Tres voces literarias aplaudidas en la región

Tres voces literarias aplaudidas en la región

Una mirada la argentina Samanta Schweblin, el peruano Carlos Yushimito y al mexicano Antonio Ortuño.

Samanta Schweblin

Samanta Schweblin, escritora argentina.

Foto:

Mauricio Moreno/EL TIEMPO

Por: Jorge Iván Parra*
10 de junio 2019 , 11:00 p.m.

En 2005 los editores de la revista Granta, Valerie Miles y Aurelio Major, seleccionaron a los que a la sazón eran los veintidós mejores escritores en lengua española, menores de 35 años.

Dicha revista, ya había hecho similares selecciones de escritores en lengua inglesa (una en Inglaterra y otra en EE.UU.), y actualmente la está haciendo también en portugués.

Granta en español consta de diecisiete escritores (cuatro españoles, cinco argentinos, dos peruanos, dos chilenos, un boliviano, un mejicano, un uruguayo y un colombiano, y de cinco escritoras (tres argentinas y dos españolas).

Tres de esos narradores adocenados por Miles y Major, son Samanta Schweblin, Antonio Ortuño y Carlos Yushimito. De cada uno de ellos comentamos una de sus recientes novedades.

Samanta Schweblin

Editado por Random House

Foto:

Archivo particular

Voz del Cono Sur

En su novela Kentukis, la escritora argentina Samanta Schweblin retrata una pandilla de muchachos conchabados con un hamponcete con tecnología para grabar a todo el mundo en la escuela, y luego chantajear con los videos y las fotos que se toman con un “kentuki”.

Dicho aparatico no es más que un peluche con una cámara que le muestra lo que registra a un desocupado morboso en cualquier lugar del mundo. Es decir, que el comprador del “kentuki” no sabe quién lo está mirando.

La obra está articulada con la episteme posmoderna, caracterizada por el fetichismo y el consumo. Así que sus personajes se dividen igual que la sociedad de hoy: los que quieren ver y los que quieren ser vistos. Hacia el final (un poco previsible) los usuarios más majaderos humanizan (de la manera más idiota) las mascotas, y los mirones terminan fastidiados.

Con su ya conocida mirada crítica e irónica de nuestra sociedad, Samanta especula (sin inventar nada) sobre lo que nos espera con la terrible combinación, tecnología-redes sociales.

Carlos Yushimito

El libro de Yushimito es editado por Duomo.

Foto:

Archivo particular

Marginalidad peruana

Una grata revelación de la narrativa peruana es Carlos Yushimito, nacido en Lima en 1977.

Los once cuentos de Lecciones para un niño que llega tarde son de laudable trabajo literario, tanto por el vigor y precisión de su lenguaje como por su contenido.

El que se titula 'Oz' sorprende por su fantasía poética; 'Seltz', 'Madurerira sabe' y el que le da el título al libro, son muy amenos; 'Bossa nova para Chico Pires Duarte' es el embrión para una magistral novela negra; 'Tinta de pulpo' conmueve, porque enseña una verdad irrefragable, expresada por uno de sus personajes: la suerte que tenemos siempre se la quitamos a otro. Y Apaga la próxima luz nos recuerda esas historias de contrabandistas y capangas narradas por Borges.

Salta a la vista el prurito estético de Yushimito (“Con sus pechos detrás de las sábanas como criaturas curiosas”; “las luces rubias de las farolas se tendían como telas de araña, como miel derretida”). Eso incluye el trabajo dialectal y cierto coqueteo con lo barroco.

Curioso es que, siendo peruano, en su conjunto, todas sus narraciones comporten una épica brasileña. Sus personajes andan siempre por el borde: troperos, matones, perdularios y marginados de las favelas, que no pueden con la violencia y la derrota que llevan dentro.

Antonio Ortuño

Antonio Ortuño, escritor mexicano.

Foto:

Cortesía: Lisbeth Salas

Cinismo mexicano

Cínico, sincero, astuto, cizañero, resentido, embaucador, trepador como él solo y capaz de todo, el narrador-protagonista de Recursos humanos.

En esta buena novela de Antonio Ortuño, la cuota mexicana en Granta, expone con lo que hace, dice y piensa todo lo que se cuece en el sórdido mundo oficinesco.

Como un Yago moderno, Gabriel Lynch –el protagonista– da la gran lección (que ya había dado Shakespeare), de que hasta el gusano más pequeño, cuando lo pisan se revuelca; que el deseo de venganza es una enfermedad autoinmune: “Carezco de poderes, pero me sobra el odio”, es la frase que le sirve de acicate a Lynch para ser capaz de incendiarle el auto a su jefe, quitarle la querida y, finalmente, quedarse con supuesto.

Antonio Ortuño

'Recuersos humanos', de Anagrama

Foto:

Archivo particular

JORGE IVÁN PARRA*
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
* Crítico literario, autor del blog 'De libros y autores' de EL TIEMPO y profesor de la maestría de Literatura de la Universidad Santo Tomás.

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