Juan Luis Guerra y Vicente García: un cuento de música y literatura

Juan Luis Guerra y Vicente García: un cuento de música y literatura

Las presentaciones de los músicos de bachata y merengue están entre las gratas noticias de 2018.

Vicente García

Los cantantes de República Dominicana Vicente García y Juan Luis Guerra.

Foto:

Sony Music

Por: Armando Neira
28 de diciembre 2018 , 10:53 a.m.

La vida, en ocasiones, depara gratas sorpresas. Así ocurrió este diciembre cuando los músicos Juan Luis Guerra y Vicente García cantaron al unísono ante una multitud en Punta Cana (República Dominicana).

¿Qué tiene de singular que dos artistas hagan un dueto? La respuesta hay que buscarla en 1990, año en el que la canción Burbujas de amor ocupó los primeros lugares de música en español; incluso, fue número uno en el mercado estadounidense. Aunque muchos creían –con razón– que se trataba de una composición erótica, Guerra aseguró que era un homenaje a Rayuela, la obra cumbre del argentino Julio Cortázar, uno de sus escritores de cabecera.

La explicación no era un asunto marginal. Guerra, nacido en la colonial Santo Domingo en 1957, es un hombre culto, graduado en filosofía, formado en conservatorio, que ha estudiado a fondo a los autores del boom latinoamericano y entre otras virtudes, tiene a Johann Sebastian Bach como su referente creativo.

“He escuchado que le dan a la canción esa connotación”, dijo alguna vez el compositor, que ha vendido más de 30 millones de discos y atesora 18 Grammy latinos, dos Grammy anglo y dos premios Latin Billboard. “Pero realmente esa canción la compuse mientras leía un libro de Cortázar, Rayuela, y si buscas bien, en uno de los capítulos hay un personaje que toca la nariz contra la pecera. Esa imagen fue la que me inspiró a componerla. Le han dado otra connotación, pero esa imagen, textual, fue la que me inspiró”.

Fuera como fuera, el tema andaba de boca en boca, entre grandes y chicos, como le fascinaba al pequeño Vicente Luis García Guillén, paisano de Guerra, pero de otra generación: nació el 30 de marzo de 1983.

Un encuentro mágico

Un día, relata el también exponente de la bachata, al llegar del colegio, le contaron que al frente, en el Mesón de Bari, un restaurante emblemático de Santo Domingo, estaba Juan Luis. “Eufórico, entré a mi casa, llamé a un amigo del colegio y le conté aquello. Él, evidentemente, no me creyó, así que, gracias a la tecnología de los teléfonos inalámbricos, crucé y llegué hasta su mesa a decirle que amaba su música y que si podía cantar un poquito de Burbujas de amor para que mi amigo en el teléfono me creyera”, relató. “Muy amable, y entre risas, cantó varias líneas”:

“Tengo un corazón / Mutilado de esperanza y de razón / Tengo un corazón / Que madruga adonde quiera / ¡Ay ay ay ay! / Y ese corazón / Se desnuda de impaciencia ante tu voz / Pobre corazón / Que no atrapa su cordura”.

La narración se hace más asombrosa cuando García explica además, en su cuenta de Instagram, que “lo curioso es que ese día, Juan Luis andaba con un amigo fotógrafo que capturó el momento, y este resultó siendo amigo de mi tía; luego de revelar la foto, alguien identificó que ese niño era el sobrino de Merche, y así fue como llegó esta foto a mis manos”. La dedicatoria es premonitoria: “Para Vicente. De tu amigo desde chiquito. Juan Luis”.

Eso explica, en parte, la reacción exhibida por el público en Punta Cana, en un festivo y emotivo concierto que contó con la presencia de EL TIEMPO. “Tocar aquí con él en la misma tarima es como un acto de graduación”, le dijo García a este periódico en los camerinos, segundos antes de salir a escena. “Él es mi referente, el artista que siempre me inspira”, argumentó. En efecto, el joven músico ha recibido siempre los halagos de la crítica, que lo sitúan como el sucesor del creador de Ojalá que llueva café, La bilirrubina, Visa para un sueño y Como abeja al panal, entre otros clásicos.

