Rosalía, la cantaora flamenca de los ‘millennials’

Rosalía, la cantaora flamenca de los ‘millennials’

Su sencillo ‘Malamente’ ha renovado las lógicas del flamenco y suena en todas partes.

Rosalía, cantante española

Su nombre real es Rosalía Vila Tobella, nació el 25 de septiembre de 1993 en un municipio de Barcelona (España).

Foto:

Juanjo Martín / EFE

22 de septiembre 2018 , 10:27 p.m.

No recuerda qué cantó. La edad exacta se le escapa: quizás seis, tal vez siete, puede que ocho años (no más ni menos, de eso está segura). Lo que Rosalía sí recuerda es que se paró frente a sus familiares que se habían reunido para cenar, cerró los ojos y cantó. Cantó durante varios minutos, sin ver a nadie, como si solo existieran ella y el universo por el que se expandía su voz. Cantó para expulsar ese placer que tenía adentro y que la hacía sentir una gigante atrapada en el cuerpo de una niña y la transformaba en algo más que Rosalía Vila Tobella. Cuando abrió los ojos, la recibieron los de los demás: ojos hechos llanto que la miraban con ternura y sorpresa, que no podían creer que esa potencia y esa dulce fiereza salieran de su Rosalía.

–No entendí por qué todo el mundo lloraba –dice–. Pero supe que tenía algo que debía desarrollar. Una idea me atravesó desde entonces: que si la música tenía esa clase de poder y podía conmover a los demás, yo debía dedicarme a esto.

Esto de lo que habla Rosalía son sus inicios en la música, que en solo un par de años la ha catapultado al estado de las grandes promesas
. Una carrera musical que podría resumirse así: un álbum aclamado por la crítica de España (‘Los ángeles’) y otro por venir (‘El mal querer’) que saldrá en noviembre y se proyecta como el lanzamiento del año en su país; una nominación a los Grammy Latinos del 2017 como Mejor nuevo artista; casi seiscientos mil seguidores en Instagram; 32 millones de reproducciones de sus últimos lanzamientos en YouTube hasta la fecha, y dos millones de seguidores de su música en Spotify. Pero quizá la cifra más importante de su carrera esté en ella misma: con veinticinco años está revolucionando un arte centenario, el flamenco.

***

Hablar del flamenco es hablar de un enigma: se sabe dónde nació pero no cuándo. Sus raíces geográficas se remontan al albor de los milenios, cuando las masas de hombres y mujeres vagaban por la tierra con pasos nómadas, robando pedacitos de culturas y dejando otros tras sus huellas. Y todos esos ires y venires coincidieron con el paso de los años en Andalucía.

El flamenco es el encuentro en las calles de Sevilla, Cádiz y Jerez de lo hebreo y lo morisco, de lo africano y lo gitano, de lo extranjero y lo español. Es el fermento de siglos y siglos de intercambio cultural que en el XVIII da forma a lo que conocemos hoy como el arte flamenco. Una historia humana expresada en a. F. y d. F.: antes del Flamenco y después del Flamenco. Porque, en la frívola facilidad de los estereotipos, hablar de España es hablar de flamenco: del desprecio intelectual que despertó en sus inicios y de las resonancias que se encontraron en sus cantes para moldear el sentir de todo un pueblo. Hoy es hablar también de un producto de exportación y de una industria cultural que atrae a turistas de todas las latitudes para invitarlos a vivir el mito de lo gitano.

–El flamenco es una música muy rica, es patrimonio de la humanidad –dice Rosalía–. Esto significa que es de todos y de nadie. Yo lo he estudiado durante buena parte de mi vida. Conozco sus orígenes, sé de dónde viene, sé que es una mezcla de etnias. Y sé que no es propiedad exclusiva de ningún pueblo.

Y hablar de Rosalía es hablar del flamenco. De su devoción por el género y del tiempo que pasó desde sus dieciséis años estudiándolo en la Escuela Superior de Música de Cataluña. Es hablar de sacrificio: “El tiempo que pasas estudiando el flamenco, viviéndolo, sintiéndolo, es un tiempo solitario”, asegura. Pero también de satisfacciones: “No cambiaría esos momentos por nada en el mundo”, añade.

Hablar de Rosalía es hablar del flamenco. De su devoción por el género y del tiempo que pasó desde sus dieciséis años estudiándolo en la Escuela Superior de Música de Cataluña

***

Rosalía creció en Sant Esteve Sesrovires, a cuarentaiún kilómetros de Barcelona. Un pueblo de pinos y montañas que rodeaban su casa familiar. “Un pueblo muy pueblo” de calles estrechas que Rosalía recorría a diario para reunirse con sus amigos en las tardes, a la salida del instituto. En una de esas tardes algo fue distinto:

Tenía trece años y, como siempre, fui a escuchar música con mis amigos. De uno de los coches de ellos empezó a sonar música flamenca. Era Camarón de la Isla. Su voz me desgarró. Me sorprendió el poder conectarme con algo tan visceral, cuenta.

Rosalía creció con música. Sus padres la familiarizaron desde temprana edad con las canciones de los Beatles, de Bruce Springsteen, de Bob Marley, de Supertramp, de Queen. Su mundo era una amalgama de voces y de géneros que despertaron muy prontamente su sensibilidad. Sus padres no son músicos, pero le enseñaron la belleza que ese arte acarrea.

Pero desde esa tarde Camarón de la Isla cambió la historiografía de sus pasiones musicales y marcó su camino artístico. Si en el mundo de las ideas y los descubrimientos científicos la mente grita “¡eureka!”, el alma de Rosalía gritó “¡ole!”. ¿Quién era ese hombre que le hacía sentir esas cosas por dentro; furia, magia y dulzura al tiempo? Tenía que conocer más de él y de esa música que hasta el momento la había rozado sin causarle mayores impresiones.

