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Tomás Uribe dice que el candidato debería ser Jerónimo Uribe
Tomás Uribe en BOCAS

Tomás Uribe es el hijo mayor del expresidente Álvaro Uribe.

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Juan Fernando Ospina

Tomás Uribe dice que el candidato debería ser Jerónimo Uribe

El hijo mayor de Uribe habló de los regaños de su padre y, claro, de política. Entrevista de BOCAS.

El hijo de Álvaro Uribe. Ya con eso se podría titular un libro. O dos. Uno sobre Jerónimo y otro, algo más voluminoso, para Tomás. Lo comentan en los dos estados virtuales que conforman esta tierra, no de promisión, sino de polarización: que va a ser candidato, vitorean los uribistas; que va a ser candidato, gruñen los antiuribistas. Tomás Uribe Moreno es el único que dice no.

Empresario exitoso al que los críticos de su padre le buscan el quiebre en las finanzas. Deportista obsesivo, que despierta a todos en casa, cuando se levanta, a las 5:30 a. m. a hacer ejercicio. Los sábados, antes de las siete, está en clases de kung-fu con sus hijos (Leticia, de 6, y Jerónimo, de 8). Malo para ver fútbol; pésimo hincha, de esos que solo celebran los triunfos del Nacional.

Acaba de cumplir 40 años. No tiene hobbies, no colecciona nada, no llena repisas con premios o trofeos. Isabel Sofía, su esposa, lo quiere así. Se casaron en el 2008, en la playa cartagenera, rodeados de amigos y cierta austeridad. Ella lo deja en lo suyo, mientras prepara un programa digital sobre el mundo animal, que pronto se estrenará, y cuida a los hijos del marido hipertrabajador.

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Amarguras, sostiene que tiene pocas, excepto la del día más horrible de su vida como hijo: cuando privaron de la libertad a su papá. Y la amargura del chocolate, que así le gusta, con 70 por ciento de cacao. Le heredó el genio al expresidente, así que bien podríamos empezar a desenrollar la pita con algo muy colombiano: el regaño casero.

¿Cómo fue el primer regaño que le metió su papá?

¡Fueron tantos! No me acuerdo del primero, pero sí de varios que me dejaron huella. Uno muy famoso, cuando vino de visita el presidente Bush y estaba con las manos entre los bolsillos, hábito que todavía conservo. Mi papá rompió el protocolo. Casi me manda un manazo y me dijo: “¡Saque las manos del bolsillo!”. Y otro muy famoso en mi familia, pero a mi hermano Jerónimo: a él no le gustaban los jugos con pepitas y un día le sirvieron un jugo de fresa con banano. Lo tomó y se vomitó en el vaso. Mi papá se lo hizo tomar y hasta ahí nos llegó el capricho de no me gusta esto o aquello. Regaños que agradezco: formativos.

Si pudiera viajar veinte años en el pasado, ¿le pediría a su papá que no se postulara a la Presidencia?

No. Me acuerdo del país en 1999, un país del miedo. Estudiaba en la Universidad de los Andes y a los compañeros de provincia, y a los mismos bogotanos, nos daba susto salir a La Calera o a Chía. Para venir a visitar a los papás a Medellín, tocaba en avión, cuando los pasajes eran carísimos. Viajar por carretera era inimaginable. Mi papá le sirvió bastante al país. Ayudó a poner las cosas en orden y a que los colombianos recuperáramos la esperanza. De manera que no, no le diría eso.

En los últimos meses, Tomás Uribe ha vuelto a figurar en medios colombianos a raíz de la controversia que desató la investigación que corre en la Fiscalía contra su padre, el exsenador Álvaro Uribe.

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Juan Fernando Ospina

¿Cree que su papá debería dedicarse a cuidar los nietos y retirarse de la política?

Como hijo, como padre de sus nietos, quiero que comparta más tiempo con ellos, porque, en mi caso, fue muy importante la cercanía de mi abuelo materno; al paterno no lo conocí, porque lo habían asesinado. Mi abuelo Darío fue una de las personas que más influyeron en mi vida, era mi mejor amigo cuando estaba pequeño; fui ingeniero porque él lo era. Y siempre fue empresario, camino que también elegí. Me gustaría que mis hijos tuvieran esa misma oportunidad. Como ciudadano, como militante de un partido, quiero que él siga activo, pero más como un orientador que como una figura de primera línea.

