Amos Oz, escritor de oficio y pacifista por convicción

Amos Oz, escritor de oficio y pacifista por convicción

Falleció uno de los escritores más leídos, traducido a 45 idiomas y eterno candidato al Nobel.

Amos Oz

El escritor israelí, considerado el mayor exponente de la literatura hebrea, murió a los 79 años. Lo aquejaba un cáncer.

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AFP

Por: Armando Neira
28 de diciembre 2018 , 09:16 p.m.

Con las obras de aquellos que no ganaron el Premio Nobel de Literatura se haría una biblioteca exquisita: La metamorfosis de Kafka, La Muerte de Artemio Cruz de Fuentes, El Aleph de Borges, el Ulises de Joyce, La guerra y la paz de Tolstoi, Rayuela de Cortázar y La conjura contra América de Roth, entre otras creaciones, estarían allí.

A estas podrían sumarse Tocar el agua, tocar el viento (1973), Conocer a una mujer (1989), Fima (1991), Una pantera en el sótano (1995), Una historia de amor y oscuridad (2003) y Juda (2014), del israelí Amos Oz, fallecido ayer de cáncer a los 79 años. En vísperas de la entrega del codiciado galardón, una multitud de periodistas instalaba sus cámaras frente a su casa mientras él, con la sencillez que siempre lo caracterizó, seguía tranquilo en su estudio leyendo o escribiendo.

¿Por qué nunca se lo concedieron? Una decisión atípica para una academia sueca a la que con frecuencia se señala de actuar bajo un prisma políticamente correcto. ¿Le faltaba algún mérito? Oz es uno de los autores más prestigiosos de las últimas décadas, además de haber sido un prominente activista por la paz y partidario de la solución negociada de los dos Estados en el conflicto palestino-israelí.

Reconocimientos, sin embargo, no le faltaron. El Premio Israel de Literatura (1988), el Premio Goethe (2005), concedido principalmente a escritores en lengua alemana, y el Príncipe de Asturias de las Letras ( 2007) estaban en su casa junto a medio centenar más de galardones.

“A pesar de su fama, era extraordinariamente humilde”, dice Adriana Cooper, periodista y profesora de hebreo y cultura judía, quien lo entrevistó en varias ocasiones. Ella, una colombo-israelí que vivió en Israel casi una década, lo define como un auténtico maestro. “A pesar de eso y de la fama que fue ganando, la austeridad con la que creció en el kibutz y en la casa del desierto de Arad en donde vivió estuvieron siempre con él”, dice ella. “Lejano de las vanidades o de las envidias que a veces se ven en el mundo intelectual, tuvo la valentía de cuestionar al gobierno israelí de turno por sus decisiones sobre el proceso de paz”, agrega.

La obra de Oz es vasta y variada: Una veintena de libros -algunos traducido a 45 idiomas–, incluidas novelas, colecciones de relatos cortos y ensayos, y cerca de 500 artículos de opinión. Un resultado espléndido para una carrera iniciada sin mayores pretensiones en 1996 con la novela Quizá en otra parte.

“Amos Oz es uno de los que mejor escribió en hebreo, un idioma que aunque el pueblo judío usó durante siglos en las sinagogas, solo se habló en las calles en el siglo XX, gracias a Eliécer Ben Yehuda. Destaco sus descripciones del desierto o de Jerusalén, sus posiciones a favor de la paz y el entendimiento entre las personas y la capacidad de transmitir emociones fuertes en unas líneas”, explica Cooper.

Una muerte tranquila

Oz murió “tranquilamente mientras dormía, rodeado de sus seres queridos”, señaló su hija Fania Oz-Salzberg en su cuenta de Twitter. “Mi querido padre acaba de fallecer de cáncer después de un rápido deterioro”, agregó Oz-Salzberg en la red social.

Nacido en Jerusalén en 1939, construyó una obra formidable para la cultura y señaló el camino por seguir para la reconciliación. ¿Se discute mucho de política en casa de los Oz?, le preguntó el periodista Mikel Ayestaran, corresponsal en Jerusalén del diario español ABC. “Como en todas las casas. Mis hijos y nietos me preguntan si hay solución al conflicto, si los israelíes estamos fallando en algo, sobre los orígenes de la violencia, sobre qué es ser judío o sobre política. No todos están contentos con mis respuestas porque no soy Jesucristo, y además agradezco que no estén de acuerdo de vez en cuando”, le respondió.

