Javier Cercas y la literatura de los excepcionales

Javier Cercas y la literatura de los excepcionales

El escritor español ganó el Premio Planeta 2019 con su novela Terra Alta. Está en el Hay Festival. 

Javier Cercas, escritor

Javier Cercas es uno de los invitados de honor a la edición 2020 del Hay Festival, en Cartagena de Indias.

Foto:

Foto: Paúl Musso

Por: JUAN CAMILO RINCÓN
30 de enero 2020 , 11:41 a.m.

La mejor manera de luchar contra el mal es haber nacido en el mal mismo. Aunque la literatura nos ha enseñado que los extremos rivalizan e incluso buscan combatirse mutuamente, es la realidad la que nos revela que el bien necesita de la oscuridad para prevalecer; es el mal el que le otorga su ventaja.

La verdadera justicia tiene algo de violencia y de venganza, y así lo demuestra Eugène-François Vidocq, el primer director de la Seguridad Nacional francesa y uno de los primeros investigadores privados de ese país, quien, antes de convertirse en símbolo de la investigación criminal, vivió como bandido.

Real como era, inspiró a Víctor Hugo para dar forma a dos de sus mejores personajes: el desdichado Jean Valjean y el implacable Javert. Y en estos dos se basó el escritor español Javier Cercas para crear a Melchor Marín, policía de Terra Alta, novela con la que ganó el Premio Planeta 2019.

Nacido en Ibahernando, provincia de Cáceres, la fuerza de Cercas como investigador literario se traduce en personajes viscerales y creíbles que bien podría uno encontrarse en la calle.

Con una narrativa minuciosa, edifica una prosa intimista que se acerca al lector para hablarle al oído, contarle sus confidencias e invitarlo a encontrar juntos una y todas las respuestas. Alejado de la literatura romántica y maniqueísta, Cercas crea una obra que no huye de la ambigüedad, sino que la usa a su favor, sugiriendo sentidos diversos para lecturas polifónicas sobre los matices de la condición humana. Entrevista.

¿Por qué resulta tan interesante un personaje como Melchor, que desde su experiencia como delincuente aprende a perseguir criminales y se vincula al ‘lado correcto de
la ley’?
Porque es un personaje complejo, lleno de aristas, de sombras, de contradicciones y porque, en medio de ellas, de toda su furia, su violencia y su oscuridad, es un tipo profundamente honesto. Cuando pienso en él, pienso en un verso de Borges, de “Fragmentos de un evangelio apócrifo” en El elogio de la sombra, que dice: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ven a Dios”. Para mí, Melchor es un limpio de corazón. Es un tipo que me cae muy bien. Lo adoro, la verdad. No puedo decir otra cosa.

¿Cuál es el encanto del antihéroe, de la víctima de las circunstancias que termina redimiéndose o reivindicándose?
No sé si es un héroe o un antihéroe. Para sus compañeros y para mucha gente es un héroe porque es el tipo que es capaz de hacer algo que hizo alguien real. Como sabes, acabar con cuatro yihadistas en el Paseo Marítimo de Cambrils el 17 de agosto de 2017, eso ocurrió de verdad. Hubo un policía que no sabemos quién es, pero que hizo eso. Para los demás, Melchor es un héroe, pero para él, no lo es; él no se siente así. Al contrario, después de eso siempre recuerda aquella frase de Los miserables (él siempre recuerda a Los miserables) que dice: “Es un hombre que hace el bien a tiros”. Lo seguro es que los únicos héroes de verdad son los que no se sienten héroes; eso está claro. Melchor es un tipo complejo y yo no diría que es una persona normal; es más bien excepcional. Lo que hace él no puede hacerlo todo el mundo. Es, además, un tipo extremo; como dijo André Gide: “Los extremos me tocan”. A él los extremos lo tocan; es capaz de lo mejor y también de lo peor.

La mayoría de sus novelas están escritas en primera persona, mientras que Terra Alta se posiciona desde la tercera persona. ¿Dónde nace la decisión de asumir una u otra herramienta narrativa?
Ese cambio que mencionas, aparentemente anecdótico, pasar de la primera a la tercera, es un cambio fundamental porque la literatura es forma, pero en la literatura la forma es el fondo, así que ese cambio implica toda una serie de modificaciones esenciales. Lo decidí desde el primer momento: cuando llegué a mi último libro, El monarca de las sombras, sentí que era el final de un camino, y que, si continuaba por ahí, corría el riesgo que puede correr un escritor, que es el de repetirse, el de convertirse en un imitador de sí mismo. Así que tardé un cierto tiempo en poder escribir este libro. Lo primero que me vino a la cabeza fue la primera frase del segundo capítulo, que está escrita en tercera persona y es muy contundente y donde, de algún modo, está el germen de todo el libro: “Se llamaba Melchor porque la primera vez que su madre lo vio, recién salido de su vientre y chorreando sangre, exclamó entre sollozos de júbilo que parecía un rey mago. Su madre se llamaba Rosario y era puta”.

