‘Las élites del país tienen un sesgo antimilitar’: Samuel Rivera

‘Las élites del país tienen un sesgo antimilitar’: Samuel Rivera

El capitán de navío (r) habla de su investigación sobre el pensamiento de las Fuerzas Militares.

operaciones militares conjuntas con Estados Unidos

El capitán de navío (r) Samuel Rivera-Páez publicó el libro 'Militares e identidad. Autorrepresentación y construcción de paz en el cuerpo de oficiales de las Fuerzas Militares colombianas'.

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Mauricio Moreno. EL TIEMPO

Por: Paula Andrea Gaviria
16 de marzo 2020 , 08:57 p.m.

¿Qué orientación política tienen los oficiales de las Fuerzas Militares de Colombia? ¿Son liberales o conservadores? ¿Cuáles son sus orígenes sociales y geográficos? ¿Van a la iglesia? ¿Son violentos? ¿Qué piensan de la paz?

Estas son algunas de las preguntas que el capitán de navío (r) Samuel Rivera-Páez aborda en su libro 'Militares e identidad. Autorrepresentación y construcción de paz en el cuerpo de oficiales de las Fuerzas Militares colombianas', descrito como un acontecimiento editorial sin precedentes por Eduardo Pizarro Leongómez, autor del libro 'De la guerra a la paz'.

El propósito de Rivera-Páez es conectar dos mundos que, hasta ahora, se han caracterizado por un desconocimiento mutuo: el de las Fuerzas Militares (FF. MM.) y el del resto de la sociedad. Se trata de una investigación que realizó durante cuatro años dentro del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.

Rivera-Páez es oceanógrafo físico, tiene una maestría en Economía Ambiental de la Universidad de los Andes y la Universidad de Maryland, un doctorado en Ciencias Sociales y Humanas de la Pontificia Universidad Javeriana, cuya editorial se encargó de publicar el libro, y, además, es militar.

En entrevista con EL TIEMPO habló sobre su incursión en la sociología militar, los principales hallazgos que arrojó su investigación y los interrogantes que quedan.

(Le puede interesar: Quiénes son y cómo piensan el país los oficiales de Fuerzas Militares)

¿Por qué decidió investigar sobre este tema?

Hubo varias situaciones que me llevaron a cuestionarme no mi condición de militar, sino el significado de lo militar en Colombia, y ahí hay mucho desorden conceptual. La gente suele pensar que porque policía y militares son uniformados son lo mismo. Eso hace que haya una mala comprensión sobre lo militar y, a partir de ahí, también de algunas otras categorías que están asociadas al ejercicio de la fuerza y a otras cosas, que creo que es importante discutir en una democracia.

Si esta investigación la hubiera hecho un civil, ¿hubiera obtenido los mismos resultados? ¿Influyó que usted sea militar?

Tengo la experiencia de un colega que estaba tratando de hacer una investigación similar en Brasil y, evidentemente, tuvo dificultades de acceso a las unidades y de acceso a la información, eso es una realidad.

Hizo más de mil encuestas a oficiales, ¿cuáles son los tres datos más relevantes o reveladores que encontró con estas?

El primer paquete de datos es el que tiene que ver con su origen geográfico, su origen social, su postura ideológica. Ahí es interesante el tema de la distribución regional: el oficial de las FF. MM. es particularmente urbano, de clase media. Esa caracterización es importante porque llevo más o menos 140 países investigados y Colombia es el único donde las personas tienen que pagar para ingresar a una escuela de formación militar y hacerse oficial.

Un segundo dato que me apasionó es que para los militares colombianos, que yo creo que son los funcionarios públicos que mejor conocen el país porque lo han tenido que vivir y recorrer, la violencia ha hecho que entiendan que la paz es muchísimo más que el silencio de los fusiles. Entienden que la paz se construye, primero, agotando las injusticias armadas, como los criminales, guerrillas, narcotraficantes; y en buena medida también construyendo una estructura social por parte de los políticos locales, regionales y nacionales, que debe solucionar los problemas que este país tiene.

Un tercer dato interesante es que, a pesar de que las FF. MM. tienen oficiales que son predominantemente conservadores (más o menos el 72 %), el conservadurismo se centra. O sea, está en el espectro de ‘algo conservador’ o ‘moderadamente conservador’. Eso se ve reflejado en el conservadurismo social que tienen: son muy conservadores en temas sociales (matrimonio, por ejemplo) y muy liberales en temas económicos (como en tratados de libre comercio). Son conservadores, sí, eso es un hecho, pero no hay una gran polarización hacia los extremos. Eso es muy importante porque ahí, en el centro, se construyen diálogos.

(Lea también: Duque rechaza propuesta de que los militares puedan votar)

¿Y en lo religioso?