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Si a mí me dicen, ‘¿usted quién cree que debería ser candidato?’, diría Jerónimo. Tomás es más serio, más antipático, más con el ceño fruncido

¿Cuándo tuvo conciencia de lo que es un caballo?

Estando muy chiquito, recuerdo una yegua que se llamaba Paloma. Mi papá me mandaba a montar en ella y se echaba, era muy perezosa. Desesperante. Tenía que venir alguien a ayudarme a pararla. Los caballos son muy importantes en mi familia, una tradición de muchas generaciones. Mi papá proviene de un hogar de clase media alta y creció en el campo los primeros años de su vida. Fue a la escuela pública en mula. Él es un apasionado de los caballos y nos los inculcó desde pequeños.

¿Cuánto vale un caballo?

Los que están en el mundo equino dicen que un caballo vale un millón o mil millones de pesos. La mayoría vale un millón, pero si usted les hace la cuenta financiera, lo que llamamos el valor presente neto, es más lo que cuesta el caballo que lo que le pueden dar por él. Eso termina siendo es un hobby. La mayoría de los caballos no valen nada.

¿Tiene un caballo preferido?

No. Mi abuelo era chalán profesional, de esos que cogen un potro cerrero, lo doman y adiestran, lo sacan campeón y lo venden. Eso lo heredó mi papá, que coge un potro que nadie ha montado en la vida y lo doma. Él cuenta que, cuando se casó con mi mamá, el ajuar de la casa, los muebles, los compró con una yegua a la que le trabajó hasta volverla campeona y venderla. En mi familia estamos acostumbrados a que el caballo bueno se vende y se retienen las yeguas valiosas para la cría, así que uno no alcanza a desarrollar un vínculo afectivo con uno en particular.

Planteado en esos términos: su papá es el chalán que educa con esmero a sus hijos y los quiere sacar campeones. ¿Él lo quiere sacar a usted presidente, campeón?

Quiere que seamos campeones en los propósitos que nos hemos fijado y por nuestros méritos. Mi papá vino a acompañarme a una cita laboral en el 2013, en Nueva York, cuando ya tenía quince años de carrera profesional, graduado de ingeniería química y de finanzas; con dos empresas creadas y un MBA en Stanford. Fue la única vez. De resto, méritos, y salir adelante con esfuerzo.

¿Por qué dice que no será candidato presidencial?

Porque me apasiona lo que hago, el emprendimiento, y es un privilegio dedicarme a algo que me gusta. He construido al lado de mi hermano una carrera de veinte años. Estamos en un momento interesante a nivel profesional, donde madura lo que hemos sembrado. Trato de ser poco dogmático, pero, casi religiosamente, creo en el foco. En las ocasiones en que nos hemos dispersado, sacando más líneas de producto o abriendo más puntos de venta, hemos perdido. Por ese foco en lo que estamos construyendo es que no tengo ningún tipo de aspiración política.

Tomás Uribe es el hijo mayor del expresidente Álvaro Uribe.

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¿Qué les dice a quienes quieren que cambie el foco, como el siempre insistente Ernesto Macías, amigo de que lo proclamen sin consulta?

Agradezco a las personas que nos acompañan en este camino político de mi papá y que nos han apoyado en momentos difíciles. Esa solidaridad es trascendental. Pero las elecciones de camino profesional deben surgir de una convicción propia, de una reflexión profunda.

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Si usted ha dicho que no, ¿por qué siguen viéndolo como candidato? Si se tratara de recoger las banderas familiares de su padre, ¿por qué nadie, por ejemplo, habla de Jerónimo?