La joven sabía que el flamenco existía, que hacía parte del imaginario que el mundo tenía de los españoles. Nada más. Después de ese encuentro no tuvo más remedio que rendirse a la leyenda de Camarón de Isla como lo hizo España desde la década del setenta: admirarlo por ese arte que lo convirtió en el emblema del género, por su manera tan propia de interpretar y concebir los cantes, de mezclarlos y hermanarlos con otros ritmos; por su capacidad para vencer la muerte y seguir vigente entre sus fanáticos. Desde entonces, ella supo que el flamenco era la vida misma.

Renovación y polémica

El éxito no es una medida universal ni un lenguaje en común. Pero para Rosalía el mejor halago que le han hecho como cantaora es el que le dio el legendario guitarrista flamenco Pepe Habichuela después de oírla por primera vez: “Niña, ¡cantas como una vieja!”.

–Ser viejo en el flamenco es sabiduría. Los mejores cantaores siempre son los mayores. Es algo que me encanta del flamenco, porque en el pop es lo contrario: se premia la juventud. En el flamenco es al revés. Por eso que te digan que tu sonido acarrea años y sabiduría es el mejor piropo que te pueden dar, dice.

Rosalía despierta tanto amores como odios. Contraria a la opinión de personajes como Habichuela, existe un ala ortodoxa del género que no ve con buenos ojos su sonido ni su manera de interpretar y reinterpretar la tradición. La controversia nació con su primer álbum, ‘Los ángeles’: el minimalismo de sus melodías, las guitarras que deconstruían el sonido típico para convertirlo en notas refinadas, y su manera de interpretar que ya asomaba sus primeros atisbos de ‘divismo’ pop pusieron en alerta al mundo del flamenco. ¿Quién era esa paya (como llaman los gitanos a los que no lo son) que revivía viejos cantes como ‘Catalina’, ‘De plata’ o ‘Si tú supieras compañero?’

Esas voces se hicieron gritos este año cuando la cantante presentó ‘Malamente’, el primer sencillo de lo que será su álbum El mal querer: aquí el flamenco ya no solo es una construcción minimalista y estilizada, sino un tempo que se acompaña con ‘beats’ urbanos y electrónicos, que suena a cantes y a ‘trap’, que es tradición y vanguardia. La activista gitana Noelia Cortés acusó a Rosalía de apropiarse de los símbolos de su pueblo, de distorsionarlos, de ser insensible ante el sufrimiento de su etnia. Y sentenció que la cantante usaba lo gitano como si fuera “unas pestañas postizas”. Argumentos van y vienen. Unos a favor, otros en contra. Todos tienen una opinión. Y, por supuesto, Rosalía tiene la suya:

Para mí la música no tiene nada que ver con cuestiones territoriales ni raciales. Esta es mi realidad, no es un disfraz. No creo que la cultura tenga propietario. Si fuera así, Picasso nunca hubiera podido pintar su ‘Les demoiselles d’Avignon’. Hoy más que nunca es absurdo hablar de apropiación cultural. Soy una artista de mi generación, el mundo es global. El flamenco está ahí, es mi amor musical, pero a la vez tengo otras influencias. Y me gusta que sea así: me gusta crear mi propio sonido, dice.

A Rosalía le molesta esa obligación que se le ha puesto encima de demostrar su ‘flamenquez’. “Qué más da que sea catalana. Lo he dejado todo por esta música”, dice. Incluso en un momento dejó su voz: a los diecisiete años se lastimó las cuerdas vocales por cantar como “una loca” en busca del límite de sus propias capacidades. Pagó caro: dos años sin cantar. Y dejó también tiempo tras de sí: momentos de soledad, noches sin dormir, horas concentrada en perfeccionar su arte. Dicho en sus propias palabras: “Mi éxito no me lo regaló nadie. He trabajado muy duro para conseguirlo cada día”.

Su mundo era una amalgama de voces y de géneros que despertaron muy prontamente su sensibilidad. Sus padres no son músicos, pero le enseñaron la belleza que ese arte acarrea

Si a la gente le gusta o no lo que hace, es algo que no le obsesiona. Le preocuparía, eso sí, que le gustara a todos porque “eso significaría que no estás haciendo bien las cosas”. Le emociona que su música y su manera de interpretar causen ampolla, no porque quiera vivir de la controversia, sino porque es síntoma de una realidad mayor que está viviendo el flamenco: la reinvención del género.

Las presentaciones de su primer álbum eran íntimas: su voz y una guitarra, un público y los cantes. El minimalismo de ‘Los ángeles’ se manifestaba en sus tablaos, que eran emoción pura, en bruto, sin procesar: su presencia, una diva sosegada. Hoy su puesta en escena está hecha de luces, de coreografías elaboradas, de trajes de diseñador que se va cambiando de canción en canción. Los tablaos ahora son festivales de música donde ella es la estrella: en la última edición del Sónar en España, su ‘show’ fue el más asediado de la noche. Las entradas para sus conciertos se agotan en minutos.

Los diseñadores de moda quieren vestirla, ‘Vogue’ la retrata en sus páginas, Almodóvar la convierte en su nueva chica. Celebridades como Dua Lipa, Halle Berry y Kourtney Kardashian hablan de ella en sus redes sociales. Por todas estas cosas, a Rosalía la han llamado la flamenca de los ‘millennials’, la cantaora de los ‘hipsters’. Hoy es la diva de los cantes.

SERGIO ALZATE
Colaborador de Lecturas

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.