Voces de resistentes, opositores y oficialistas en Venezuela
Caracas sin filtro

Voces de resistentes, opositores y oficialistas en Venezuela

Artículos y contenidos relacionados para el especial multimedia.

En las calles de Caracas se escucha de todo. El único acuerdo es la incertidumbre de lo que vendrá.

Resistentes, opositores, chavistas y maduristas




Unidad de Datos

En el metro y en las calles de Caracas habita un relato coral ruidoso. Voces encendidas y cansadas. A favor y en contra. Chavistas, maduristas y opositores. Gritos ahogados. Vivas auténticos. En todas, incertidumbre, porque incluso para el optimista, todo siempre puede ser peor.

Encendidos

“Por qué no van a tomarle foto a las Farc. Estos colombianos de mierda no han podido acabar con un conflicto de 60 años y vienes a contar lo que pasa aquí”, me grita una mujer iracunda que se separa de una larga fila.

Hace dos horas espera un ficho que le indicará el día en el que podrá ir por su caja Clap (Comités Locales de Abastecimiento y Producción). La caja contiene alimentos subsidiados que hacen parte del programa “Gran Misión de Abastecimiento Soberano”, del Gobierno de Venezuela. Nunca se tiene certeza de lo que trae la caja. Un hombre molesto cuenta que las tres últimas veces que la ha comprado, le ha llegado con detergente para suavizar la ropa. “Nunca arroz”, dice.


Robin Torres es un peluquero de 46 años y su casa está ubicada al fondo de un callejón en el barrio La Vega. Él confirma las dificultades para comprar alimentos. Foto: Ginna Morelo, El Tiempo.

La mujer explotó cuando me identifiqué como colombiana. Dos mujeres más se acercaron a calmarla. Una cuarta me pidió que mostrara mi carné de prensa.

“Ve y cuenta lo que pasa aquí. Para que vean en Colombia. Para que no les ocurra lo mismo y tengan un parámetro de lo que pasa en Venezuela. Personas que hemos estudiado, tratando de hacer grandes cosas por el país, mire dónde estamos”, relata una mujer que se presenta como abogada, trabaja en la rama judicial y también espera el ficho. Le duele tener que hacer cola por comida, cuando antes tenía con qué comprarla y podía acceder a productos variados.

En el otro extremo de la calle hay otra larga fila de resignados. En Caracas la mayoría de los habitantes tienen que hacer colas para todo si quieren comer, acceder a medicinas, ir al médico, conseguir dinero en el banco o transporte para llegar a sus oficinas o a sus casas. En la Universidad Central de Venezuela, a la 1:00 de la tarde, los estudiantes que no tienen comida en casa se forman hasta por tres horas a esperar el almuerzo que regalan en la cafetería.

Resistentes

“Me aferro todavía a la posibilidad de quedarme. Me resigno e intento resistir hasta donde más pueda esta situación de desahucio”, son las palabras de Abraham Rivero, profesor de la Escuela de Comunicación Social. Tiene 53 años y a pesar de que se gana el equivalente a tres dólares mensuales, no ha contemplado aún irse de Venezuela.

“Irse es una opción, pero es una decisión muy personal. Por supuesto no la critico, me ha tocado asesorar a muchos exalumnos”. Los ve partir y con ellos las ilusiones de que educó durante 20 años a generaciones que le van a dar lo aprendido a otras naciones.

“El síndrome del nido vacío es el que hemos estado experimentando en los últimos años. Los padres que ven partir a sus hijos muy jóvenes, incluso”. Se refiere al último informe que publica la Universidad Central de Venezuela, que da cuenta de esa diáspora forzada. Entre 2008 y 2017, 37.400 estudiantes abandonaron la institución.

En La Vega viven los resistentes


Stefani Sauquillo cursa 8º semestre de Comunicación Social, preside el Centro de Estudiantes y la Federación Venezolana de Estudiantes de Comunicación Social, dirige la revista Uniespacio y hoy no le alcanza lo mismo que gastó hace una semana para comprarse una hamburguesa en McDonalds. Todavía no quiere irse.

