‘Pienso que el narrador que lo sabe todo no desaparecerá’

‘Pienso que el narrador que lo sabe todo no desaparecerá’

En su nueva novela, ‘Es mejor no preguntar’, Sergio Ocampo desestructura tabúes y su modo de narrar.

Sergio Ocampo Madrid

Sergio Ocampo Madrid dice que su primera novela, ‘El hombre que murió la víspera’, es muy lograda. Pero la última tiene mayor riesgo.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO

Por: Francisco Celis Albán
13 de noviembre 2018 , 09:16 p.m.

Es mejor no preguntar. Claro, uno dice: una entrevista sin preguntas. Una conversación hecha de apreciaciones acerca del libro y del propio autor, pero las preguntas detonan los conceptos e informaciones que el lector, imaginamos los periodistas, quiere saber. ¿Cómo darles la espalda? Y, además, son las que hacen verosímil el artificio periodístico de la entrevista, el pimponeo, el ritmo y el seguimiento de una mente tras las rutas del otro. Eso que hace tan rico el género.
La dificultad era evidente. La manera más fácil de saber cosas acerca de algo es preguntar.

Sergio Ocampo Madrid estudió psicología y comunicación social. Pasó largos 20 años en el periodismo, un tema que le plantean en todas las entrevistas desde que decidió pasarse a la ficción con un ademán semejante al del aficionado que una tarde, en medio de la corrida, salta la barrera y se mete a la arena a ver qué tanta distancia existe entre la condición del espectador y la sudorosa verdad de la acción, de enfrentarse a la negra y acezante bestia de muerte.

A lo largo de sus libros publicados, Ocampo ha venido desarrollando una carrera disciplinada, sin la carga de una formación académica, sin la carga de la farándula como narrador: A Larissa no le gustaban los escargots (cuento, 2009), El hombre que murió la víspera (novela, 2011), Limpieza de oficio (novela, 2014), El amante fiel de medianoche (cuento, 2015), y ahora Es mejor no preguntar, novela enjundiosa, trabajada y con la vocación de ser acogida por varias generaciones que siguen los procesos de la literatura colombiana. También fue antologizado en Siete cuentos fantásticos (2017).

¿Cuál es la semilla que da origen a ‘Es mejor no preguntar’?

Vengo observando el fenómeno de los nacidos entre 1980 y comienzos de los 90 desde hace mucho rato. Me parece una generación única, particularmente interesante, porque tiene una visión del mundo más universal que cualquiera otra; un diálogo permanente con el mundo; capacidad para moverse, viajar; idiomas; mayor formación académica; un espíritu muy confrontativo. Al tiempo, la siento una generación de gran fragilidad emocional y dependencia del reconocimiento. “¡Cómo lo estás haciendo de bien!, ¡qué talentoso eres!”. Es el resultado de rupturas que hubo en el momento en que esta generación nacía, culturales, sociales, políticas, incluso legislativas, porque empezamos a reconocer que los niños no eran personitas, sino sujetos de derecho. Es la primera generación que se empodera de esa circunstancia. Cambia el paradigma de los niños obedientes, silenciosos e invisibles que fuimos los de la generación anterior. Siento entonces que lo que correspondía eran unos adultos bien formados para guiar toda esa energía, pero falló esa parte adulta.

¿Pero qué exactamente hizo que se le iluminara el bombillito con este tema?

Muchas cosas. Por ejemplo, en el Alimentarte de este año, haciendo fila para comprar un plato, oí a un pelao que le decía a la novia: “Es que a mí definitivamente me produce mucha más ternura una mascota que un bebé”.

Y se suman otras facetas: son nativos del ecologismo, de la tecnología... Y hablando con padres y psicólogos me encuentro con la perplejidad de no saber qué hacer con unos niños en una explosión creativa, unos papás a los que les abruma la posibilidad de no acertar en su crianza.

Veo en este momento histórico algo especial, y es que la tecnología, la información permanente a la mano hizo que se rompiera ese equilibrio entre juventud, como lo más deseable en la vida, y vejez, como etapa de sabiduría, de conocimiento. Internet rompe para siempre con todo eso. El pensamiento millennial desdeña la vejez, y es una generación orientada hacia los resultados y hacia una lógica del resumen.

Cambia el paradigma de los niños obedientes, silenciosos e invisibles que fuimos los de la generación anterior

¿En qué momento dice: este análisis hay que expresarlo con la historia de un par de pelaos? ¿Cómo enfrenta ese trabajo ya puramente literario, más allá de lo sociológico?

Yo quería una historia en la cual un hombre y una mujer se van a conocer en algún momento de su vida. Él con 25 y ella con 22, en el año 2015. En varios momentos han coincidido en algún lugar de su ciudad y en otros lugares del mundo, pero jamás surge una chispa entre ellos. Hasta que eso ocurre y se desata un romance que dura dos semanas. La novela trae las fechas y las horas en que se encuentran o en que chatean. Para poder entender ese romance y su desarrollo y su desenlace hay que comenzar desde el momento en que nacen, crecen, son adolescentes y se encuentran. La novela tiene doce capítulos, y los intercapítulos son unos diálogos entre ellos, desnudos, sin el recurso del narrador.

