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Silvana Estrada: ‘Antes de ser su amiga, fui fan de Natalia Lafourcade’
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Silvana Estrada ya lanzó un EP y varias canciones. Está trabajando en su primer álbum.

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Hilda Pellerano

Silvana Estrada: ‘Antes de ser su amiga, fui fan de Natalia Lafourcade’

Silvana Estrada ya lanzó un EP y varias canciones. Está trabajando en su primer álbum.

La cantante mexicana estrena 'Marchita', el primer adelanto de su álbum debut. Entrevista.

Entre cientos y cientos de canciones que cantó, hubo una que a Mercedes Sosa le hizo falta entonar: Al otro lado del río. Aunque el uruguayo Jorge Drexler la compuso para que fuera interpretada por la leyenda argentina, finalmente nunca se supo cómo sonaría en su voz. Gracias a Silvana Estrada, ese hecho casi indefectible cambió un poquito.

Al otro lado del río fue la banda sonora de Diarios de motocicleta (2004), la película biográfica que cuenta el viaje del Che Guevara por América Latina. Sosa no la interpretó porque al director de la cinta le encantó como la cantaba Drexler, quien, de hecho, se ganó un premio Óscar por este tema.

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La candencia de sus versos y su tono quejumbroso de la canción, que coincidían bien con el estilo de Mercedes Sosa, solo pudieron ser simulados por la voz de la mexicana Silvana Estrada, que hizo una versión para la serie Grammy Reimagined, organizada por la Recording Academy. “Mi referente absoluto para cantar es Mercedes Sosa”, advierte Estrada.

Y no solo en esa canción: esa impronta heredada de Mercedes Sosa, Chavela Vargas, Violeta Parra, e incluso de Natalia Lafourcade o Julieta Venegas, está en la médula de la propuesta de Silvana Estrada. De hecho, colaboró con Lafourcade en su último disco.

Este mes estrenó su canción Marchita, que es el primer adelanto de lo que será su álbum debut. Ya ha estrenado varias canciones sueltas y un EP, y por eso hay expectativas sobre su gran ópera prima.

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Tiene 24 años. Nació en Veracruz (México). Creció en una familia de músicos, estudió jazz y toca el cuatro venezolano.

¿De dónde sale su capacidad lírica?

Escribo de la manera en la que lo hago porque crecí en una familia de lectores. Me encantaba la poesía. Mucho, muchísimo. Me parecía mágico poder expresarse a través de palabras y lograr que los demás sientan cosas. Pero nadie sabe qué pasa con la poesía, igual que con la música. A los nueve o diez años una maestra muy linda que tuve me regaló unos libros de Neruda, de Machado, de Rubén Darío. Me encargaba que me los aprendiera y me sabía muchos poemas de memoria.

¿Se acuerda de algunos?

Me acuerdo de pedazos. Pero el caso es que eso me fue forjando una manera de hablar y expresarme. Cuando estudiaba jazz sentía que no era suficiente, que tenía que agregarle letra. No me bastaba la música para sacar todo lo que tenía dentro. Mientras tanto, estuve escribiendo cuentos, poemas y ensayos.

¿Cuándo pasó a escribir para canciones?

Cuando mezclé mis poemas con canciones que había compuesto, entendí cómo quería sonar. Las palabras han guiado la manera en la que canto y en la que percibo la música. En mi cabeza, las palabras y la música se guían mutuamente.

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Cuando logré saber qué quería decir, me forzaba a componer canciones con solo tres o cuatro acordes. Y ahí encontré la música de raíz, el folclor, que es donde me manejo ahora y es porque encontré la magia de la sencillez a través de la palabra.

¿Qué le impresionó de ellos?

Lo que más me impresionó es la capacidad de síntesis que tienen. Cuentan historias, metaforizan, dan mensajes y conmueven en pocas líneas. Pero respecto a la parte folclórica, casi que no tuve que ponerme referentes o que buscar más, porque simplemente fue la música que crecí oyendo. Agustín Lara, Álvaro Carrillo o José Alfredo Jiménez fueron algo así como mi familia.

¿Qué hay de sus referencias femeninas?

Claro, es que estaba hablando de compositores, pero, en cuanto a interpretación, mis ejemplos son femeninos. Y aprovecho para decir que la composición ha estado muy dominada por los hombres históricamente. Sin embargo, para hablar de mujeres puedo decir que Mercedes Sosa es mi referente absoluto de la voz. Y que también oí mucho a Chavela Vargas, a Ella Fitzgerald o Billie Holiday.

Algunos la comparan con Natalia Lafourcade...

Natalia Lafourcade es un referente, claro. Lo que pasa es que ahora somos amigas, pero, por ejemplo, cuando ella sacó el disco de Agustín Lara, me voló la cabeza. No se me puede olvidar que fui su fanática. Sentía que me representaba.

¿Algún otro ejemplo?

Julieta Venegas. Cuando salió yo era una niña y fue uno de los primeros discos que me compraron mis papás. Ella fue un referente de cómo se puede hacer todo: una mujer que compone, canta, toca, dirige sus videoclips, los protagoniza, todo. Fue muy importante para nuestra generación que existieran figuras como ellas.

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De pronto mi mamá no tuvo esos referentes, y mi mamá canta muy bonito, pero finalmente se dedicó a otra cosa. Quizás en su momento no había toda la apertura que hay ahora para que las niñas exploren sus posibilidades como profesionales o artistas.

¿Y usted a qué se hubiera dedicado si no fuera cantante?

Creo que hubiera sido escritora. También me hubiera gustado mucho bailar, fíjate: ser coreógrafa, directora escénica. Quizás encontraría una manera de estar cerca de la música de cualquier manera.

Estaría cerca del arte, no haría nada científico ni matemático…

Es que sería muy mala. No les haría ese mal a los profesores, ni a los compañeros, ni a la sociedad. En algún momento, cuando niña, dije que quería ser psicóloga. Como a los 13 años. Leí un par de libros de psicoanálisis. Pensaba que me gustaría porque disfruto oír a las personas, pero descubrí que prefiero hablar y expresarme.

Pero fíjese en Jorge Drexler, también un referente suyo, que es médico e incorpora la ciencia en su música.

Sí, pues en el mundo de la canción todo aporta. Cuando yo lo conocí a Jorge, él estaba un poco preocupado de que yo no estudiara una carrera profesional. Bueno, estudié dos años de jazz, pero al final no terminé. Me dijo: “Si no quieres estudiar algo relacionado con la música, porque ya sabes hacer música, estudia otra cosa que te guste y que enriquezca. Por ejemplo, te gusta escribir: ¿sabes escribir en verso? ¿Sabes escribir en décimas?”.

¿Y usted qué le respondió?

Cuando le respondí que sí sabía, me dijo: “Bueno, si sabes escribir en décimas a lo mejor es cierto que no necesitas ninguna escuela”. Qué risa. Pero bueno, al final creo que tiene razón: estudiar nunca sobra. Martha Agerich, la pianista, dice que la técnica nos hace libres.

Finalmente, ¿qué le hace falta a la escena musical latinoamericana?

Debería haber un compromiso artístico por diversificar la escena. Nuestras sociedades se merecen músicas que den identidad, que empoderen, que den fuerza, conexión y, por último, belleza.

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Es importante defender la belleza como valor social. En Latinoamérica hay mucha sordidez, con países muy expuestos a la violencia. Nuestra responsabilidad como artistas no es solo darle voz a la gente, sino procurar poner belleza en el mundo como compromiso social, como manifiesto político.

-MATEO ARIAS ORTIZ
​Redacción Domingo
​En redes sociales: @mateoariasortiz

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