‘Cualquiera que sea experimental siempre va a recibir críticas’

‘Cualquiera que sea experimental siempre va a recibir críticas’

Rosalía, habló sobre cómo pasa el confinamiento, mientras intenta mantener la llama creativa.

ROSALÍA - F*cking Money Man

ROSALÍA - F*cking Money Man

Foto:

Columbia

Por: Alejandro Marín
25 de abril 2020 , 11:25 p.m.

La joven cantante, compositora y actriz soñaba con irse a vivir a Nueva York, pero ese sueño, como muchos otros que tenemos los humanos en estas épocas inciertas, tendrá que esperar.

Su familia está en Barcelona y la echa de menos, pero su rebosante juventud y la sonrisa siempre presente la ayudan a encontrar formas de mantenerse contenta, ya sea escuchando música, haciendo deporte o mirando películas que le gusten. Cosas que pueden hacerse “desde donde estés” y mitigar la preocupación por su familia en España, uno de los tres países más golpeados por los vientos fríos y desoladores de la pandemia.

Para pasar el tiempo, Rosalía se toma una foto en la cama con su computador personal unas horas antes de aceptar esta entrevista y la sube a Instagram. El autorretrato es un homenaje a la portada de su nuevo sencillo, Dolerme, y en ella yace acostada, con el pelo negro suelto y una sábana encima del cuerpo desnudo. La selfi toma poco tiempo en acumular más de dos millones de likes.

Dolerme está hecha sobre la base de un sample de Frank Dukes, un canadiense que ha trabajado con The Weeknd, Kanye West, Taylor Swift y muchos más. La colaboración, hecha a distancia, conecta con un sentir colectivo en momentos de encierro: la soledad. Las emociones encontradas, producidas por la cuarentena global, son abundantes en redes. Muchos memes dicen que hay que producir, que hay que crear. Otros que no es necesario. Que en estos momentos, quizá hasta eso sea mucho pedirle al espíritu.

Me costaba mucho mantenerme concentrada

Rosalía ha estado allí también: sumergida en la marea de las muchas cosas que están pasando. “Me costaba mucho mantenerme concentrada”, dice a través de comunicación por Zoom, con una camiseta del Wu Tang Clan.

“Pero te diría que una vez he conseguido enfocarme, el momento es positivo. Depende mucho del proceso creativo. Hay muchos procesos que tienen que ver con estar en colectividad. Con estar con varias personas juntas, una energía conjunta que echa pa’ delante la creatividad. Pero hay muchos momentos en los que es mejor estar solo. Rebuscarse. De introspección. Ahora, para el próximo proyecto, estoy disfrutando poder producir sin prisa. Poder hacer los arreglos, las producciones vocales, los detalles de las siguientes canciones, sin ponerme presión, disfrutando realmente del proceso de producción. Estoy sola, trabajando muchísimo y disfrutándolo a la vez. Hay que saberle dar la vuelta a la situación. ¿Nos toca quedarnos encerrados? Pues vamos a hacer algo que nos guste. Si podemos. Si tenemos la suerte de poder estar en casa –una gran bendición–, pues yo estoy agradecida y por ahí le doy la vuelta a la situación”.

No puedo evitar preguntarle por su vida digital. Más de 10 millones de seguidores en Instagram hacen parte del oficio de ser artista hoy en día, pero traen con ellos gran ansiedad.

Rosalía ya no estará en el Megaland bogotano.

Rosalía ya no estará en el Megaland bogotano.

Foto:

Efe

“Hay días que cuelgo algo y sigo trabajando... En general siempre sigo haciendo la mía. Pero hay días que te apetece leer sobre lo que has hecho o lo que has publicado. Depende”.

“Pero ¿es consciente de que una foto como la que tomó hace horas está destinada a ‘romper la internet’ casi que instantáneamente?”, pregunto. “No tanto, no tanto”, dice entre risas.

Son al menos dos millones y medio de likes en menos de un día... “¿No está mal, eh?”, dice, con la sonrisa pícara y la seguridad de que sí, es tanto como se lo estoy diciendo.

Rosalía está en Miami porque esa es la ciudad del sur de la Florida donde decidió comenzar a trabajar en el sucesor a El mal querer. Ha estado quedándose hasta hoy en la casa de Rebeca León, su mánager. “Fue mi primera mánager”, me cuenta cuando le pregunto con curiosidad por esa relación entre dos mujeres tan especiales y poderosas.

“La conocí por Juanes, porque estaba en Madrid actuando y Juanes vino a verme a actuar. Yo estaba haciendo un show de flamenco tradicional y él le dijo a Rebeca que le había gustado mucho el show. Y cuando me preguntó que si tenía mánager, le dije que no. Se puso las manos en la cabeza y me dijo: ‘¡Tú tienes que conocer a Rebeca!’. Me la presentó y tuvimos una conexión fuerte: nos hicimos amigas. Tenía sentido trabajar juntas”.

