Voces vivas: una base de datos para escuchar a los que no desisten

Voces vivas: una base de datos para escuchar a los que no desisten

Los periodistas del país invitan a escuchar, respaldar y proteger a los defensores amenazados.

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Periodistas apoyan Voces Vivas

54 periodistas de diferentes medios de comunicación aceptaron unirse a Voces Vivas para decirle a los defensores de derechos humanos #NoTeRindas. Unidad de Datos.

Por: UNIDAD DE DATOS
19 de marzo 2019 , 09:04 a.m.

En medio del clima de desesperanza que recorre la nación, todavía hay quienes persisten en liderar causas y poner su palabra en lo público para gritar lo que hace falta: cuidar la vida y la naturaleza, respetar y dignificar a las mujeres y las minorías, encontrar a los perdidos, mejorar la calidad de vida, implementar la Ley de restitución y el Acuerdo de Paz, estudiar.

En la Unidad de Periodismo de Datos de El Tiempo recopilamos sus voces para guardarlas en un repositorio digital que es la primera base de datos auditiva de los defensores amenazados en el país. Un esfuerzo por acercarnos que es incipiente ante la cantidad de colombianos que viven la intimidación, pero que ya amerita empezar a compartirlos.

La mayoría de los 54 defensores de la base de datos sonora son comunitarios (12), es decir que sus funciones son variadas y están destinadas a reclamar los derechos y el bienestar de una comunidad específica: Tibú en Norte de Santander, La Tebaida en Quindío, Argelia en Cauca o Ibagué en Tolima. Pero también en colectividades más concretas, como una o dos comunas de Medellín, un corregimiento de Yopal o un cabildo indígena en Tierralta.

Esta categoría merece especial atención porque los liderazgos ejercidos en el entorno comunitario van desde la veeduría ciudadana y la reclamación de los derechos de las víctimas del conflicto armado hasta la defensa de los ciudadanos por abusos policiales y actores armados.

La amenaza en estos casos llega por una de muchas de las labores de las que se encargan y, de cumplirse, dejaría a la comunidad sin la voz que les transmite la ley, promueve la sostenibilidad, cuida los dineros públicos, busca opciones de educación y recreación y/o los acompaña a reclamar derechos a la salud, la participación en la planificación del territorio, el acceso a los servicios básicos y la infraestructura adecuada.

Los colombianos que se apropiaron de la defensa del territorio (9) son el segundo renglón de amenazados. Ellos y ellas se exponen en zonas alejadas del centro del país: Riohacha en La Guajira, San Andrés en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, Caloto, Guachené y Suárez en Cauca, Tumaco en Nariño y Puerto Libertador en Córdoba.

Se pudieron obtener voces desde 38 municipios, ubicados en 23 de los 32 departamentos del país: los nueve faltantes son los de la región amazónica y su ausencia genera preguntas sobre si la seguridad cobija a los colombianos allí donde los medios no alcanzamos a llegar. Tres de los defensores entrevistados solicitaron la reserva de sus nombres.

¿Cómo son los defensores?

Este acercamiento inicial ya permite entender que las necesidades del país son diversas, como diversos son quienes las combaten. Hay hombres (38) y mujeres (16) desde los 26 hasta los 75 años. Son campesinos, afrodescendientes, indígenas, isleños, citadinos. Algunos sólo llegaron hasta la primaria (7) y otros son profesionales (8), especialistas (6) y magíster (5).

Los hay docentes (4), abogados (2), administradores (2) o de carreras relacionadas con la tierra (4), pero también aparecen dos filósofos, un médico pediatra, una profesional en negocios internacionales e idiomas y un electricista.

Deidania Perdomo, por ejemplo, lidera la búsqueda de los desaparecidos en el Meta y es técnica en procesos judiciales con énfasis en criminalística forense.

Nadie está a salvo

Los grupos armados organizados son el principal factor de terror en el país, entre los testimonios de estas Voces Vivas hay casos tan difíciles como el de una mujer que quiso desyerbar una antigua cancha de fútbol rural, para hacer un torneo de fútbol con los niños de su comunidad, y terminó desplazada, violada y quemada con ácido, porque dejó al descubierto un escondite del narcotráfico.

Pero también hay casos como el de María Soto Sierrra, que nació al lado del páramo de Ocetá, en Boyacá, y es perseguida por saber que las vacas están consumiendo la vida de esa montaña donde nace el agua. Ya le quemaron su lugar de trabajo dos veces y en este momento está asustada por su hija, pero ella no teme a los grupos armados, sino al gremio de la ganadería.

Así también hay líderes de restitución de tierras que le temen a las agremiaciones de monocultivos, defensores del territorio que se enfrentan a grandes mineras, colombianos que tienen miedo por denunciar la corrupción institucional o que esperan una retaliación de la fuerza pública después de denunciar abusos de poder de algunos de sus miembros.

En palabras llanas: nadie se siente a salvo y no es un problema sólo de la delincuencia organizada y los actores armados.

¿Cómo es la protección?

Los colombianos en peligro cambiaron su cotidianidad para autoprotegerse: hay sindicalistas que no viven con su familia; veedores de juntas de acción comunal que ya no salen a comer a un restaurante, que no pueden sentarse en el parque de su pueblo y comerse un helado; lideresas de tierras que llaman a alguna ONG cuando los armados apedrean su casa, rompen los vidrios y disparan; defensores del territorio ancestral que fueron desplazados y hasta han pedido exilio fuera del país.

Es una vida atravesada por el miedo de que alguien llegue en la noche, de que un robo no sea sólo eso, de que las intimidaciones alcancen a sus seres queridos.

En este contexto ¿qué debería englobar la idea de seguridad?: 25 de los 54 defensores entrevistados cuentan con alguna medida por parte de la Unidad Nacional de Protección (UNP), estas medidas van desde un subsidio de transporte, un GPS, un celular con minutos, un botón de pánico, un chaleco antibalas, implementos para la Guardia Indígena o un escolta sin carro, hasta dos escoltas y una camioneta blindada.

La UNP no tiene recursos ni capacidad para administrar medidas a todos los colombianos que sufren asedio, pero todos merecen tener su vida salvaguardada. Ante esta escalada de violencia ¿cómo protegerlos?, ¿cómo garantizar que las balas no serán la respuesta para ningún reclamo pacífico en el país?

Voces Vivas es un homenaje a las tareas adelantadas por colombianos y colombianas sin armas. Un reclamo por su vida. Un abrazo antibalas que enviamos hasta donde su mano alzada todavía sostiene la esperanza.


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