¿Qué relación tiene con estos personajes?

Como personalidad, ni el uno ni la otra existen, pero le digo que en la vida me he topado más de una vez con un Jacobo y con una Nicoleta, en las élites bogotanas.

Háblenos del humor, de la ironía. El narrador se ríe de algunas situaciones de los personajes...

Se trata de recrear algunas situaciones que pueden mostrar grandes contradicciones, alegorías, y el narrador termina metiendo la cucharada. Un narrador omnisciente en el estilo de ‘érase una vez’ o ‘venga le cuento esta historia de Romeo y Julieta posmodernos’.

Un narrador omnisciente al estilo de Balzac, que lo sabe todo...

Sí. Pero la intención no es que el narrador vapulee a los personajes, sino que con “un tonito” irónico muestre algunas de sus circunstancias.

¿Sustraerse de la ubicación en un país no es una pretensión muy complicada, porque el léxico generacional matricula a los personajes en unos lugares precisos?

La lucha por el no lugar es la más difícil. Yo no quiero construir Macondos, sino un lugar posible, porque siento que las fronteras, los patriotismos y las identidades nacionales cada vez tambalean más. También porque ubicar un hecho en la carrera 85 con autopista tal es la manera más sencilla de hacer literatura. Me parece más difícil construir un universo completo.

Le preocupaba caer en el costumbrismo...

No, porque el costumbrismo requiere situaciones que no me llaman la atención. Es una decisión desde antes de arrancar a escribir, pero en esta mucho más porque siento que como el internet y las redes van a tener un peso en la novela, ese es el ámbito más universal de todos. Esta generación misma rompe con muchos paradigmas de localidad. Se puede encontrar a mi protagonista jugando video-juegos con gente de distintos idiomas, de distintos países, a distintas horas. Sí me encontré con el reto de que no hablaran bogotano, sin volverse un habla demasiado artificial.

Hay una oralidad muy lograda en los diálogos de los dos muchachos, muy rica en esas formas como los jóvenes usan el español...

Muy contemporáneos.

Sí. ¿En su trabajo literario, esta obra qué lugar ocupa? ¿Tiene la sensación, como cuando se sube una escalera, de que esta es mejor que las novelas anteriores?

No sé, porque es una apuesta que se sale de lo convencional, tiene una estructura un poco más compleja. Siento que mi primera novela, absolutamente desconocida, es muy trabajada y muy lograda. A los cinco meses de haber sido publicada se acabó la editorial Norma, y la novela quedó casi inédita. Pero esta última es mucho más arriesgada.

¿Encuentra más fácil escribir ahora que al comienzo?

Sí. Ya creo que me gasto más tiempo en edición que en redacción. Hoy, por muchas razones, se nos facilita mucho más la escritura. Antes, un escritor publicaba cada diez, cinco años. Álvaro Mutis tiene una etapa, después de su jubilación, en que publicó cada año y fue terriblemente criticado. Hoy he visto que escritores publican dos libros en un año y están siendo criticados también. Definitivamente, el computador cambió mucho los ritmos.

Claro, ya no se pone XXX para eliminar un párrafo.

Tuve un amigo que me advertía: “Cuidado, Sergio, uno no puede publicar tan seguido porque eso es falto de seriedad”. El ritmo lo pone cada quien.

¿Esa prevención qué es lo que quiere decir: que no se dejan madurar, asentar las obras, que no se pule?

Pues si el mundo está más acelerado cada vez, me parece lógico que la escritura también tenga su aceleración. Yo creo que el paradigma del siglo XIX, en el que había que trabajar las novelas y volverlas a trabajar, se rompió, y me parece afortunado.

Le quería mostrar una de esas marcas de localización que, me parece, rompen la intención de no lugar. “...el estruendo de una explosión terrorista”.

No, porque el terrorismo hoy, más que nunca, no es un patrimonio de estos países, sino del primer mundo. Es más, esta novela iba a terminar en el atentado terrorista del Bataclan, en París, en 2015, la discoteca donde Isis puso una bomba.

¿No hay una tendencia a cierto barroquismo?

Al contrario, creo que mi prosa se ha ido aligerando. Mi primer libro casi lo era, en el lenguaje. Lo he ido alivianando, sin renunciar a una musicalidad especial del lenguaje. Esa es una de mis búsquedas.

Me refería a reiteraciones que quieren como agotar una descripción o un hecho, un poco a la manera cubista.

Podría ser...

¿Qué pensó cuando le dijeron que el narrador omnisciente está desueto?

Sigo pensando que el narrador omnisciente es un patrimonio de la literatura de todos los tiempos y que no va a desaparecer. Más bien, pienso que sí debo iniciar un proyecto en que por primera vez hable en primera persona, que me cuesta trabajo. Le tengo miedo. Porque en el periodismo, la primera persona está mal vista.

FRANCISCO CELIS ALBÁN 
EDITOR DE EL TIEMPO

Descarga la app El Tiempo. Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias. Conócela acá

Empodera tu conocimiento

Sal de la rutina

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.