Por algo circunstancial, pues va uno a ver y Jerónimo es más simpático que yo. Jerónimo es más querido. Si a mí me dicen, “¿usted quién cree que debería ser candidato?”, diría Jerónimo. Tomás es más serio, más antipático, más con el ceño fruncido. Es muy circunstancial. Todo surgió porque el año pasado, cuando privan de la libertad a mi papá, en el partido me llaman a mí, a que integre un comité. Las personas que me llaman tenían más cercanía conmigo, quizá no porque fuera el más idóneo o el menos. Simplemente porque había una mayor cercanía circunstancial. Integro ese comité y luego, al final de año, Ernesto Macías, que es buen amigo, yo lo quiero, de su propia cosecha empieza con la idea de que debo lanzarme y eso da pie a la entrevista de Semana, que también fue circunstancial. La gente me dice, claro, es que eso fue planeado. Me llamaron varios periodistas y a todos les dije que no tenía planes, que no sabía de qué me hablaban. En algunos casos los periodistas publican solamente aquello que concuerda con sus afectos: si quiero a la persona, publico lo positivo; si no, lo negativo. Vicky Dávila publicó todo el expediente de mi papá. Me llama y me dice que le dé la entrevista y, después de ese gesto, le dije que sí. Y luego me cuenta que voy en portada. No sabía si darle las gracias o decirle: ¡Uy, Vicky!, ¡qué es eso tan horrible!

Candidatura presidencial, no. ¿Pero sería cabeza de lista en el Senado?

Eso sí me parece lo más aburridor del mundo entero. Me gusta que en el trabajo seamos concisos en la comunicación, sintéticos, y en el Congreso es todo lo contrario. Por otra parte, me da pánico que me metan una denuncia y termine investigado por el mismo juez que metió a la cárcel a mi papá.

Quería reunirme con el presidente Duque para actualizarlo en los temas de la familia y del partido

Hablando de pánico, cuando usted desestima a la JEP y dice que su tarea se podría simplificar a través de un formulario en Internet, ¿es porque los Uribe le tienen miedo a la JEP?

No le tengo miedo a la JEP, porque cualquiera que sea procesado allá simplemente dice, sí, yo cometí el delito, y queda libre. ¡Qué miedo le voy a tener! Para cualquiera que haya cometido un delito, lo mejor es la JEP. La prueba es que hemos visto a varias personas acusadas de corrupción tratando de entrar a la JEP. Es un tribunal que no tiene sanciones efectivas. Es muy costoso: 330 mil millones al año, la mitad de lo que cuesta el Congreso. Con lo que cuesta la JEP, el Estado colombiano podría financiar la alimentación de millón y medio de niños. Si solo da sanciones simbólicas, sustituyan eso por un formulario donde la gente cuente la verdad y deles ahí amnistía a todos los guerrilleros.

¿Cuál es la posición de doña Lina, su mamá, sobre todo este asunto de que usted participe en política electoral?

No le he preguntado. Es un tema que no se ha discutido en mi casa. Es más una especulación que un asunto serio.

¿Y su esposa?

Me dice que ni loco. Ha estado conmigo en las buenas, las duras y las maduras, y le teme mucho, porque ha visto el sufrimiento que ha atravesado esta familia por la actividad política de mi papá.

Tomás Uribe es una de los cinco personajes de la edición 105 de Revista BOCAS, publicada en abril de 2021, y en la que la piloto colombiana Tatiana Calderón es portada.

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Revista BOCAS

(También: "Los colombianos son bandidos que se venden por una empanada": Carlos Moreno)

La gente cree que montamos un toldillo de artesanías de hippies y, de la noche a la mañana, gracias a una zona franca, nos volvimos millonarios. Esa es una caricatura supereficaz y efectista

¿Fue novio ‘BonBril’ o se decidió rapidito?

Le digo a ella que ha sido mi única novia y se ríe, me dice que deje de ser mentiroso. Es la verdad. La única relación seria y larga en mi vida es con ella. Llevamos más de 18 años juntos.

¿Cómo le pidió matrimonio? ¿O le tocó a ella?

Nos íbamos de viaje juntos y una amiga le contó que yo le iba a pedir matrimonio en ese viaje. Cierto. Tenía todo planeado para pedírselo, pero justo el último día. Ella veía que pasaban los días y yo, callado. Se desesperó y empezó a revisarme la maleta, a ver si encontraba el anillo. Nada. Llamó a la amiga y le dijo que era puro cuento. El anillito lo tenía bien escondido y el último día, en un taxi, en un trancón monumental en Hong Kong, de esos que se ven en las películas, con la ciudad bloqueada y arriba los rascacielos, se lo puse. Quedó perpleja. La abracé y me dijo “¡Pero es que no te he dicho sí!”. Le dije: “Bueno, ¿y entonces?”. Contestó: “Sí, está bien”.

