‘Veo a mucha gente orgullosa de odiar’: Rosa Montero

‘Veo a mucha gente orgullosa de odiar’: Rosa Montero

La escritora española presenta en la Feria del Libro su novela 'Los tiempos del odio'.

Rosa Montero

Montero trabaja ahora en la tercera entrega de Bruna Husky.

Foto:

Paco Campos / EFE

Por: Daniela Castillo Manosalva
03 de mayo 2019 , 08:44 p.m.

Un mundo de frases para recordar, una excelente conversadora. Y cómo no serlo si lleva en su memoria más de dos mil entrevistas a grandes personajes del mundo, aunque como ella misma lo dice: “La memoria es poco fiable”.

Con cerca de una treintena de libros, a la escritora madrileña Rosa Montero se le siguen ocurriendo más historias. Esta pluma versátil que no cree en los géneros como un cajoncito estrecho en donde se tiene que adaptar prácticamente nació con la literatura en sus venas. De hecho, desde los 5 hasta los 9 años, una tuberculosis la mantuvo alejada del colegio, pero de manera paradójica fue la causante de su cercanía a los libros.

Recuerda cada paso que ha dado sin ser nostálgica, cree que no conviene mirar atrás aunque la impresiona el paso del tiempo y no es que quiera volver allí, pero la sobrecoge pensar cómo ha pasado la vida a tal velocidad.

Sobre su forma de ver la vida, el amor, la muerte, su más reciente novela, 'Los tiempos del odio', y su libro 'El arte de la entrevista', donde recopila veintiocho de sus más destacadas entrevistas para el diario madrileño El País, Montero –quien participará en las conversaciones de la Feria del Libro–, habló con EL TIEMPO.

¿Por qué considera que su nueva novela, ‘Los tiempo del odio’, es la mejor de las tres que contienen este universo futurista que usted se propuso crear?

Es importante decir que las novelas se pueden leer independientemente, no hace falta leerlas en orden. Entre las tres novelas, que por cierto son las más realistas que he escrito y las que más representan nuestro mundo, estoy especialmente satisfecha con esta última. Tengo la sensación de que en 'Los tiempos del odio', todo ha madurado, el mundo que está allí toma su orden y el final es uno de los más emocionantes que he escrito de todas mis novelas, que ya son 16. Es un final que da un aliento de esperanza en estos tiempos del odio.

¿Por qué asegura que estamos viviendo en los tiempos del odio?

Dos de los temas más fuertes en el libro son el aspecto político-social y la representación del tiempo que vivimos, donde hay un descrédito de la democracia como nunca, porque la transparencia democrática, que es un gran valor ahora, deja ver la corrupción, la manipulación y la injusticia. Entonces, mucha gente ve eso y no se siente representada, especialmente los jóvenes.

Otros, equivocadamente, creen en la falsa pureza de los dogmas y por eso están surgiendo en el mundo los extremismos más brutales. Religiosos, como el Isis, o grupos de extrema izquierda y de extrema derecha.

Veo a mucha gente orgullosa de odiar. A eso debemos oponernos, y mi novela da un mensaje de esperanza; por eso, el subtítulo es: ‘Sin amor no merece la pena vivir’.

Veo a mucha gente orgullosa de odiar. A eso debemos oponernos, y mi novela da un mensaje de esperanza; por eso, el subtítulo es: ‘Sin amor no merece la pena vivir’

Usted comenta que Bruna Husky, la protagonista del libro, es el personaje con el que más se identifica. ¿Por qué?

Le tengo mucho aprecio, es mi personaje preferido de los que he escrito y también con el que más me identifico, aunque en muchas cosas somos completamente opuestas. En su misantropía, yo soy todo lo contrario. Soy muy sociable, creo que lo que mejor que he hecho en la vida es ser amiga; tengo amigos hace más de cuarenta años y para eso he tenido que invertir mucho tiempo de buena calidad, y tengo amigos desde hace dos años nada más y es importante porque quiere decir que sigo abierta a esa inversión. Soy la antítesis de Bruna en ese sentido.

De otro lado, ella tiene esa sensación de no olvidarse de que es mortal –porque sabe que solo vive 10 años y que va a morir–, algo que la inmensa mayoría de los humanos olvida, menos un puñado de neuróticos como Woody Allen o como yo, que estamos obsesionados con el paso del tiempo. En eso me siento muy identificada con ella, con esa fobia que tiene a la muerte y con ese amplio amor que tiene por la vida, porque si eres muy consciente del amor, también lo eres de la vida.

En la novela, el futuro está estropeado ambientalmente, ¿cree que existe esperanza en ese aspecto?

En el mundo de Bruna se intenta no contaminar, y aunque está más avanzado en las normas, es peor en las cosas que ya han pasado. El cambio climático ha sucumbido y se han inundado las zonas costeras, no hay agua, pero todo eso podría pasar aquí.
Entrevisté a James Lovelock hace 15 años, uno de los padres de la ecología, y me dijo que ya no había solución, que no había forma de revertir esto. Entonces, no sé si esto será así, pero yo lo veo muy difícil, y más cuando no se toma ninguna medida. Aunque no podemos imaginar lo que no sabemos, tengo la esperanza de que llegue a existir algún adelanto que consiga hacer algo.

