'¿Por qué cree que la mataron?: porque era mujer'

'¿Por qué cree que la mataron?: porque era mujer'

Entre 2003 y 2017, 2 menores fueron asesinadas cada mes debido a violencia de género en Argentina.

La mataron porque era mujer

Chiara Páez fue asesinada por su novio de 16 años. La enterró en el patio de su casa. Ese día su familia hizo un asado y lo sirvió, como de costumbre, en ese patio.

Foto:

Juan Carlos Soriano

Por: Brenda Struminger
LA NACIÓN de Argentina - GDA
01 de febrero 2019 , 06:23 a.m.

Chiara Páez jugaba al hockey, ayudaba en hogares para jubilados y discapacitados y tenía 14 años. Vivía en Rufino, un pueblo de 18.000 habitantes en la provincia de Santa Fe, cuando su novio, Manuel Mansilla, de 16 años, la mató y la enterró en el patio de su casa. Ese día su familia hizo un asado y lo sirvió, como de costumbre, en ese patio.

(Si prefiere escuchar una adaptación sonora de este texto, puede hacerlo aquí):

En la Argentina, según cifras de la Oficina de Violencia de Género de la Corte Suprema de Justicia de los últimos tres años, todos los días muere una mujer en contexto de violencia de género. Y de acuerdo con el registro de la ONG La Casa del Encuentro entre 2003 y 2017, dos menores de edad son asesinadas por mes en las mismas circunstancias.

Pero el caso de Chiara, tal vez porque era muy joven, o porque estaba embarazada, o porque los asesinos comieron en el lugar donde la enterraron, marcó un hito. La mataron en mayo de 2015 y su caso, uno de los cientos que hay cada año, impactó en la opinión pública con fuerza inusitada. Primero por su desaparición durante dos días. Después, por el hallazgo de su cuerpo. El impacto fue tal que la noticia rebotó durante semanas en los medios de comunicación y disparó la primera marcha de Ni Una Menos.

Convocada a través de las redes sociales, la manifestación se celebró el 3 de junio de ese año en la Plaza de Mayo. Las organizadoras, un grupo de periodistas mujeres, esperaban una asistencia acotada y se sorprendieron cuando vieron que la protesta se había transformado en un evento multitudinario.

Durante una tarde de miércoles, 200.000 personas exigieron el cese de los femicidios y el cumplimiento de la Ley de Protección Integral Para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ámbitos en que Desarrollen sus Relaciones interpersonales (Ley 26.485). Promulgada en 2009, la norma también tipifica los tipos de violencia de género, ofrece servicios de salud, ayuda económica, asistencia legal y laboral o la facilitación de alojamiento cuando sea necesario y ordena crear un Observatorio de Violencia hacia las Mujeres.

El caso de Chiara, tal vez porque era muy joven, o porque estaba embarazada, o porque los asesinos comieron en el lugar donde la enterraron, marcó un hito

Desde ese año, las cifras de femicidios continúan estables y cada aniversario del 3 de junio hay una nueva marcha de Ni Una Menos, que se transformó en un movimiento regional. Pero también se celebraron Paros de Mujeres (cesaron sus tareas para evidencias su importancia en el sistema económico) y Miércoles Negros (se vistieron de luto como símbolo contra la violencia). Además tomaron mayor impulso las fechas tradicionales de lucha por los derechos de las mujeres, como el Día Internacional de la Mujer o los Encuentros Nacionales de Mujeres.

En cada protesta la familia de Chiara está presente, aunque en distintas ciudades. Su padre, Fabio Páez, hoy pasa sus días en la ciudad de General Alvear, Mendoza, a más de 500 kilómetros de Rufino, donde aún vive su familia. Se mudó meses después del asesinato de su hija, en diciembre de 2015, casi obligado por dos episodios de potencial violencia:

“Ese año, después de que mataron a Chiara, otra de mis hijas se encontró con uno de los familiares del asesino”, cuenta. “Estaban en la terminal de Rosario y a ella, verlo le hizo muy mal. Mi reacción fue irme directo a la casa de ellos. No sé qué iba a hacer, solo fui. Pero por suerte no estaban. Dios me iluminó”. En ese momento pensó en mudarse, pero se quedó. Poco después, su hijo menor le dijo que cuando tuviera edad suficiente, iba a matar a Mansilla. Tenía 9 años. “Me di cuenta de que los chicos estaban creciendo intoxicados y decidí llevármelos lejos”. Desde entonces vive en General Alvear, en Mendoza, a 600 kilómetros de su casa.

