Fiorella ya no volverá a la casa de su abuela

Fiorella ya no volverá a la casa de su abuela

El feminicidio número 20 del 2018 en Costa Rica fue el primero de una menor de edad en ese año.

Fiorella ya no volverá a la casa de su abuela

La joven murió el 16 de noviembre del 2018, dos días después de que un hombre de 22 años presuntamente le disparara en la cabeza.

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Juan Carlos Soriano

Por: Por Patricia Recio y Gustavo Arias
LA NACIÓN de Costa Rica - GDA
01 de febrero 2019 , 06:23 a.m.

Lucha Zapata recibió el 2019 con la esperanza de que su nieta Fiorella Venegas Soto, de 16 años, viniera a su casa a desearle un feliz Año Nuevo, pero Fiorella no llegó, nunca más llegará.

La joven murió el 16 de noviembre del 2018, dos días después de que un hombre de 22 años presuntamente le disparara en la cabeza.

El sospechoso, de apellido Madrigal, hoy en prisión preventiva, en apariencia era su “novio”.

—¿Usted es la abuelita de Fiorella?
—Sí, ¿qué es lo que pasa con mi Fiorella?
—Es que Fiorella se pegó un balazo y se mató.

(Si quiere oír una adaptación sonora de esta historia, puede hacerlo aquí:)

Así recuerda doña Lucha la llamada con la que empezó el martirio que vive su familia desde mediados de noviembre de 2018. Era miércoles, cerca del mediodía, cuando sonó el teléfono y le dijeron que su nieta se había disparado en la cabeza.

Sin entender qué pasaba, apuntó la dirección de la casa de un joven que no conocía, que ninguno de sus familiares conocía.

Cuando llegó al lugar, junto a la madre de Fiorella, la joven estaba tirada en la acera frente a la vivienda y la atendían paramédicos de la Cruz Roja.

“Me partió el alma ver a mi chiquita ahí tirada. Dije: ‘Dios dámele vida, Fiorella resista’, yo le hablaba a mi chiquita. Cuando ya me le estaba dando la Cruz Roja respiración vi un hombre bañado en sangre y yo le dije: ‘a mi chiquita ustedes la mataron porque ella no se ha matado sola, ella no se mató’”, recordó la abuela.

La autopsia preliminar le daría la razón a Zapata, la escena no se trataba de un suicidio. Por el contrario, todo indica que Madrigal –el hombre ensangrentado– le habría disparado a la joven dentro de una casa, luego la sacó a la acera y dijo que la menor había intentado suicidarse.

Fiorella Venegas luchó por su vida durante dos días hasta que murió el 16 de noviembre

El sujeto incluso le confesó a doña Lucha que tiró el arma en la parte trasera de su vivienda, donde ocurrieron los hechos. Se sospecha que Fiorella Venegas llegó allí tras salir del colegio y mientras hacía tiempo para encontrarse con su máma, con quien había acordado que iba a comprar ropa.

–¿Dónde está el arma? Fiorella no tiene ningún arma, le dije al hombre.
–No, el arma yo la agarré y la volé al otro lado’, me respondió.
–¿Sabe qué?, esto lo van a pagar, Fiorella no merecía esto, le dije.

Pese al impacto en la cabeza, la menor llegó con vida al Hospital San Rafael de Alajuela y de ahí fue trasladada al Hospital México, en San José, donde luchó por su vida durante dos días, pero finalmente murió el viernes 16 de noviembre.

19 feminicidios de menores en 6 años

El de Fiorella Venegas fue el feminicidio número 20 que registraron las autoridades de Costa Rica a lo largo del 2018, de un total de 24 casos.

La joven fue además la primera menor de edad en perder la vida ese año por su condición de ser mujer. Tres semanas después, otras dos menores también fallecieron por la misma causa.

Según datos del Observatorio de Género del Poder Judicial, desde enero del 2013 y hasta diciembre del 2018 se presentaron 145 feminicidios, de los cuales, 19 tenían menos de 18 años.

En esa cifra se incluye a menores de edad que murieron víctimas de sus parejas, a las hijas que fueron asesinadas junto a sus madres por el femicida y aquellas niñas que fallecieron tras una violación.

En Costa Rica, los feminicidios de menores, principalmente, están vinculados a relaciones sentimentales con mayores de edad, en las que se presentan disparidades cognitivas y económicas

El refugio de su familia

La madre de Fiorella está sentada en el corredor y mira fijamente hacia la calle. El padre en el patio y su hermano Fabricio, de siete años, están junto a la puerta en el suelo. En una esquina de la sala de la casa hay un altar con fotos de la joven y una biblia.

La única que habla es Lucha Zapata y con cada palabra sobre Fiorella estremece al resto de la familia, que escucha en silencio.

En esa casa se crió su “muñequita”, en el barrio Caro Quintero, un caserío levantado en un terreno donde el narcotraficante mexicano y fundador del cartel de Guadalajara, Rafael ‘Caro’ Quintero, tenía una antigua mansión.

Esa vivienda es también el refugio de toda la familia desde el día que ocurrió la tragedia, ya que los padres de la menor no soportan estar en la casa en el que vivían con la joven, a pocos metros del hogar de su abuela.

Doña Lucha recuerda que Fiorella subía todos los días la pequeña pendiente que separa las dos viviendas para despedirse de ella antes de ir al colegio y al final del día pasaba para darle las “buenas noches”. Incluso, muchos fines de semana se quedaba a dormir con ella.