Déjeme volver a Jerónimo y a usted. En la adolescencia, ¿a quién le iba mejor con las mujeres?

De lejos, a Jerónimo. Baila mejor, es dicharachero, echa chistes. Era un fenómeno.

¿Y en el colegio?

A nivel de calificaciones, mejor a mí. Siempre le he dicho a mi mamá que él es más inteligente, pero yo soy más obsesivo.

¿Qué hermano es el jefe del otro?

Ninguno. Tenemos responsabilidades claramente identificadas y nos complementamos. Hoy en día, Jerónimo es el gerente de La Haus (empresa que opera en el mercado de tecnología de propiedades) y yo respondo por todo lo demás, básicamente el negocio de desarrollo de centros comerciales y la participación que tenemos en la compañía de residuos industriales. Cuando alguno de los dos tiene una situación que no ha logrado resolver, hacemos muy bien de sparrings, buen contrapunteo, y aclaramos ideas.

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Mucha gente se pregunta: ¿y estos dos vendiendo manillas y artesanías cómo fue que se volvieron millonarios?

La gente cree que somos los hijos de un político que llegamos a la Presidencia de estudiantes, con una mano adelante y otra atrás. Que montamos un toldillo de artesanías de hippies y, de la noche a la mañana, gracias a una zona franca, nos volvimos millonarios. Esa es una caricatura supereficaz y efectista, porque es una narrativa que se asimila fácil.

¿Cuál es la realidad entonces, según usted?

Provenimos de familias de empresarios, donde desde pequeños hemos tenido el ejemplo del trabajo. Las vacaciones, de chiquitos, las pasábamos en la fábrica de mi abuelo en Medellín, trabajando, o en la finca de mi papá, ordeñando, limpiando los corrales, dándole vuelta al ganado, inyectando. Además, Jerónimo y yo comenzamos a emprender muy jóvenes. La actividad de artesanías pareciera algo medio cómico, pero nosotros vendimos más de tres millones y medio de artesanías, exportamos a 80 países, abrimos puntos de venta en tres países y les generamos empleo a 1.500 familias de artesanos. Estando en esta empresa nos invitaron a formar la compañía de residuos, en la línea de mi formación como ingeniero químico. Fui gerente cinco años, con operación en cuatro ciudades del país, con más de mil clientes. Hemos sido trabajadores.

Hay muchos casos como los de ustedes y no logran ese éxito. Tener las oportunidades que abre ser el hijo de un presidente, ¿no es competencia desleal con otros emprendedores?

Los uribistas nos dan la cita, pero les da miedo hacer el negocio con nosotros, porque después dicen que nos están favoreciendo. Y los antiuribistas van y nos denuncian en la Fiscalía. Ningún ser racional, que haya conseguido las cosas con esfuerzo, le regala a otro los negocios simplemente porque es hijo de alguien.

¿Se sienten vigilados?

No hay una pareja de emprendedores tan investigada como la nuestra. Eso siempre quita tiempo. Cuando el runrún en La W es que lo van a meter a usted a la cárcel, ¿con qué cabeza opera uno los negocios? Hay clientes que nos han dicho, “me encanta tu propuesta, pero no puedo hacer negocios con una persona públicamente expuesta”.

Me da mucho susto Fajardo. No me gustan sus compañías. Que hoy en día es aliado del expresidente Santos y de su entorno, que tiene prácticas políticas que hicieron mucho daño, como la “mermelada

¿Le gusta la reforma tributaria?

No sé si el texto sea el ideal, pero es necesaria. El país tiene dos problemas. Uno, fiscal, que es generalizado en las economías emergentes, y un drama social, porque la pandemia hizo que se perdieran los avances en la lucha contra la pobreza de los últimos diez años. Si no se supera, esa pobreza es una amenaza a la democracia. Es el caldo de cultivo para que germine una propuesta populista, antidemocrática. Urgen más recursos. La primera palanca debe ser la austeridad, pero se necesitan impuestos para conseguirlos.