Decidí hacer el trabajo de final de carrera concibiendo ese futuro disco que es El mal querer; empecé a trabajar en las letras, luego en la sonoridad

Ya durante esta charla, Rosalía está instalada en un lugar propio donde puede dar rienda suelta a una creatividad que la ha llevado a la cima del pop de manera aparentemente vertiginosa. Pero como nada es lo que parece, es bueno deshacer los pasos con ella y hacer todas las preguntas que se le vienen a uno a la cabeza sobre ese segundo larga duración, una mezcla de flamenco, densidades electrónicas, literatura y urbana.

“El mal querer ya estaba listo, pero yo no estaba firmada (sic)”, explica. “Saqué dos sencillos: Malamente y Pienso en tu mira de forma independiente. El proyecto de El mal querer, de hecho, se estrenó en el festival Sónar, en Barcelona, enseñando todas las canciones por primera vez en ese escenario, aunque no hubiera podido conseguir aún un contrato discográfico. Fue muy interesante hacerlo así”.

Han pasado ya dos años desde el lanzamiento de un disco que infartó a una generación. El mal querer es, curiosamente, la tesis de grado de Rosalía. “Yo estudié música en la universidad y luego hice una especialización en interpretación de canto flamenco”, cuenta con entusiasmo la historia una vez más, pues no es de todos los días que una tesis se convierte en un clásico del pop mundial.

“Decidí hacer el trabajo de final de carrera concibiendo ese futuro disco que es El mal querer; empecé a trabajar en las letras, luego en la sonoridad, luego en el concepto a nivel de narrativa durante todo el disco, que fuera a modo de historia. Conceptualicé todo el proyecto y luego conocí a Pablo (el Guincho), quien ha sido una pieza fundamental para la producción de ese disco. Lo produjimos mano a mano. Hicimos un trabajo de un año y pico justo un año después del año que ya le había metido de trabajo al proyecto”.

¿Cómo llega a Flamenca, la obra literaria sobre la que se inspira para crear El mal querer?

Flamenca es una inspiración más dentro del proyecto. Es una novela occitana de autor anónimo que tenía una estructura de capítulos y que cuenta la historia de una mujer que se casa con un hombre que la aprisiona, entonces conectaba mucho con lo que yo quería hablar en el disco, que era sobre los celos, sobre la posesión y sobre una relación de amor tóxica y oscura. Entonces un amigo llamado Pedro G. Romero, comisario de arte en España muy vinculado al flamenco, me recomendó esa lectura, y como tenía tanto que ver con lo que yo quería decir en el disco, me inspiró a partirlo por capítulos. Ahí es que Flamenca inspira a El mal querer y le da una estructura de novela. El arco narrativo del disco tiene que ver con la historia de Flamenca, pero también se va hacia otro camino.

Es un contraste que, dentro de la estructura de Flamenca, usted haya de alguna forma desestructurado las bases más puras del flamenco, como pasó alguna vez en el jazz. ¿La criticaron por usar el flamenco y otras formas de música contemporánea?

Cualquiera que se arriesgue y que sea experimental en el acercamiento a la música siempre va a recibir críticas. Es imposible hacer música experimental y que no haya gente que tenga rechazo hacia tu propuesta, pero a la vez habrá mucha gente que conectará y dirá ¡wow!, y a la que le gustará mucho… y a la que no, a lo mejor no le gusta nada. Pero la música que ha sido muy codificada, como el jazz o el flamenco, que llega a un punto en el que incluso se enseña en escuelas, que es tan compleja, tan interesante, tan rica rítmica y armónicamente, que se vuelve excusa para estudiar, es música que se ha codificado especialmente y eso hace que cuando alguien quiere romper esos códigos establecidos, hay mucha gente que a lo mejor se lo toma tan en serio, los códigos, que se magnifica esa posición de experimentación. Creo que el hip hop es donde más se experimenta, pero muchas veces no se ve como la gran cosa porque es transgresor de por sí.

Teniendo tan clara esa ruta experimental que iba a tomar, ¿le sorprendió que El mal querer explotara de forma masiva?

Ojalá uno tuviera una bola de cristal para saberlo. El proyecto de El mal querer estaba en números rojos, yo estaba en una situación económica difícil, no tenía ninguna garantía de poder firmar una buena situación con una buena compañía de discos. Es difícil que un disco experimental llegue a la gente. Pero también para mí se trataba de que no fuera solo yo que lo disfrutara, sino que los demás lo disfrutaran también. Entonces también pensaba en las estructuras, en que el flamenco muchas veces es una música compleja, pero si la estructura es más pop, eso puede ayudar a que la gente lo pueda entender más. Si los videos tienen también una estética accesible dentro de lo que cabe –arriesgada, pero accesible–, eso hace también que el proyecto se entienda mejor. Y creo que los videos ayudaron a hacer que la propuesta, que era tan radical musicalmente, se entendiera más. Se trata de eso al final, de cuidar todos los aspectos de tu propuesta para que esa visión que tú tienes llegue a los demás, y consiga emocionarlos. Pero al final nunca tienes la certeza, y si pasa, es una bendición.

