Ricardo Silva comenta la trilogía de libros del deporte colombiano

Ricardo Silva comenta la trilogía de libros del deporte colombiano

Con 'Enséñame a ser héroe 3', de Mauricio Silva, se cierra la serie de entrevistas a deportistas.

Libro Enseñame a ser heroe

Libro Enseñame a ser heroe

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Archivo particular

Por: Ricardo Silva Romero
19 de octubre 2020 , 07:52 p. m.

Puede ser que suene mal: creo, mejor dicho, que va a sonar muy mal. Pero lo primero que pienso cuando veo terminada la trilogía monumental de 'Enséñame a ser héroe', tres libros de entrevistas a los más bravos e irrepetibles deportistas de este país que nos tocó en suerte, es que hay que estar un poco loco –un poco loco al menos: ¿cierto?– para imaginarse y proponerse y sacar adelante semejante tarea de otros tiempos. Sí, claro, también hay que ser un periodista brillante, hay que ser un confesor de protagonistas lacónicos, como vaqueros del Lejano Oeste del cine, y hay que ser un buen hombre: hay que ser Mauricio Silva. Y, sin embargo, no sobra un compromiso demencial, de muralista, con el trabajo que se tiene por delante.


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Sé que ese no era el propósito del autor de esta maravilla que seguirá siendo descubierta durante años, y años, pero a mí siempre me ha parecido igual de fascinante el biógrafo que el biografiado: ¿un tipo que tiene el valor de perderse en los reveses, los secretos, los gestos de los demás durante años?, ¿un tipo que ha conseguido dedicarse no sólo a celebrar, sino a admitir los inadmisibles talentos de sus contemporáneos?, ¿un tipo que es capaz de dedicarle a la observación de una vida ajena 600, 800, 1000 páginas de la vida suya? Ese es Silva. Que sabe bien que sí ha habido héroes en esta desbocada tierra de villanos. Que tiene claro que se es un gran deportista colombiano a pesar de Colombia: que un campeón hecho aquí es una fábula ejemplar y hay que contarla.

Resulta conmovedor e increíble ver los nombres y los retratos de todos los atletas con los que Silva se ha encontrado cara a cara en estos años. Son nombres que una vez fueron raros, y son apellidos reivindicados en un mundo de pocos apellidos, y son apodos benignos que devuelven la fe en una cultura de alias: “el Pibe”, “el viejo Patro”, “Cochise”, “el viejo Willy”, “Pambelé”, Higuita, Mina, Cuadrado, Parra, Montoya, Farah, Cabal, Rentería, Mariana, Rigoberto, Nairo, Falcao, James, Lucho, Caterine, repartidos en este tríptico sobre los pulsos que las glorias les ganan a las miserias, pronuncian en voz alta -bajo la mirada gafufa de su entrevistador- recuentos, secretos, chismes, máximas, recuerdos, nostalgias, arrepentimientos, agradecimientos.

Y es claro, cuando uno ha terminado el recorrido, que la Colombia indignada por los chistes sobre nuestros narcos debería dejar la maña de exigirles a muerte a los deportistas que demuestren allá afuera que sobre todo somos como ellos, honorables y valerosos y alegres, y más bien tendría que dedicarse al propósito de parecérseles.

Colombia no pedalea, no, Colombia es ese gordo que corre al lado de sus ciclistas en plena cuesta francesa y puede pasar de vitorearlos a empujarlos en un abrir y cerrar de ojos: 'Enséñame a ser héroe' es todo un llamado a la transformación cultural, por supuesto, no una incitación a adelgazar para hostigar con más aire en el camino a la meta, sino una invitación, a partir del relato y del reconocimiento de estas figuras que hemos tenido en común durante tanto tiempo, a la simple y pura y reparadora lealtad entre prójimos. Y en este tercer volumen, envolvente como los otros dos, sí que escucha uno -semejantes a declaraciones de principios o a llamados de atención- voces de héroes de un país en mora de merecerlos.