En esa charla, Amos reflexionó sobre la epidemia social que peligrosamente se ha ido tomando el planeta. “El síndrome del siglo XXI, de estos primeros 18 años que llevamos de siglo, es el ascenso del fanatismo, el chovinismo y la intolerancia religiosa en todo el mundo”, dijo. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? “Stalin y Hitler nos dejaron un regalo en forma de trauma. Durante 50 años, el mundo ha tenido miedo al fanatismo y a las fórmulas sencillas, pero este regalo ha expirado.

Las nuevas generaciones no tienen ideas claras sobre Hitler, Stalin, Franco o Mussolini y quieren respuestas de una frase para todo, no más de 140 caracteres. Esto viene acompañado del crecimiento de un liderazgo político populista, que es otra de las tragedias de nuestro tiempo. La política se ha convertido en entretenimiento, la gente vota porque quiere escándalos, diversión, y un claro ejemplo es Donald Trump”, sentenció. Así, brillante y profundamente inquieto por los nubarrones que se posaban en el horizonte de la actualidad, el escritor aprovechaba los micrófonos que le encendían en sus charlas para mostrarse como un vehemente defensor del pacifismo. “Amos Oz descubrió el pacifismo dentro de la escritura sin sacrificar la literatura en el proceso”, le dijo a EL TIEMPO el escritor bogotano Ricardo Silva.

Amor y oscuridad

Entre sus trabajos brilló Una historia de amor y oscuridad, no solo por tratarse de un libro que vendió más de un millón de copias y que los críticos consideran su obra maestra, sino porque fue llevada al cine por su compatriota Natalie Portman.

La actriz debutó como directora con esta cinta en la que retrata la infancia del autor en las décadas de 1940 y 1950, el surgimiento del Estado judío y la pérdida de su madre depresiva, a la cual interpreta Portman. Amos “me dio muchos ánimos”, dijo ella, profundamente conmovida, en una declaración. “Me dijo, ‘por favor, haz tu propia película; el libro ya existe, no necesitas filmar el libro’, con un respeto que valoraré siempre”.

El impacto de esta obra rompió fronteras. “Uno de los libros más auténticos y dolorosos que he leído en mi vida es Una historia de amor y oscuridad, escribió en su cuenta de Twitter Héctor Abad Faciolince.

Desde el pacifismo se enfrentó a la corriente mayoritaria de opinión en su país, favorable a la ocupación de Palestina. “A pesar de declararse abiertamente un judío laico, conoció, respetó y estudió la tradición judía en la que nació. En Los judíos y las palabras, el libro que escribió con su hija Fania Oz Salzberger, manifestó: “Los laicos conscientes de serlo no buscan tranquilidad sino inquietud intelectual, y aman las preguntas más que las respuestas. Para los judíos laicos como nosotros, la Biblia hebrea es una magnífica creación humana. Exclusivamente humana. La amamos y la cuestionamos”, recuerda la profesora Adriana Cooper.

“En toda mi obra literaria se encontrarán con esos europeos desarraigados que luchan para crear un minúsculo enclave europeo, con librerías y salas de conciertos, en el calor y el polvo del desierto, en Jerusalén o el kibutz. Personajes que quieren reformar el mundo y no saben ni atarse los zapatos. Idealistas que debaten y discuten sin fin entre sí. Refugiados y supervivientes que se esfuerzan para construirse una patria pese a todas las adversidades”, escribió Oz en un artículo de opinión para El País de Madrid.

Además, en el texto dice: “Muchos de mis relatos y novelas están situados en Israel, pero tratan de cosas grandes y sencillas: amor, pérdida, soledad, añoranza, muerte, deseo, desolación. Soy un testigo escéptico de mi época y un observador irónico y caritativo de la comedia humana. En mi opinión, Kafka fue el mayor profeta del siglo XX, capaz de prever la deshumanización y las tiranías, la crueldad del poder y la impotencia del ser humano. Él me enseñó que los árboles, y todas las demás cosas, no son nunca lo que parecen”.

ARMANDO NEIRA
EDITOR CULTURA

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