El triunfo de las voces otoñales

El triunfo de las voces otoñales

Sting, Burt Bacharach y Grace Jones ratificaron su vigencia en el Curazao North Sea Jazz Festival.

Sting y Shaggy

Sting y Shaggy en el Curazao North Sea Jazz Festival.

Foto:

Cortesía del festival

Por: Armando Neira
06 de septiembre 2018 , 10:51 a.m.

En estos tiempos, la prioridad es someter a los artistas para triunfar en el efímero mundo de las redes sociales. Por eso es placentero ver a una multitud aplaudir en el escenario a mujeres y hombres de pelo plateado, de frente surcada por multitud de finas arrugas y de poderosas voces que se escuchan desde antes de la invención de internet.

Ocurrió en la reciente edición del Curazao North Sea Jazz Festival, realizado el pasado fin de semana en esta isla de las Antillas holandesas. Miles se pusieron de pie para aplaudir a Grace Jones, Sting y Burt Bacharach, leyendas que a pesar de haber alcanzado el éxito décadas atrás siguen planificando el mañana.

Brillar en un encuentro así no es fácil. En el variopinto cartel también estaban, entre otros, Patti Labelle, Kamasi Washington, Michel Camilo, Christina Aguilera y los colombianos Silvestre Dangond y Carlos Vives. Y además, con los días que corren, un puñado de reguetoneros a quienes impulsa una formidable maquinaria de la industria musical.

¿Puede el exquisito Burt Bacharach, nacido en 1928 en Kansas City, hacerse escuchar entre la estridencia de Daddy Yankee que repite, una y otra vez, que “a ella le gusta la gasolina”? En el Curazao North Sea Jazz Festival sí. ¿Por qué?

La respuesta pasa por la puesta en escena de este encuentro anual. Hay un escenario central, el Sam Cooke, con una explanada del tamaño de la plaza de Bolívar de Bogotá. A solo cien metros, un auditorio, el Celia, similar al Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, entapetado, con aire acondicionado y sillas acolchadas; y a 300 metros de allí, el Sir Duke, del tamaño de la cancha del estadio El Campín, junto a la playa.

En cada uno el sonido es impecable y la programación se cumple con rigurosidad. Los artistas empiezan y terminan a la hora programada. Así, el público va de tarima en tarima, entre amplios espacios con casetas de buena comida, refrescos y bebidas con alcohol. Muchos consumen vino en copas de vidrio que excepcionalmente terminan contra el piso. Al fin y al cabo se trata de ir a gozar de una velada imborrable.

No se trata de un concurso, pero es evidente que el público tiene una conexión especial con los mitos. Sting, Grace Jones y Burt Bacharach conmueven. “Son artistas tocados por un talento extraordinario y al que le han sumado una férrea disciplina cotidiana”, dice Emilio Sánchez Salamanca, un curtido y joven melómano de todas las horas.

“Es el triunfo de la nostalgia, de las voces otoñales y extraordinarias”, agrega Javier Rodríguez de la emisora Cámara FM de Medellín. Explica que en el pasado a los artistas los median por su talento, el tono, el color y la potencia de la voz. “Ahora el mercado busca gente con buena pinta, a la cual se le añade una coreografía y un equipo de ingenieros de sonidos que armados de su computador hacen la tarea. En el presente, la voz es lo de menos”.

Aquellos tiempos en los que la siempre rebelde Grace Jones decidió abandonar el exitoso y muy bien pagado trabajo del modelaje para arriesgarse a probarse frente a un micrófono ya no volverán. Quienes vieron su imponente y sensual figura quedaron arrasados por ese huracán que brotaba de su garganta.

Su voz la convirtió en una figura imprescindible de Studio 54, la discoteca de Nueva York donde en una noche se pasaba del cielo a un gozoso infierno. “Empezaba la función y nos perdíamos en un viaje de drogas, sexo y alcohol”, revelaría ella misma.

El local vivió su esplendor desde su apertura el 28 de abril de 1977 hasta su clausura en marzo de 1986. ¿Y ahora qué? Pues en Curazao la artista jamaiquina de 70 estuvo magistral. Bailó, cantó, movió sus caderas y dijo: “¡Aquí estoy!”. “Su presentación fue soberbia”, dice Juan Carlos Garay, de la Radio Nacional de Colombia.

Ahí va Carlos Vives

Para este crítico musical, hoy escasean en la industria de la música unos valores que anteriormente eran inexorables como, por ejemplo, el virtuosismo. “Cuando uno viene a este tipo de certámenes es natural que en su integridad haya que elegir. Todos somos subjetivos, pero tenemos criterio, y uno termina yendo a ver a aquellos con los que hay más afinidad, y aquí, otra vez, las leyendas se impusieron”, expresó.

Estos artistas entregan el testigo a sus colegas que les siguen las huellas que pasan por el trabajo duro y parejo. En este contexto, son evidentes, como se vio en su presentación, las virtudes que ha ido moldeando sin tregua Carlos Vives. De 57 años de edad, el samario se reinventa en cada trabajo. Un logro admirable si se tiene en cuenta que el álbum con el que entró a internacionalizar el vallenato, Clásicos de la provincia, cumple un cuarto de siglo.

Desde entonces, vuelve y sorprende. “Me consta –dice Sánchez Salamanca, una de las estrellas de Los Originales de La FM, que Carlos es una persona superdisciplinada. Es muy profesional. El cuidado y respeto que tiene de su cuerpo es admirable”.

Según el musicólogo, los artistas que están por encima del promedio y brillan entre las estrellas son como los grandes actores. “Tienen claro que su instrumento de trabajo es el cuerpo, y por eso se esmeran en su cuidado”. Podrán perderse en la rumba, pero luego deberán recuperarse.

Es el caso de Burt Bacharach, quien mantiene una presencia envidiable. A su edad, naturalmente, no tiene el timbre de voz para dar un concierto, pero se sienta ante el piano y entre canción y canción de jóvenes miembros de su banda, salpica con deliciosas anécdotas.

Una propuesta similar hace Sting, quien, consciente de que los tiempos de The Police ya no volverán, trazó una sociedad revitalizadora con Shaggy.

A ritmo de reggae, vuelve a recordar por qué él está en la lista de los mejores de la historia. A sus 66 años, se divierte como un adolescente haciendo pilatunas con su bajo.

Una brisa fresca corre por la paradisíaca isla de Curazao. En el escenario, con sus piernas largas, sus brazos bien tonificados, su sonrisa luminosa, Grace Jones canta con un vestuario ceñido, como un traje de baño. ¿Cuál mujer no desearía llegar así a los 70 años? La noche se va, llegará un nuevo día, y ella volverá a una agotadora rutina de ejercicios. Un 1 % de inspiración y 99 % de transpiración. Es el triunfo de la disciplina.

ARMANDO NEIRA
EDITOR DE CULTURA - EL TIEMPO (CURAZAO) @armandoneira

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