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'Retrocedimos años': Bruce Mac Master, presidente de la Andi
Bruce Mac Master - BOCAS 108

Bruce Mac Master es el presidente de la Andi (Asociación Nacional de Industriales) desde 2014.

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Revista BOCAS

'Retrocedimos años': Bruce Mac Master, presidente de la Andi

Bruce Mac Master es el presidente de la Andi (Asociación Nacional de Industriales) desde 2014.

Bruce Mac Master habló con BOCAS sobre la crisis de la pandemia, del populismo y del Paro Nacional.

Lo que más se nota al llegar a la sede de la Andi, en el norte de Bogotá, es el silencio. Es un miércoles poco antes del mediodía y la agitación usual del gremio más importante del país ha quedado en el recuerdo, por cuenta de la pandemia.

Tan solo una persona se encuentra en su oficina. Se trata de Bruce Mac Master, el presidente de la entidad, quien decidió volver mucho antes de que sea claro cómo será la rutina cotidiana una vez disminuya el nivel de alarma atribuible al tercer pico de contagios.

Es precisamente el covid-19 el que lo tiene más ocupado en ese momento. La razón es el comienzo de la campaña de vacunación impulsada por el sector privado, destinada a un millón y medio de trabajadores de todas las edades y financiada enteramente por compañías de diversos tamaños.

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Organizar la logística de asignar cupos y distribuir dosis no es fácil, pero a este cartagenero, egresado de la Universidad de los Andes y quien se define como emprendedor social, le gustan esos retos. A lo largo de su vida profesional, como economista joven, banquero de inversión exitoso, viceministro de Hacienda, director del Departamento de la Prosperidad Social o dirigente gremial desde el 2014, se ha metido en temas complejos que normalmente saca adelante.

Esta vez lo movió la certeza de que las empresas podían ayudar en la solución de una crisis sanitaria que ocasionó la peor recesión desde cuando en el país existen estadísticas confiables y derivó en un aumento sin precedentes de la pobreza. Su insistencia no dejó de levantar ampollas y crear tensiones, pero esta vez también se salió con la suya.

Así sucedió con la reforma tributaria en manos del Congreso, cuyos principales elementos se parecen mucho a los presentados en abril como alternativa viable, cuando Alberto Carrasquilla radicó una propuesta que desembocaría en el paro nacional del 28 del mismo mes. A propósito de las movilizaciones, piensa que estas fueron una gran oportunidad de impulsar cambios, pero que el movimiento acabó desdibujándose, con lo cual todos los involucrados acabaron perdiendo.

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No hay duda de que le preocupa la política y, sobre todo, que en Colombia soplen los vientos del populismo. Dice que durante la próxima campaña electoral no dudará en llamar las cosas por su nombre y alertar sobre las malas ideas, las mismas que al comienzo suenan atractivas, pero que a la larga han causado tantos estragos en el vecindario.

Ciclista, melómano, papá dedicado, es evidente que a Mac Master le gusta lo que hace y que se siente cómodo en el rol de representar a los empresarios. Su antecesor, Luis Carlos Villegas, duró 17 años en la Andi. Bajo ese parámetro, este “cartacachaco” que extraña el mar y ama las montañas, todavía no llega a la mitad del camino. Pero, por ahora, su preocupación inmediata es otra. Ayudar a que el país le gane la pelea al coronavirus.

Bruce Mac Master, presidente de la Andi, habló con BOCAS de cómo la vacunación impulsada por el sector privado es decisiva.

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Pablo Salgado

¿Cuál fue el propósito de impulsar la vacunación por parte del sector privado?

Una de las grandes preguntas que nos hemos hecho con los afiliados de la Andi es ¿qué es lo que hay que hacer? Tratar de concentrarnos en los temas que hacen la diferencia hoy en día. Y lo más concreto ahora es la vacunación, porque cambia la ecuación. El Gobierno en Colombia comenzó un programa ambicioso que busca inocular a más de 37 millones de personas. Y aunque este se ha venido acelerando y estamos en tercer lugar en las clasificaciones regionales, el reto es grande desde el punto de vista de la logística o lo económico. Por eso buscamos darle más velocidad, porque entendemos que lograr la inmunidad colectiva más temprano que tarde nos mejora la vida a todos. Nos queda la frustración de haber fallado con el autocuidado, algo en lo cual insistimos a través de una campaña muy “mockusiana”, usando tarjetas de colores, pero el asunto se politizó y acabamos todos pagando las consecuencias.