Ella era única en mi vida, una niña cariñosa, muy alegre y humilde


“Más que una nieta, yo a ella la quería como a una hija mía. Ella era única en mi vida, una niña cariñosa, muy alegre y humilde”, describe entre lágrimas Zapata.

Según sus familiares, Fiorella era muy dedicada a los estudios y decidida a cumplir sus sueños. Uno de los últimos que logró fue ingresar a tocar violín en un programa de la Casa de la Cultura de Alajuela. Días antes de su muerte tuvo una de sus primeras presentaciones.

También deseaba graduarse de secundaria en 2019 y estudiar medicina forense en la universidad.

Sobre la supuesta relación con Madrigal, doña Lucha piensa que la inocencia y sencillez de su nieta pudieron haber sido aprovechadas por el presunto asesino para “enredarla”.

“Yo nunca en la vida había sabido nada de esa gente, ni de ese tipo, ni nunca le conocimos un novio, más bien nosotros hablábamos con Fiorella. Yo le decía: ‘mi amor, vea, ya usted tiene 16 añitos y si a usted le gusta algún chiquillo, que es normal en la adolescencia, tráigalo a la casa para conocerlo, para ver quién es. O sea toda la confianza’. Pero ella decía: ‘no abuela, para qué novios, abuela yo quiero estudiar’”, repite Zapata mientras ve una y otra vez las fotos de su nieta.

Decir que los días posteriores a la muerte de Fiorella son duros para su familia sería minimizar el impacto que tuvo la tragedia. El fallecimiento de la joven dejó a todos destrozados, sabiendo que nada volverá a ser igual y con la única esperanza de que pronto se haga justicia.

Yo me quedé aquí a las 12 de la noche esperando a que mi chiquita viniera a darme el Feliz Año, pero es imposible

Estas fechas que pasaron ya no hubo Navidad para nosotros, yo me quedé aquí a las 12 de la noche esperando a que mi chiquita viniera a darme el Feliz Año, pero es imposible. A veces yo espero que ella llegue, hablo con mi hija y es duro aceptar que ella ya no va a volver, es muy duro porque ni este, ni en todos los años que van a venir, Fiorella va a venir más”, relata Zapata lo que viven tras la muerte de su nieta.

Relaciones con mayores

En Costa Rica, los feminicidios de menores, principalmente, están vinculados a relaciones sentimentales con mayores de edad, en las que se presentan disparidades cognitivas y económicas, según explicó la coordinadora del Área de Violencia de Género del Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu), Ana Hidalgo.

“Las chicas pueden estar algunas de ellas creyendo que están en una relación de enamoramiento y no tienen instrumentos cognitivos, emocionales, ni psicológicos para discernir lo que es correcto o incorrecto en una relación, por consiguiente no pueden determinar si lo que están viviendo es una situación de violencia.

“Además, los niveles de dependencia económica y material son más grandes, porque muchas de estas muchachas que están en una relación impropia, no tienen recursos propios”, dijo Hidalgo.

Un 63% de las muchachas entre 15 y 17 años mantiene una relación con una persona mayor de edad


La ley costarricense castiga con penas de cárcel de entre dos y hasta tres años a los adultos que sostengan relaciones sexuales con adolescentes de 15 y 18 años, siempre que el adulto le lleve una diferencia de siete años. Cuando la víctima es mayor de 13 y menor de 15 años, se castiga con una pena de tres a seis años al adulto, siempre que la diferencia de edad sea de cinco o más años.

El Ministerio Público tramitó, durante 2017, 2.200 denuncias por el delito de “relaciones sexuales con persona menor de edad”. Esa cifra representa el doble de las causas tramitadas en el 2016.

De acuerdo con la III Encuesta Nacional de Juventudes –realizada entre finales del 2017 y enero de 2018–, un 63% de las muchachas entre 15 y 17 años mantiene una relación con una persona mayor de edad.

De ese 63%, un 52% tiene parejas entre los 18 y 24 años, 3,8% “anda” con hombres de entre 25 y 29 años y un 6% tiene parejas de más de 30 años.

Asimismo, según el Patronato Nacional de la Infancia (PANI), de los 14.000 nacimientos de adolescentes madres que se registran cada año en el país, un 88% son producto de relaciones con hombres mayores.

Más causas

Otros casos en que las menores terminan siendo víctimas, son cuando los feminicidas atacan a sus madres.

“Hay un riesgo concreto de que cuando el feminicida ataque, ataque también a los niños (...). Tal vez en Costa Rica no lo hemos visto, pero en otros países los hombres primero matan a los niños porque saben que esa es la forma más directa de hacerle daño a las mujeres".

En todos los casos de violación hay un riesgo acrecentado de que esta violencia pueda terminar en una muerte temprana

“Otros factores de riesgo que hay para las menores de edad es cuando un hijo trata de defender a su madre y en ese contexto muere”, declaró Hidalgo.

Finalmente, la violencia sexual es también un delito que en oportunidades termina convirtiéndose en un feminicidio.

La otra parte tiene que ver con la exposición a la violencia sexual, que en nuestro país es uno de los problemas más graves contra las niñas menores de 13 años. En todos los casos de un delito de violación hay un riesgo acrecentado de que esta violencia pueda terminar en una muerte temprana”, añadió la funcionaria del Inamu.

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