(Además: ¿Está usted entre los que más aportaría por la reforma tributaria?)

Esa visita de usted y su hermano a Palacio, que terminó con un anuncio de Duque de no gravar algunos productos de la canasta familiar, ¿fue una pantomima o una impertinencia?

Ahí no hay relación de causalidad entre la visita y los anuncios. Desde principios del año le había dicho al ministro del Interior, Daniel Palacios, que quería reunirme con el presidente Duque para actualizarlo en los temas de la familia y del partido. Y me dieron la cita de manera coincidencial, cuando mi hermano iba a estar en Bogotá para un tratamiento de conductos. Le dije a Jerónimo que me acompañara al almuerzo. Hablamos de todo, de reforma tributaria, de fútbol, de amigos comunes… pero no era un almuerzo con agenda.

Apertura de la entrevista de Tomás Uribe en la edición impresa de la Revista BOCAS, publicada en abril de 2021.

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Revista BOCAS

¿Cómo vio al presidente?

Salí positivamente admirado. Me gusta el liderazgo cuando se ejerce con convicción y contundencia. Es ecuánime y cerebral. Cuando obra de esa manera, acierta.

¿Qué tan bien acompañado está?

En las clases de MBA me tocó un profesor que fue responsable de construir la fuerza de ventas de una multinacional que arrancó con tres vendedores y llegó a tres mil. Nos decía que su efectividad en selección de personal era del 50 por ciento. “De cada dos que selecciono”, comentaba, “me equivoco en uno”. Se equivoca un tigre de estos, ¡no se va a equivocar un presidente!

¿El gabinete de Duque está abajo del rango del 50 por ciento?

No me he puesto a hacer la cuenta.

¿Le molesta la opinión de parlamentarios de su partido que no tragan entero, como el representante Gabriel Santos?

Valoro muchísimo la diversidad. Cuando hay un problema y se mira desde un punto de vista, solo se entiende parte del asunto y termina construyéndose una solución para parte del problema. Me gustan esas voces diferentes en nuestro partido. A veces me dicen, “es que María Fernanda Cabal” tal cosa, pero me gusta que piense diferente. “Es que Gabriel se fue en contra del Gobierno”, me comentan, y también me gusta que plantee un punto de vista distinto, aunque no necesariamente lo comparta.

Pasemos a otro Santos. ¿Quién es para usted Juan Manuel Santos?

Un ex presidente de la República. Cuando uno no tiene cosas buenas que decir, es mejor quedarse callado.

Como empresario antioqueño, ¿cree que quedaría en buenas manos el país si el presidente fuera Sergio Fajardo?

Me da mucho susto Fajardo. No me gustan sus compañías. Que hoy en día es aliado del expresidente Santos y de su entorno, que tiene prácticas políticas que hicieron mucho daño, como la “mermelada”. No me gusta que tiene unos compañeros que tienen unas claras inclinaciones socialistas. No veo claridad en sus posiciones, no veo sindéresis ni consistencia. Un día digo una cosa; otro día digo otra cosa y voy ahí como acomodándome a las circunstancias. Me da susto cuando uno no sabe qué esperar de un líder.

En la galería de sus terrores íntimos, ¿más aterrador Fajardo que Petro?

Más que nombres, a mí lo que me aterra es cualquiera que no esté comprometido, de frente, con la libertad de emprendimiento. A la mayoría de los políticos les encanta hablar de cobertura social, que es humano y noble, pero también es muy taquillero. Solo el Centro Democrático habla sin pena de que hay que defender el capitalismo para superar la pobreza.

Me dejó colgado con lo de Petro…

No especulemos. Miremos lo que pasó en Bogotá. Tengo en la mente grabada las imágenes de una ciudad totalmente inundada en basuras. De los compactadores de basura que compró. De las protestas y de la Plaza de Bolívar llena cada ocho días con arengas cada una más violenta que la otra. Del fomento al odio de clases. Lo que pasó en Bogotá fue un pequeño experimento chavista en Colombia. La pregunta es si queremos llevar eso a nivel nacional.