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La propuesta de vacunar tuvo resistencias…


Nos encontramos, sí, con que al principio no fue bien recibida la idea y que algunos la consideraron exótica. Entendimos que la oferta de vacunas era limitada en un comienzo, ante lo cual dijimos que cuando dejara de serlo, queríamos participar. No tengo duda de que este apoyo tiene unos beneficios intangibles grandísimos, que comienzan con la disminución de la angustia, para no hablar de las vidas salvadas. Esto vuelve y demuestra que la pandemia no es un tema unidimensional, sino multidimensional. Desde el comienzo dijimos que este no era solo un problema de salud, sino que se convertiría en uno económico y uno social. Al final, eso fue lo que pasó.

¿La actitud de algunos alcaldes o funcionarios ya cambió?

Sin duda, aunque perdimos mucho, hablando colectivamente. Pero si con esto logramos ganarnos unos meses para que la sociedad opere normalmente, se generen oportunidades de empleo y muchas familias vean subir sus ingresos, el costo que las empresas están asumiendo con la compra de vacunas se justifica con creces.

¿Cómo ve una Colombia postpandemia o con números muy inferiores a los observados?

La nueva normalidad en un país como el nuestro estará mediada por muchos otros problemas y nuevos retos. Para comenzar, vamos a aterrizar en el proceso electoral más complejo de los últimos tiempos, dado todo lo que ha sucedido en estos meses. Ahora el desafío es tratar de evitar la radicalización, las noticias falsas o que las redes sociales nos antagonicen. De manera que no van a ser días fáciles y eso exige que sectores como la academia, los empresarios o los líderes sociales deban jugar un papel muy importante, que consiste en navegar por una realidad distinta. Realidad que, por cierto, va a ser diferente no solo en Colombia, sino en todas partes.

Bruce Mac Master es uno de los cinco grandes personajes de la edición 108 de Revista Bocas (julio/agosto 2021), en la que el ciclista esloveno Tadej Pogacar es portada.

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Revista BOCAS

¿Qué salvaría de la virtualidad que afectó la manera de trabajar?

Le encuentro muchos valores. Tal vez lo malo es que fue obligada y a las patadas. Si nos hubiésemos preparado mejor, el ajuste no habría sido tan duro, pero eso es pensar con el deseo. Claramente, teníamos un retraso grande en apropiación de herramientas digitales, incluso en áreas como la educación. Dimos un salto cuántico. Ahora, si vamos a seguir parcialmente por ese camino, tenemos que organizarnos. Entre otras porque vale la duda sobre si somos mejores estudiantes o trabajadores en la virtualidad, y más en una sociedad que no es tan disciplinada como otras.

Ver que la cifra de pobreza no está tan lejos de la de comienzos de siglo muestra que en cuestión de meses retrocedimos años

¿Hay nostalgia del mundo de antes?

Sin duda. Por una parte, no teníamos tantas incertidumbres como ahora. Por otra, lamento esa pérdida tan grande en términos de avances sociales, que en nuestro caso es dolorosísima. Ver que la cifra de pobreza no está tan lejos de la de comienzos de siglo muestra que en cuestión de meses retrocedimos años. Esas pérdidas en empleo o equidad me producen una angustia muy grande. Lo otro es el temor que nació de constatar lo vulnerables que somos como personas y eso desemboca en una falta de seguridad sobre lo que puede traer el futuro.

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Pasemos al tema político. Parecería que la pandemia aceleró ciertos procesos. ¿Cuál es su visión?

Así fue, aunque esa aceleración no se produjo en todos los ámbitos. Por ejemplo, los partidos políticos no se dieron cuenta de que esto estaba pasando y siguen muy desconectados, en el sentido de atrasados, rezagados. Cuando en el 2018 el movimiento estudiantil se despertó, tuve oportunidad de reunirme con dirigentes estudiantiles que habían sido mis compañeros en el Consejo Nacional de Paz, líderes jóvenes que estaban surgiendo, y la sensación que tuve era que estaban pasando cosas buenas. Tener jóvenes interesados activos es muy valioso. Veo por otro lado a líderes políticos defendiendo sus propios intereses, pensando solo en la reelección o hasta en negocios. Me impresionó que, durante el paro nacional de abril y mayo, el Congreso no tuvo ningún protagonismo, lo cual muestra su ausencia.

