La fiesta patria de Egan Bernal

La fiesta patria de Egan Bernal

El campeón del Tour celebró en la plaza Los Comuneros arropado por unos 6.000 aficionados. 

AUTOPLAY
Las palabras de Egan Bernal en su celebración en ZipaquiráEn exclusiva para Citynoticias, el ciclista colombiano contó detalles de su celebración en Zipaquirá del título del Tour de Francia.
Egan Bernal

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

Por: Felipe Villamizar M.
07 de agosto 2019 , 11:57 p.m.

Eran las 8 a. m. El sol golpeaba en los rostros de los sonrientes aficionados que de a poco llegaban a la plaza de Los Comuneros, el epicentro de Zipaquirá, para desahogar un grito emocionado y contenido desde hace diez días y darle la bienvenida al héroe, a su niño prodigio, a su joven maravilloso y mimado, al gran campeón del Tour de Francia, a Egan Bernal.

Desde la imponente Catedral de Sal se veían llegar pequeños grupos de personas con las réplicas de las camisetas amarillas de campeón del Tour corriendo para asegurar un lugar en la gran e imperdible fiesta. Las banderas de Colombia y de Zipaquirá colgaban de las casas, que aún mantienen sus estructuras coloniales. A lo lejos, el ruido de algunas cornetas y el coro de “¡se lució, Egan se lució!” comenzaban a marcar el compás de un festejo por el que aguardaba todo un país.

Fue un miércoles festivo, un 7 de agosto de batalla de Boyacá y bicentenario. También fue un miércoles de otra fiesta patria: la de Egan y su título en el Tour de Francia. En la plaza de Los Comuneros todo era algarabía, todo era felicidad en un plan familiar: padres y madres; hijos e hijas; abuelos y abuelas se unieron para aplaudir, sonreír, gritar, llorar y felicitar a Egan.


–Hijo, ¿quién es Egan Bernal? –le preguntaba Guillermo Martínez a su hijo Camilo, interesado en enseñarle un fragmento de esta nueva historia de triunfo y orgullo.

–Es el campeón de Colombia para el mundo, el orgullo de Zipaquirá, contestó el pequeño como si repitiera una lección que le hubieran puesto en la escuela, con miradas y sonrisas brillantes, esperando a Egan, a ese nuevo ídolo al que quieren seguir, imitar: un joven humilde que trabajó y trabaja por cumplir sus sueños.

Palabras parecidas a las de Julián Esteban González, el niño que llamó la atención del mundo al ser retratado llorando y montado en una bicicleta, cuando vio en Egan hacerse líder del Tour en una pantalla gigante. Se hizo tan famoso que a él le pedían autógrafos y fotos como si fuera el mismísimo campeón. Esto contó Esteban, de 9 años: 

Pude hablar con Egan y me dijo que luchara por mis sueños y que siguiera trabajando por ellos

La mañana de sol picante, a 14 grados centígrados, avanzaba entre gritos de emoción, muchos de ellos para las leyendas del ciclismo colombiano, invitados especiales a la fiesta: Efraín el ‘Zipa’ Forero, Martín Emilio ‘Cochise’ Rodríguez, Fabio Parra, Lucho Herrera, Mauricio Soler, José Patrocinio Jiménez y Oliverio Rincón. Todos fueron aclamados por la multitud.

Otra entrada triunfal

Sobre las 10 de la mañana llegó Egan en una camioneta blanca de la Policía. Descendió de ella vestido con su uniforme del equipo Ineos y su camiseta amarilla de campeón.

Los casi 6.000 espectadores explotaron en júbilo, en una gritería pidiéndole un saludo, que ensordecía a todos los asistentes. El ciclista se puso su casco, sus gafas y se montó en su bicicleta amarilla para hacer el paseo del campeón, que duró apenas cuadra y media, pero que para él fue como recorrer de nuevo los Campos Elíseos antes de levantar el trofeo de campeón del Tour en París. Pero esta vez era en comunión con toda su familia zipaquireña.