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Hay que asperjar. Detrás debe venir la reforestación y luego tienen que llegar los guardabosques

¿Qué opina de la izquierda?

Los términos derecha e izquierda son bastante anacrónicos. Más allá del sello, hay que mirar valores como, repito, el de la libertad de emprendimiento. Quien la desprecia, está probado, termina generando pobreza. Por eso Venezuela es hoy más pobre que Colombia, habiendo sido una nación rica. China era uno de los países más pobres del mundo y hace medio siglo Deng Xiaoping abrió la economía a la libertad de emprendimiento; sacaron a 700 millones de la pobreza. Ojo con las muy sexis banderas de la protección animal, del medio ambiente, de la tolerancia a la diversidad, porque no deberían ser banderas políticas, sino valores de decencia humana. Usan ese ropaje para esconder un modelo de Estado burocrático que desprecia al capitalismo.

¿Le suena Óscar Iván Zuluaga?

Es un líder de gran trayectoria que, como ministro de Hacienda, piloteó las finanzas en el momento de mayor crecimiento económico en los últimos cincuenta años. Colombia llegó a crecer al 7 por ciento anual. Ojalá se decidiera y se echara al agua a buscar la Presidencia.

¿De qué hablaría con Daniel Coronell si se quedaran tres horas encerrados en un ascensor, en un apagón?

Me pongo a meditar. Tengo ese buen hábito.

La serie virtual Matarife se ganó dos premios India Catalina. ¿Lo incomodó?

Me da tristeza que se exalte un producto que parte de la base del agravio y de la ofensa. El insulto y la criminalización es una forma mediocre de tramitar las diferencias.

¿Cuál es su lectura de lo que pasa con el exministro Andrés Felipe Arias?

Una gran injusticia. El país se perdió de un líder con un potencial enorme. Su juicio se volvió un asunto más de opinión pública, de medios, de apasionamientos, que de racionalidad, criterios jurídicos y objetividad.

¿Alguna vez él trabajó con ustedes en sus empresas o en la zona franca?

No, pero me gustaría tener la lucidez de Andrés Felipe Arias aconsejándome en mis actividades particulares.

A pesar de que varios medios y figuras políticas colombianas lo han insinuado como candidato del uribismo para las elecciones presidenciales del 2022, Tomás Uribe asegura directamente que no lo será.

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Juan Fernando Ospina

¿Qué hace con la plata que gana?

Ahorro. En veinte años no hemos repartido dividendos. Lo que hacemos es reinvertir. Mi esposa me reclama que llevo siete años prometiéndole que vamos a construir una casa y que siempre le digo que no, que después de tal proyecto.

¡Es tacaño entonces!

Vengo de un hogar donde nos inculcaron la austeridad.

¿Ha peleado con Jerónimo por plata?

Jamás. Hemos tenido discusiones acaloradas por tener diferentes ideas de negocio, pero nunca porque esto es mío y aquello es tuyo, nunca por un peso. Siempre pienso dos equis: cuando voy a comprar una camisa, pienso en dos, para traerle una a él. Y él, igual conmigo.

¿Dónde compra la ropa?

En promoción. Los estudiosos del mercadeo definen una categoría de compradores como “cazadores de promoción”. Ese soy yo.

¿Cómo espanta los lagartos que vienen atraídos por sus negocios?

Les digo que hablemos después de que inaugure el centro comercial.

¡Pero siempre está abriendo uno! ¿Cuántos centros comerciales tiene?

No tengo. Los estructuramos. Los sacamos adelante, pero tienen muchos socios y nosotros terminamos teniendo una participación pequeña. Vendemos primero los locales y esos dineros van a una fiducia que maneja una sociedad. Cuando hay suficientes ventas para construir el centro, la fiduciaria me empieza a liberar recursos para construirlo. Nos queda un pedacito y la responsabilidad de operarlos. Operamos cuatro y empezamos con el quinto.

El de Bogotá tiene un avión adentro que dio para muchos memes en redes. ¿De dónde lo sacó?

