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Reencuentro con el gran Germán Espinosa, tras 14 años de su partida
German Espinosa

Germán Espinosa, escritor cartagenero.

Foto:

Felipe Caicedo/EL TIEMPO

Reencuentro con el gran Germán Espinosa, tras 14 años de su partida

Panamericana Editorial reedita su genial 'thriller' literario 'La tragedia de Belinda Elsner'.

Bien difícil fue para los narradores colombianos quitarse de encima esa sombra que los opacó durante, por lo menos, veinticinco años: el “macondismo”. Era improbable hacerle creer al publico lector y a la crítica, sobre todo en Colombia, que un escritor que no fuera García Márquez, pudiera a la sazón tener especial resonancia o despertar interés. Fue entonces cuando nuestra narrativa de ficción se refrescó con un puñado de novelas, entre ellas dos (las que citaremos a continuación) de Germán Espinosa, quien hasta ese momento, aunque tenía varias publicaciones en su haber, era quizá más conocido como ensayista y poeta.

Catorce años después de la muerte del escritor cartagenero, nacido en 1938 y luego de tres décadas de la primera publicación, se reedita una de esas novelas, que además es de las mejores de género negro y policial de la narrativa colombiana. Con ella el autor, más bien de culto, dijo “presente” (como “presente” dijeron también otros dos colombianos, Andrés Caicedo y R.H. Moreno Durán), cuando se llamó a lista en el posbooom latinoamericano. En realidad ya lo había hecho cuando publicó La tejedora de coronas (1982), sin embargo, su obra cumbre, toda una catedral del lenguaje, en ese momento apenas estaba recabando lectores. Y La tragedia de Belinda Elsner fue la obra que consolidó a Espinosa en el movimiento que comenzó a gestarse a mediados de los años setenta, sobre todo con novelas urbanas de autores de Centroamérica y el Cono Sur. El magnífico thriller de Espinosa es además un retablo de una Bogotá que a la sazón tenía no poco de gótica:

“La enfermera que empujaba la silla avistó ahora el lugar ideal para su propósito: un profundo despeñadero, hacia el lado que daba sobre la inmensa ciudad. Mientras impulsaba implacable hacia el precipicio, entre el angustioso debatirse de Zureya, que trataba de alcanzarla con los brazos y que vociferaba con auténtica consternación, se abrió ante ellos, gris y solemne, como un Demonio Leviatán dispuesto a engullir un alma, Bogotá con sus seis millones de ciegos testigos”.

(Lea además: Un interesante escritor compatriota de Milan Kundera para descubrir)

El libro de Espinosa es de Panamericana Editorial.

Foto:

Archivo particular

Esa Bogotá ochentera, neblinosa y oscura y amenazante, tal como la describe en muchos pasajes el autor, es más que propicia para el crimen; en este caso asesinatos en serie, no de un psicópata de los de siempre (un Campo Elías Delgado, por ejemplo, a quien, de hecho, se le cita en alguna página), como cabría esperar, sino de una mujer, enfermera para más señas, cuyo comportamiento, originado en su fobia a los paralíticos, convoca en la novela otro elemento que le da interés: la teoría psiquiátrica y el psicoanálisis.

El desarrollo de la trama pone a prueba la capacidad deductiva y analítica del lector, que si es bogotano de sepa y veterano, irá reconociendo la ciudad, y si no, pues tendrá entonces cómo conocerla e identificarla con la Londres en la que autores como Robert Louis Stevenson y Oscar Wilde escenificaron sus relatos góticos.

De todo hay en esta novela, como en botica: Historias paralelas, recorridos por calles y avenidas de la ciudad, robos de los que se vuelven de ley y que hasta ludibrio provocan “¡Esto no puede ser! ¡Esto no puede ser! Es muy, muy injusto, ¡Dios mío! ¡Me han robado el carro oficial! ¡Maldita sea! Me han robado el carrrrrooooooo...!”, pasajes con toque de humor, personajes perfectamente delineados, tanto en lo psicológico como en lo físico (Nelson Chala, Álvaro Kaminsky, Jairo Zamudio y la misma Belinda Elsner); hábitos citadinos, un ritmo narrativo que se vuelve trepidante cuando se tercia, y también unos pespuntes poéticos, muy propios de un autor que tiene como recurso permanente de su escritura la prosa poética: “El remordimiento nadó en el caos acuoso de su mente como un ágil pero prolijo pececillo”, “La llovizna había cesado, pero el día insistía en arroparse de un gris sucio”.

(Le puede interesar: Irène Némirovsky, una vida novelesca con un final trágico)

Todo lo anterior comporta en buena parte lo que le da el perfil a la narrativa del posboom y marca la distancia entre sus integrantes con respecto a sus predecesores, los de esa agrupación casi sagrada que se conoce como el boom.

Así que los lectores que aún no conocen la obra de Germán Espinosa y los que tienen entre sus preferencias el género que tanto cautivaba a Borges, aquí tienen una buena oportunidad; aprovechen el regreso de Belinda Elsner.

JORGE IVÁN PARRA
Especial para EL TIEMPO

* Crítico literario, autor del blog 'De libros y autores' de EL TIEMPO y profesor de las maestrías de Literatura y de Filosofía Latinoamericana de la Universidad Santo Tomás.

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