El error de considerar inferior el reguetón

El error de considerar inferior el reguetón

Decir que es ‘inculto y vulgar’ se ha vuelto una manera de generar distinción de clases. Análisis.

J Balvin 14

El reguetón es uno de los géneros más difundidos en el mundo, con grandes representantes, muchos de ellos colombianos, como J Balvin, Maluma o Karol G.

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EFE/José Méndez

Por: Ana María Vargas y Nicolás Medina - Razón Pública
24 de noviembre 2019 , 12:48 a.m.

Para explicar por qué existe el reguetón hay que decir que no existe una expresión cultural en el mundo que no sea, a su vez, un síntoma del momento social. O sea que cuando las personas actúan, al mismo tiempo reflejan la comunidad a la cual pertenecen.

Aunque el reguetón tuvo su origen en los sectores marginales de América Latina y ha sido considerado por muchos como un género ‘vulgar’ y sin contenido cultural, hoy se trata de uno de los géneros más difundidos en el mundo, con grandes representantes, muchos de ellos colombianos, como J Balvin, Maluma o Karol G. Pero ¿por qué? Para rastrear las causas de este hecho hay que preguntarse primero de dónde proviene la ilegitimación del reguetón.

La música, como cualquier otro tipo de expresión, puede usarse para jerarquizar la sociedad. Existe un imaginario social que categoriza en importancia las expresiones culturales y considera que algunas son superiores a otras. Hay géneros musicales –y, por extensión, oyentes y artistas– que son considerados ‘cultos’ y otros que no.

Es por eso que existen géneros que detentan más estatus o que son más legítimos, y hay otros –como el reguetón– que son rechazados por considerarse que no tienen mayor valor, ni musical ni social.

Sin embargo, esta división no está exenta de problemas. Históricamente han sido las clases más altas las que han definido qué expresiones artísticas son legítimas, de culto. Por su parte, las clases medias, en su afán por escalar socialmente en la pirámide, se esfuerzan entonces por seguir esa pauta y por distinguirse de aquello que es considerado común, inculto o vulgar. Este tipo de comportamiento de las clases medias es aún más pronunciado en países que fueron colonizados, como es el caso de Colombia.

Además, es importante señalar que lo que define a los miembros de un grupo, una corriente o una clase social no suele ser lo que comparten, sino lo que rechazan. Así, oponerse a un género musical no es una simple opinión, sino que tiene una función, un valor de clase.

En ese contexto, no es necesario tener un amplio conocimiento musical ni manifestar una sensibilidad refinada. Basta con censurar el foco particular de ciertas críticas para producir el sentimiento de que se pertenece a una posición superior en la jerarquía social.

Raíces populares

Los orígenes del reguetón están fuertemente ligados a la construcción del canal de Panamá. Durante este proceso, la población panameña se mezcló con diferentes tipos de comunidades angloparlantes, negras y de las Indias Orientales, traídas para trabajar en el proyecto. Entonces, músicas como la cumbia colombiana, la soca de Trinidad, el ‘reggae’ jamaiquino, el calipso y la kompa haitiana se encontraron y se fusionaron en un todo. El ritmo característico del reguetón, el ‘dembow’, es de alguna manera una optimización progresiva para que esa fusión sea lo más bailable posible.

Las letras empezaron a hablar del goce del cuerpo y la sexualidad y, por influencia del hip hop, también tocaron los problemas de los barrios. Todo esto se fue hilando hasta conformar un género que sería llamado reguetón en 1999, con la aparición en Puerto Rico de The Mix 107.7, la primera emisora de reguetón 24 horas en el mundo.

En sus comienzos, el reguetón era un género ‘underground’: no se encontraba en las tiendas ni era patrocinado por grandes disqueras. Se producía de forma casera y se distribuía de mano en mano en espacios como la discoteca The Noise, en Puerto Rico.

Esa precariedad respondía a una imposibilidad económica de acceder a otros medios de difusión, pero esto sirvió para que el reguetón conservara sus elementos más característicos y propios. Poco a poco, el género se popularizó, se volvió visible por fuera de su espacio marginal y empezó a ser objeto de las mismas críticas que hoy se le hacen por su supuesta crudeza, vulgaridad y simpleza.