Lo religioso es interesante. Este es un país católico, pero que poco a poco ha ido teniendo una conversión importante con nuevas religiones y con un mundo secular que se ha ido construyendo a lo largo y ancho de Latinoamérica. El crecimiento de los movimientos cristianos en Latinoamérica es importante y eso ya tiene un impacto también en las Fuerzas Militares. Lo único es que no son tan practicantes como el resto de la sociedad. No son tanto de ir a la misa y de rezar.

Colombia es el único país de A. Latina que no restringe que las mujeres ocupen un cargo en la organización militar. Estas representan el 9,2 % de los oficiales, ¿a qué atribuye eso?

Definitivamente, esa nueva Constitución del 91 que introdujo una cantidad de derechos en la normativa nacional juega un papel importante. Obviamente, lograr trasladar eso al mundo real es complejo por muchas razones. Pero en la Armada, en la Fuerza Aérea y en el Ejército, hoy en día se ha logrado en buena medida. No deja de ser conflictivo, y es entendible por el ámbito de todos los ejércitos del mundo, no solamente el colombiano. Es un espacio masculino por naturaleza, y ese espacio masculino por naturaleza comienza a confrontarse de muchas formas.

¿Cómo explicar el muro entre las Fuerzas Militares y la sociedad?

Lo que sucede en este país, y este es un tema mucho más álgido y de cautela y de mirar desde una esfera un poco más amplia, es que las élites de este país –y hay muchos estudios que lo demuestran– tienen un sesgo antimilitar. Muchos autores han mostrado cómo la historia del país se ha construido sobre un sesgo antimilitar que tiene su origen en España. Eso lo que ha hecho es siempre tener, de alguna manera, a los militares en un espacio contenido frente a la sociedad.

¿Cómo subsanar la desconfianza de muchos ciudadanos hacia las FF. MM. por temas como los ‘falsos positivos’?

Es difícil. Eso corresponde más a entender las dinámicas que llevaron a que se terminara en conductas individuales. Yo fui oficial por 27 años y recuerdo discursos y eventos con comandantes generales donde se planteaba abiertamente cero tolerancia a los desvíos éticos de comportamiento. Lo importante es la individualización de las conductas. Obviamente, y es un comentario muy complejo en medio de todo, la guerra es una actividad que degrada la moral en todo sentido, y en eso hay que tener mucho cuidado, porque al final pueden pasar muchas cosas. Estamos hablando de 14.000 oficiales, y la cantidad de oficiales que están siendo juzgados o que están en la justicia especial de paz puede ser una proporción mínima frente a ese colectivo.

¿Se podría decir que hay disposición por parte de las FF. MM. para implementar el acuerdo de paz?

Sí, claro. Una cosa muy importante es que de las cosas más exitosas que ha habido en la implementación fue lo que negociaron los militares con los guerrilleros. El punto de la desmovilización, el desarme y la reincorporación. Las zonas de desmovilización funcionaron perfectamente, y eso fue una negociación, digamos, entre combatientes. Los militares no han sido un problema en la implementación de los acuerdos de paz.

¿Por qué señala que los militares se sienten en una vida paralela?

El militar piensa: ‘Yo estoy participando activamente en la construcción de esta sociedad, pero esta sociedad me impone unas limitaciones de derechos políticos (...). Bueno, yo no soy parte de las élites, pero tampoco soy parte de la clase popular, no tengo derecho a votar, no tengo derecho a expresarme de ninguna manera, mi vocación de servicio es muy particular…’. Todas esas particularidades hacen que sea de una subcultura que piensa: ‘Yo soy un ciudadano que se está construyendo de una manera diferente al ciudadano del común’, y todo eso se construye como en una vida paralela.

¿Qué aproximación tuvo sobre la homosexualidad en las FF. MM.?

No está exactamente la cantidad, pero hice una observación en el libro: respecto al reconocimiento de las comunidades LGBTI, las Fuerzas Armadas han debido modificar su postura institucional. A partir de fallos producidos por las altas cortes han debido reconocer los derechos de esas comunidades dentro de la organización militar. Hoy se aplica la política de ‘se puede ser, pero no demostrar’.

¿Qué decir del voto militar?

Solo en cuatro países en el hemisferio occidental no votan: Guatemala, Honduras, República Dominicana y Colombia. Pero en el resto del mundo el militar vota porque esa es la forma como uno puede participar de la construcción de ciudadanía. El gran general norteamericano George Marshall, que lideró el proceso de reconstrucción de Europa, dice: “El derecho político no se le debe restringir, pero el militar debe ser tan profesional de reconocer que él es neutral frente a la decisión política que se tome”. Es decir que, indiferente de quién esté allá arriba, su obligación es respetar la Constitución.

PAULA ANDREA GAVIRIA
​Para EL TIEMPO​@Paula_Gaviria

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