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El pesista Oscar Figueroa recuerda haber vivido “en medio de una guerra entre tres frentes: el Eln, las Farc y los paramilitares”. La apneísta Sofía Gómez reconoce que cuando se sumerge se cuida de “dejar el ego, dejar todo mal pensamiento porque el mar es el que manda y uno debe entrar así”. El arquero René Higuita acepta que conoció “muchos amigos y muchos han sido narcotraficantes y yo no puedo cambiar, mi corazón no cambia eso”. El boxeador Yuberjen Martínez cuenta que todo le cambió el día en que se echó a pensar “ay, Dios mío, ¿será que toda la vida yo voy a tirar pala?, ¿será que me convertiré en uno de estos viejitos?”. Y el marchista Éider Arévalo puede ver los domingos en que se iba con sus papás “para San José de Isnos, montábamos todo en la plaza y empezábamos a vender cuadernos, medias, juguetes y cacharros”.

Podría citar trece frases de cada una de las conversaciones de esta tercera entrega, y veinticuatro de cada una de las conversaciones de las entregas anteriores, pero las que acabo de copiar y pegar son una muestra suficiente para redondear mi idea.

Que es la siguiente: trate usted de hacer esta trilogía; llame a cada uno de estos treinta y pico personajes; siéntese con ellos donde ellos puedan a la hora que ellos puedan; consiga sus confianzas para que hablen y hablen y hablen como si estuvieran ante un terapista o un médico de los de antes o un confesor sin ases en la manga; transcriba esos flujos de consciencia y esos testimonios sin despojarlos de sus personalidades; complételos con introducciones críticas pero compasivas, pero narrativas; vuélvalos tres libros magníficos para todas las generaciones, y después hablamos, y después llegamos a la conclusión entre todos de que sólo podía haberlo hecho Silva. Ya quisiera yo que fuéramos parientes. Ya quisiera yo esa clase de locura.

RICARDO SILVA ROMERO
Especial para EL TIEMPO

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Entrevista a Mauricio Silva: 'Pambelé es el más grande’
Muricio Silva, editor de la revista Bocas

Desde hace más de 25 años, Mauricio Silva ha estado ligado a EL TIEMPO Casa Editorial y actualmente se desempeña como editor jefe de la revista ‘BOCAS’.

Foto:

Pablo Salgado

Mauricio Silva cuenta detalles curiosos de cómo logró las entrevistas para la revista ‘Bocas’ con los deportistas más destacados del país.

¿Cuál fue el personaje más difícil de conseguir?

Todos. De hecho, el 30 % de este trabajo consiste en conseguirlos. Por ejemplo, duré tres años detrás de ‘Pambelé’. La primera vez que lo contacté, me mandó a decir con su hijo que si quería la entrevista le debía dar X plata. La segunda vez, bajó la tarifa. A la tercera, rebajó aún más. Y así. Todas las veces le repetí lo mismo: “Imposible pagar un peso”. Entonces, ya derrotado, le dije a su hijo que sería muy triste que el campeón de todas las épocas no quedara en la trilogía donde iban a aparecer los más grandes del deporte en Colombia. Y eso, creo, ayudó para que dijera que sí. Impensable esta colección sin el gran ‘Pambe’.

Para usted, ¿cuál es el deportista más grande del país?

Hay tres niveles en el Olimpo nacional. En el penúltimo piso habitan Mariana Pajón, Nairo Quintana, Caterine Ibargüen, James Rodríguez y la dupla Farah y Cabal. En el último piso conviven Egan Bernal, Juan Pablo Montoya y Edgar Rentería. Y en el penthouse, en su trono, reside Antonio Cervantes ‘Kid Pambelé’, el más grande, el hombre que defendió 18 veces el título mundial.

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¿Cuál de las hazañas de estos deportistas lo hizo llorar?

Recuerdo haber llorado con el oro de Óscar Figueroa en Río 2016. Es que él, arriba del podio, lloró desconsoladamente por más de 10 minutos sin parar. Yo tenía clara su carrera deportiva pero no su proceso de vida. Cuando lo investigué –y luego cuando lo entrevisté–, supe inmediatamente que, de todos con los que había conversado, era el deportista más interesante. Su vida es tan increíble como conmovedora.

¿En qué lugares extraños le tocó entrevistar a estos deportistas?

Yo llevaba meses detrás de ‘el Pibe’. En una de las tantas llamadas que le hice, me dijo que iba a venir a Bogotá un par de días, pero que no le alcanzaba el tiempo porque tenía que hacer muchas vueltas. Entonces, muy sapo, le ofrecí un auto con chofer para que se moviera por la ciudad. La verdad es que, días antes, una marca le había ofrecido a la revista BOCAS un carro elegantísimo. El hombre aceptó y ahí, sobre lujosas ruedas, hice la entrevista. Nunca antes agradecí tanto los trancones de la ciudad.