Mi hijo menor me dijo que cuando tuviera edad suficiente, iba a matar a Mansilla. Tenía 9 años. Me di cuenta de que los chicos estaban creciendo intoxicados y decidí llevármelos lejos

La familia del asesino también se mudó y ya no se los ve en las calles del pueblo. Viven en Venado Tuerto, a 100 kilómetros de Rufino, pero Páez no piensa regresar. Al menos por ahora.

Cada mes, Páez recorre la ruta que lo lleva de vuelta a Rufino para hacer trámites laborales, ir al médico y ver a su familia. Su vida, de alguna forma, transcurre aún en el calmo pueblo que hace cuatro años se sacudió con la muerte de su hija.

Mansilla, el femicida, recibió una condena a 21 años de prisión en 2017. Pero Páez, el principal impulsor del juicio junto a la madre de Chiara, aún reclama Justicia. Recientemente hizo un petición para que el asesino, que está preso en una comisaría, sea trasladado a una cárcel. Además, está convencido de que el joven recibió ayuda para cometer el asesinato y enterrar el cuerpo. Sostiene que la madre, el padrastro y los abuelos de Mansilla, aunque se encuentran bajo investigación, fueron cómplices y también deberían ser condenados y estar presos.

Una mañana lluviosa Páez recorre Rufino a bordo de su camioneta. La escuela a la que asistía Chiara, el campo donde jugaba al hockey, la casa donde vivía y la esquina donde le presentó a su papá, de lejos, a su novio, Manuel. “Es él”, le dijo. Esa noche se saludaron con la mano. Fue la única vez que se vieron.

Su ausencia está en todos lados, está siempre

Está ventoso, pero hace calor en el pueblo del interior santafecino. Aquí las principales actividades están relacionadas con el campo y las rutinas rara vez cambian; el recorrido termina en la casa de Graciela, la hermana de Páez, donde todos los portarretratos del living muestran a Chiara. Las fotos les recuerdan cada vez la personalidad “mandona” de la adolescente, que odiaba salir de noche y prefería quedarse a cenar con amigas y levantarse temprano. Pero sobre todo, les recuerdan cómo cambiaron las reuniones familiares desde que la mataron. En Año Nuevo y Navidad, sus primos, sus tíos y sus abuelos se saludan con un gesto, pero no brindan, las risas ya no abundan y los llantos asoman inesperados. “Su ausencia está en todos lados, está siempre”, dice la tía de Chiara desde su living mientras mueve la cabeza de un lado a otro, como negando, con los ojos celestes empañados.

La peor expresión de la violencia de género, el femicidio, no distingue por edades y el porcentaje de víctimas menores de 18 años en la Argentina es alto. La Casa del Encuentro, pionera en el rastreo de datos sobre violencia de género, registró 140 femicidios de menores de edad entre 2013 y 2018 a través de un estudio basado en información de los medios de comunicación. La mitad fueron asesinadas en sus propias casas o en la de los victimarios. Y el 30% había sufrido otros tipos de violencia de género. Además, en el 30% de los casos, el femicida fue el padre o el padrastro.

Hoy Páez, productor agropecuario, exjugador de rugby de manos y cuello robustos, está al tanto de los casos más recientes de violencia de género. Sabe de memoria las cifras, las edades de las víctimas, si fueron abusadas y las zonas donde las mataron. Nunca hubiera imaginado que se transformaría en un experto, ni que participaría a diario de una organización de familiares de víctimas llamada Atravesados por el Femicidio, que brinda asistencia y contención e impulsa medidas en el Congreso Nacional. “Hoy hay 300 femicidios por año. Bueno, que el año que viene sean 200 y el otro, 100”, dice como quien explica por enésima vez algo lógico. “Nunca va a ser cero. Pero al menos que baje”.

En cada viaje a Rufino, visita el cementerio donde está enterrada su hija y se pregunta por qué la mataron. Pero cuando le preguntan a él: “¿Por qué cree que la mataron?”, responde sin dudarlo: “Porque era mujer”.

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