Egan saludaba a todos los que podía. Todos se pegaban contra las vallas de seguridad y lo llamaban a gritos: “¡Eeeeeeegann!”. Nadie quería perder su imagen: por eso estaban llenas las terrazas y los techos de las casas y edificaciones que enmarcan la plaza. Su llegada hizo temblar a este municipio de 120.000 habitantes, a 45 kilómetros del norte de Bogotá; y desde ahí sacudió a todo el país.

Gloria Suárez, de 72 años, fue una de las más fervorosas aficionadas en la plaza. Iba sola. Bailó y quedó ronca. Quizás todavía esté dando vítores a Egan, metida en una camiseta de la Selección Colombia de fútbol. “¡Que viva nuestro campeón, que viva!”, repetía.

Algunos despistados equivocaron el nombre del ídolo: “¡Grande Édgar!”, “¡campeón, Édgar campeón!”. Pero no importaba. La admiración sí era la misma.

Tras un cuarto de hora de saludos a los invitados y a sus familiares, Egan apareció en la tarima, en una esquina de la plaza, vestido de civil, con camiseta blanca tipo polo y un jean negro con rotos de moda en las rodilla. Agradeció por todos los mensajes de apoyo y la fiesta se volvió una tranquila reunión familiar en la sala de la casa.

Actos formales

El presidente Iván Duque no pudo asistir al festejo, porque estaba en Paipa, en la reunión de gobernadores. Así las cosas, no pudo condecorar a Egan con la Cruz de Boyacá. Se la impondrá después.

Egan, micrófono en mano, abrió la ceremonia con una sorpresa que lo retrata como ser humano: pidió un minuto de silencio en memoria del ciclista belga Bjorg Lambrecht, quien murió el pasado lunes en la Vuelta a Polonia. Se de dio la bendición, besó los dedos de su mano derecha y la elevó al cielo y dijo:

Fue el segundo en el Tour de l’Avenir que gané y tenía un futuro prometedor

Luego, en tono pausado, a pesar del público que alentaba, Egan entregó al ciclismo colombiano y a sus ciclistas la réplica de la camiseta amarilla del campeón del Tour. Lo hizo dándola a la Federación Colombiana de Ciclismo. La recibió Jorge Ovidio González, como su presidente. Sin embargo, en declaraciones posteriores a la emisora Caracol Radio, el directivo dijo: “Este homenaje que me hizo, uno de los muchos que me han hecho, es sin duda el más importante de toda mi carrera”.

Luego, le dio la camiseta blanca original del mejor joven del Tour a Fabio Rodríguez, su primer entrenador, en ciclomontañismo, para exaltar, también, a los jóvenes que sueñan con seguir sus pedalazos.

De ahí en adelante, se vio al muchacho humilde de 22 años que todos aman. Respondió preguntas de los periodistas (¡333 credenciales se imprimieron!). Puso énfasis en que lo más importante es la familia y luchar por tener valores y cumplir los sueños.

“Todo lo que se hace con amor yo creo que se puede lograr, yo era un niño que soñaba con disfrutar estar en bicicleta, con salir a montar con mis amigos y poco a poco se fue convirtiendo en mi trabajo, pero todo fue porque me gustaba montar en bicicleta. La clave está en disfrutarlo”, dijo.

Y para finalizar, su mensaje fue contundente. “Si en una familia normal como la mía, que vivía en el humilde barrio Bolívar, pudimos luchar para poder conseguir el título del Tour de Francia, estoy seguro que que todos ustedes pueden alcanzar sus metas”.

En medio de la algarabía y de unos ensordecedores aplausos, Egan dijo: “Si me ven por ahí podemos rodar juntos y tomarnos una foto”, y se bajó de la tarima. Fue la fiesta de todo un pueblo para todo un campeón. Otra fiesta patria en un 7 de agosto...

Felipe Villamizar M.
Redactor de EL TIEMPO
@FelipeVilla4

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