadores describen los primeros pasos de Egan Bernal.
Egan Bernal

Familiares y amigos de Egan Bernal cuentan cómo fueron sus inicios en el ciclismo.

Uno de los planes infaltables de Egan era sentarse con su padre a ver el Tour de Francia por televisión, o incluso escucharlo por la radio, y tanto las narraciones como las imágenes de los paisajes franceses lo hacían emocionarse de sobremanera. Inexplicablemente se sentía allí. Quizá, en el fondo de su corazón, guardaba la imagen de verse pedaleando allí junto a los escarabajos, pero usualmente pensaba que era algo imposible de alcanzar.

Siempre concentrado un día a la vez, Egan Bernal saltó a las filas del club de Fabio Rodríguez, un amigo de su papá y quien sería su primer entrenador. Para tener su primera bicicleta entre la familia hicieron rifas y varias actividades para recolectar el dinero y así poder comprar una. Germán y Flor lograron darle el regalo al niño, una bicicleta todoterreno, común y corriente, que se convirtió en el mundo de Egan y su pasaporte para comenzar la aventura de su vida.

Inicios formales en el ciclismo

Fabio Martínez estuvo impulsando al pequeño ciclista desde el comienzo. Egan llegó a sus ocho años al instituto, con su corazón emocionado y sus piernas listas para recorrer Zipaquirá y todo lo que pudiera. Tranquilo, menudito y muy piloso, Bernal cumplió con los horarios y trabajos que le indicaba su entrenador, no faltó a ninguna clase y siempre se caracterizó por algo que recuerda con nostalgia Fabio: “Egan siempre hacía de más, si tenía que entrenar una hora, él hacía una hora y media, y así.” Eso lo llevaría a ser lo grande que es hoy.

Cuando cumplió sus nueve años, el Instituto de Recreación y Deporte de Zipaquirá organizó una competencia de ciclismo municipal, que sería la primera de Egan. Sintió la adrenalina de todo su cuerpo y la confianza en que podía lograrlo, pues sus familiares, amigos y conocidos coinciden en que es un hombre perseverante y dedicado con sus metas. Sin embargo, para el día de la disputa no tenía ni las zapatillas ni la bicicleta. Nuevamente, su familia se unió y le buscaron los elementos. Egan ganó.

“A pesar de que parece que no habla mucho, que no dice muchas cosas, él es muy inteligente”, dice Rodríguez, para quien Egan siempre ha sido un hombre de pocas palabras y grandes ideas. Actualmente, el entrenador tiene dos escuelas de ciclismo, las de los municipios de Zipaquirá y Gachancipá, en las que forma niños desde los seis años hasta los 18.

Es impresionante para la edad que tiene cómo ha crecido psicológicamente, cómo actúa y cómo se enfrenta a las competencias

La disciplina de Egan Bernal es de admirar. Su familia y amigos más cercanos aseguran que el colombiano ha tenido que hacer muchos sacrificios para llegar a donde está ahora. No le ha visto problema al tener que madrugar lo más temprano que puede y así esté lloviendo o tronando, aunque el camino esté desbaratado, él sale a entrenar. Cada día aumenta de a poco su nivel, le gusta retarse.

Para su primo Omar Pachón, otro de los ángeles en la vida de Egan Bernal es Pablo Mazuera, un ciclista aficionado que desde hace varios años impulsa y da formación a niños de bajos recursos del departamento de Cundinamarca, que sueñan con ser ciclistas a través de la Fundación Mazuera. Egan llegó allí a sus doce años, momento en el que ya había ganado varias competencias regionales y nacionales.

Mazuera lo guió a iniciar en el Mountain Bike Profesional, práctica que llevó a Egan a otro país a continuar aprendiendo del ciclismo y, sin duda alguna, alcanzar el éxito que tiene hoy en día.

Abuelo de Egan Bernal

El abuelo de Egan, Alvaro Julio Bernal, disfrutó en compañía del primo Omar y otros familiares del triunfo de su nieto desde Zipaquirá, Cundinamarca.

Foto:

Luisa González / REUTERS

Cuando ganó su primera carrera y fue contratado por el equipo italiano de ciclismo profesional Androni Giocattoli-Sidermec, uno de sus amigos más íntimos, Joan Orduy, le pidió una fotografía porque sabía que algún día él llegaría a ser un tesoro y quería conservar ese recuerdo. Entre Omar y Joan quisieron hacerle un reconocimiento a su amigo cuando regresó al país y, para sorpresa de ellos, Egan quiso simplemente irse con ellos a tomar un jugo en la plaza principal del municipio.

Egan Bernal es un joven de 22 años que fue creciendo y evolucionando técnica, táctica y psicológicamente, también gracias a su capacidad para aprender rápido. Los buenos resultados que solía dar en las competencias en las que participaba, por más pequeñas que fuera, caracterizaron su trabajo y personalidad. De un momento a otro ya estaba en la cima, el 'niño maravilla' creció muy rápido. “Es impresionante para la edad que tiene cómo ha crecido psicológicamente, cómo actúa y cómo se enfrenta a las competencias”, resalta Fabio Rodríguez, su primer entrenador.

Su humildad la ha llevado al límite, pues Egan no ha sido dado a los grandes homenajes. Cada vez que ha regresado de alguna competencia internacional, el alcalde de Zipaquirá, Luis Alfonso Rodríguez, ha estado allí esperándolo con bombos y platillos, pero Egan prefiere no avisar sobre su llegada. Cuando se dan cuenta es que el joven ya anda con su bicicleta por la ruta del minero como si nada hubiera sucedido. Sí aceptó la Orden de la Sal, distinción que Zipaquirá le da a quienes representan a su municipio, tras ganar el Tour de L’Avenir en Albertville en 2017.

“Está acostumbrado a ganar, toma los triunfos con mucha nobleza, con tranquilidad, con frescura y entonces eso le llama mucho la atención a uno”, comenta Luis Alfonso, a quien hace unas semanas, y por el ‘pálpito de un alcalde’, decidió llamar a un colectivo de artistas para que realizaran un mural del ciclista colombiano en un frontón del Instituto de Recreación y Deporte del municipio, en el barrio San Carlos.

Mural en honor a Egan Bernal

El mural está pintado en el frontón del barrio San Carlos, en el Instituto de Recreación y Deporte de Zipaquirá.

Foto:

Valeria Cuevas González

Ese rostro gigante y colorido de Egan hace que los zipaquireños sientan cerca al triunfador todos los días. Fue pintado con su camiseta blanca, por ser el “campeón de los jóvenes”, sin embargo, ahora habrá que pintarla de amarillo, pues se convirtió en el primer colombiano en ganar el Tour de Francia 2019, el sueño que tan lejos vio de hacerse realidad.

VALERIA CUEVAS GONZÁLEZ
EQUIPO MULTIMEDIA ELTIEMPO.COM
Twitter: @Olarevuccello

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