Restauran película de 'Los Tolimenses' parodiando a James Bond

Restauran película de 'Los Tolimenses' parodiando a James Bond

Festival de Cine de Cartagena presenta 'Amenaza nuclear', filmada en 1981 por el dúo cómico musical.

AUTOPLAY
Cómo se hizo la película de Los Tolimenses en 1981El director Jacques Osorio cuenta anécdotas del filme que será exhibido de nuevo, ya restaurado, durante el Festival de Cine de Cartagena.
Amenaza nuclear, con Lyda Zamora y Los Tolimenses

Jacques Osorio.

Por: Julio César Guzmán
02 de marzo 2019 , 09:10 a.m.

En diciembre de 1981, toda Colombia hablaba de los tolimenses. Primero, porque el Kokoriko Tolima era el equipo sensación en el fútbol nacional y pasaba de ser eterno colero a subcampeón, con derecho a debutar en la Copa Libertadores.

Pero sobre todo porque Los Tolimenses, el querido dueto cómico musical famoso en radio y televisión, también debutaba en otra cancha: la del cine, con el estreno de su película Amenaza nuclear.

Grandes avisos en los periódicos y vallas coloridas en el centro de Bogotá exhibían los rostros de los compadres Emeterio y Felipe, en el papel de unos superagentes secretos, con el nombre código D2KLi2 (léase ‘dedos cálidos’).

“Yo comencé a hacer cine a los 9 años –dice Jacques Osorio, director de Amenaza nuclear–, pero no tenía grandes aspiraciones de ‘crear un nuevo lenguaje’ del cine nacional, era simplemente entretenimiento.

Una vez me encontré con Lizardo Díaz (nombre del compadre Felipe, en la vida real) saliendo de un estudio de televisión; comenzamos a hablar, nos caímos muy bien, y le propuse: ‘Hagamos una película juntos’ ”.

Para sorpresa suya, el compadre Felipe le dijo que sí, y Osorio comenzó a pensar en el argumento. La inspiración lo visitó luego de ver la película de James Bond Moonraker, en la que el legendario espía británico tiene que salvar a la humanidad del villano Hugo Drax y pelear contra Mandíbulas, uno de sus más célebres enemigos.

“Esa misma noche me puse a bocetear la historia, pero veía un conflicto: si ellos andaban en alpargatas, ¿cómo hacerlos vestir de frac? Entonces, mi esposa me sugirió que no debía sacarlos del esquema de lo que son”.

En efecto, se trataba de que en vez de ponerle armas sofisticadas a un Aston Martin, tendrían que engallar un Fiat 147. Y en lugar de un sofisticado bolígrafo Parker Jotter, Los Tolimenses estarían dotados de un Kilométrico que dispara.

Así, Osorio encontró que su idea funcionaba si la convertía en una mamadera de gallo. Y la propuesta le encantó al tolimense serio, quien puso al servicio de la película su productora Díaz Ércole, creada junto con su esposa, la famosa actriz Raquel Ércole.

Mi esposo amaba todo lo que tenía que ver con el arte, el cine, la música; tenía su cámara y todo lo quería dejar filmado

“Mi esposo amaba todo lo que tenía que ver con el arte, el cine, la música; tenía su cámara y todo lo quería dejar filmado”, cuenta Ércole, quien hace una semana cumplió 80 años.

Actuó hasta el chofer

Osorio escribió un guion entretenido, una historia con chicas Bond, escenas de acción y persecuciones, pero sin los tradicionales diálogos mordaces de Los Tolimenses: “Con Lizardo llegamos a un acuerdo, y es que yo construía toda la parte cinematográfica, y él ponía los chistes con Emeterio”.

El guion fue presentado a Focine, el fondo estatal que en ese momento ayudaba a financiar las películas nacionales, y con dificultades se logró un préstamo. Pero cuando salió el desembolso, los productores comprendieron que no era la cifra que necesitaban y tuvieron que acudir a amigos técnicos para poder filmar.

“La plata era tan poca –prosigue Osorio– que a veces, el vestuario era la misma ropa de los actores. Hay una escena en la casona de Villa Adelaida, y sale una persona hablando en un español trabado. Resulta que el actor citado no fue, y el gerente del sitio tuvo que improvisar en su lugar. No sé cuántos rollos de película se tiró el tipo, pero en la película se ve simpatiquísimo”.

El chofer de la buseta que llevaba a los actores también tuvo su papel. Eran intervenciones cortas, sencillas de hacer. Y el antagonista chino no era chino: “Era coreano. Se llamaba Ki Jeong Lee y era mi profesor de taekwondo. Buena parte de los que participan son de la escuela, pero el coreano me gustaba porque era frío, inexpresivo. Dice apenas dos frases en la película. En la primera se echó como seis rollos de cuatro minutos para decir una pendejada. Y en la segunda debía decir ‘abejas’. Pero decía ‘abeas’. Repetíamos y repetíamos, hasta que le dije: ‘Dejémoslo como abeas’. Cada falla del coreano me costaba una fortuna”.

En las locaciones también hubo que ahorrar. Por ejemplo, Osorio había grabado un programa de televisión sobre la faceta pictórica del presidente de una aseguradora. Y cuando lo visitó, encontró que su oficina era perfecta para ser la guarida de los villanos en Amenaza nuclear. Como estaba tan agradecido, el ejecutivo prestó la oficina de La Nacional de Seguros, que se convirtió en epicentro del espionaje y la inseguridad.