Lo busqué por cielo, mar y tierra. Es un legendario DC-3, fabricado en 1942, que operó en un principio como transporte de carga y medicamentos durante la Segunda Guerra Mundial. Después de infructuosamente escribir a cementerios de aviones en Estados Unidos, en Bolivia, en España, el papá de un amiguito de mi hijo me pasó el dato de que estaba abandonado en Villavicencio. Lo iban a chatarrizar. Lo restauramos y va a ser un play ground para que los niños se monten y gocen.

¿Algún tipo de pasión por la aviación?

No. Es que utilizamos una filosofía de diseño que se llama Placemaking, que consiste en diseñar la edificación para que incorpore los elementos del entorno, en este caso la zona del aeropuerto El Dorado.

(¿Le gustaría otra entrevista BOCAS?: Luz Marina Bernal, una madre de Soacha)

Menos mal se fueron por lo aéreo, porque la zona también es de moteles…

Y de oficinas. Hay 50.000 trabajadores en cinco minutos a la redonda y un millón quinientas mil personas.

Mucha gente para la hora del almuerzo. ¿Es paisa de chorizo, fríjoles con garra, arepa y chicharrón o es de una generación más sofisticada?

Me encanta la comida paisa. De hecho, el otro día mi esposa había estado medio enfermosa y, camino a casa, paré y le compré arepas de chócolo, quesito, empanadas, obleas y arequipe.

¿Usa Crocs?

Claro. Más en la finca. Antes me los ponía para ir al trabajo, pero después de mucha lora, mi esposa me convenció. Dice que se ven horribles.

¿Dan pecueca?

No, al contrario, por los huequitos entra aire y el pie se mantiene fresco.

¿Le molesta verlos en las caricaturas de Matador?

Me da risa.

¿Es de flecha o de teléfono inteligente?

Me fui a Android. Me aburrí en Apple, un sistema muy rígido, mientras que el Android es más flexible y uno lo puede personalizar. Tengo un Huawei y quiero ensayar un Xiaomi.

¡Lo veo más chino que Maduro!

Había un teórico de Harvard, Clayton Christensen, quien acuñó el término de innovación disruptiva. Decía que cuando una tecnología va madurando, la brecha entre el producto de gama alta y el de gama baja se cierra. Llega a ser tan poca la diferencia, que no vale la pena montarse en el producto de alta, porque el de baja tiene casi todo lo mismo. Eso ha pasado con los celulares y ahí es cuando llega un disruptor, con un producto diferente, y pone a templar a los que están anclados en los productos tradicionales.

Gran disruptor de la política Trump. ¿Le volvería a hacer campaña?

No recuerdo habérsela hecho. No me gusta que a veces ofende, ni sus actitudes que puedan dar lugar a violencia o a polarización, a un apasionamiento destructivo. Pero admiro el manejo que le dio a la economía, su firmeza en combatir el narcotráfico y su pragmatismo para resolver los conflictos internacionales.

¿Ha sido indiferente Joe Biden con Duque?

No, me parece que le mandó unas cartas bacanas. No ha dado el brazo a torcer en la lucha contra el narcotráfico, nuestro principal problema ecológico. Es más un problema ecológico que criminal, porque Colombia empieza a tener las mismas tasas de criminalidad de otros países de América Latina sin narcotráfico. Se está arrasando el bosque para sembrar y, para solucionar ese problema, hay que asperjar. Detrás debe venir la reforestación y luego tienen que llegar los guardabosques. Tiene que ser una solución ecológica integral al problema del narcotráfico.

Última pregunta: ¿lo va a tentar una aspiración presidencial?

Estoy seguro del compromiso con mis proyectos de emprendimiento. Tengo una responsabilidad con mis socios, con mis empleados y con mis inversionistas. No voy a dejarlos tirados. No voy a ser candidato.

¿Seguro?

Seguro.

* * *

Gracias por leernos.

Le queremos invitar a leer otra de nuestra entrevistas: Maluma, le 'Pretty Boy' que conquistó el mundo.

POR: GUSTAVO GÓMEZ CÓRDOBA
FOTOS: JUAN FERNANDO OSPIJNA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 105. MAYO - JUNIO 2021

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