Este Gobierno que tiene 20 años, y yo que tengo 23, ha representado cosas que no vemos en el mundo. Vemos un mundo cada vez más globalizado, con nuevas tendencias, jóvenes que tienen más oportunidades en otros espacios. Y acá por un tema político y por la acción del Gobierno estamos limitados y en el pasado”, dice.

Daniel Benítez también es un universitario de 23 años, y para él vivir en Venezuela es sinónimo de complicación al límite. “Es una situación compleja para todos. Tener que despertarte todos los días pensando en qué vas a comer, cómo lo vas a conseguir, la situación del transporte, cómo llegar a tu trabajo o a tu casa al terminar la jornada universitaria y de trabajo, la crisis del efectivo”. Él no hace pausas para enumerar las carencias, está desesperanzado.

Solidarios

“Se hicieron 4 kilos de caraota, 3 kilos y medio de carne y 4 kilos de arroz. Cocinando desde las 7 de la mañana y a las 9 terminé. Está listo para servir y me siento complacida porque puedo ayudar a los niños de la comunidad. Y bueno, dándole gracias a Dios porque esta gente se dignó en fundar este comedor público”, relata Veda Salazar, una cocinera de 70 años, que vive en Caricuao, al suroeste de Caracas.

Veda tiene una nieta en Argentina y otra en Ecuador, pero ella se queda en Venezuela: “que Dios nos conceda el milagro”, dice. El mismo que espera María de Márquez, la que le prestó su cocina a Veda y su casa para instalar el comedor infantil que abastece el programa Alimenta la seguridad, de un grupo de jóvenes con aspiraciones políticas. Los chicos consiguen donaciones, ayuda de nutricionistas y les dan almuerzos a 1.200 niños en ocho barrios de escasos recursos de Caracas.

Chavistas y maduristas

El futuro de Venezuela lo veo bien. Los cambios son importantes. Todavía no hemos madurado en eso. Mucha gente no lo percibe porque se queja, porque no está acostumbrada a los cambios y quería seguir viviendo en la Venezuela que vivíamos anteriormente. Ahora vamos avanzando con tropiezos, sufrimiento y dolor, pero los cambios son buenos, así que espero y confío en Dios de que el cambio que viene para Venezuela va a ser con mucha prosperidad y abundancia”, dice Adriana Lira, de 50 años, comerciante, chavista y madurista.


La inseguridad en Caracas ha hecho que sus habitantes desarrollen estrategias para alertar sobre las zonas más peligrosas. Foto: Ginna Morelo, El Tiempo.

Su esperanza la comparte Darío Mujica, de 78 años, quien sostiene con la mano derecha la cédula y con la izquierda el carné de la patria. “A la oposición no le interesa Venezuela ni el futuro de nuestra patria”, dice en las afueras del Liceo Andrés Bello, sobre la Avenida Caracas.

El carné de la patria es la otra cédula de los venezolanos, cuyo objetivo principal es conocer el estatus socioeconómico de la población y agilizar el sistema de las misiones bolivarianas. Con él, dicen algunos, se pueden tener ciertos privilegios en el país de la escasez. El 20 de mayo, día en que resultó reelegido Nicolás Maduro con una polémica votación de 6 millones de sufragios, los que portaban el carné votaron primero.

Optimista

“Yo pensaba que la cosa iba a tocar fondo algún día. Pero no, siempre hay más posibilidades de que sea peor, cierra el relato coral José Sojo, el conductor que durante ocho días me transportó por Caracas. Él me llevó a lo más alto del barrio Cota 905, la zona más peligrosa de la capital, en donde no hay Dios ni ley, pero a donde llegan comida y medicinas periódicamente. Sin falta.


Mayo de 2018

Por: Ginna Morelo

@ginnamorelo

Ir al inicio

Caracas Sin Filtro

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.