¿Cuál cree que es el deporte más importante para el país: fútbol o ciclismo?

El fútbol es el deporte que mueve más gente y, por ende, mueve más billete en Colombia. Pero el ciclismo es el deporte nacional porque el nivel de sacrificio de esos muchachos representa más al pueblo, porque le ha dado más y mejores triunfos al país y porque es parte de la identidad nacional. Un “escarabajo” escalando una montaña es un afiche de la colombianidad.

En 20 años, ¿qué deporte cree que nos va a dar mucha satisfacción?

Muy jodido saberlo. Hace 10 años era casi imposible pensar que un colombiano, como James Rodríguez, fuera el goleador de una Copa del Mundo. Hace 5 era casi imposible pensar que dos nuestros, como Farah y Cabal, ganaran Wimbledon y el US Open. Hace dos años era casi imposible pensar en tener un subcampeón mundial de atletismo, como Anthony Zambrano, en los 400 metros planos. Muy difícil saber por dónde salta la liebre.

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¿Cuál fue el personaje más difícil de entrevistar?

Fernando Gaviria fue complicado. Lo entrevisté en un hotel en Rionegro. Él llegó de su entrenamiento una hora antes de la cita y, sin cambiarse, como de afán, como de malas pulgas, sin mirar a los ojos, se acercó y me dijo: “¡Empiece pues!”. Yo le respondí: “No, Fernando, esto no es a las carreras. ¿Por qué no toma una ducha y hacemos esto con calma?”. Su manager intervino antes de que se rompiera todo y, en efecto, subió a su habitación. A la hora bajó otro Gaviria, un tipo más dispuesto, con buenas historias por contar. Pero casi lo pierdo.

¿Cuál es el cuento más simpático que recuerda de todas estas entrevistas?

Higuita me echó un cuento genial el año pasado. Un hincha verde me había dicho que le preguntara por sus calzoncillos azules. Lo hice y la respuesta fue muy graciosa. Sucede que ‘el Loco’, cuando atajaba con Nacional a finales de los ochenta, acudió a los servicios de una bruja con el único fin de cortar una racha de triunfos que traía Millonarios sobre su equipo. Me contó que la pitonisa le hizo un círculo de fuego, lo bañó en jugos de yerbas y, después del rezo, le dijo que debía usar calzoncillos azules para toda la vida. Yo le dije que no le creía. Entonces René, que no tiene lío con nada, se desabotonó el jean y nos los mostró al fotógrafo y a mí: azules. Por supuesto que de eso hay foto. También dijo que su abuelita le dijo que, además, debía usar los calzoncillos al revés. ¡Personajazo!

Libro Enseñame a ser heroe

Libro Enseñame a ser heroe de Intermedio Editores

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Archivo particular

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Libro Enseñame a ser heroe de Intermedio Editores

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Libro Enseñame a ser heroe

Libro Enseñame a ser heroe de Intermedio Editores

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Archivo particular

Así es la colección completa de los tres tomos

Enséñame a ser héroe 1’: Carlos ‘el Pibe’ Valderrama, Rigoberto Urán, Francisco Maturana, Radamel Falcao García, Mariana Pajón, José Patrocinio Jiménez, Nairo Quintana, Faryd Mondragón, Luis Fernando Montoya, Freddy Rincón, Leonel Álvarez y Orlando Duque.

‘Enséñame a ser héroe 2’: Caterine Ibargüen, Juan Pablo Montoya, Esteban ‘el Chavito’ Chaves, Mario Alberto Yepes, Jackeline Rentería, Luis Alberto ‘Lucho’ Herrera, Willington ‘el viejo Willy’ Ortiz, Jossimar Calvo, Óscar Córdoba, María Isabel Urrutia, Robert Farah y Juan Sebastián Cabal.

‘Enséñame a ser héroe 3’: Edgar Rentería, Martín Emilio ‘Cochise’ Rodríguez, James Rodríguez, Fabio Parra, René ‘el Loco’ Higuita, Sofía Gómez, Óscar Figueroa, Éider Arévalo, Juan Guillermo Cuadrado, Yuberjen Martínez, Fernando Gaviria, Yerry Mina y Antonio Cervantes ‘Kid Pambelé’.

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