¿Qué mundo ve peor: el de la novela o el actual?

Yo he intentado hacer una novela que sucede en el año 2110, con un mundo no solamente posible, sino probable.

Desde que saqué la primera novela hace 10 años, la realidad parece que me sigue, a veces da miedo. Por ejemplo, en el mundo de Bruna está la Tierra, que tiene una democracia imperfecta como las de nosotros y existen dos plataformas orbitales que tienen dos sociedades totalmente tiránicas: una de manera estalinista e hipertecnológica y, la otra, una sociedad ultrafanática religiosa terrorífica. Cuando describí la segunda intenté inventar el mundo más cruel que podía imaginar. Tres años después salió Isis y era mucho peor que el mundo que había creado.

He notado que el mundo que escribí tiene algunas cosas mejores y otras muy malas. En esencia es muy parecido al nuestro, pero te diré que este mundo, en el que vivimos, es peor.​

Rosa Montero

El libro es editado por Seix Barral

Foto:

Archivo particular

Otra de sus recientes publicaciones es ‘El arte de la entrevista’, que reúne parte de su trabajo para el diario ‘El País’. ¿Cómo logró elegir las veintiocho entrevistas que finalmente fueron publicadas?

Hace algunos años publiqué dos libros de entrevistas. Los hice mientras estaba en plena profesión y seguía haciendo entrevistas. Pero con este último me he dado cuenta de que tengo el libro definitivo de las entrevistas de mi vida.

Ahora me arrepiento porque creo que debí haber trabajado más en la selección, pues sigo acordándome de entrevistas que tuvieron su gracia, pero es muy difícil elegir veintiocho entre dos mil.

¿Es verdad que su mamá guardaba sus entrevistas y, luego de un tiempo, usted las encontró y las desechó?

Comencé a publicar como periodista a los 19 años y he publicado toneladas de papel. Increíblemente, mi madre iba recogiendo todas las notas y tenía cajas llenas de ellas.
Cuando mi padre murió, mi madre siguió viviendo en su casa unos años, pero se puso muy mayor, así que mi hermano y yo fuimos a vender la casa para traerla a Madrid. En el vértigo de tener que cerrar una casa de décadas, vi la cantidad de cajas; era impresionante, todas llenas de papeles, y directamente las tiré. Debí haber contratado un lugar de esos que alquilan, como un almacén pequeño, para meter todo.

¿Entre las entrevistas que encontró le sorprendió alguna al leerla de nuevo?

En la entrevista a Marco Ferreri, un director de cine italiano que trabajó también en España, en la época del neorrealismo italiano, muy bueno por cierto, lo vi tan anciano: caminaba mal, se bamboleaba, estaba completamente amargado, y en un momento él me dice: “Pero es que tú lo quieres todo; tú quieres escribir, tú quieres ser feliz, tú quieres vivir, quieres ser periodista”. Y yo le contesto: “Por supuesto, yo lo quiero todo”. Entonces, él continúa: “¿Qué edad tienes?”, y yo le respondo: “27 años”. Me da vértigo (comenta Rosa en medio de una gran carcajada).

Marco continuó: “Yo que tengo 50. Ya a los 50 no puedes quererlo todo porque ya eres viejo, ya no te queda. Por mucha suerte que tenga me quedarán apenas 20 años de vida”. Y fue verdad. Él se murió 19 años más tarde, a una edad a la que casi he llegado yo, con la diferencia de que yo me siento como una niña (suelta otra carcajada). Así que esto lo que da es un vértigo espantoso, es como ir en moto a toda velocidad, y el viento del tiempo te da en la cara.

Los medios de comunicación han cambiado mucho en los últimos años. ¿Cómo ve el presente y futuro de los medios y del oficio mismo del periodista?

Los cambios en los medios se han vivido absolutamente en todo el mundo. No hemos conseguido encontrar un nuevo modelo de mercado compatible con las nuevas tecnologías, que permita que ganen los números. Hasta que no se consiga eso quedamos como en una travesía en el desierto, porque los medios se están haciendo con la tercera parte o menos de los profesionales que había antes; profesionales que, además, tienen que ser mujeres y hombres orquesta, porque se responsabilizan del impreso, de la web, de la televisión, de todo… Están despidiendo a los séniores y contratando a los júniores con sueldos de esclavitud.

Tengo cierta esperanza porque en las democracias, los medios de comunicación son tan importantes que creo que llegará algún equilibrio para que puedan seguir manteniéndose.

Presentación en la Feria del Libro

Montero estará el sábado 04 de mayo, a las 6 p. m., en una mesa redonda de inteligencia artificial en la sala Filbo E. Y el domingo -05 de mayo- presentará su nueva novela a las 3 p. m. en la sala Filbo B de Corferias.

DANIELA CASTILLO MANOSALVA
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