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El día que García, con 8 años de edad, se acercó a su entonces ídolo Guerra.

Foto:

Archivo

La mirada en Bogotá

Hace unos años, García sintió que debía dar el salto más allá de las fronteras y escogió a Bogotá como escala en su trayectoria. Vive en esta capital porque dice que el buen momento de la música colombiana tiene una sólida explicación: el enorme talento que todos los actores de la cadena industrial respiran día a día: letristas, arreglistas, productores, ingenieros. De hecho, la totalidad de los integrantes de su banda son colombianos. Precisamente con ellos se puso frente al público del país que lo vio nacer, y cantó pletórico: Cómo has logrado, La paloma, El yeyo, A la mar, entre otras melodías.

En él, cada palabra, cada línea está escrita después de una cuidada elaboración. García sostiene que no se trata solo de crear coros facilistas para que la gente los repita, sino que busca metáforas que reflejen a la mujer, la geografía y el color de su tierra. “No soy, nunca lo sería, pretencioso. No juzgo a los demás. En mí caso, la inspiración viene tras una labor ardua. Mis fuentes están, en gran parte, en mi formación literaria”, dice.

Una técnica similar a la de su maestro. Luego de varios temas individuales, junto con Guerra interpretaron Loma de cayenas. Fue una escena soñada por él desde que cruzó la calle con el teléfono inalámbrico. Era como ver una carrera de relevos en la que un integrante del equipo le entrega el testigo al que sigue.

Formación literaria

¿Ve entre las nuevas generaciones un artista que pueda seguir su sendero?, le preguntó tras el concierto EL TIEMPO a Guerra. “Por supuesto. Hay muchos artistas interesados en adquirir formación literaria para componer canciones, Vicente es uno de ellos. René Pérez (Residente) tiene una forma de expresión única y mucha información en general, no solo literaria. Eso por mencionar solo dos”.

¿Cree usted que Vicente García podría ser considerado su sucesor? ¿Qué virtudes ve en él? ¿Qué tiene que mejorar? “Creo que sí. ¡Nos parecemos mucho! Siempre hablo de él como un hijo musical”, exclamó.

“Su virtud principal, además de ser un gran compositor, es la fidelidad a lo que hace, sin importar las exigencias de la industria. ¡Su meta es hacer buena música! Sabe muy bien lo que quiere y trabaja en sus proyectos hasta conseguir el resultado deseado. Me parece que es un gran ejemplo para seguir por las generaciones venideras”, añadió.

García, sin embargo, no es un caso aislado. Es fruto de una sólida formación oral de un país pequeño en geografía –tiene 11 millones de habitantes–, pero de gran riqueza cultural. “En la República Dominicana, y por la creación de universidades con licenciatura en música, estamos dando un gran paso adelante. Muy pronto veremos el fruto de una nueva generación de músicos con formación académica dominicana”, pronostica Guerra.

Él, como García, no teme a los constantes cambios tecnológicos cada vez más sorprendentes, aunque, eso sí, siguen respetando los antiguos acetatos. ¿Cree que las formas de producción de hoy han mejorado la música o no? “Bueno, los nuevos formatos han facilitado el proceso de grabación. Lo que tomaba mucho tiempo en formato análogo se resuelve muy rápido en el digital. De todas formas, sigo amando el sonido del vinilo y el hecho de sentarme a escuchar un disco como obra y legado, sin un control en la mano que busque sencillos”, dice Guerra.

“Uno se adapta. Lo trascendental es crear y presentar un trabajo que respete al público, que valore las audiencias porque, al fin y al cabo, cantamos lo que somos”, dice García, muy seguramente su sucesor.

ARMANDO NEIRA
Editor de Cultura
EL TIEMPO
*Punta Cana, República Dominicana
* Invitación de Sony Music Col. 

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