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'De Pamplona a Waterloo' en El Caldero de Sancho
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'De Pamplona a Waterloo' en El Caldero de Sancho

Salsamentaria Alemana y Le Grand en la crítica gastronómica de EL TIEMPO.

Tengo un primo político –que no es político, por cierto– que suele sorprenderme con unos jamones y unos chorizos con el sello de la Salsamentaria Alemana que trae de su tierra, Pamplona, que es la misma de mi madre. Voy a decir que son incomparables, y aclaro que no quiero decir con eso que sean los más sabrosos, porque ahí entra el gusto de cada quien. Pero es cierto que tienen un sabor que llama la atención de inmediato, que se notan en estos productos lo artesanal, la tradición, lo cuidado de las recetas.

Tal vez se deba a que su creador, un alemán que llegó a Norte de Santander a mediados del siglo pasado y que aún sigue al frente del cañón, trajo las fórmulas de su tierra, en donde la familia tenía una fábrica de embutidos, cuya mayor gracia era que conocían el secreto –¡que lo sigue siendo!– para sacar los mejores sabores que ofrecen las carnes con las que se preparan, sin recurrir a aditivos.

(Puede interesarle: La historia de una marca: Cinco Jotas el jamón que transformó la gastronomía de España).

Y se ha negado don Wolfgang Bochmann –así se llama este hombre que empezó a trabajar con jamones y chorizos a los 14 años– a utilizar las harinas, los químicos y los saborizantes a los que tanto se acude hoy en día para la fabricación de embutidos, convencido de que lo fundamental para lograr un buen producto es utilizar materias primas de la más alta calidad. Y eso se nota desde el primer bocado.

Salsamentaria Alemana. Tel.
315 8315015.

Dos confesiones en una: confieso que nunca me ha entusiasmado de manera especial ese plato clásico –por cierto, muy servido en tiempos de Navidad– llamado lomo o solomillo Wellington, cuya característica principal es su envoltura en hojaldre.

Se dice que lleva este nombre porque se creó para homenajear al duque de Wellington por haber derrotado a Napoleón en la batalla de Waterloo. De esta preparación existen muchas versiones y adaptaciones, y debo confesar –y aquí va la segunda– que fui en estos días a conocer el restaurante Le Grand, probé el Wellington de brie con tocineta ibérica y confitura –que alguno de mis acompañantes pidió al centro de la mesa para compartir– y me fascinó.

Por cierto, hay en la carta con acento francés de este restaurante recién llegado a la escena bogotana unos cuantos platos a los que vale la pena echarles el ojo: el jarrete de cordero o el chateaubriand con salsa de setas y trufas, por ejemplo. Bienvenido, Le Grand.
Le Grand, calle 92 n.º 10-89 / Tel. 320 9990404.

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