El ‘boom’ flamenco

En esa visión transgresora de lo pop, el primer acercamiento que se tiene a El mal querer es que su sencillo inicial, Malamente, es un híbrido misterioso de flamenco y trap de Atlanta, pero cuando surge la pregunta, a modo de conclusión de melómano, Rosalía se apresura a aclarar las conexiones. “Es curioso que pienses eso –comenta con confianza– porque aunque Atlanta es una tierra cuyos artistas me inspiran, por la música que sale de allí, no te diría que Malamente está pensado desde el trap. De hecho, el trap no está presente en El mal querer, pero sí música urbana. Pero entiendo por qué lo dices, porque hoy en día la música urbana que impera es el reguetón y el trap”.

Quizá el error de apreciación se da en entender las palmas flamencas como un reemplazo del reconocido cascabeleo de la poderosa tendencia de hip hop estadounidense, también conocida peyorativamente como ‘mumble rap’.

El trap no está presente en El mal querer, pero sí música urbana. Pero entiendo por qué lo dices, hoy en día la música urbana que impera es el reguetón y el trap

“Entiendo por qué haces la conexión –continúa–, pero para mí, al final, la palma es un elemento rítmico tan necesario dentro del flamenco y una sonoridad que en muchos momentos he visto que no estaba tan presente porque se sustituyó por el cajón flamenco. Paco de Lucía introdujo el cajón flamenco… bueno, el cajón peruano, y a partir de allí ya se convirtió en el cajón flamenco y todo el mundo lo usaba. Pero yo siempre he pensado que la palma es más interesante, y a lo mejor se le podían sacar muchos más sonidos que no se habían hecho hasta ahora. Por lo menos en los últimos veinte años. Como que por ejemplo pensaba que en vez de que haya un high-hat debe haber una palma. Por eso entiendo lo que dices. Pero a la vez es muy interesante, porque es simplemente volver hacia atrás. Los flamencos, hace muchos años, La Paquera, ponía sus palmas aquí (pone las manos frente al periodista con desafío, a modo de aplaudir, las manos le tapan la cara )… la palma está aquí. Delante del todo. Vamos, o sea, Camarón mismo tiene discos donde la palma está muy superdelante y presente. Eso me encanta. Eso me inspira”.

¿Qué artistas de lo urbano estaban influyendo en esa construcción de El mal querer, y que afirman sus pasos de manera arriesgada para llevar el flamenco hasta donde lo llevó?

Pues mira, a mi me gustan mucho Travis Scott, Kanye West, Gucci Mane… Madre mía… Lil Uzi Vert… Playboi Carti. Me encantan Jowel y Randy, Lorna, Daddy Yankee, Don Omar… Tego… todo eso está. Todo eso está ahí. Lil Kim, Tupac, Biggie. Lo clásico, lo de ahora, todo. Popcaan… Tenía todo eso en mi mente. Pero también Bach, Wagner, La Paquera de Jerez, Camarón de la Isla, La Niña de los Peines, todo. Al final El mal querer tiene influencia de todos los lados… yo nunca intento hacer música de un género concreto. Incluso, cuando voy a entrar al estudio a hacer una canción, pienso ¿cuál es el sonido? ¿Cuál es la inspiración? ¿Cuál es el moodboard? Incluso cuando muchas veces en moda haces un tablero de referencias de colores, de épocas, de peinados, la música es lo mismo. Te haces a un mood en tu cabeza… y lo tienes presente, pero a la vez, cuando entro al estudio permito que todas las otras referencias que tengo se pongan sobre la mesa, sin miedo, sin prejuicios. ‘Samplear’ a Arthur Russell o a Justin Timberlake me parece bien por igual. Y ambos están presentes en El mal querer. El sample de Timberlake en Bagdad (Rosalía toma prestado Cry Me A River, la famosa canción de desamor de su álbum debut Justified dedicada a Britney Spears y producida por Timbaland) es muy bonito porque no es muy evidente, pero lo deja a uno picado, porque uno piensa y piensa ¿qué es lo que es?

Se va terminando el tiempo. Rosalía tiene una entrevista con Zane Lowe de Beats 1, el servicio de streaming de Apple Music. Ha estado cerca de venir a Colombia, pero la incertidumbre de las atribuladas épocas no ha ayudado mucho. “Me ha alegrado tarde. Gracias por el cariño. Nos vemos pronto”, dice para despedirse, una promesa que solo el tiempo –que por estos días se muestra hostil e incierto– podrá cumplir algún día.

*Alejandro Marín, autor de esta nota, es el director de la emisora La X,
conductor de ‘El Podcast’ en Canal Trece y autor del libro ‘Historia secreta de la música’ (2019). Escuche el pódcast de esta entrevista en la web de La X: www.laxmasmusica.com. Y vea el programa de televisión de Alejandro Marín, #ElPodcast, todos los lunes, a las 10 de la noche, por el Canal Trece.

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