¿Qué apreciación tiene de los estudiantes en las calles y más activos a la hora de protestar?

Me parece una muy buena noticia. Es muy valioso abrirles espacios para opinar. Sin embargo, si se permite que el ambiente se vuelva anárquico, se pierde esa oportunidad. Por eso es tan importante que las instituciones se transformen, porque de lo contrario veo más confrontaciones. Cuando las sociedades van a una velocidad y el Estado a otro, lo que se produce son grandes choques o, en el mejor de los casos, grandes embudos incapaces de tramitar todas las demandas al tiempo.

¿Esa figura volvió a verse esta vez?


Claro. Mi teoría es que después de los movimientos del 2018 vino el paro nacional de noviembre del 2019, el cual no se tramitó y no tuvo realmente una salida, la pandemia lo durmió temporalmente. A estos movimientos hay que darles un espacio para que haya un cauce que pueda correr. Creer que eso había quedado cerrado nos llevó a la situación de hace unas semanas cuando vimos un represamiento que venía de antes, combinado con los daños dejados por la pandemia. En resumen, los temas pendientes quedaron a fuego lento y les pusimos una tapa encima debido al virus, que solo elevó la presión. Entonces vimos un descontento repotenciado, alrededor de la pérdida de bienestar de tantos.

La mayoría no vio venir esa explosión…

Algunos nos preocupamos. Advertimos que venía una erupción alrededor de una mala reforma tributaria desde comienzos de abril. Hay quienes piensan que esto de las manifestaciones iba a suceder sí o sí. Yo no lo creí ni lo creo. Esa fue la razón por la que presentamos unas ideas para recaudar impuestos sin extraerle recursos a la gente que quedó en una tenaza por cuenta de la propuesta de subir el IVA y el gravamen de renta. Fue un gran error pensar que los afectados iban a aceptar dócilmente que se les agravara su condición económica.

Mac Master es cartagenero y economista de la Universidad de los Andes. En esta entrevista de Bocas habló sobre el populismo, la polarización política del país y el Paro Nacional del 2021.

Foto:

Pablo Salgado

Me impresionó que, durante el paro nacional de abril y mayo, el Congreso no tuvo ningún protagonismo, lo cual muestra su ausencia

Pero eso olvida que la iniciativa buscaba darles más recursos a quienes están en el 40 por ciento de la población más pobre…

No hay duda de que los líderes del paro se concentraron hábilmente en contar la reforma de los impuestos y no la de los programas sociales. De ahí que sea tan importante que en el proyecto de ahora sean las empresas las que asuman la carga, porque el palo no está para cucharas.

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Eso no esconde que la legislación tributaria merezca una cirugía de fondo, algo que ha quedado pendiente ahora. ¿No cree?

Esa afirmación es válida desde hace tiempo. Quizás si nos devolvemos a 1990 el diagnóstico hubiera sido igual al actual, en lo que respecta a los desequilibrios entre lo que pagan las personas naturales y jurídicas. Pero, ¿por qué alguien creyó que este era el momento para hacer esa cirugía, justo cuando el país estaba en el comienzo de otra ola de la pandemia? Que ese oficio hay que hacerlo, no tiene discusión, pero es obligatorio pensar en el cómo y no hay una buena respuesta todavía. Con lo que nos quedamos fue con un costoso error de mal cálculo político.

¿Podría describirse el paro como un pierde-pierde?


Terminó siendo así. El resultado habría podido ser diferente si la queja inicial deriva en respuestas rápidas y se hubiera aceptado la propuesta que hicimos, que es muy similar a la de ahora. De otro lado, el país tuvo la posibilidad de demostrar que la protesta es un buen mecanismo para lograr cambios. Pero no. Todo se terminó enredando porque algunos quisieron sacarle más provecho al paro y estirar más de la pita. Había hasta aquellos que pensaban que esta iba a ser la caída de la democracia. Cuando eso se produce, y el paro se vuelve un fin en sí mismo, perdió sentido. Los derechos de muchos se vieron afectados sin que nadie los remediara.