Usted evita “obligar a un personaje a actuar de una forma distinta a la que lleva implícita en su carácter, que ya está totalmente definido”. ¿Le ha ocurrido que alguno de sus personajes se le haya salido de las manos?
Siempre ocurre, eso no es ningún misterio. Si no te pasa, mal asunto. Escribir una novela consiste en crear un juego con unas reglas determinadas. Cada novela tiene sus propias reglas. El trabajo del escritor consiste en descubrirlas a medida que escribe y el del lector, a medida que lee. Si esas reglas son lo suficientemente sólidas, fuertes, definidas, todo el mecanismo de la novela obedece a ellas. Tú puedes hacer lo que quieras con tus personajes, pero llega un momento en que, si el personaje está bien construido, si las reglas que has definido son bastante fuertes, ese personaje te está pidiendo hacer determinadas cosas y tú ya no vas por delante de él, sino que él va delante de ti. Si tú siempre vas por delante, eso no va a funcionar.

En la novela está presente el narcotráfico, y aparece Colombia...
Es verdad. El episodio está basado en un hecho real, y es que un cartel colombiano, en las fechas de las que hablo, fue desarticulado en Cataluña. Ha habido épocas en las que los carteles colombianos han tenido una importancia fundamental, como la mafia italiana. Si sacas a un mafioso de una novela, al final es probable que sea italiano. Puede ser un cliché, pero han existido y existen. En el momento en que está estructurada la novela, había carteles colombianos operando en España. Es más, la mayoría eran colombianos. Es la realidad. La ficción siempre está basada en la realidad; es una transformación de ella. No existe la ficción pura.

¿En qué época de la historia le hubiera gustado ser escritor?
En el Siglo de Oro español, donde incluso los de sexta categoría son buenos. ¡Es increíble! Ha sido un buen momento para escribir. Es un siglo tremendo. En España, sin duda, ese. En la Francia del siglo XVIII hasta las señoras que escribían cartas lo hacían maravillosamente bien.

Para usted, el articulista y el novelista son casi opuestos. ¿Hay algún punto de encuentro o coincidencia entre estos dos?
Sí lo hay, pero el punto de unión es el punto de repulsión, el punto en que los dos se sabotean mutuamente. Es decir, el novelista lo que hace es sabotear las ideas del articulista, y el articulista expone ideas contrarias a las de un novelista. El articulista tarde o temprano tiene que decir sí o no, mientras que el novelista nunca dice sí o no. Las verdades del articulista son a veces, en última instancia, claras, líquidas, taxativas; tiene que decir esto está bien o está mal, esto es correcto o es incorrecto, mientras que las verdades del novelista siempre son ambiguas, contradictorias, poliédricas. Uno y otro se sabotean mutuamente y ese es un punto de unión: se parecen en que no se parecen en nada. Eso creo.

¿Cuál es su relación con la verdad, como columnista de un diario como El País, y con la realidad, como escritor?
Como columnista es muy sencillo: siento el respeto que todo escritor de periodismo siente por la verdad; ahí no tengo dudas. Procuro que lo que escribo sea cierto. Lo que pasa es que hoy la verdad, por desgracia, está muy devaluada. Por momentos tengo la impresión de que la verdad periodística, la verdad histórica, la verdad de los hechos, importa poco y eso es una catástrofe total. He padecido en mis carnes cómo las inundaciones de mentiras son letales, cómo las mentiras solamente crean esclavos, mientras que la verdad, como sabemos desde el evangelio, crea hombres y mujeres libres. En cuanto a la realidad, es el punto de partida. Repito: no existe la ficción pura; siempre está contaminada de realidad. Si existiera, no tendría el menor interés; ni siquiera podríamos entenderla. El carburante de la ficción es la realidad, es lo que la dota de sentido. La ficción es la transfiguración de la realidad que convierte los hechos, lo concreto, lo particular, en universal. Aunque seas el novelista más fantasioso del mundo, sin realidad no hay ficción.

---
El escritor Javier Cercas dará una charla el 31 de enero a las 7 p.m., en el Centro de Formación de la Cooperación Española, como parte del Hay Festival.

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.