‘En la música, más importante que interpretar es escuchar’

‘En la música, más importante que interpretar es escuchar’

En sus álbumes, el músico alemán Stephan Micus recoge tradiciones milenarias. Entrevista.

Stephan Micus

Stephan Micus profesa una fascinación especial por los instrumentos tradicionales de diferentes culturas.

Foto:

Wolfgang Krebs / ECM Records

Por: Carlos Solano
28 de abril 2019 , 10:05 p.m.

Todos los instrumentos tienen una historia. Incluso, en sí mismos son documentos de la historia en general: hablan de un momento, de un pueblo o de una espiritualidad a través de sus sonidos y vibraciones. Así lo ha percibido el artista Stephan Micus en más de 40 años dedicados a sacudir sus misterios sonoros.

El músico alemán, quien ha sido parte del catálogo del sello discográfico ECM –cuyo prestigio entre fanáticos de los sonidos de vanguardia y el jazz es todo un culto–, combina en su trabajo más de 50 instrumentos tradicionales de Asia, Europa y América. Es decir, si existe una categoría llamada ‘música del mundo’ para clasificar artistas de diferentes culturas, lo que hace Micus representa la globalidad de la música.

El próximo 7 de mayo, el multiinstrumentista se presentará en el auditorio León de Greiff, en un concierto que enmarca la presentación que hará la editorial Rey Naranjo en la Feria del Libro de Bogotá de ‘Between Sound and Space’, libro que comprende reseñas publicadas durante cuatro décadas de 100 grandes discos de ECM. Entre sus artistas están John Cage, Keith Jarrett, Arvo Pärt y Pat Metheny. Micus es uno de los más prolíficos de su catálogo.

En sus álbumes interpreta las flautas ‘duduk’ (Armenia), ‘shakuhachi’ (Japón); el ‘ki un ki’, de la tribu de los udegeys, de Siberia, o el ‘raj nplaim’, de Laos; en cuerdas: el ‘dilruba’, de India; el ‘sattar’, de China; el ‘balanzikom’, de las ceremonias sufi de Tajikistan; ‘bolombatto’ y ‘sinding’, arpas de África occidental; el ‘rabab’, de Afganistán; el ‘bodhran’, tambor irlandés, o el ‘genbri’, un bajo original de Marruecos... Por mencionar solo algunos de todos los que absorbió en sus viajes. Usualmente, extrae de ellos sonidos fuera de los cánones de las músicas a las que pertenecen.

“Esto no era un plan que haya pensado hace 50 años –explica Micus–, como que me haya imaginado que voy a hacer este recorrido global y al final obtener la música. No, esto ha crecido con los años (...) Los instrumentos llevan la información profunda de los pueblos”.

El artista también está en Colombia porque emprenderá un viaje por el río Orinoco, la reserva ecológica Bojonawi, la laguna del Pañuelo y el parque nacional El Tuparro, para un nuevo proyecto musical auspiciado por el Goethe Institut y Experimenta Sur con su proyecto Humboldt en las Américas.

Antes de venir a Colombia, Micus –quien ya dio un recital en Medellín– habló con EL TIEMPO.

¿Hay una elección espiritual detrás de cada instrumento?

Los instrumentos son para mí una forma de ser entre las cosas y los seres, están en el borde. Los instrumentos tienen un alma y una personalidad, y un buen músico intenta descubrir esto que ya está dentro. Una cosa que es más importante en la música que interpretar es escuchar; hay que sentir qué quiere decir este instrumento. Hay que abrirse para dejar que esto pase, lo que nos quiere contar. Entonces, en cierta forma, todos los instrumentos son objetos espirituales.

Más allá de la música ¿hay una búsqueda de la vibración y el silencio?

La gente normalmente divide la música en varios compartimentos como armonías, ritmo y melodía. Para mí, hay un cuarto elemento que justamente es el sonido mismo.

Por ejemplo, puedes tener una melodía simple, la tocas en una flauta clásica de Europa y, luego, en una ‘shakuhachi’, de Japón, y ahí hay mundos de diferencia. El sonido mismo es para mí muy importante y siempre trato de tener los mejores instrumentos para incluso modificarlos y así obtener el mejor sonido que pueda producir. El sonido de la ‘shakuhachi’ es para mí más interesante. Los instrumentos de Europa han perdido mucho lo interesante de su sonido porque había el reto de combinarlos con la orquesta sinfónica, y, si quieres que 50 personas trabajen juntas, cada una debe dejar algo de su personalidad porque, si no, hay un caos completo.

Los instrumentos de Oriente nunca han tenido este reto; eran melodía junto a una percusión. Entonces, el instrumento solista podía tener toda la personalidad posible; por eso, en muchos casos suenan más interesantes.

Hay toda una filosofía en ECM; no es gratuito el eslogan de ‘el sonido más hermoso después del silencio’...

No puedo hablar de ECM en general, solo puedo hablar de mis discos; cada uno tiene su historia, una selección de instrumentos diferentes, no es solamente una adición de las últimas composiciones sino que lo veo siempre como una historia y un viaje con un principio. A veces he dicho que el compositor es como un guía que toma la mano de la gente que escucha y la lleva a sitios quizá desconocidos, extraños, bonitos, o lo que sea, y al final la lleva de regreso.

¿Su género es el ‘world music’, en toda la extensión del término?

(...) Esto ha crecido con los años y por mi fascinación con los instrumentos tradicionales antiguos de muchos países diferentes (...) Me fascina y me da alegría. Es una idea fascinante el intentar comprender todas las músicas que existen en el mundo y ver el elemento que tienen en común porque, al final, la razón por la que la gente hace música es la misma en todos los países, y así esto está todo conectado y muchos instrumentos que, por ejemplo, la gente piensa ‘esto es la cultura de Europa, la música clásica’, casi todos tienen un origen en el Oriente.

Los instrumentos de Europa han perdido mucho lo interesante de su sonido porque había el reto de combinarlos con la orquesta sinfónica

Dónde y cuándo

Martes 7 de mayo, auditorio León de Greiff. Las boletas oscilan entre 15.000 y 30.000 pesos, con descuento especial para estudiantes, y pueden ser adquiridas en la página de Tuboleta.com. Organizan Rey Naranjo Editores, Nova et Vetera y la Dirección de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de Colombia.

CARLOS SOLANO
EL TIEMPO

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