Salió muy golpeado el Estado…

Dentro de los perdedores están indudablemente las instituciones. Especialmente por el dilema que se plantea sobre dónde termina la protesta y dónde comienzan los delitos. Y esa discusión se ve afectada al verse que la Fuerza Pública comete abusos, lo cual le dio razones a la opinión nacional e internacional para decir que aquí se estaban violando derechos fundamentales. En ese debate, la Policía acabó inhibida para actuar y no reaccionó de la manera debida ante el vandalismo. Eso no puede ser, la sociedad requiere de su autoridad para funcionar. El hecho de que al cabo de varias semanas los bloqueos se extendieron y se establecieron territorios donde no podían operar los agentes estatales es consecuencia de esa inoperancia y de la presencia de oportunistas que vieron el resquicio de crear una buena cantidad de “caguanes”.

Hay quienes dicen que el mensaje de fondo es que cualquiera que desee soluciones o llamar la atención de las autoridades debe acudir a los actos de hecho. ¿Es así?

Lo que está presente es la idea en algunos de que esa es la única manera de lograr cambios, lo cual no es nuevo. Recordemos “el tal paro no existe” o los paros agrarios que buscaban que la gente comprara productos más costosos. En mis conversaciones con los jóvenes trato de darles un contexto histórico a las reivindicaciones que ellos hacen.

Por ejemplo…

Creer que aquí no se ha trabajado en reducir la pobreza. En mi caso dediqué a eso muchos años de mi vida profesional, y aunque siempre será válido discutir si se habrían podido hacer las cosas mejor, la verdad es que se consiguieron avances muy importantes. Ahora retrocedimos por una razón extraordinaria, pero es importante saber que hay una experiencia que es muy útil y que no todo se puede lograr.

Veo ahora a más empresarios hablando con libertad, incluso del tema político, algo que es absolutamente valioso

¿Como qué?

Como entregarles un salario mínimo a 30 millones de colombianos. Sacar 80 billones de pesos, que es casi el doble de lo que el país invierte en salud o le dedica a la inversión pública, sencillamente no es posible. Eso hay que contarlo y de ahí que sea tan importante el diálogo.

¿Y eso debería hacerse con o sin paro?

Sin duda. Necesitamos comunicación permanente, entre otras para entender que uno no puede solo pedir soluciones al otro, sino que hay que construirlas en conjunto. A fin de cuentas, las sociedades son grandes colectivos que construyen su destino. Todos tenemos necesidades que exigen esfuerzos en común para atenderlas, algo muy distinto a pensar que contamos con derechos, pero no con deberes.

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¿Pasa Colombia por una crisis de liderazgo?

La referencia que hice a los partidos políticos demuestra que sí. Y no se trata solamente de esas colectividades, de quienes llegan al Congreso o al Gobierno. Siempre uso como ejemplo una vez que un periodista muy conocido se quejó porque la Andi no había dicho nada sobre la polémica del parque del Japón en el norte de Bogotá. Evidentemente, eso es resultado de que esa persona no tenía a nadie que la representara en su barrio o en el propio Concejo distrital. La anécdota es menor, aunque envía la señal de que se requieren nuevos liderazgos, quizás rediseñados o reconfigurados.

¿Cómo convencer a la opinión de que las empresas son parte de la solución y no del problema?

Las encuestas recientes muestran que la mayoría se está convenciendo de que las empresas son esencialmente vehículos económicos dedicados a proveer un servicio o producir un bien. Cada vez más se reconoce que son también constructoras de oportunidades y empleo. Pienso que debemos trabajar más en mostrar que las empresas no son ricas, o pobres, como las personas. Confundir compañías y accionistas es equivocado. Por otro lado, la pandemia mostró que, a pesar de las restricciones, el sistema empresarial respondió con gran responsabilidad a la emergencia: no tuvimos problemas de abastecimiento, no se fue la luz ni el agua, no tuvimos congestión inmanejable en la salud. Además, cuando se dieron las restricciones y muchos se quebraron, la gente se dio cuenta de que si se cierran las empresas se pierde muchísimo y los empleos desaparecen. Si algo se puede rescatar de esta crisis es la conciencia de que a las empresas hay que cuidarlas.

