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A 20 años del primer campanazo de Juan Pablo Montoya en la F1
Michael Schumacher y Juan Pablo Montoya

El sobrepaso de Juan Pablo Montoya a Michael Schumacher en el Gran Premio de Brasil, hace 20 años.

Foto:

AFP - Archivo EL TIEMPO

A 20 años del primer campanazo de Juan Pablo Montoya en la F1

El GP de Brasil fue su primera gran muestra en la máxima categoría. Así lo registró EL TIEMPO. 

Todo era color de rosa para Juan Pablo Montoya. Había salido del cuarto lugar y luego de dos giros ya era líder de la carrera. El colombiano iba a hacer historia en su tercera carrera. Hasta que un holandés acabó con el sueño.

Así como el automóvil de Juan Pablo Montoya voló ayer de la pista y se evaporó de las estadísticas del Gran Premio de Brasil en el cual estaba escribiendo una fantástica historia, se desinfló la emoción de todo un país que estaba presenciando algo increíble: el colombiano, en su tercera carrera en la Fórmula 1, iba ganando la prueba con una enorme exhibición de poderío y calidad al volante.

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Un accidente totalmente fuera de su control acabó con la demostración entre las vueltas 38 y 39 de la competencia, pero lo que alcanzó a hacer es algo que hará que la F1 del Siglo XXI sea diferente después de lo vivido ayer.

El imperio de Michael Schumacher recibió una tremenda premonición por cortesía de Montoya, quien logró en 40 minutos dejar en duda cosas que se creían verdades irreversibles. Como, por ejemplo, que Schumacher es impasable e imbatible, que a los Ferrari del 2001 no los vencía nadie, que el motor BMW era frágil y que las llantas Michelin andaban aún muy crudas. O que a Montoya le faltaba mucho aprendizaje...

¿Qué tal que supiera más?

En la arrancada, Juan Pablo pasó del segundo al cuarto puesto al aprovechar que su compañero de equipo Ralf Schumacher se quedó pegado en el piso y que, a su lado, el McLaren de Mika Hakkinen estaba con el motor apagado, dejando el hueco perfecto para el movimiento de Montoya, quien no vaciló en cobrar los errores de los vecinos.

Pero si esa salidota ya tenía prendido al país, había mucho más por ver. Y pronto. Para evacuar el carro de Hakkinen tuvieron que llamar al pace car y por tercera vez en otras tantas carreras, Barrichello embistió por detrás al Williams de Ralf Schumacher, quien se cambió sorpresivamente de carril delante del brasileño. El Ferrari de Rubinho se quedó sin narices y mutiló el alerón trasero del Williams. En ese momento, nadie podía imaginarse que esa misma película la viviríamos después, pero en contra de Montoya.


Cuando los carros enfilaron la recta para empezar la segunda vuelta, estaba la bandera verde. Michael Schumacher pasó primero, pero el Williams de Montoya un experto en estas arrancadas usuales y frecuentes en todas las carreras de Cart venía embalado y mucho antes de la curva uno, el colombiano ya se había colocado en la cuerda.

Schumacher, un tanto ingenuo al abrir la puerta sabiendo como lo dijo después que el Williams tenía mejor velocidad en la recta, trató de aguantar mientras Juan Pablo con gran sangre fría y seguridad estiró su trayectoria hasta cuando se le acabó la pista al alemán.

Este trató de disuadir a Juan Pablo de la maniobra y puso su rueda delantera contra el costado del Williams. Ni el carro ni Juan Pablo se movieron de su línea y pocos metros después el gran lance del año en la F1 estaba jugado: Montoya, primero; Schumacher, segundo. Increíble!

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Todos pensamos que Michael iría a repuntar y que la presión sobre Montoya sería insoportable. Pero resultó al revés. Aplanchado por semejante pasada a manos de un novato, Schumacher nunca pudo seguir el ritmo de Montoya que lo fue distanciando por mínimas diferencias, hasta cuando la táctica de Ferrari de hacer dos paradas para cambiar llantas fue la estocada final para que se quebrara el invicto del campeón del mundo.

Coulthard, tercero y observador astuto hasta ese momento del increíble duelo del novato y el campeón del mundo, tomó el relevo de la persecución, pero sin lograr descontar distancia. Al contrario, la luz se crecía.

Los nubarrones comenzaron a oscurecer el ambiente y la llovizna apareció para agregarle drama al gran acto que Montoya tenía montado ante la incredulidad mundial. Pero era tan firme su manejo y las cuentas tan favorables, pues iba a hacer sólo una entrada a pits, que ya empezaron a sacar las estadísticas de 50 años para ver si iba a convertirse en el ganador más rápido en la F1, pues estaba apenas en su tercera competencia.

Llegó el giro 38. Montoya pasó entre el tráfico de los coleros. Las banderas azules se agitaron para prevenir a Verstappen sobre la llegada del puntero y este dejó su Arrows anaranjado en el carril interior de la entrada a las curvas. Montoya tomó el espacio libre e inició su frenada, de pronto un poco más fuerte de lo usual en la previsión de que hicieran el viraje emparejados con Verstappen.

El holandés vio pasar al Williams y de inmediato regresó a la línea de carrera, pegado a Montoya. Falló en su cálculo al frenar y embistió al Williams de manera espectacular y peligrosa. Quizás involuntaria, pero con resultados devastadores.

La carrera que siguió fue otra cosa.

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Allá porque llovió, porque Schumacher, el campeón, se trompeó y se equivocó en el tipo de las llantas de mojado, porque ganó David Coulthard y resucitó a McLaren y porque toda la prensa mundial terminó encima del colombiano, el nuevo héroe de la Fórmula 1.

Acá, porque se revolvieron en un solo sentimiento la frustración, la alegría, la rabia y la ilusión. Para Colombia y para muchos en el mundo, en la vuelta 38 terminó la carrera, física y emocionalmente.

José Clopatofsky
Director de MOTOR

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