Solo faltaba la antagonista femenina, y Osorio pidió que fuera una figura de la televisión que causara impacto. Sobre todo, impacto en la taquilla. Y optaron por Lyda Zamora, la actriz, cantante y bailarina que presentaba un programa muy reconocido en televisión.

Ella se entregó a su papel, al punto de que arriesgó su integridad por el éxito de la película. “Había una escena en la que ella quedaba colgando de una cuerda –relata Osorio–, y esta pendía de un helicóptero en pleno vuelo. Lo hicimos con un extra disfrazado, pero se notaba que no era ella. Entonces insistió en hacerlo en persona, pese a la oposición de todos nosotros. Tuvimos que amarrarla, y ella voló a varios metros de altura sobre la laguna del Neusa. La productora me regañaba: ‘Tú no puedes arriesgar la vida de una persona’, pero ella quiso hacerlo”.

Un riesgo similar corrió uno de los encargados de la tramoya, que se ofreció para lograr el insólito truco de un ataúd que rueda solo por las calles, escena macondiana que se le ocurrió a Osorio: “El ataúd se resbalaba del carro mortuorio, comenzaba a andar por todas partes, y la gente se asustaba pensando que llevaba un muerto adentro. Usamos una calle en bajada, ya que no tenía motor ni nada: era una persona manejándolo como un carro de balineras y mirando por una ventanilla de ventilación. Soltamos el primer ataúd sin nadie en su interior, y al cruzar la 7.ª lo apachurró una tractomula. Tuvimos que coordinar la velocidad del vehículo con la pericia del muchacho para que pudiera pasar por debajo del camión sin sufrir daños”.

Este héroe recibió el merecido crédito al final de la película: José Garzón, piloto del ataúd.

Arriba el folclor

La escena no pasó desapercibida para la reseña de la revista Carrusel, de EL TIEMPO, escrita por Antonio Cruz Cárdenas: “Cuando el ataúd de Jacques Osorio bajó por la calle 19, la gente lo acompañó con risas y gritos, lo vio pasar como algo divertido pero perfectamente posible, y no faltó quien dirigiéndose a alguien invisible advirtiera: “Oigan... se les voló el muerto”.

La película no tuvo tanta fortuna con otra crítica de las páginas editoriales de EL TIEMPO, que la calificó con “Cero como cine, cinco como folclor”. La nota estaba firmada por María Isabel Rueda.

En cambio, Amenaza nuclear sí tuvo el respaldo del público. Según el subdirector técnico de la Fundación Patrimonio Fílmico, Rito Alberto Torres, en apenas mes y medio la vieron 381.000 espectadores. Una cifra que, por ejemplo, el año pasado solo logró una de las 40 cintas nacionales que se estrenaron en todo el 2018.
Finalmente, la película costó unos 14 millones de pesos de la época, cuando el dólar se cambiaba a 58 pesos. Es decir, su costo equivalente sería ligeramente superior a los 240.000 dólares. El rodaje se extendió por seis semanas, una más de lo presupuestado, por lo cual en la última no se pudo contar con el director de fotografía.

Pese a ello, la factura del filme permitió mostrar los paisajes de la Sabana, en particular por las tomas aéreas, una de las especialidades de Osorio: “Volví a ver la película, y quienes me acompañaban esperaban que llorara de la nostalgia, pero a mí me invadió la sorpresa: ¿cómo logramos hacer esto, y con tanta gente? Me pareció simpática, exótica. Es una mamadera de gallo”.

El director participó en la restauración de Amenaza nuclear, que volverá a ser exhibida, con mejor sonido e imagen, durante el Festival de Cine de Cartagena, 40 años después de ese primer contacto entre Osorio y Los Tolimenses.

Los asistentes podrán ver el paso del tiempo en los carros antiguos, los peinados altos, los edificios cuadriculados. En el humor inocente de Emeterio y Felipe y los bambucos en ritmo de jazz. Será un viaje en el tiempo al cine que se hacía en los 80, cuando Los Tolimenses estaban de moda y James Bond se llamaba Roger Moore.

Una velada para la nostalgia

El domingo 10 de marzo, a las 6 p. m., el teatro Heredia será escenario de la exhibición de Amenaza nuclear en el marco del Festival Internacional de Cine de Cartagena. El encuentro, organizado por Proimágenes Colombia, Idartes, la Cinemateca Distrital y EL TIEMPO, presentará una copia de la película, restaurada a través de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.

Antes de la proyección se realizará un conversatorio con el director de la cinta, Jacques Osorio, y el periodista Julio César Guzmán. Y se presentará un homenaje a la actriz Raquel Ércole, esposa de Lizardo Díaz, quien protagonizó la película y fue fundador del dueto cómico musical Los Tolimenses.

Ércole, quien acaba de cumplir 80 años, hablará también de su faceta cinematográfica y de la productora que creó con su esposo, responsable de largometrajes como Amazonas para dos aventureros, Y la novia dijo y Amenaza nuclear.

JULIO CÉSAR GUZMÁN
EL TIEMPO

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