Pero no todos opinan así…

La parte mala de esta historia es que políticamente ha sido rentable hacer populismo haciendo creer que ricos y empresas son la misma cosa. El reto, entonces, es evitar que hagan carrera estas manipulaciones y ante esa posibilidad es bueno recordar la experiencia de nuestros vecinos, con las consecuencias conocidas.

A los empresarios en Colombia se les acusa de tener un perfil excesivamente bajo. ¿Es válido eso?

Diría que cada vez menos. Aun así, todavía falta. Y lo que pasa es resultado de dos hechos. Uno, ese discurso polarizante que busca estigmatizar a quien ha tenido éxito en los negocios. Valga la pena decir que hay personas de izquierda que reconocen y respetan mucho más al empresariado que dirigentes que están en el centro del espectro político. Segundo, no podemos desconocer que las diferentes violencias llevaron a que muchos en el sector privado optaran por un bajo perfil para preservar su seguridad y la de su familia. Dicho eso, veo ahora a más empresarios hablando con libertad, incluso del tema político, algo que es absolutamente valioso.

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¿Qué tan alto es el riesgo de que el país escoja una opción populista?

Depende de los ciudadanos. Porque si una sociedad le da espacio al populismo, este prospera. Tengo claro que eso es complejo y más ahora en época de redes sociales y noticias falsas. Por eso habrá algunos que estaremos dedicados a señalar las falsedades y los intentos de manipulación.

¿Son válidos los escenarios catastróficos con respecto a Colombia?

Si uno recorre nuestros últimos años, encuentra siempre una versión según la cual íbamos para el despeñadero, algo que no ha pasado. Tal vez el cambio más fundamental es la catástrofe de la pandemia para América Latina, y tenemos que superarla. Pero a pesar de todas las imperfecciones de nuestra democracia, contamos con pesos y contrapesos. Aquí no va a ser fácil para nadie llegar a apoderarse del país, y amenazar la democracia: el sistema lo evita.

¿Qué razones hay para ser optimistas?

En Colombia no abandonamos el barco en momentos tan oscuros como el narcoterrorismo o la violencia guerrillera. Esa manera de ponerles el pecho a los problemas forma parte del ADN de nuestra personalidad colectiva. Siempre habrá quien sienta temores o quien se vaya a otro lado, pero yo miro los datos. Según una encuesta que hacemos, 60 por ciento de los empresarios dicen que van a aumentar sus inversiones en Colombia en los próximos meses. Muy poca gente se baja de la nave. Y eso hace toda la diferencia del mundo.

¿Esta pandemia qué tanto afectó su bolsillo?

En general, la pandemia tuvo grandes efectos económicos sobre todos, muchos negocios afectados, menor valor de los ahorros, gastos para atender la emergencia, hasta la pérdida de grado de inversión nos volvió a todos más pobres como país. A pesar de que hubo excepciones, no fue mi caso.

¿Cómo lidió con el colegio virtual de sus hijas?

No hay duda de que de los menos preparados fueron los colegios y las entidades educativas. No tengo duda de que la calidad de la educación bajó mucho, pero me preocupa más la falta de interacción con otros niños, la falta de vivencias, experiencias, autonomía. Creo que los niños han sido los grandes afectados de esta historia.

En medio del encierro, ¿no pensó en volver al mar de su Cartagena natal?

¡Claro que sí! Aunque no todo el mundo sabe que cuando nuestros mandatarios decidieron encerrarnos, cerraron el mar también, ¿puede creerlo? Prohibieron ir a las playas, caminar por ellas, navegar o bañarse en el mar. Uno de los mayores absurdos de todo este período. “El mar cerrado” pudiera ser el nombre de un cuento de Gabo.

Apertura de la entrevista de Bruce Mac Master en la edición impresa de Revista Bocas, publicada en julio de 2021.

Foto:

Revista BOCAS

* * *

Gracias por leernos.
Le invitamos a leer también la entrevista BOCAS con Tadej Pogacar: "Espero volver a ver a Egan y enfrentarlo")

POR: RICARDO ÁVILA
FOTOS: : PABLO SALGADO
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 108. JULIO - AGOSTO 2021

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