En suma, el reguetón se gestó en un ambiente de mestizaje cultural propio de los contextos obreros. Su producción y difusión se dieron principalmente en los barrios de Puerto Rico, por lo que sus letras son la expresión de las realidades de estos entornos.

A través de ellas se aborda el crimen, la violencia y la importancia de la pertenencia a los barrios, aunque el contenido más representativo del género es su elogio a la fiesta, al baile desenfrenado, a la diversión y a la expresividad. El reguetón es un canto a la vida en su sentido más lúdico, todo esto enmarcado en el contexto social particular de los lugares más bajos, primero, de Panamá y Puerto Rico, y después, de toda América Latina.

El reguetón es un canto a la vida en su sentido más lúdico, todo esto enmarcado en el contexto social particular de los barrios más bajos de toda América Latina

Más vivo que nunca

Teniendo esto en cuenta, no es sorprendente que este género disguste a grupos que buscan diferenciarse de estas comunidades, movidos por un sentimiento de superioridad social. Sin embargo, el reguetón no está buscando compararse con otras manifestaciones culturales, ni tampoco tiene la necesidad de ser legitimado por las clases dominantes. El reguetón es algo propio, válido en su esencia: es autosuficiente.

Representa la identidad de una clase social, no porque haga una crítica profunda de las desigualdades sociales, sino porque exhibe las características distintivas de los entornos de las personas que hacen parte de las comunidades donde se gestó. La principal de ellas es la tendencia a la ‘gozadera’.

Precisamente por eso, por su tendencia a exaltar el disfrute, el reguetón ha alcanzado una difusión global y es constantemente tendencia en las plataformas musicales de todo el mundo. A partir de su ritmo característico y su retrato de los barrios de clases populares, el género encontró puntos en común con el hip hop estadounidense.

En algunos espacios underground de los Estados Unidos, ocupados en gran parte por comunidades de latinos migrantes, los DJ advirtieron que mezclar canciones de hip hop con otras de reguetón era un éxito desde el punto de vista rítmico y lírico. Con el tiempo, estas mezclas comenzaron a hacerse cada vez más populares hasta escucharse en Hot 97, una de las emisoras de música urbana más importantes de Nueva York.

Finalmente, el reguetón permeó la música pop e involucró a artistas de todo tipo a nivel mundial. No obstante, a pesar de las distintas fusiones y mezclas, y las aproximaciones de otros ritmos, nunca se dice que el reguetón haya dejado de ser reguetón. Por el contrario, el género se extiende cada vez más y más.

Hoy en día, artistas como Tego Calderón, Daddy Yankee, Don Ómar, Zion y Lennox, y Wisin y Yandel tienen temas que ya son considerados clásicos y que son escuchados una y otra vez. Por supuesto, el reguetón no solo es objeto de críticas por lo que es, sino también por lo que empieza a ser: un fenómeno mundial.

Algunos dicen que el género perdió su esencia, que ha mutado en un objeto puramente comercial y que existe solamente para vender. Sin embargo, esa crítica desconoce los orígenes del reguetón. En el festival de Coachella, J Balvin hizo un homenaje a los inicios del reguetón, y le recordó al mundo cuál es la esencia de este género: de nuevo, es la manifestación de la vida a través del disfrute del cuerpo y la felicidad. Hoy, cuando el reguetón se oye en todo el mundo, su objetivo es el mismo.

Y, a pesar de las críticas, este ritmo que se sobrepuso a la censura social y gubernamental está más vivo que nunca. O, como cantaría el reguetonero estadounidense de origen portorriqueño Daddy Yankee, en su canción ‘Alerta roja’, “demostré que ni el Gobierno pudo ponerme censura, la palabra reguetón la hice parte de la cultura”.

ANA MARÍA VARGAS * Y NICOLÁS MEDINA **
Razón Pública * Antropóloga de la Universidad Nacional de Colombia. Especialista en Epistemologías del Sur. Actualmente cursa la maestría en Ciencias Sociales en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (Brasil).
** Físico, magíster en Matemática Aplicada y magíster en Física de la Universidad Nacional de Colombia.
Razón Pública es un centro de pensamiento sin ánimo de lucro que pretende que los mejores analistas tengan más incidencia en la toma de decisiones en Colombia.

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